viernes, 30 de enero de 2026

Él sabía lo que había en el hombre.

En la segunda y de momento última Guerra Mundial (1939-1945), se estima que murieron entre civiles y militares entre 70 y 85 millones de personas, aproximadamente el 3% de la población mundial que había en esa época.

Hay una anécdota que cuenta que después de que sucedió esa terrible masacre, se le preguntó a un rabino si a pesar de eso todavía podía creer en Dios, a lo que el rabino contestó que la pregunta estaba mal hecha, que la verdadera pregunta era ¿Cómo podemos creer todavía en el hombre?

Ya lo he comentado en alguna ocasión: todavía escucho entre los contertulios en las emisoras de radio algunos comentarios optimistas de personas que dicen creer en el hombre, creen que él solo puede mejorarse y que la paz en el mundo es posible gracias a los esfuerzos humanos. La verdad que viendo los últimos acontecimientos con los presidentes de EEUU, Rusia, Corea del Norte, etc., no es para estar muy optimista, pero sí es verdad que siempre el hombre cuenta consigo mismo para hacer frente a todos sus problemas, aunque siempre se queda a medio camino de alcanzar la ansiada paz mundial. ¿Por qué normalmente fracasa? Se nos ocurren muchos motivos, aunque los más familiares podrían ser la ambición, el orgullo, el egoísmo…

Cuando Jesús estuvo en la tierra, los cronistas de la época registraron esta circunstancia: “Jesús no se fiaba de ellos… pues sabía lo que había en el hombre.” (Juan 2:24-25). Es una evidencia más de la deidad de Jesús, ya que solo Dios puede saber lo que hay en el corazón de las personas: “Engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y sin remedio. ¿Quién lo conocerá?  Yo, Jehová, escudriño el corazón y examino la conciencia, para dar a cada hombre según su camino y según el fruto de sus obras.” (Jeremías 17:9-10). ¿Qué sería lo que Dios podría ver en los corazones de los que le rodeaban? Creo que lo primero que notaría sería que su corazón estaba lejos de Dios. El hecho de que Jesús sanase milagrosamente atraía a las masas y eso sería posiblemente lo que hiciese moverse a las personas como sucede en estos tiempos, tal vez ya menos, en Fátima y en lugares similares donde se dan supuestos milagros. No quita que otras muchas personas buscasen respuestas a su inquietud espiritual. Jesús podía decir: ¡Yo os conozco!

Hay unas palabras muy tristes en el Antiguo Testamento que resuenan a través de los siglos con un sonido misterioso: “El SEÑOR vio que la maldad del hombre era mucha en la tierra, y que toda tendencia de los pensamientos de su corazón era de continuo solo al mal.” (Génesis 6:5). Dios vio ¿qué es lo que vio? El corazón de los hombres y sus intenciones independentistas una vez que el pecado había creado una barrera infranqueable entre él y Dios. La frase es impresionante: “la maldad del hombre era mucha en la tierra”. Dios es Amor, es verdad, pero también es Justo y el Dios Justo era y es el que mira nuestro corazón para saber de qué viene cargado. Un simple vistazo nos muestra que la maldad se ha reproducido de una manera terrible; hay películas que la muestran que no soy capaz de ver; se me revuelve el cuerpo ante la negrura y corrupción que rezuman. En la época temprana en que Dios mira a la humanidad, ya allí en Génesis, cualquiera podía ver que la maldad era mucha pero Dios puede ver más al interior donde nosotros no llegamos: el texto dice que vio todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Dios vio sus planes y vio las ideas que imaginaban esos planes, planes malvados elaborados por corazones llenos de pecado y de maldad y lo hacían deliberadamente y con propósito dañino.

Lo grande de este pasaje es que Dios no vio al hombre como lo puede ver un espectador, sin intervenir. Dios vio al hombre en aquel momento igual que lo ve ahora: afectado por la enfermedad que la Biblia llama “pecado”, una enfermedad que nunca podremos curar por nuestros propios esfuerzos. Dios vio al hombre, ve al hombre, como un buen padre ve la testarudez y la necedad de un hijo rebelde y desobediente, algo que le da mucho pesar. La diferencia, claro está, en que Dios es Dios y nada puede perturbar Su mente y Su tristeza ante la complicidad del hombre con la maldad es una manera de indicar Su justo y santo rechazo ante el pecado y ante los pecadores, de hecho, Dios parece como si se arrepintiese de haber creado al hombre, sin embargo nunca vemos que se haya arrepentido de haberlo redimido.

Sí, Dios nos ha mirado y ha enviado un remedio para alcanzar paz con Él y entre nosotros: Su Hijo Jesucristo. Jesús, el Hijo de Dios vino a la tierra hace más de dos mil años como un hombre perfecto para salvarnos de un Juicio merecido que nos condena por pecadores y por no querer saber nada de Dios. Dios es tan bueno que por medio de la muerte y la resurrección de Jesús nos regala perdón, paz y ¡vida eterna!

Creer en Jesús quien murió en la cruz por mí y por ti, es el paso obligatorio e individual que debemos dar para ser totalmente perdonados del pecado y recibir la vida eterna. ¿Cómo se hace esto? Simplemente pidiéndoselo: ahora mismo, con un corazón arrepentido, queriendo que Jesús cambie tu vida, solo hay que, sinceramente y de corazón pedírselo: “Jesús, te pido que te muestres a mí, que me des tu perdón, reconozco que soy un pecador y que nunca he querido saber nada de ti, quiero pedirte perdón por mi vida y rogarte que seas mi Señor y mi Salvador personal. Amén.”

martes, 30 de diciembre de 2025

Influencers y atletas jóvenes fallecidos

2025 está a punto de finalizar su andadura y no quería dejarlo ir sin escribir algo sobre una noticia que
últimamente se está repitiendo mucho: la muerte repentina de jóvenes y atletas Influencers. Me ha llamado este año la atención el hecho de que se anuncian estas muertes como de pasada, como si se intentase ocultar una realidad como evitando que impacte en la sociedad, tal vez pensando en que no afecte demasiado a los jóvenes, no lo sé, pero este año se ha repetido la noticia demasiado a menudo últimamente y me da la sensación de que no se habla, o no se quiere hablar demasiado de ello.

Indagando en los titulares he visto que sí se ha escrito sobre el tema: “Los 'influencers' están de luto: las alarmantes cifras de un otoño negro.” Mónica Sánchez escritora y periodista española especializada en temas sociales y de solidaridad notó que algo estaba pasando y escribió un artículo que, de que yo sepa, solo se publicó en la revista “Hola”, que me ha llamado la atención porque destaca una realidad que no sé muy bien que esconde pero que tal vez sea una, hasta ahora, pequeña alarma, pero que no deja de ser interesante. Mónica Sánchez lo describe así: “La muerte de un joven británico en España abre el debate sobre las luces y las sombras de las redes sociales.”  Es interesante el enfoque porque se vende demasiado, entiendo yo, lo de las luces, esto es, la fama, el dinero que se gana, y, en definitiva, esa popularidad semi ficticia que asombra y deslumbra a los más jovencitos que aspiran a ser conocidos al menos en el ámbito de sus amistades por la cantidad de likes o visitas conseguidas a una información publicada en las dichosas redes sociales.

Y es que parece que la obsesión de destacar en estas redes es una especie de enfermedad contagiosa por lograr récords que sorprendan, para su envidia, a nuestros conocidos y, más tarde, a nuestros seguidores. Mónica destaca como ejemplo la muerte de Taylor Rousseau a sus 25 años, de una enfermedad que parece que tenía pero que se cuidaba muy bien de comunicársela a sus más de 1.000.000 de seguidores en TikTok y más de 200.000, que se dice pronto, en Instagram. Cifras de vértigo de personas que verían en ella un modelo de vida a seguir por lo bonito y bello de la vida que ella vendía a sus seguidores… pero, finalmente murió tan joven, como si la realidad quisiese recordar a la gente de que se vive y se muere y no hay una edad estipulada para morir, la muerte llega de la manera más inesperada, pero la gente quiere aferrarse a la frase: “Comamos y bebamos que mañana moriremos” frase que cita el apóstol Pablo de Isaías, en el sentido de una vida que cierra los ojos al hecho de que estamos aquí de paso a una eternidad que se corresponderá con lo que hayamos decidido en este tiempo a la hora de escoger: ojos cerrados a la existencia de Dios u ojos abiertos al hecho de que tendremos que dar cuentas al Creador de la Vida de lo que hemos hecho con la nuestra el tiempo que hemos estado aquí.

Taylor Rousseau murió por enfermedad pero hay otros influencers que mueren a causa de los riesgos que corren en su afán de sorprender a sus seguidores por una foto extrema conseguida, una forma de vida super arriesgada, o la búsqueda de un objetivo o un récord que sorprenda y haga subir la obsesionante cifra de seguidores. Sorprendentemente estos jóvenes están muriendo por intentar alcanzar metas de vanidad que, como escribía Salomón en su libro “el Eclesiastés” no tienen otro objetivo que el de la auto-satisfacción pasajera y momentánea de algo que no busca un éxito momentáneo y totalmente insatisfactorio. Desde la perspectiva bíblica es un engaño satánico para reírse de la vida y de su Autor que lleva a muchas personas a dejarse llevar sin un sentido eterno de la existencia que proclama Dios en Su Palabra.

Un ejemplo terrible lo tenemos en el caso de la influencer turca Kubra Aykut que con más de 1.000.000 de seguidores en TikTok se suicidaba tirándose desde un quinto piso dejando una nota digna de una película de terror: “Salté por voluntad propia. Ya no quiero vivir más.” Una explicación de alguien al que siguen más de un millón de personas, alguien que los influye y alguien que no tiene más explicación de la vida que un “ya no quiero vivir más” o tal vez: “Esto no tiene propósito, ni sentido, no hay nada más, no alcanza nada más, Dios no existe, no hay eternidad, Jesucristo ha muerto en vano.” Esto lo escribo yo, no lo ha dicho Kubra, pero es que su reacción me deja sin sangre y me apena en gran manera el comprobar con el Demonio sigue engañando a la gente como el primer día que surge n el Huerto del Edén para engañar a Eva y a Adán con las mismas palabras huecas. Kubra tenía un millón de seguidores pero realmente se encontraba sola, ni una amiga con quien hablar ni a quien confesar su soledad.

Cada vez que escucho en las noticias la muerte de un joven de estas características pienso en las consecuencias de dejarse llevar por las luces de la popularidad vana de las redes sociales. Si miras la lista, solamente en este último año, es para quedarse con la boca abierta un buen rato: Juliana Marins, 26 años, influencer brasileña que murió mientras hacía senderismo en un volcán activo en su País. Jordi Vance, 20 años, culturista e influencer que murió por deshidratación severa en marzo. Alessandro Antonicelli, 26 años, influencer de fitness italiano que falleció por un agresivo osteosarcoma (cáncer de huesos) en diciembre. Natallie Stichova, 23 años, murió al caer de una altura de 80 metros cerca de un castillo en Alemania intentando hacer un selfi que aumentara el número de seguidores.

sábado, 6 de diciembre de 2025

¿Dios y hombre?

En el artículo anterior llegamos a la conclusión a la que llegaron hace más de 1500 años en Calcedonia, una antigua ciudad griega de Bitinia, hoy Turquía, hoy un distrito de Estambul ocupa lo que fue en el 451 d.C. Calcedonia o Calcedón donde se celebró un Concilio que lleva ese nombre en donde se discutió quién era en realidad Jesucristo. El Credo que allí firmaron decía así: “nuestro Señor Jesucristo es para nosotros Uno y el mismo Hijo, el Mismo Perfecto en la Divinidad, el Mismo Perfecto en la Hombría; verdaderamente Dios y verdaderamente Hombre; el Mismo de alma y cuerpo racionales; co-esencial con el Padre según la Divinidad, el mismo co-esencial con nosotros según la Hombría; como nosotros en todo, sin pecado…. Uno y el mismo Cristo, Hijo, Señor, Unigénito; reconocido en dos naturalezas de forma inconfundible, inmutable, indivisible, inseparable; la diferencia de las naturalezas no desaparece por la unión, sino que se conservan las propiedades de cada naturaleza y (ambas) concurren en una sola persona y una sola hipóstasis; no como si estuviera dividido en dos personas, sino como si fuera el mismo Hijo y Unigénito Dios, el Verbo, el Señor, Jesucristo.” (Extracto del Credo acordado en el Concilio de Calcedonia.

Yo siempre digo que si fuese capaz de entender a Dios, no sería Dios porque nuestra mente no tiene la capacidad de entender al Creador del Universo y de todo lo visible e invisible, por eso con toda humildad debo de confesar que es muy difícil comprender como es que Jesús es un hombre igual que nosotros pero sin pecado y Dios. Los teólogos llaman a esto la relación hipostática de Cristo: “La Unión Hipostática es la doctrina central del cristianismo que explica que Jesucristo es una sola persona con dos naturalezas completas e inseparables: plenamente divina y plenamente humana, unidas sin confusión ni cambio en una única hipóstasis (sustancia).”

Como hacemos siempre, buscamos en la Biblia la respuesta a este misterio teológico y es en Ella donde encontramos claros ejemplos de que efectivamente Jesús era un hombre igual que nosotros, por ejemplo encontramos que Jesús se cansaba después de un día de mucho trasiego o de una buena caminata, tenía hambre y sed, pero además los que estuvieron con Él nos cuentan que trabajaba de carpintero con José su padre no biológico, aprendía, oraba, en fin, todo lo que un hombre podía hacer en la época en la que le tocó vivir.

¿Y que declara sobre su divinidad? La portentosa definición que de Él hace el evangelista Juan en su primer capítulo, no deja lugar a dudas: “En el principio era la Palabra (o el Verbo), y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios. Ella era en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de ella, y sin ella no fue hecho nada de lo que ha sido hecho… Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, como la gloria del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1: 1-3, 14). El apóstol Pablo afirmó como escritor inspirado que “en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”, en otra versión más popular: “en Cristo habita toda la plenitud de Dios en un cuerpo humano.” (Colosenses 2:9).

¿Y que decía Jesús de estas afirmaciones? Pues tenemos un montón de afirmaciones y demostraciones por parte del mismo Jesús que corroboran lo que venimos diciendo: “Yo y el Padre uno somos.” (Juan 10:30), “El que me ha visto, ha visto al Padre.” (Juan 14:9), “Jesús mismo no confiaba en ellos, porque los conocía a todos y porque no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que había en el hombre.” (Juan 2:24-25), habla de su omnisciencia; a la mujer samaritana le confesó que Él era el Mesías, el Cristo profetizado: “Le dijo la mujer: —Sé que viene el Mesías —que es llamado el Cristo—. Cuando él venga, nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: —Yo soy, el que habla contigo.” (Juan 4:25-26); otra confesión similar es la que Jesús le da al sumo sacerdote cuando era interrogado antes de ser crucificado: “Otra vez el sumo sacerdote le preguntó y le dijo: —¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Jesús le dijo: —Yo soy. Y además, verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo.” (Marcos 14:61-62). Otra de las cosas que Jesús hacía y que llamaba poderosamente la atención es que no se oponía a que alguien lo adorase, cosa que solo le correspondía a Dios, hasta los ángeles rechazaban rápidamente ese gesto o igualmente el perdonar pecados: “Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: —Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.” (Mateo 9:1-2); “Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo: —Hombre, tus pecados te son perdonados.” (Lucas 5:20); “Y a ella le dijo: —Tus pecados te son perdonados. Los que estaban con él a la mesa comenzaron a decir entre sí:  —¿Quién es este que hasta perdona pecados?” (Lucas 7:48-49); “—¿Crees tú en el Hijo del Hombre? Él respondió y dijo: —Señor, ¿quién es para que yo crea en él? Jesús le dijo: —Lo has visto, y el que habla contigo, él es. Y dijo: —¡Creo, Señor! Y lo adoró.” (Juan 9:36-38); “Entonces Tomás respondió y le dijo: —¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: —¿Porque me has visto, has creído?” (Juan 20:28-29). Jesús podía haber rechazado esa muestras de adoración recordándoles el mandamiento de que solo al Señor tu Dios adorarás, pero al no rechazarlo demostraba que Él era quién decía ser.

Volviendo al meollo de la cuestión, podemos decir que no queda claro como pueden convivir las dos naturalezas en una misma persona. Desde el principio de la Iglesia esto fue un debate que ocupó casi los primeros cinco siglos y que condujo también a la promulgación de lo que después se consideraron herejías cristológicas a la luz de la Biblia, hasta que por fin se llegó a la definición que hemos reproducido fruto del Concilio de Calcedonia. Y como allí declararon los llamados padres de la Iglesia, a pesar de que para nuestra mente es un misterio, desde aquí respetamos y sostenemos la postura bíblica que afirma tanto su humanidad como su divinidad.

William Edward Biederwolf fue un evangelista presbiteriano estadounidense que llegó a esta conclusión: “El hombre que lea el Nuevo Testamento y no sea capaz de ver que Cristo reclama ser más que meramente un hombre, podrá mirar al cielo durante el mediodía de un día sin nubes y no verá el sol.”

Termino con una palabras de Juan el Evangelista: “Por cierto, Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos las cuales no están escritas en este libro. Pero estas cosas han sido escritas para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre.” (Juan 20:30-31).

sábado, 22 de noviembre de 2025

¿Jesús es Dios?

Dentro de la serie de preguntas clásicas y Dios, surge la pregunta que Jesús le hace a sus discípulos:
“¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Mateo 16:13). Ellos muy bien contestaron: “Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o uno de los profetas.” Pero Jesús quería apuntar a los suyos y saber de sus labios lo que había en su corazón. El impulsivo Pedro, no se si en el pensamiento de todos, tuvo la respuesta que el mismo Jesús aclaró era inspirada por Dios mismo en la ‘persona’ del Espíritu Santo: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!” El Cristo y el Mesías es la misma persona; el Mesías era el Salvador anunciado en el Antiguo Testamento, el salvador y rey descendiente de David, prometido por los profetas al pueblo hebreo. Para el cristianismo el Mesías es el redentor enviado por Dios para salvar a la humanidad. Jesús se anunciaba como ese Mesías, el Hijo de Dios, Dios mismo. Hay un texto muy definitorio en el Evangelio de Juan que explica de esta manera quién es Jesús: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, como la gloria del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14). ¿A que se refiere con La Palabra? Hay que leer los primeros versículos de ese capítulo para saber a qué se está refiriendo: “En el principio era la Palabra (o el Verbo), y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios.” “La Palabra era Dios, o sea, que según el verso 14, Dios se hace “carne”, se hace hombre. ¿Defendió Jesús en alguna ocasión esta afirmación del evangelista Juan? Sí lo hizo pero siempre apelando a lo que de Él se había dicho ya desde el Antiguo Testamento. Concretamente uno de los títulos que más se adjudicó fue el de designarse a sí mismo en tercera persona como “el Hijo del Hombre” mencionado en el libro de Daniel: “Estaba yo mirando en las visiones de la noche, y he aquí que en las nubes del cielo venía alguien como un Hijo del Hombre. Llegó hasta el Anciano de Días y lo presentaron delante de él.  Entonces le fue dado el dominio, la majestad y la realeza. Todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su dominio es dominio eterno que no se acabará; y su reino, uno que no será destruido.” (Daniel 7:13-14). Los judíos que por aquella época estudiaban la Biblia de que disponían, el Antiguo Testamento, entendían que el Hijo del Hombre se refería al Mesías prometido, el Hijo de Dios encarnado, al que, según el texto, se le da autoridad, majestad y realeza hasta el punto de que las naciones le sirven. Bien, pues en el Nuevo Testamento Jesús se asigna este título al menos unas 40 veces.

La forma de actuar de Jesús anunció siempre quien era: Perdonó pecados, dijo ser anterior a Abraham, habló de Dios como que era Su Padre, aceptó ser adorado como por ejemplo cuando alguno de sus discípulos reconocía su divinidad. Cuando Pedro, en el momento en que hizo aquella afirmación de “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, Jesús no lo corrigió, todo lo contrario, lo aceptó como una revelación directa del Padre celestial.

Hay dos momento en los que según los Evangelistas, Jesús afirma rotundamente ser el Mesías, ser Dios encarnado. Una es cuando está hablando con la mujer samaritana, vamos a recordar el pasaje: “Le dijo la mujer:—Sé que viene el Mesías —que es llamado el Cristo—. Cuando él venga, nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo:—Yo soy, el que habla contigo.” (Juan 4:25-26). Y otro es cuando está siendo sometido a interrogatorios antes de ser crucificado, concretamente cuando está hablando con el sumo sacerdote Caifás: “Otra vez el sumo sacerdote le preguntó y le dijo:—¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Jesús le dijo:—Yo soy. Y además, verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo.” (Marcos 14:61-62). La reacción del sumo sacerdote ante semejante afirmación fue de escandalizarse, acusó a Jesús de blasfemar y lo entregó como condenado a muerte. No solo no creían a su respuesta sino que pensaban que estaba loco. El decir que era el Mesías, el decir que era Dios: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30), fueron algunas de las razones por lo que lo mataron crucificándolo. Lo que no sabían era que estaban colaborando en el Plan divino para que Él cumpliese en sí mismo la profecía de Isaías: “el SEÑOR cargó en él el pecado de todos nosotros.” (Isaías 53: 6).

viernes, 17 de octubre de 2025

IA ¿qué tal?

Hay bastante inquietud en el ambiente cristiano respecto a la IA y lo que puede influir en las personas o el mal uso que se puede dar de la Inteligencia Artificial a la hora de utilizarla.

Yo la he descubierto hace poco y ¡ni tan mal, oye! Claro que la he descubierto como una utilidad para practicar inglés con alguien que no se va a reír de mis torpezas sino que, muy educadamente, me corrige y platica conmigo como si yo dominase el idioma de Shakespeare con fluidez, todo lo contrario.

No hace mucho, un hermano de la iglesia me confesaba que la redacción de una carta que yo había considerado de una redacción impecable, la había hecho con la ayuda de la IA. Me hizo gracia la confesión a la vez que me sorprendió ver que hay aplicaciones que pueden muy bien ser útiles como lo fue en su día el móvil, Google o el ordenador personal.

Otra cosa es utilizarla de forma fraudulenta como por ejemplo para resolver exámenes, estudios, etc. utilizándola y poniendo los resultados como si los hubiera hecho uno: sencillamente eso es mentir, engañar y no es aceptable en ninguna manera en el comportamiento de un verdadero seguidor de Jesús.

Pero está surgiendo un problema más gordo: el de los jóvenes que, por ejemplo, utilizan ChatGPT como si fuese un adivino, un maestro o un guía espiritual, o sea, ChatGPT que es una de las herramientas más famosas que usa la IA, pasa de ser una herramienta a ser una puerta abierta a algo más grande y casi con personalidad propia de deidad.

El mes pasado, leí dos ejemplos de este tipo de relación en la revista Edificación Cristiana Nº 320, en un artículo que escribió Julio Martínez titulado “IA ¿La última gran religión?”:

“Sem, un hombre de 45 años con problemas de salud mental comenzó usando ChatGPT para su trabajo como programador. Poco después, afirmó que la IA había desarrollado una personalidad divina, adoptando un nombre mitológico y un estilo poético y etéreo. Él creyó que había sido el catalizador de esa transformación.”*

“Una profesora de 27 años relató cómo su pareja, tras siete años de relación, se involucró emocionalmente con un chatbot en apenas un mes. Lo que empezó como una herramienta para organizar la agenda, se convirtió en una voz dominante. "Escuchaba al bot antes que a mí", explicó a la revista Rolling Stone . "Se emocionaba con los mensajes y lloraba mientras los leía en voz alta". El bot incluso le otorgó apodos como "niño espiral" y "caminante del río", lo que alimentó su creencia de estar viviendo una transformación espiritual.”*

Para los que no lo sepan, un ‘chatbot’ es un programa informático que simula una conversación humana para responder preguntas y realizar tareas.

Entonces ahí empezamos a tener un problema: a fin de cuentas se trata de herramientas creadas por el hombre que utilizan gracias a su capacidad de ordenar y clasificar, una gran cantidad de información que el hombre ha metido, una información que puede ser muy útil como herramienta para determinadas cosas como hemos visto antes, pero que no se puede convertir en una ‘fuente de autoridad' mas fiable que un médico, un maestro o un pastor. Si tú le planteas un disparate a esa potente herramienta, lo va a reforzar; de hecho, según informa Julio Martínez, “versiones anteriores de ChatGPT fueron modificadas por mostrarse excesivamente entusiastas incluso ante ideas peligrosas y aunque cada versión mejora filtros de seguridad para evitar el suicidio, autolesiones, o propagar ideas extremistas, las posibilidades son demasiado grandes para que no se termine produciendo un fallo en los mecanismos de seguridad.”*

“Un adolescente de 14 años llamado Sewell Setzer, diagnosticado con Asperger, se obsesionó con una IA que interpretaba a Daenerys Targaryen, personaje de los libros y serie “Juego de Tronos”. En febrero de 2024, Sewell se quitó la vida. Su madre, Megan García, ha demandado a la empresa Character.ai por incitación al suicidio. Fuente: https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/05/23/ciencias/jueza-en-eu-permite-demanda-contra-characterai-por-homicidio-involuntario”.*

Lo sé, puede que estemos mencionando casos de personas vulnerables a estas influencias (problemas de salud mental, Asperger, etc.), pero no quita para que salte la alarma y debamos de aumentar la vigilancia cuando se trata de familiares que tengan algún tipo de vulnerabilidad o incluso de niños, hijos o nietos, que pueden ser auto-engañados en un mundo irreal disfrazado de autenticidad logrando que la voz amable de una máquina se convierta en su líder espiritual, educacional o lo que sea.

Hay que tener cuidado también con la pornografía: “El uso de la pornografía dirigida por IA´s está entrando lentamente. Todos los servicios de charla con personalidades IA como Replika y Character no sólo incluyen relaciones románticas, sino flirteo y cuestiones más explícitas en conversaciones que no sólo incluyen texto, sino audio e incluso generan imágenes.”*

Como todos los inventos nuevos, la IA tiene muy buenas aplicaciones incluso para detectar enfermedades o investigar nuevos medicamentos, como también ofrece esas variantes de auto ayuda que en personas sensibles y fáciles de manipular, puede generar una dependencia peligrosa para la salud espiritual del individuo.

Esto lo digo en el sentido de crear nuevos dioses que suplante al Único y Verdadero Dios, a su doctrina y a su Palabra. La IA, como tantos otros adelantos, puede tener un uso diabólico y es donde debemos de tomar precauciones.

“Se multiplicarán los dolores de quienes se apresuran tras otro dios” (Salmo 16:4).

 

Bibliografía:

*Revista Edificación Cristiana, nº 320, septiembre – octubre 2025, artículo “IA ¿La última gran religión?” de Julio Martínez.