Pero no quiero detenerme en las ventajas que tiene esta nueva herramienta sino en las consecuencias que puede acarrear su mal uso dentro de nuestra vida secular o como cristianos evangélicos. Porque he escuchado alarmado que hay personas, mayormente jóvenes, que recurren a la AI para tener un amigo con el que hablar y por el que dejarse aconsejar como si de un buen asesor se tratase y, en ocasiones, suplantando el lugar de un padre o de un pastor que nos ayude con su Consejería Pastoral. También he oído comentarios de hermanos creyentes que utilizan la AI en las respuestas a sus exámenes en Escuelas Evangélicas de Teología y, yendo un paso más allá, se rumorea, no sé si alguien lo ha hecho ya, que puede haber predicadores que se ayuden de esta herramienta para preparar sus predicaciones.
Cuando estudié en la Escuela de Teología, una de las primeras cosas básicas que recibí fue el saber que hay buenas herramientas para el estudio y la consulta incluso para preparar un estudio o una predicación haciendo buen uso de ellas: comentarios bíblicos, diccionarios, concordancias (hoy casi suplantadas por los buscadores en Internet porque son más rápidos y efectivos), etc. Hay prácticas entre los cristianos que se pueden perder por el uso de estas herramientas modernas: ya sé que a lo mejor es la opinión de una persona mayor pero es innegable que conocer el orden de los libros de la Biblia es algo fundamental en un verdadero cristiano y más en un estudiante de teología; igualmente el contacto con el papel para muchos de nosotros todavía es fundamental y necesario. Las pantallas parece que desnaturalizan fríamente el uso de los libros, de hecho, soy de los que prefiero leer un texto en una Biblia que en un móvil o una Tablet, aunque ya sé que en estos tiempos ya es corriente hacerlo en una pantalla, pero a los clásicos nos cuesta perder esas hermosas sensaciones del estudio rodeado de libros y apuntes como en la vieja escuela.
Pero volviendo a la AI ¿hasta donde debemos de permitir usarla en nuestro estudio de la Biblia? El verdadero cristiano sabe que para preparar un mensaje o un estudio bíblico, debe de ser guiado por el Espíritu Santo en oración, de manera que es el Espíritu el que nos guía incluso en el uso de las herramientas de estudio y nos orienta a lo que Él quiere que expongamos y entendamos de la Palabra de Dios. Es el Espíritu el que nos guía pero a nosotros nos deja el trabajo de comprensión, discernimiento y aplicación personal, siempre guiados por Él. El problema con la AI es que nos suplante en esa tarea de comprensión y discernimiento, como si estuviésemos redactando un documento comercial cualquiera o una carta formal de empresa. No podemos permitir que una herramienta hecha por hombres, con la información que los hombres le han grabado y con la información que ella misma pueda recopilar, pueda discernir el mensaje espiritual que queremos recopilar para transmitirlo, en primer lugar a nosotros y en segundo lugar a nuestro oyentes. No lo podemos permitir porque es una manera diabólica de manipular la Palabra y como consecuencia, el mensaje y una manera también de quitarse de un plumazo la actitud espiritual de oración y la guía del Espíritu Santo y esto son palabras mayores.
Nuestro estudio de la Biblia debe de ser personal y en comunión con Dios que es su Autor y no podemos meter inteligencias “artificiales” que medien en esa inspiración; la Biblia nos encarga directamente que seamos nosotros los que nos ocupemos de la lectura personal, el estudio y el discernimiento de la Escritura; resuenan en mis oídos las palabras del apóstol Pablo a su discípulo Timoteo: “Dedícate a leer las Escrituras a la Iglesia, y a animar y a enseñarles a los creyentes.” Pero este tipo de exhortaciones se encuentran repetidas por toda la Biblia como recalcando lo importante que es tomarse esta recomendación en serio: “Estudia constantemente este libro de instrucción. Medita en él de día y de noche para asegurarte de obedecer todo lo que allí está escrito. Solamente entonces prosperarás y te irá bien en todo lo que hagas.” (Josué 1:8). “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;” (Juan 5:39). Ese ‘escudriñad’ tiene los siguientes sinónimos: investigar, inquirir, indagar, etc.
Ahora bien: con la AI nosotros podemos pedirle que escudriñe un texto y que nos haga una interpretación de este: ¿Podremos utilizar su respuesta para nuestra Escuela Dominical? Decididamente no. Aunque la AI nos diese una respuesta más o menos acertada, ese procedimiento nos priva de un tiempo de comunión con Dios escuchándole a través de Su Palabra y de la disponibilidad para ser guiados por el Espíritu Santo en la meditación y análisis de lo que Él quiera transmitirnos personal y directamente. No podemos privarnos de la bendición establecida por Dios en la relación con la revelación escrita. Tampoco podemos caer en la tentación fácil y simplona de que una máquina interprete la Palabra de Nuestro Padre por nosotros.
No quiero que esto se interprete como que estoy en contra de los avances tecnológicos. En absoluto, estos avances han sido mi medio de trabajo durante muchos años y los he disfrutado. La AI se puede utilizar como una herramienta muy útil para orientarse en cuestiones técnicas y muy especiales como por ejemplo sacar datos filológicos o lingüísticos; o puede ayudarnos a conocer el contexto histórico cultural de una época o de un momento específico de la historia porque son millones de datos que tiene acumulados y que nos los va a ordenar para que dispongamos de ellos; incluso para un análisis literario para ver la estructura literaria o poética del texto que estemos estudiando. Todo eso está muy bien y si nos adentramos en tecnicismos más complicados nos va a ayudar a recopilar datos de una manera impresionantemente rápida. Pero lo que no podemos es caer en la trampa de que nos haga una interpretación personal de un pasaje bíblico para nuestra vida precisamente porque ahí no hay un discernimiento espiritual y lo mismo puede aplicar a hacer un estudio bíblico, una meditación y mucho menos una predicación.
