miércoles, 23 de diciembre de 2015

Diciembre y la Navidad

Este año el mes de Diciembre ha sido más especial. Estamos a día 22 y apenas hemos visto
que es realmente la Navidad
llover, ¿y frío?, no ha hecho, así que acaba de entrar el invierno y parece que estamos en primavera. No es ésta una buena noticia, hay mucha contaminación ambiental y mientras se mantengan estas temperaturas, no llueva ni haga viento, no hay manera de limpiar lo que tan rápidamente ensuciamos.
Ha sido un mes especial porque han coincido las elecciones al Parlamento y al Senado. No es habitual ir a votar en 20 de Diciembre pero este año ha coincidido así y hemos podido ejercer libremente el tan rimbombante llamado “derecho al voto”, por la sencilla razón de que todavía, en algunos lugares, no existe esta posibilidad.
Ahora los políticos están enzarzados en valoraciones, análisis, pactos y no sé cuantos tecnicismos más… el caso es “dar la vara”. Es que llevamos un añito entre las elecciones municipales con su pre-campaña, campaña y luego la ‘pre’ y la ‘campaña’ de las actuales, todo el año escuchándolos, cansa un poco, aunque bien sabemos que es su trabajo: ¡politiquear!
Podría añadir algunos “asuntos personales” que lo han hecho especial, pero no viene al caso hacerlos públicos, básicamente porque para los que puedan leer esto les parecerán nimiedades aunque para mi sean realmente importantes.
Como todos los diciembres, ya hemos pasado por el ajetreo de los “programas especiales de Navidad” y digo programas porque como tenemos dos iglesias pues hay que hacer dos programas en los que colaboran los niños, jóvenes y mayores de ambas. En fin, ya han pasado y han salido bastante bien, dentro de lo que se espera de un programa de estas características, gracias a Dios lo bueno ha sido el poder contar entre las personas invitadas que no vemos muy a menudo y que en estas ocasiones especiales, si aparecen y eso ya es una bendición y un regalo de Dios.
He vuelto a recordar lo que es la Navidad desde la perspectiva del capítulo 1 de San Juan, una perspectiva que a mí me gusta en especial porque este evangelista le da una profundidad y una gloria al significado de la Navidad que supera, con creces, cualquier palabra que pueda salir del mejor y más premiado literato. De hecho, para contestar a la pregunta ¿Qué significa realmente la Navidad? no hay más que leer Juan 1:1-14.
Juan 1:1 nos lleva al principio de los tiempos, antes de que el mundo existiese, y allí nos muestra quién era Jesús y dónde estaba: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. ¿Qué significa esto del Verbo que era Dios en el principio? El Verbo viene del griego logos que se traduce como “la palabra”, pero Juan no está hablando de “un lenguaje”, sino del Señor Jesucristo. ¿Cómo podemos entender esto? Jesucristo es la Palabra de Dios encarnada, la Palabra viviente de Dios al hombre, la expresión palpable de los pensamientos y el carácter de Dios. Dios se ha revelado plenamente a la humanidad en la persona de Jesucristo quién a su vez, nos ha mostrado perfectamente quién es Dios (“Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30); “el que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9)). Todo lo que la Palabra (Verbo) de Dios dice que es, que hace y que quiere, se encarna perfectamente en la persona de Jesucristo. Y este Jesucristo, según nos revela Juan 1:1, existe desde siempre. Cuando en ese texto leemos “en el principio”, nos está diciendo “hasta donde tu mente alcance, hasta donde pueda llegar la mente humana, atrás, atrás, atrás… Jesucristo ya estaba ahí ¿por qué? Porque Jesucristo, el Verbo, es Dios. La Biblia nos revela en distintos pasajes que hay un solo Dios y que hay 3 personas en la Deidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En este texto aparecen 2: el Padre (el Verbo era con Dios) y el Hijo. Es una de las primeras declaraciones que se pueden ver en este Evangelio de que Jesucristo es Dios.
Pero volviendo a la pregunta que nos ocupa, ¿qué significa realmente la Navidad?, llegamos al versículo 14 de Juan 1 que nos lo explica muy bien: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”
Juan, uno de los testigos junto con Pedro y Jacobo, de la transfiguración de Jesús (Mateo 17:1-3), nos habla de algo que pudo “vivir” en aquel monte y que vió en todo su esplendor: la gloria; algo de lo que fue testigo presencial y no puede callar porque no puede olvidar algo que ningún ser humano haya experimentado antes y que, cualquiera que llegase a esta experiencia, proclamaría por todos los medios por lo grande y tremendo que debió de ser. Pero, a continuación, va al meollo del asunto para ‘revelarnos’ que “aquel Verbo se hizo carne…”, palabra que viene del hebreo ‘basar? Y que se refiere a “carne”, no a “hombre”, en el sentido de la fragilidad del ser humano, de la transitoriedad de su ser, de sus mil y una flaquezas, enfermedad, muerte. Pablo lo explicó así: “Cristo Jesús… el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:6-8). Esto es lo que significa que el Verbo se hizo carne.
Juan da más detalles en ese maravilloso capítulo 1 de ese Verbo encarnado en la persona de Jesucristo: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres… aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.” (Juan 1:4, 9) Fijémonos que dice la luz verdadera. Otros han llegado diciendo que ellos eran la luz, que ellos conocen otros caminos, sin embargo, la Palabra de Dios nos dice que aquella luz que llegaba a la pequeña aldea de Belén hace más de 2000 años, era la verdadera, era la luz que iba a penetrar en las tinieblas en las que se encuentra sumido al hombre y nos iba a descubrir cuan imperfectos somos, ¡ah!, pero eso el hombre no tiene ningún interés en que se descubra… “el mundo no le conoció” (Juan 1:10). Esta es la realidad de la Navidad. El máximo acercamiento que Dios podía hacer a su criatura, a todo lo que Él había creado, lo hizo por medio de Jesús: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (Hebreos 1:1-2). El propósito final de Dios es el ofrecer la reconciliación al hombre, por tanto nunca ha estado callado, siempre se ha manifestado. En el pasado, a través de los profetas. Luego mandó al Hijo, su heredero, la luz verdadera y lo hizo de la forma en la que el hombre podía llegar hasta Él, haciéndolo igual a nosotros, naciendo, creciendo, viviendo todo lo que vivimos nosotros, pero desde lo más humilde; por eso su nacimiento fue humilde, en un pesebre como nos cuenta Lucas, y su vida fue humilde, siempre cerca de los necesitados, accesible, cercano; por su importancia, por ser quien era, podría codearse con los más importantes, tener multitud de siervos, palacios…pero no estimó el ser igual a Dios como algo de lo que podía echar mano.
Cuando vino al mundo, no le recibieron. Pero no habría ninguna esperanza si todo se acabase ahí. Hubo gente que le recibió y le sigue recibiendo: “Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Para ser realmente ‘hijo de Dios’ hay que recibirle ¿cómo? Pidiéndoselo de corazón, sinceramente, convencido de pecado, arrepentido e inclinado en adoración ante Él, la luz verdadera, el único camino y, si verdaderamente lo hacemos así, Él entra a formar parte de nuestra vida a través del Espíritu Santo: “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14). Esta es la nueva vida que trajo Jesús el día de su nacimiento, este es el mejor regalo que nos podía hacer Dios, el más caro porque supuso la muerte de Jesús, supuso el derramar su sangre en el sacrificio perfecto, que pone un puente de comunión entre el hombre que no le ha querido recibir y Dios.
El regalo está ahí: A ti te toca abrirlo, vivirlo, creerlo o despreciarlo. Que el Señor te ayude a tomar la mejor decisión. Amén.

domingo, 29 de noviembre de 2015

El Último Tramo de la Vida

los últimos instantes de la vida con compañía amada
El pasado sábado 21 de Noviembre, he asistido a la Conferencia que organiza la FIEIDE, conferencia que tenía un título muy sugerente: “Árbitros en el último tramo de la vida” tocante a un tema de actualidad como es la eutanasia y las decisiones que se toman, en situaciones críticas, antes de morir. El conferenciante fue el Dr. Rodolfo E. González, quien con su experiencia en el campo y el ambiente hospitalario, pudo aportar y enriquecer la conferencia con historias reales vividas por él que hicieron que las cerca de tres horas que dedicó a tan importante asunto me parecieron muy cortas. En este comentario quisiera exponer algunos detalles que me parecieron interesantes de su intervención y del coloquio que siguió a la misma.

Hoy en día, por lo general, no gusta hablar de la muerte. No hace tantos años estaba más presente en la sociedad: se guardaba luto, se anunciaba por medio de campanas en las iglesias, esquelas, recordatorios; se asistía a los velatorios; hoy en día casi ni se ve al difunto: o está en un lugar aislado, o pasa directamente al crematorio y solo se ve la caja, cuando se ve, etc. Hoy no se quiere hablar de la muerte.
¿Qué actitudes encontramos ante este tema?
Es extraño, no se sabe que se experimenta ni que se encuentra después (en el caso de los creyentes tenemos una idea aproximada por lo que nos revela la Biblia).
Vemos varios tipos de reacciones: se lucha contra la muerte; se niega su realidad; otras veces produce desesperación ante su llegada; en general se desea que cuando llegue sea cómodamente (todo aquel a quien se le pregunta cómo le gustaría morir llegado el momento suele contestar: “que me coja durmiendo, en paz, sin dolor”); otros quieren tener el control (eutanasia). La eutanasia básicamente es que otro provoque mi muerte. Después está el suicidio asistido que consiste en que otro me ayude a morir. Las razones que se aluden para tomar alguna de estas decisiones suelen ser la compasión y el miedo. Miedo al dolor, a la dignidad perdida (no controlo mis actos fisiológicos, no me valgo por mi mismo para nada, etc.), miedo a la dependencia.
Hay una serie de conceptos actuales en la sociedad que influyen en estos razonamientos cada vez más extendidos:
El utilitarismo: Vale si me sirve. El utilitarismo es una teoría ética que asume las siguientes tres propuestas: lo que resulta intrínsecamente valioso para los individuos, el mejor estado de las cosas es aquel en el que la suma de lo que resulta valioso es lo más alta posible, y lo que debemos hacer es aquello que consigue el mejor estado de cosas conforme a esto. De este modo, la moralidad de cualquier acción o ley viene definida por su utilidad para los seres sintientes en conjunto. Utilidad es una palabra que refiere aquello que es intrínsecamente valioso para cada individuo.
El Hedonismo (ya se hablaba y se practicaba en la antigua Grecia): Lo fundamental es disfrutar. El dolor no se tolera en absoluto: intolerancia al dolor.
La Autonomía: Yo soy dueño de mi. La persona cuida y le da mucha importancia al YO.
El Naturalismo: Soy uno con la naturaleza. El naturalismo rechaza la existencia objetiva de algo sobrenatural, viendo todas aquellas cosas "sobrenaturales" como explicables en términos naturales.
Además de los conceptos también destacan factores sociales influyentes:
La ruptura de las hasta hace poco, estructuras sociales firmes (divorcio, falta de relaciones, soledad, etc.).
Una mayor esperanza de vida.
La legislación en otros países, por ejemplo de la eutanasia legalizada.
Respecto a esto último el doctor expuso algunas cosas que se van viendo fruto de la experiencia de otros países, en este caso EE.UU y Holanda, cosas que van delatando los diferentes estudios estadísticos que se hacen sobre estos temas:
(EE.UU)
Es difícil predecir el tiempo que a uno le queda de vida por lo que cuando se da un plazo, no siempre se acierta, lo que puede producir que se provoque la muerte a alguien que va a vivir más tiempo del previsto.
En un alto porcentaje se detecta falta del sentido de vivir, una vida sin propósito y esto sin tener una enfermedad terminal.
Con el paso de unos meses, muchas personas cambiaron su idea de morir, por cambios en su vida, circunstancias…
Está disminuyendo la evaluación mental de base, especialmente afecta cuando la persona tiene depresión, en un 1,5% no se evalúa seriamente y se da el visto bueno a la provocación de la muerte sin tener en cuenta que no se ha hecho un análisis profundo y serio de las condiciones físico-mentales del paciente.
(Holanda)
Cada vez están muriendo más personas sin dar el consentimiento (ancianos, discapacitados, bebés, etc.). Se calcula que unas 1000 personas al año.

lunes, 9 de noviembre de 2015

El carácter de Cristo

Colaboración de Manuel José Díaz Vázquez

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra,
Busquemos con todo nuestro ser la comunión íntima con nuestro Divino Salvador
porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. (Mateo 11:25-30)
Con unas palabras llenas de reverencia y reconocimiento, que es lo que envuelve la alabanza, señala el Hijo la total autoridad del Padre, quien reina sobre todas las cosas. Su poder es algo maravilloso e inefable: es el Creador, hace milagros, juzga con total justicia, para Él no hay nada imposible, todo está bajo su control…, y oculta con celo la verdadera sabiduría de aquellos que quieren apropiársela por caminos no dispuestos por Él (el único camino es Cristo) y se extravían. Porque es Dios mismo quien establece las normas para adquirirla. Él y solamente Él, estipula las reglas que rigen todo lo concerniente al verdadero conocimiento. Fijémonos en el contraste: “porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos…”. La palabra “esconder” conlleva un ocultamiento, un cubrimiento con defensa activa. Podemos hacernos una idea si pensamos en la espada encendida dispuesta para guardar el camino del árbol de la vida que se nos narra en el Génesis. El verdadero conocimiento está protegido, oculto, inaccesible, y es revelado solamente a aquellos que tienen una actitud adecuada para con Dios, en contraposición con los sabios y los entendidos, que representan, en líneas generales, a las personas soberbias y arrogantes en su propia opinión y que no tienen en cuenta a su Creador, que viven de espaldas a Él, y se creen sabios y entendidos en sí mismos.
Frente al Evangelio, todo hombre y mujer se encuentra en igualdad de condiciones, sea cual sea su grado de inteligencia, su nivel de estudios, su posición social, la educación recibida, el tiempo en el que ha vivido…, lo que determina si adquieren o no la verdadera sabiduría es la sencillez de corazón para aceptar de buen grado lo que Él tiene a bien decirles por medio de Su Palabra encarnada en Su bendito Hijo Jesucristo. 
Con el término “niños”, se  hace referencia a este grupo de personas, las sencillas de corazón, que creen en Él. Cristo representa el punto álgido, insuperable, de sencillez y nobleza de corazón, de madurez espiritual, que no está reñida con las otras características, porque la madurez se adquiere, aunque parezca una contradicción, de esta manera, porque son los “niños” (y no se refiere a los infantes), es decir, los sencillos de corazón, los pobres en espíritu, los que reconocen su necesidad delante de Dios, y son los que, (¡bendito sea el Señor!), alcanzan la verdadera madurez, dicho de otra manera, los que tienen conocimiento y discernimiento de estas cosas, porque les son reveladas. Padre e Hijo componen una unidad de amor y conocimiento, unidad a la cual se nos invita a unirnos…
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Este llamamiento, esta invitación (algún comentarista dice que es general, a todos los hombres, y pudiera ser, aunque por el contexto se vislumbra otra cosa), da la impresión de que es a los “niños”, aquellos que están dispuestos a aprender porque saben o intuyen de sus carencias, son los que quieren ser enseñados y están dispuestos a oír la enseñanza, por eso el Señor dice después: aprended de mí, a diferencia de los sabios y entendidos que confían en sí mismos y en su propio criterio. Evidentemente como se dice en Juan 6:37, “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene no le echo fuera”, cualquiera, en un determinado momento, puede ser susceptible de aceptar esta invitación, y pertenecerá al grupo de “niños”, o las personas que son dadas de antemano por el Padre al Hijo, las que sola y exclusivamente tienen el privilegio de conocer estas cosas. El Padre ya las conoce y se las da al Hijo. (Léase Juan 17).
Los sencillos de corazón sufren ante las vicisitudes de la vida, porque son conscientes de su naturaleza que tiende al pecado, porque se llenan de dudas, perplejidades y temores, porque se agitan por las circunstancias tan cambiantes, porque se turban ante la presión legalista de la religión oficial, porque ven que la hipocresía, la mentira, la impiedad…, campan a sus anchas. “En el mundo tendréis aflicción…”, dice el Salvador, pero no estáis solos, es un compromiso personal mío el haceros descansar “yo os haré…” y os digo cómo, hacedme caso, sed como yo. Jesucristo es la persona más cercana al creyente, la más asequible… El alma se turba, los afanes de esta vida os acongojan, pero podéis descansar, haced lo que yo os digo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Es en la comunión con Él como se aprende, y como se adquiere su carácter, recordemos ese dicho: “Dime con quién andas y te diré quién eres”; el yugo es el símbolo de esa comunión. Es el maestro y tenemos que tener claro que la relación con Él es lo más importante de nuestra vida. La verdad nos libera, y nos indica la clave: la mansedumbre y la humildad, el tener claro que somos hechura de Dios, que dependemos absolutamente de Él; el tener una opinión cabal de nosotros mismos, ya que la mansedumbre y la humildad expresan una concepción de Dios y una concepción de uno mismo, de poner a cada quien en su lugar. Entramos en esa relación, en una disciplina amorosa, literalmente, se puede decir, que Él quiere domarnos, que nos refrena, que nos enseña a entrar y a vivir de una manera completamente diferente, elevada, en una nueva esfera que deja atrás todo lo anterior, conforme al ejemplo de Su Hijo. 
Estas cosas están escondidas, pero si miramos a Jesucristo y aprendemos de Él, hallaremos, encontraremos estas cosas que son especial tesoro. Algo esencial en la vida humana es el descanso del alma. La vida la agita continuamente, los afanes y las ansiedades la perturban… Y la receta es la humildad y la mansedumbre que llevan a confiar en Dios y en Su Hijo para encontrar la verdadera y genuina paz… Los padres enseñan a sus hijos a hacer muchas cosas en la vida. El Señor nos enseña las más importantes, las esenciales. Él es el creador de la vida y nos enseña a vivir, a vivir la vida eterna, que es el conocimiento de Dios. 
No se puede ser cristiano y no ser humilde. Porque la mansedumbre es una de las características del carácter cristiano. Un cristiano arrogante es una contradicción. Todos, no cabe duda, podemos tener malos momentos, pero la estela que debemos dejar, si nos decimos cristianos, es la de la humildad y la mansedumbre a imagen de Aquel que nos está enseñando a vivir la nueva vida. Si nos decimos cristianos, y no somos humildes, lo dejamos a Él en mal lugar. Al contrario, si somos como Él, demostramos quienes somos, teniendo Su propio carácter, estando en comunión con Él y damos, así, verdadero testimonio del Evangelio, y no olvidemos que la verdadera mansedumbre es fruto del Espíritu Santo, no un don natural…
Busquemos con todo nuestro ser la comunión íntima con nuestro Divino Salvador para mostrar al mundo la realidad de esta experiencia. Que Él nos ayude a ser sencillos, humildes y mansos de corazón a imagen de Su carácter, porque solamente los que son como Él, heredarán la tierra. 
Manuel José Díaz Vázquez

** Manuel es autor de las novelas "Queso fresco con membrillo", "A las vacas de la señora Elena no les gusta el pimiento picante" y "La calavera de Yorick" (Ediciones Atlantis).

domingo, 1 de noviembre de 2015

Oye Mis Consejos

los consejos de mi papá
“No se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello. Escríbelas en las tablas de tu corazón” (Proverbios 3:3)
Hay palabras como “misericordia” que hoy apenas se oyen y otras como “verdad” que parece se han quedado relegadas en el olvido.
“La misericordia es la disposición a compadecerse de los trabajos y miserias ajenas.”, leo en la Wikipedia, pero ¿quién se compadece hoy en día de las miserias ajenas? Gracias que alguno aún lo hace, especialmente aquellos que se esfuerzan por ayudar a los demás por los diferentes medios (ONGs, Médicos, Grupos Misioneros, etc.). Pero las instrucciones que se reproducen en el texto de Proverbios son para todos, son el consejo de un Padre amantísimo hacia su hijo con un objetivo muy claro: “…y hallarás gracia y buena opinión ante los ojos de Dios y de los hombres.” Este Padre se desvive por guiar a su hijo para que reciba los mejores consejos, las mejores instrucciones de comportamiento, los valores y la dignidad que parece se hayan perdido entre las brumas del olvido.
El llamado es muy especial para los creyentes, para los hijos de Dios, porque se espera que ellos actúen así: “Oíd la palabra de Jehová, oh hijos de Israel: “Jehová tiene pleito con los habitantes de la tierra, porque no hay en la tierra verdad, ni lealtad, ni conocimiento de Dios.” (Oseas 4:1). Para ser escrito esto unos 700 años antes de Cristo, suena muy actual. Algunas versiones traducen misericordia donde leemos ‘lealtad’. En ese tiempo el profeta denunciaba con palabras inspiradas lo que Dios no hallaba en la tierra ¿y qué de hoy?
Estoy escuchando las respuestas: “¿Misericordia? Suena muy sensible ¿no? Hoy esos conceptos se han quedado anticuados, es verdad que hay ongs y esas cosas, pero la mayoría vamos a lo nuestro.”
El corazón del hombre, estemos en el siglo que estemos, sigue igual. Solamente Jesucristo puede producir ese cambio en las personas, un cambio que introduce el amor de Dios en el corazón de la persona y la transforma de tal forma que la misericordia y la verdad fluyen del interior, así como otros frutos como el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y el dominio propio (Gálatas 5:22). La Biblia dice que estas cosas son fruto del Espíritu Santo que entra en la persona cambiada por Jesús.
El padre que escribe a este hijo debe tratarse de una persona así y por eso quiere lo mejor para su hijo. Desea que su hijo halle gracia ante Dios y buena opinión ante los hombres.

“Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia inteligencia” (Proverbios 3:5) El escritor inspirado va desgranando perlas cultivadas para ayudarnos en nuestro crecimiento madurez espiritual de forma que agrademos a Dios, los hombres tengan buena opinión de nosotros, y la vida nos sea de bendición… ¡pero para eso, debes confiar en Dios, no en tus fuerzas! Un poco más delante en este pasaje, se le va a reiterar: “No seas sabio en tu propia opinión” (Pr.3:7)
A la gente le cuesta mucho aceptar esto. Nos consideramos muy inteligentes y nuestra opinión se pone por delante de cualquiera que quiera ocupar ese lugar… incluso aunque ese lugar lo quiera ocupar Dios mismo.
Es curioso echar un rápido vistazo a este capítulo 3 para ver cómo se va repitiendo, como se va insistiendo, en este principio: “Confía en Jehová” (v.5); “Teme a Jehová” (v.7); “Honra a Jehová” (v.9); “No deseches la disciplina de Jehová” (v.11). No son exhortaciones vanas, pueriles, obsesivas, de un padre obstinado y enfermizo con la religión. Son las exhortaciones de un Padre que ama y que tiene argumentos de experiencia personal que le han ido demostrando a lo largo de su vida que esas condiciones tienen bendición, y si no, veamos unas cuantas en el mismo texto: “hallarás gracia ante los ojos de Dios” (v.4) (esta ya la habíamos visto); “Él enderezará tus sendas” (v.6); “será medicina para tu carne y refrigerio para tus huesos” (v.8, o sea, salud física); “tus graneros estarán llenos con abundancia y tus lagares rebosarán de vino nuevo” (v.10); “Jehová disciplina al que ama, como el padre al hijo a quien quiere.” (v.12).
Casi podríamos hacernos un manual de estos de “Cómo conseguir una vida de éxito” ¿verdad? Las librerías están llenos de estos manuales prácticos pero sólo la Biblia está inspirada directamente por el único y sabio Dios ¿De quién nos vamos a fiar?


sábado, 10 de octubre de 2015

¿Convertirse?

se ha convertido en alguien distinto
Entre los creyentes usamos términos hablando que “a los de afuera” les deben sonar a chino, lo digo porque me ha pasado de decir “se ha convertido” como si fuese lo más normal, y entre creyentes lo es porque todos me entenderían, pero en la calle esto no es así. Es como cuando te reúnes con colegas aficionados a "algo", lo mismo que tú,  y hablando utilizas términos de una jerga que tú y ellos conocéis perfectamente pero que para el que no está en “la línea”, no significan nada.
Es por eso que el pasado domingo hablé en la iglesia sobre lo que es convertirse. En el diccionario dice que “convertir a alguien” es “hacer que una persona llegue a ser algo distinto de lo que era”. Así, en plan general, se puede referir a algo bueno o a algo malo, por ejemplo: “El horario de trabajo lo ha convertido en una persona intratable”, “Su estancia en el extranjero lo ha convertido en una persona distinta”. Uno de los casos más drásticos que se conocen es el del apóstol Pablo. En el Nuevo Testamento, en el libro de los Hechos, hay tres relatos de la conversión del que hasta ese momento de su historia se llamó Saulo de Tarso (Hch.9, 22 y 26). En los tres podemos deducir que Pablo, cuando se convirtió, pasó a ser una persona distinta de lo que era.
En muchas predicaciones he oído aplicar el sinónimo “cambiar radicalmente” a lo que es una conversión según lo entendemos por la Biblia y siempre se nos ha explicado por un giro de 180º ßà La persona iba en una dirección, tenía unas prioridades, unos objetivos, le gustaban unas cosas, llevaba una forma de vida y… “cambia” y ahora va en la dirección opuesta: posiblemente si trabajaba siga en su mismo trabajo; si tenía familia sigue con su familia, la quiere más, la cuida y la protege con más amor, sigue con ella pero sus prioridades son otras, sus objetivos son otros, de repente le gustan otras cosas distintas y lleva otra forma de vida, se ha convertido, ha cambiado… ¿Por qué? ¿Qué le ha hecho cambiar de esa manera tan drástica? ¿Con qué se ha encontrado para dar un giro de 180º de un día para otro?
Pablo se encuentra con la Luz (Hch.22:6). “Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Según su opinión, Saulo era una persona perfecta, impecable, un judío leal, obediente a la Ley de Dios al milímetro, con los mejores estudios de las mejores universidades de la época, tenía tanto celo por las cosas de Dios que, convencido que los que seguían a Cristo eran miembros de una secta maligna y contraria a la Ley, los persiguió desde que vio a Esteban morir apedreado hasta su experiencia en el camino a Damasco, una experiencia en la que se encontró con Cristo mismo, el crucificado y ahora resucitado. Saulo tiene su encuentro con Jesús. Ante la Luz, todos los estudios y méritos y cosas que delante del mundo eran el no va más, delante de la Santidad de Dios quedaron reducidas a… nada.
Cuando el Señor se cruza en nuestra vida, lógicamente surgen preguntas. El encuentro de Saulo fue espectacular pero igualmente lo es el de cualquier persona aunque no haya una luz más potente que el sol al mediodía por medio. El Señor lo llama: “¡Saulo, Saulo! ¿por qué me persigues?” Saulo perseguía a los seguidores de Jesús de Nazaret, la Iglesia…entonces “¿Quién eres, Señor?” Primer reconocimiento: “esta aparición es sobrenatural, es divina, el poder que denota me ha hecho caer al suelo, los que vienen conmigo se han espantado, ¿Quién eres, Señor?” Muestra que Saulo reconoció la autoridad de quién lo halló en el camino. Entonces la voz se identifica con Jesús de Nazaret. Saulo empieza a sumar: “¿Jesús de Nazaret? ¿el crucificado? ¡Yo estoy persiguiendo a los seguidores de Jesús de Nazaret! Pero ¿no estaba muerto?... (sigue sumando…) ¡va a resultar que es verdad lo que dicen sus seguidores, ha resucitado, está vivo!... entonces, claro, si persigo a sus seguidores, en cierta forma, lo estoy persiguiendo a Él… Jesús… el que dijo que era Hijo de Dios… ¡Dios mío! ¿Qué he estado haciendo?”
“Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte.” (Pr.16:25).
Saulo comenzó a analizar las evidencias; aquella luz del cielo no solo lo había iluminado y deslumbrado, también le había abierto el entendimiento a la Verdad. Se sintió sucio ante la Santidad de Dios, se sintió pecador al darse cuenta que perseguía al mismo Hijo de Dios, cabeza de la Iglesia, se sintió arrepentido y con ganas de corregir lo que había hecho mal y ¡clamó al Cielo! “¿Qué haré Señor?”
¡Qué haré Señor! ¿Os fijáis? Estaba comenzando un cambio. Antes perseguía a los seguidores de ¡aquel Jesús!... ahora está llamando Señor al líder de los que perseguía… ¿Cambio? ¿Transformación? ¡Conversión! Cuando reconocemos a Cristo como nuestro único Salvador, el fuego que nos consume por agradarle es impresionante. El Señor perdona al corazón arrepentido y el Espíritu Santo entra en nuestro corazón operando en nosotros un cambio radical: 180º ¿Qué quieres Señor que haga?
Es a partir de ese momento que empiezan a mostrarse las evidencias de una verdadera conversión. El Señor lo ve en el corazón de Saulo y le da instrucciones y lo envía a quién lo va a guiar en su primera ceguera, física y, todavía, espiritual. Como el bebé en sus primeros días de vida, empieza a ver… ¡pero aún no ve claramente! Su vista tiene que irse moldeando, su vista y su vida. La primera evidencia que muestra a los demás que aquel hombre se ha convertido es que se pone a orar (Hechos 9:11): “Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora,”. Ya no es aquella persona que conocíais antes y que os asustaba sembrando el terror llevándose a los cristianos a las cárceles. Ahora está orando y necesita ayuda para dar sus primeros pasos como creyente. ¡Ah cambiado! ¡Se ha convertido! Comienzan a verse las evidencias de su conversión en el cambio que se va operando en su vida por medio del Espíritu Santo.
Una persona convertida, un creyente honra al Señor cuando en su vida diaria manifiesta claramente, como Saulo de Tarso, que es un hijo de Dios y reconoce humildemente “que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Ti.1:15).

lunes, 5 de octubre de 2015

¿Estado laico o aconfesional?

laico o constitucional
De momento, esta pregunta no debería suscitar discusión alguna, aparte de las definiciones de diccionario y ciertas sentencias del tribunal constitucional. Puede parecer que la Constitución cierra las puertas a un estado laico, pero reniega también de su aconfesionalidad. El artículo 16.3 establece el principio de la aconfesionalidad del Estado al declarar que “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Sin embargo continúa con: “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones”. Así de claro. La Carta Magna española excluye la posibilidad de un estado laico o independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Pero a la vez, no puede ser indiferente ante el hecho religioso y además está obligado a cooperar con las distintas confesiones. Muy en particular con la Iglesia católica.
Esa declaración explica que, después de casi cuarenta años, todavía nos estemos preguntando qué se entiende por estado aconfesional. Porque la realidad diaria, lo cotidiano en las vidas de los ciudadanos, refleja la clara hegemonía de una confesión, que además alardea de su capacidad de vetar al resto cada vez que hay ocasión. Ello más bien apoyado por parte de quienes ostentan la más alta representación ciudadana y del estado. Alcaldes, presidentes de comunidades autónomas y hasta la casa real, preservan y apoyan sin titubeos la imposición de una sola confesión, la del obispo de Roma, en toda clase de actos oficiales. Como clara muestra de la confusión que al respeto propician y que sólo la realidad clarifica, proclamaciones, nombramientos, conmemoraciones de todo tipo y hasta funerales de estado dejan buena constancia de la situación.
Si un Estado aconfesional es aquél que no reconoce como oficial a ninguna religión y un estado laico el que aboga por la independencia de cualquier confesión religiosa, nada de ello se da en nuestro país donde la omnipresencia de una sola confesión en multitud de actos institucionales y hasta en la declaración de la renta, la convierte de facto en la religión oficial del Estado.
Aunque el artículo 16.3 diga: “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, en España, una ministra pide en público ayuda a una virgen para salir de la crisis o un ministro le concede a otra virgen la más alta condecoración al mérito policial. Mientras se sigan celebrando misas en los funerales de Estado y otros actos institucionales tanto civiles como militares, no hay discusión posible: España no es laica ni aconfesional.
‘Mini Editorial’ publicado en la revista Edificación Cristiana, nº 269, Mayo-Agosto 2015.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Barreras

barrerasEstos días la actualidad está en Italia, Hungría, Austria, esos países a los que quieren acceder miles de personas que huyen de la barbarie de la guerra, del hambre, de la miseria... En las fronteras españolas también se vive un éxodo semejante procedente del continente africano, personas que huyen de la barbarie de la guerra, del hambre de la miseria... ¿Y que se encuentran a su paso? Barreras, impedimentos, obstáculos ideados para herir, dañar, impedir el paso de esas personas que lo único que buscan es un lugar donde poder trabajar y vivir en paz.
En Hungría trabajan a marchas forzadas para construir un muro que impida que estas personas crucen por su territorio para alcanzar el sueño europeo. En España han hecho lo mismo creando una valla con hojas cortantes en la frontera con Marruecos. Nadie está libre de sentir la misma vergüenza en esto de crear barreras que impidan/dificulten el paso libre de personas entre trozos del planeta, trozos limitados por fronteras, puertas, vallas, armas, todo aquello que impida que nuestro prójimo pase por el "trozo" que nosotros ocupamos en este momento. ¿Que sucedería si se tornasen las cosas y fuésemos nosotros los que necesitásemos ir a los países de donde proceden estos 'refugiados'? ¿Que diríamos? 
A poco que dediquemos unos minutos a observar lo que nos rodea encontraremos miles de barreras, a lo mejor invisibles, creadas contra nuestro vecinos. Pensemos un poco: comunidad de vecinos, comunidad autónoma, España-Portugal, España-Francia, por el sur España-Marruecos, Chechenia-Rusia, Rusia-Ucrania, Palestina-Israel, Colombia-Países fronterizos, EEUU-Venezuela, etc. Barreras, barreras y más barreras no solo en los pasos fronterizos, también en la comunicación, en el diálogo, en la consideración de unos por los otros, en las relaciones... Parece una constante entre los humanos. Las palabras de Jesús "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" parece que han caído en saco roto o se han mal interpretado por "Al prójimo, ni agua".... y cuantas más obstáculos, mejor.
Busca sinónimos de generosidad, hay unos cuantos ¿verdad? Pues todos se pueden cambiar por egoísmo, egocentrismo, vanidad, mezquindad, ruindad, ambición, exclusivismo... Sinónimos barrera que complican la existencia de manera trágica contra los que luchan una minoría de héroes anónimos, voluntarios, ongs honradas, médicos, buenos samaritanos.
Que Dios toque el corazón de aquellos dirigentes que pueden cambiar muchas de estas barreras en puentes humanitarios.
Que así sea.

lunes, 31 de agosto de 2015

Comienza un nuevo curso

viajero
Ya se han pasado las vacaciones de verano, ya estamos de regreso en el trabajo. No lo digo con tristeza porque reconozco que debo estar agradecido por tener trabajo y, además, un trabajo que me gusta. Lo que sucede es que de vacaciones se está muy bien y máxime cuando el lugar al que hayas ido es tal y como te lo habías imaginado y los momentos que has vivido superan, incluso, esa imaginación.
Hoy, cuando me cruzaba con las caras inexpresivas de los transeúntes de la gran ciudad, pensaba ¡que cambio más drástico en sólo un par de días!
He estado en un pueblo donde la gente te saluda dándote los buenos días cuando te cruzas con ellos por la mañana, donde la mujer que me vendía el pan me hacía comentarios sobre el tiempo, donde todo se mueve despacio, con tranquilidad, suavemente, donde no se sale de los sitios con dos horas de antelación para llegar a tiempo porque los atascos solo se dan en ocasiones muy especiales por causa de un accidente o otro tipo de obstáculo que se pueda producir en muy raras y contadas ocasiones. Perfecto para un tiempo de vacaciones. Desconectas, te relajas, miras las cosas con ensoñación, como percibiendo que son sólo por unos días. Disfrutas del momento.
Muy pronto, antes tal vez de lo que quisiera, volveré a la rutina, a las prisas, a mirar el reloj. Me olvidaré de esa sensación de frescura, de tranquilidad, de relajación que te da el saber que estas de vacaciones y no tienes prisa para nada. 
Sin embargo la rutina llega a hacerse agradable y máxime cuando dentro de esa rutina tienes esa maravillosa faceta de vivir para Dios, de tener un propósito, un propósito divino, una meta tan definida para tu vida ligada por entero al Eterno. No quita que cuando dispones de mucho tiempo libre y tienes una relación personal con Dios, finalmente acabas entregando ese tiempo a Su servicio que es como mejor empleado está. Dice la Escritura que TODO lo que hagamos lo hagamos para su gloria y a veces, los creyentes perdemos esto de vista cuando que todo es todo, sin excepción. Incluso en el tiempo de vacaciones, algunos de los mejores momentos tienen que ver con esta maravillosa relación con nuestro Señor. La vida para el Señor es una vida aprovechada, rica, edificante, generosa, llena de matices que  te dan un plus de alegría y de satisfacción.
Por desconectar, hasta he desconectado de este blog. Así que ahora hay que retomarlo y aprovechar todos los huecos que me de la vida rutinaria para acceder a él.
¡Ánimo a todos los que vuelven de esas merecidas vacaciones!

viernes, 24 de julio de 2015

El carácter de Dios

Colaboración de Manuel José Díaz Vázquez
"Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre. Ha hecho memorables sus maravillas; clemente y misericordioso es Jehová" (Salmo 111:3-4)
"Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre. Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo." (Salmo 112:3-4)
gloria hermosura es su obra su justicia permanece para siempre

Se dice por los comentaristas bíblicos que estos dos salmos, el 111 y el 112, conforman una unidad. Y bien pudiera ser; baste observar alguna simetría: que ambos poseen diez versículos, que están escritos en acróstico como el salmo 119, esto es, que cada línea comienza con una letra del alfabeto (alefato) hebreo, así, por ejemplo, la línea gloria y hermosura es su obra, que es la quinta línea, correspondería, si contamos desde el principio del salmo, a la letra , que es la quinta letra del alefato (lo mismo ocurre con el salmo 112). En nuestras Biblias habituales esta división no aparece, pero en otras se manifiesta (en este caso está recogido el apunte de una Biblia textual, en concreto de la Holman). 
Todo esto sirva de marco introductorio, ya que lo que realmente nos importa es el contenido. Y es notorio, sobre todo en estos versículos de la porción escogida, el paralelismo entre estos dos salmos. Fijémonos un poco más: leamos de nuevo el versículo 3 del 111: Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre. Y ahora el 3 del 112: Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre
Hagamos lo mismo con el versículo 4 de ambos salmos: Ha hecho memorables sus maravillas; clemente y misericordioso es  Jehová. Y Resplandeció en las tinieblas la luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo

Hemos subrayado la parte que es literal en ambos salmos y con ello vamos a resaltar algo que es de suma importancia, sino vital, en el verdadero creyente y que podríamos señalar de la siguiente manera: el cristiano participa del carácter, de las virtudes de su Padre celestial. Nuestro Padre es justo, clemente y misericordioso, como se nos indica en el salmo 111 (y en otras partes de la Escritura), ya que el salmo habla de cómo es Jehová y de lo que hace. Y en el salmo 112 se nos indican las características del hombre que teme a Jehová (indica relación, comunión), de cómo es y de lo que hace, en base al respeto y deleite que tiene en la Palabra de Dios y que es, a su vez, el fundamento de su prosperidad, primeramente espiritual y luego material.
Lo que queremos recalcar sobremanera es que si el Señor es clemente, misericordioso y justo, así deben de ser sus hijos. Dice nuestro Salvador y Señor Jesucristo en Juan 14:9 “… El que me ha visto a mí, ha visto al Padre…”. ¿Está hablando del aspecto físico? No, se trata de conocimiento espiritual, de Su ser, de Su carácter, de Su modo de comportarse… Si nosotros estamos en Cristo, y Él vive en nosotros por medio del Espíritu Santo, tenemos que ser, pues, reflejo de esta personalidad, mostrar, en Él, el genuino carácter de Dios, ni más ni menos…
¿Cómo se produce esto? Vamos a utilizar una referencia que nos puede ayudar a aclararlo, una palabra que se encuentra en el salmo 112, versículo 4: Resplandecer, y leamos en Éxodo 34: 29-30, “Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después de que hubo hablado con Dios. Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él.”
¿De dónde surge el resplandor? ¿De Moisés mismo? No, surge de Dios, es el origen, ya que Dios es el resplandor mismo, la luz; al estar con Él, Moisés, se contagia, por decirlo de algún modo, de la esencia de Dios y la refleja. Así sucede con el cristiano. Es en la comunión íntima con su Padre, mediante la oración recogida, la lectura atenta de su palabra, donde va adquiriendo aspectos de Él, y observemos, como le pasó a Moisés, que no es consciente de lo que sucede (… no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía…), pero sí los demás (Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente…).

Si vivimos en comunión íntima con Nuestro Padre en el Señor Jesucristo, inconscientemente reflejaremos virtudes (pensemos en el fruto del Espíritu de Gál.5:22-23 por ejemplo), de su carácter y serán los demás los que vean que algo está pasando…
Para finalizar, recordemos otra porción, Hebreos 1: 2-3, donde se nos recuerda  la unidad del Padre y del Hijo, “… el Hijo… siendo (es) el resplandor de la gloria de Dios, y la imagen misma de su sustancia…”, así pues, reflejamos también el carácter del Hijo, porque ambos, Padre e Hijo tienen una misma sustancia. Y se demuestra, al mismo tiempo, que es imposible, reflejar a Dios sin Jesucristo, ya que éste es el resplandor de su gloria. No puede haber resplandor sin Cristo.
Demos gracias a nuestro Padre por su palabra, y miremos continuamente a su Hijo Jesucristo, para reflejar su carácter en nuestra vida diaria, porque Él es verdaderamente la luz del mundo.
Manuel José Díaz Vázquez

** Manuel es un siervo del Señor que se congrega en la Iglesia de la calle Sartaña en Ferrol (A Coruña). Es autor de las novelas "Queso fresco con membrillo", "A las vacas de la señora Elena no les gusta el pimiento picante" y "La calavera de Yorick" (Ediciones Atlantis).

domingo, 12 de julio de 2015

Ola de calor

cambios de la temperatura, situaciones extremas que generan temor
Detecto miedo en los comentarios sobre el clima. Que si ahora un calor sofocante “como nunca antes recuerdo”; que si ahora un frío intenso “que ni los más viejos del lugar recuerdan”. Que si ahora no nieva como antes, e incluso, que “si ahora no llueve tanto como antes llovía por estas fechas”.
Los medios tienen necesidad de cubrir sus espacios informativos y buscan cosas nuevas, cosas que llamen la atención al lector o al televidente, noticias sensacionalistas, aunque de tanto utilizarlas muy pronto pierden el sensacionalismo que se les supone.
Detecto miedo a los cambios climatológicos o sobre el medio ambiente porque está demostrado que no los podemos controlar. Cuando los que dirigen el mundo se reúnen para tratar de llegar a algún tipo de acuerdo sobre la forma de reducir la contaminación, creo que a lo que más llegan a ponerse de acuerdo es sobre en qué restaurante van a comer porque de lo demás, de lo que suponga un desembolso económico que suponga una mejoría para los habitantes del planeta del año 2050, me parece que les trae un poco al pairo, y que no vamos a ver tomar medidas drásticas al respecto hasta que las circunstancias afecten a su salud o a la de sus hijos.
Pero la gente se siente afectada por esas noticias que tratan de llamar la atención y que, en muchas ocasiones, pasan con un simple “bah, más de lo mismo”, pero que en otras generan un rictus de inseguridad como preguntándose “¿será verdad o será otra teoría de algún hombre de laboratorio que está cansado de la luz pálida de los fluorescentes y está deseoso de ser deslumbrado por los focos de un estudio de tv?”
A veces pasa que después de estar escuchando en los noticieros una serie de alarmas sobre el medio ambiente, al final de la semana aparece un científico restando importancia a las últimas noticias y soltando un par de frases convincentes que demuestran que “del dicho al hecho hay un trecho” y que no es necesario alarmarse por cambios imperceptibles apenas medibles. No sabes a quien hacer caso.
¿Y qué dice el Creador de todo esto? ¿Tiene algo que decir o se despreocupa de la Creación?
Pues hay cosas muy importantes y que además están relacionadas con estos posibles cambios anunciados. Por ejemplo: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.” (Gn.8:22). Promesa: “no cesarán”, entonces, los que creemos en Dios podemos pensar que aunque haya algunas mediciones que indiquen pequeñas variaciones, nunca serán tan grandes como para tener miedo porque el Señor, el Creador que sustenta todo lo creado, ha prometido que mientras haya tierra, habrá estaciones y cada estación en su momento, frío, calor, verano, invierno, todo en su tiempo, Él lo ha dicho y nunca lo vamos a coger en una mentira porque el Señor no es hombre para que mienta: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mt.24:35).
Además Dios es el que sustenta la Creación. Es verdad que los encargados de cuidarla éramos nosotros pero se ha visto claramente que en lugar de cuidar lo creado, lo hemos estropeado por culpa de la ambición y el orgullo de parte de la humanidad, por eso me consuela ver que Dios mismo está detrás de todo esto, aguantándolo con la palabra de su poder y podemos leer maravillas como esta: “Tú afirmaste la tierra sobre sus cimientos, y de allí nada los moverá”. “Tú llenas las fuentes con los arroyos que corren ligeros entre los montes;”, “Haces crecer la hierba para los ganados, y las plantas que el hombre cultiva para sacar de la tierra el pan que come  y el vino que le alegra el corazón, el aceite que da brillo a su rostro, y el pan que sustenta su vida.” (Salmo 104:5, 10, 14-15).
¡Qué lejos están estas hermosas palabras de lo que leemos prácticamente a diario! ¡Qué consuelo para los creyentes!

domingo, 21 de junio de 2015

Ávidos de Cambios

Estamos viviendo un cambio político y percibimos que no sabemos muy bien cuál va a ser el final de
El hombre está ávido de cambios, de novedades, de cosas nuevas. Buscamos toda nuestra vida porque tenemos necesidad de llenar el vacío que nos deja la propia vida. Buscamos y, a veces, encontramos o creemos encontrar lo que va a dar un sentido, un propósito a nuestra vida.
este cambio. Los periodistas están disfrutando publicando noticias de gente nueva, los nuevos políticos, carne nueva noticiable.
Se busca en la historia de estos nuevos personajes u borrón, algún trapo sucio que de que hablar a la corrala. Algún borrón de estos ya ha generado consecuencias y golpes de timón sorprendentes por lo prematuros. No se contaba con esto pero, escarbando, todos tenemos algo que nos va a poner en evidencia y, para algunos, ese “algo” puede ser nefasto en la, hasta ahora, intachable trayectoria político-ganadora.
No sé si es un problema de la cultura propia, de la cultura mediterránea, de los países del sur europeo o qué, pero apenas nos da pie al optimismo el entrar en una nueva andadura y volverse a encontrar con las mismas suciedades y las mismas vidas manchadas, poco edificantes y, lo peor, poco esperanzadoras con vistas a un hipotético cambio definitivo. Seguramente que es pronto para opinar, a lo mejor hay que esperar que se serenen las aguas porque, de momento, están turbias en la primera crecida.

El hombre está ávido de cambios, de novedades, de cosas nuevas. Buscamos toda nuestra vida porque tenemos necesidad de llenar el vacío que nos deja la propia vida. Buscamos y, a veces, encontramos o creemos encontrar lo que va a dar un sentido, un propósito a nuestra vida. El Señor Jesús nos da pistas cada vez que nos acercamos a Él como una opción de búsqueda. Por ejemplo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Interesante ¿verdad? Pero misterioso: “nacer de nuevo” viene de la palabra “regenerar”, volver a generar, volver a nacer. Nicodemo, una persona culta de la época, se sintió bastante perdido con la afirmación, se escapaba a su entendimiento, se escaba de todas las respuestas humanas que hasta ese día había recibido. “Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?”  Hay que subir un nivel más amigo, es más que lo que vemos a nivel ‘tierra’, estas oyendo palabras celestiales, espirituales, hablan al alma, al corazón, a la esencia de la persona, Nicodemo. “¿Dónde está la sabiduría de los sabios?”.  “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.  Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.” ¡Tremendo ¿verdad?! Jesús tiene las respuestas porque de Él emana todo, Él es el Creador, Dios mismo, por lo tanto sus respuestas son profundas, completas, plenas.
Algo parecido le sucede en su encuentro con una mujer samaritana. Un encuentro que podría ser sencillo, rutinario, incluso banal si no fuera porque aquella mujer se encontraba con Aquel que todo lo llena en todo, el gran Yo Soy. Podría ser un encuentro más en un oasis, donde había agua fresca, donde se abrevaba al ganado, pero de aquel hombre salen palabras nuevas, diferentes… (Ávidos de cambios, de novedades, de cosas nuevas…) ¿A quién ha encontrado aquella mujer que le recibe con palabras que hablan de ¡vida eterna! “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” Conversaciones clave con personas, un interlocutor divino, afirmaciones rotundas, ¿qué me quiere decir? “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?” El Cristo, el Mesías, el Rey anunciado y esperado, el Rey de una nueva generación de hombres y mujeres cambiados, regenerados, dispuestos y preparados para habitar una “nueva creación”. ¿Quieres un cambio radical? Habla con Jesús, búscalo en la Biblia, te encontrarás con quien tiene las respuestas y podrás experimentar ese nuevo nacimiento, esa regeneración, podrás formar parte del “pueblo adquirido por Dios”, “los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Tal vez me he dejado llevar por la velocidad de la pluma (bueno, del teclado…), tal vez encierren doctrinas sublimes mis palabras, puedes preguntarme si no entiendes algo. Pero una cosa sé: he experimentado ese cambio y puedo decir como el ciego curado: “antes era ciego, pero ahora veo.”



sábado, 16 de mayo de 2015

Multitudes

veo a las multitudes desamparadas y necesitadas y siento esa compasión por ellas porque, como ovejas que no tienen pastor, no tienen una orientación clara del sentido de la vida, del futuro, de la esperanza que mana de ti, del mensaje salvador del evangelio
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.” (Mateo 9:36)
Ayer he estado frente a un grupo de gente… incrédula. Y hoy, pensando en esto, me acordé de Jesús mirando a las multitudes que él veía como acosadas y desamparadas, como un rebaño de ovejas asustado, sin un pastor que las guiase, que les diese la confianza necesaria sabiéndose protegidas por alguien sabio y fuerte, por alguien con recursos…
Jesús sintió compasión. Yo sentí impotencia. Sé que yo no puedo convencer a nadie, pero a veces siento que me gustaría gritarles ¿no veis que vais directos al precipicio?
“Y cuando él (Espíritu Santo) venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.” (Juan 16:8)
Veo las miradas, miradas sonrientes, despectivas o compasivas, según como lo interpretes, miradas ansiosas por qué termines pronto y… ¡a otra cosa!
Pero quiero ver la mirada de Jesús: compasiva, emocionada, triste ¿qué le provoca esto? Su amor por la gente.
La gente de su época tenía poderosos líderes religiosos y políticos, sin embargo Jesús los ve desamparados ¿qué sucede con esos líderes? Aquellos líderes no les ofrecían consuelo con su ‘legalidad’ abusiva y su ostentación…, apariencias, “sepulcros blanqueados” les llamaba Jesús, una apariencia externa aceptable, pero, en su interior… nada. Y por otro lado, sus líderes políticos no tenían ningún tipo de orientación útil, Israel era un pueblo dominado por una gran potencia extranjera por tanto se trataba de un pueblo abatido, doblegado por las cargas y los impuestos. Por tanto, aquellos “pastores” no pastoreaban a las ovejas, más bien las explotaban para su beneficio egoísta.
La compasión de Jesús era una conmoción interior de los sentimientos buenos y sinceros del Maestro, era una visión que iba más allá, era una visión de los sentimientos, del corazón de las personas y esa visión lo llevaba a comparar con lo que Él les traía, con la paz que les ofrecía, con la libertad que aseguraba llegarían a conocer, cosas que, sin embargo, rechazaban. Incomprensiblemente, preferían seguir así, “a lo suyo vino, pero los suyos no le recibieron”, “la luz ha venido al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que practica lo malo aborrece la luz, para que sus obras no sean censuradas.”
(Juan 1:11; 3:19-20).
Mateo describe con dos palabras lo que Jesús vio en las multitudes. “Acosadas”, es la traducción de la palabra griega que significa ‘abatidas’, ‘azotadas’, ‘agotadas’, ‘afligidas’. La otra palabra es “desamparadas” traducida de la palabra que puede también querer decir ‘tiradas’, ‘echadas’, ‘esparcidas’, ‘desparramadas’. Jesús estaba mirando su necesidad espiritual igual que la mira hoy en la gente que se cruza con nosotros. Y lo digo consciente de que, Jesús, después de sentir compasión profunda por la gente espiritualmente perdida, se dirigió a sus discípulos, o sea, se dirigió a mí para decirme: “la mies es mucha y los obreros pocos”. Es mucho el campo evangelístico que tenemos que atender… tenemos que atender… ¡tenemos que atender! Siento que me dice “¿Estás mirando a las multitudes como yo? ¿Sientes en tu interior tu responsabilidad como discípulo mío? ¿Ves la cantidad de cosecha que yo veo, cosecha madura, dispuesta para la siega? ¿Estás dispuesto para trabajar para mí?”

“Entonces llamó a sus doce discípulos…y los envió Jesús, dándoles instrucciones: “…id, más bien, a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” (Mt.10:1,5-6)
Las instrucciones de Jesús en aquel momento llevaban a sus discípulos a anunciar “el reino de los cielos” a Israel, el epicentro de expansión del Evangelio en el mundo, “…y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”. Dice el texto: “Jesús les mandó”, Jesús nos mandó… ¡oh Señor! ¿Acaso no veo a las multitudes a mi alrededor necesitadas del “agua de vida” que mana de Cristo mismo? ¿Entonces qué sucede? ¿No dice el apóstol Pablo que “el amor de Cristo nos impulsa”? ¡Oh Señor! El amor de Cristo nos impulsa para que anunciemos que Él murió por todos para que los que viven para si ya no vivan más para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos…Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;… Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

Os rogamos en nombre de Cristo: ¡Reconciliaos con Dios!
“Si Señor, veo a las multitudes desamparadas y necesitadas y siento esa compasión por ellas porque, como ovejas que no tienen pastor, no tienen una orientación clara del sentido de la vida, del futuro, de la esperanza que mana de ti, del mensaje salvador del evangelio proclamado en la cruz a través de los siglos y rebotado en oídos sordos en oídos como aquellos que mataban a Esteban, el primer mártir de la Iglesia, quienes gritando a gran voz, se tapaban los oídos y a una se precipitaron sobre él. Tienen que gritar y tienen que taparse los oídos para rechazarte, Señor, por eso siempre repetías cuando terminabas de hablar: “El que tiene oídos para oír, oiga”.

Sí Señor, cuando me entregué a ti y te reconocí como mi Salvador, me entregué para que fueses mi Señor y yo tu siervo. Ahora me pides que te sirva comisionándome para la Obra de la extensión de tu Reino. Sí Señor, te pido que me des palabra como pidieron tus hijos cuando empezaba la iglesia y con ella, la persecución del enemigo y las barreras para que no se expandiera: “Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos que hablen Tu Palabra con toda valentía”. Que así sea.”

jueves, 7 de mayo de 2015

Escudriñar, practicar y enseñar

Colaboración de Manuel José Díaz Vázquez

“Por cuanto Esdras había determinado en su corazón escudriñar la ley de YHVH y practicarla, y enseñar en Israel sus estatutos y sus preceptos”. (Esdras 7:10)
escudriñar, practicar y enseñar

Se dice que en el Camino del Señor no hay atajos. Es Él, en su inefable sabiduría, quien dispone los principios a seguir para llevar una vida que le agrade, es decir, una vida de fe. Él, establece las pautas a seguir, no nosotros.

Si nos detenemos en el versículo de la cabecera, encontramos cuatro pasos a seguir conforme al ejemplo de Esdras. 
Primero, tenemos que disponer nuestro corazón, necesitamos de una actitud determinada para ponernos delante de la Palabra de Dios, una actitud de fe y de humildad para examinar detenidamente lo que Él nos dice. El Espíritu Santo nos mueve a hacerlo, pero no se impone, requiere de nuestra colaboración, de una búsqueda activa y concentrada por nuestra parte. Luego, a medida que vayamos comprendiendo, vemos que el método no varía, pero vamos comprobando el edificio que se está construyendo en nosotros… La actitud es para obedecerla, aunque, en un principio, no nos guste; la obediencia y la disciplina van unidas. Los pasos están relacionados. No podemos enseñar la Escritura si no hacemos los pasos previos. 

Primero es la determinación para escudriñar y luego, practicar y enseñar. La actitud incluye todo, abarca la totalidad de lo demás. Si falla lo primero, lo segundo es imposible, es una lógica espiritual: si escudriñamos y no practicamos, carecemos de autoridad para enseñar, por mucho que, aparentemente, lo hagamos. Hay que hacer hincapié en la conexión, lo compacto que es todo…

Fijémonos en la palabra escudriñar. Significa buscar, inquirir, explicar, tener cuidado de, afanarse. Pero en Mateo 6:25 se nos dice: “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer…”. En este versículo se nos muestra un enfoque negativo de afanarse; equivale a preocuparnos en exceso por la comida, el trabajo, el vestido…, y el Señor nos exhorta a que no lo hagamos, sino que confiemos en nuestro Padre celestial. 
Pero en el texto de Esdras, vemos un “afanarse” positivo: preocuparse por la Palabra de Dios, ‘preocuparse positivamente’ de leerla, estudiarla, considerarla, meditarla, ponerla por obra. 

Solamente si nos centramos en Ella de esta manera, podemos ser aptos para enseñarla y para dar un buen testimonio acorde con nuestro crecimiento espiritual fruto de la práctica de sus estatutos.
Amén.
Manuel José Díaz Vázquez

** Manuel es un siervo del Señor que se congrega en la Iglesia de la calle Sartaña en Ferrol (A Coruña). Es autor de las novelas "Queso fresco con membrillo", "A las vacas de la señora Elena no les gusta el pimiento picante" y "La calavera de Yorick" (Ediciones Atlantis).

sábado, 18 de abril de 2015

Sed de Ti

"Como el ciervo busca por las aguas, así clama mi alma por Tí, Señor. Día y noche yo tengo sed de Tí."
sed de conocimiento de Dios

A.W. Tozer escribió: "El mundo está pereciendo porque no conoce a Dios, y la iglesia languidece porque no goza de su presencia."
Dios es eterno. Nuestra mente no tiene capacidad de imaginar la eternidad. A veces lo he intentado y ¿qué sucede? Entras en un vértigo, en un principio de mareo... sientes incapacidad... Sin embargo Dios es eterno, entonces, ¿qué perspectiva puede suponer el querer conocerlo, querer saber más de Él, indagar en Él? ¡Una perspectiva infinita! Porque, con lo que vamos aprendiendo por lo que Él nos ha revelado en Su Palabra llegamos a vastos campos de exploración que colman y superan la sed que podamos tener de saber de Él. Es eterno, el tiempo no lo rige, el tiempo comienza y termina en Él pero Él no vive en el tiempo porque es parte de Su creación... Para Él no hay pasado ni futuro... Es inmutable, no cambia, es siempre el mismo y no puede cambiar ni para mejor ni para peor porque entonces dejaría de ser Dios. Ya es todo lo bueno que se puede ser y no puede ser malo porque dejaría de ser Dios. Además, la Biblia nos enseña que es omnisciente, ve y conoce todo lo que existe y lo que aún no existe ya lo prevé... conoce nuestro pasado, nuestro futuro, lo que nosotros consideramos está oculto Él lo sabe... No lo podemos comparar a ningún ser creado porque Él es, no tuvo principio, no tiene fin, no fue creado, de Él surge el origen, el amor, la justicia, el orden, la misericordia... su santidad es tan pura y perfecta que no hay blancura que la pueda representar porque es superior a lo perfecto, no hay palabra que la pueda definir...
Lo que sé de Dios me lleva a querer conocer más de Él. He descubierto que Él nos ha amado primero: "Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero" (1 Juan 4:19) Y eso no se quedó sólo en palabras, lo demostró con hechos: "En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él." (1 Juan 4:9). Al entrar en ese campo maravilloso del amor con Dios, de una relación personal con Él por medio de nuestro Señor Jesucristo, el único camino para llegar a Dios, surge esa comunión que anhela saber más de Él, al sentir Su amor, al sentir Su presencia, al sentir Su protección, al sentir como entra en tu vida, como sientes Sus manos poderosas a tu alrededor, al sentir Su compasión en los momentos difíciles, al ver como te brinda una salida cuando te surge un problema, al sentirlo... "Yo tengo sed sólo de Ti." dice el canto.

Es curioso descubrir las manifestaciones de Dios... ¡fuego! ¿Qué tiene el fuego que nos atrae? ¿Nunca has tenido esa experiencia delante de una chimenea encendida, una hoguera...? Moisés se sintió atraído por una zarza que ardía... ¡pero que no se consumía! "Y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta gran visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés...! ¡No te acerques! quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es." (Éxodo 3:2-5). En la última y pobre versión que he visto en el cine sobre esta experiencia de Moisés ("Exodus"), ponen a una niña en lugar del fuego. ¡Una niña! Bueno, al menos no pusieron a un becerro como hizo el pueblo de Dios cuando quiso hacer una imagen del Dios todopoderoso... Pero Dios se le apareció a Moisés en el fuego... y luego, cuando el pueblo era guiado por el desierto, se mostró en una columna de humor por el día y en una columna de fuego por la noche. Sólo Dios tomó forma humana en la persona de Jesucristo.
Luego tenemos el arca de la alianza, encima de la cual estaba como si fuese una tapa, o una cubierta, el llamado propiciatorio, y esculpidos en él dos querubines, y entre las alas de los querubines aparecía la shekinah, ('presencia'), un fuego... Hay un momento impresionante en el que Dios se presenta al pueblo en el monte Sinaí. Éxodo 19 lo relata así: "Aconteció al tercer día, al amanecer, que hubo truenos y relámpagos, una densa nube sobre el monte y un fuerte sonido de corneta. Y todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció... Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en medio de fuego. El humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremeció en gran manera. Mientras el sonido de la corneta se intensificaba en extremo, Moisé hablaba, y Dios le respondía con truenos." ¡Impresionante! ¿no? "La presencia"
Muchos siglos después, cuando los discípulos de Jesús estaban reunidos el día de Pentecostés, aparecieron, repartidas entre ellos, lenguas como de fuego, y se aentaron sobre cada uno de ellos.

La presencia de Dios, sus manifestaciones, el conocimiento muy poco a poco de su sabiduría, platos exquisitos, manjares, todo a nuestro alcance gracias a Jesús. Él es el puente a Dios y, una vez que lo has cruzado, empiezas a descubrirlo, surje la sed de conocerlo. Para conocerlo, como con cualquier persona, hay que intimar con Él, pasar tiempo con Él, escuchar Sus palabras escritas en la Biblia. Al pertenecer a Jesús, el Espíritu Santo entra a morar con nosotros (¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que mora en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?) Y es por medio del Espíritu que podemos conocer a Dios, porque Dios es espíritu. Comunión, relación, conocimiento fruto de la relación, plenitud...
El creyente Federico Faber escribió:
Sólo el pensar en tí, mi Dios,
¡cuanto placer me da!
Sólo tu nombre mencionar,
trae felicidad.

Padre de Cristo, don de amor,
bien puedo imaginar
la dicha inmensa que dará
tu rostro contemplar.

"Tú rostro contemplar..." Pero ese momento no ha llegado todavía. Llegará, como dice Job: "¡en mi carne he de ver a Dios, a quien yo mismo he de ver!" Pero, mientras tanto, tenemos lo que sobré Él nos ha revelado y ¡ya podemos disfrutarlo! ¡Su presencia! Nos da medios para conocerlo y, lo que vamos descubriendo es... no hay palabras que lo definan, excede, superior, sublime y al mismo tiempo, cercano, tierno, amantísimo...
Esa cercanía es una de las cosas que más me impresiona. Cuando piensas en ello te parece tan imposible... Hace unos días en un programa de televisión, mostraban una foto de una pequeña parte de una sola galaxia, y dentro de esa pequeña parte de una sola galaxía, había miles y miles de estrellas con la posibilidad de que cada estrella tenga alrededor de ella planetas... Ellos decían: sólo mostrando esta pequeña parte del universo, podemos pensar en la cantidad de planetas que puede haber como el nuestro en donde puede haber vida... Y yo pensaba ¡que increible que el Creador de esa grandiosidad se acerque a mí, me observe, me ame y se preocupe por mí! "¿qué es el hombre para que pienses en él? ¿qué es el hijo del hombre para que lo estimes?"  Sin embargo es así. Nos ama, quiere restablecer la relación rota con Él por nuestra culpa. Nos busca. Nos conoce. Quiere ayudarnos. De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Amén.

domingo, 22 de marzo de 2015

TODO

todo para su gloria
Hace relativamente poco que he descubierto al escritor A.W. Tozer. No recuerdo si lo he dicho antes"Uno de los primeros 10 libros de mayor influencia espiritual." Yo lo recomiendo encarecidamente, junto con "El conocimiento del Dios Santo", "La verdadera vida cristiana", "Fe mas allá de la razón" y ahora me dispongo a estudiar mi última adquisición "El poder de Dios para tu vida".
pero sus libros de temática cristiano-evangélica, son ya clásicos y conocidos mundialmente. En la contraportada de uno de ellos "La búsqueda de Dios" se puede leer:
Hoy, leyendo el último capítulo de "La búsqueda de Dios", me pareció oportuno compartir en este blog la idea práctica que surge de su lectura basada en el texto bíblico "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios." (1 Corintios 10:31). El texto es conocido para los creyentes, pero muy pocas veces somos conscientes que esto aplica a todas las áreas y los momentos de nuestra vida, hasta el punto que, como afirma Tozer, esto se puede convertir en una "carga" que impide que tengamos paz interior al querer dividir nuestra vida en dos áreas: la sagrada y la secular. Esta división hace que vivamos desequilibrados, a veces confusos y, en muchos momentos, inútilmente cargados con pesos que nos ponemos encima que, debidamente analizados, son pesos que no tenemos por qué transportar, como dice Pablo en Hebreos 12:1, "despojémonos de todo peso..." que nos impide correr bien la carrera (la vida) que tenemos por delante.
Los cristianos vivimos en dos mundos. Jesús lo dice de esta manera: "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo..." (Juan 15:19). Como comentaba Pablo Martínez en una de sus conferencias, parece que el Señor utilizaba un "fino humor" para hacer como un trabalenguas, pero que venía a señalar la realidad del creyente: vivimos en el mundo, estamos en el mundo (de paso), pero no somos del mundo. El apóstol Pedro nos llama extranjeros: "Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles;" (1 Pedro 2:11-12). Estamos pasando por el mundo como peregrinos hacia la Ciudad Celestial y como ciudadanos del cielo, ya somos extranjeros aquí. "Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;" (Filipenses 3:20).
Esta realidad nos genera un "conflicto": por un lado tenemos que atender a las cosas del mundo, las normales: el trabajo, el día a día en casa con nuestra familia, los estudios, el atender nuestras obligaciones con la comunidad (Ayuntamiento, vecinos, política, sucesos...) y por otro lado tenemos lo que la Biblia llama la "vida en el Espíritu" que, como dice Tozer, es una "muy alta clase de vida" y la Palabra así nos lo confirma cuando asegura que somos hijos de Dios, ya poseemos una naturaleza celestial y disfrutamos de la comunión con Dios y con Su Hijo.
El conflicto surge cuando no compaginamos las dos vidas, cuando dividimos "TODO" en dos mitades y no las mezclamos. Separamos el tiempo de Iglesia, las actividades propias que surgen en ella; también las particulares, oración, tiempo devocional, lectura de la Biblia, alabanza, etc., de lo demás, lo secular, como lo he llamado antes "las cosas del mundo".
Parece que esto tiene un nombre desde antiguo: la vieja antítesis sagrado-secular, una lucha en la que caen muchos cristianos y que nos provoca inquietud, confusión y falta de paz. Sin embargo esto no tiene fundamento bíblico sino todo lo contrario, surge de no aplicar debidamente el texto mencionado de 1 Corintios 10:31: hacedlo todo para la gloria de Dios.
¿Qué hacía Jesús? ¿Notamos diferencia entre su tiempo e vida espiritual y su vida secular? Nunca. El simplemente era consciente de hacer lo que sabía era la Voluntad de Su Padre: "Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada." (Juan 8:29) Y esa idea era su vivir diario, como así debería ser el nuestro. Con naturalidad, fluyendo de nuestra relación con el Señor, sin artificios ni falsas piedades, tranquilamente... porque Él conmigo está.
No podemos tener dos tipos de vida según estemos en el mundo o en el ambiente de la Iglesia, con los hermanos. El Señor nos ha puesto en el mundo para ser luz y sal en medio de ellos. Si nos reservamos solamente para el momento que estamos con los demás ciudadanos del Cielo ¿entonces qué? ¿en qué momento vamos a ser luz y sal? Hasta el punto es TODO para la gloria del Señor que Pablo puso dos cosas como ejemplo que hacemos diaria y rutinariamente: comer y beber. Algo imprescindible, algo que hacemos casi inconscientemente, a nuestra hora o cuando el cuerpo reclama el alimento, pero ¡hacedlo TODO para la gloria de Dios! significa vive para tu Señor, vivamos para Él cada minuto de nuestra vida. Seamos conscientes de nuestro compromiso con Él: nuestra vida, nuestro tiempo, lo que somos, lo que tenemos... le pertenece, se lo hemos entregado. Cuando nos arrepentimos y le pedimos que fuese el Señor de nuestra vida le dijimos: ¡Señor, te entrego mi vida! Entonces, ¿como es que ahora la dividimos? ¿ya no le entregamos toda nuestra vida? ¿Acaso el Señor se va a conformar con una parte?
A.W. Tozer escribe: "Debemos acostumbrarnos a vivir para la gloria de Dios." Cada instante de nuestra vida Él está con nosotros, así lo ha prometido y así lo dice. Sus ojos están pendientes de nosotros. Sus oídos están atentos a nuestras súplicas. Cuando se nos ordena "Orad sin cesar" se trata de un ejercicio diario y continuo en nuestra relación con Dios porque los problemas, las circunstancias, incluso los problemas que afectan a nuestro trabajo, a la empresa donde trabajamos, están siendo bendecidos y arreglados por el Dios todopoderoso porque nosotros, sus hijos, que vivimos ese problema, se lo estamos poniendo en oración... porque hablamos con Él sin cesar.
Tozer nos aconseja: "No cesemos de decirle a Dios, cada vez que oramos, que deseamos que TODOS los actos de nuestra vida sean para su gloria y honra." Pues que así sea.