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viernes, 27 de septiembre de 2024

Todas las cosas

Por fe creo que la Biblia contiene toda la Palabra revelada de Dios y una de las revelaciones más conocida por los cristianos por el consuelo, la paz y la esperanza que nos da es la que se anuncia en el versículo 28 del capítulo 8 de Romanos: "Y sabemos que todas las cosas cooperan para bien de los que aman a Dios, de los que son llamados conforme a su propósito."  Y resalto la frase 'todas las cosas' porque incluye todo, lo bueno y lo malo, lo agradable y lo desagradable. En contra de lo que muchos enseñan, la vida de un verdadero cristiano en este mundo no es un camino de rosas. El mismo Jesucristo dijo: "En el mundo tendréis aflicción; pero tened ánimo, yo he vencido al mundo." (Juan 16:33). Más adelante Juan escribiría un añadido más a esta afirmación de Jesús: "Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?" (1 Juan 5:4-5). Cuando Pablo y Bernabé predicaban en Listra aseguraban que: "Es menester que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios." (Hechos 14:22). Pablo fue un ejemplo viviente de las muchas tribulaciones por las que puede pasar un verdadero cristiano mientras esté en el mundo debido especialmente a que ya no somos de este mundo sino ciudadanos del cielo.

Como hijos adoptados de Dios sabemos que nuestra vida está controlada y guiada por Dios mismo y Él nos asegura que todas las cosas que nos puedan pasar son útiles para que Dios nos haga crecer en su fe. Esto es, todas las cosas que nos pasen que consideremos buenas o malas desde nuestro corto punto de vista, desde el infinito punto de vista de Dios contribuyen al bien final y cumplen una obra: "cooperar juntas para el bien de los que aman a Dios". O sea, Dios las permite con el fin de formarnos.

Esto no deja de sorprendernos muchas veces aunque lo sepamos, especialmente cuando tenemos una enfermedad, o sufrimos un accidente, o perdemos a un ser querido, o perdemos un trabajo, etc. etc. Todas estas cosas duelen y sin embargo están bajo Su control: Él las está permitiendo y midiendo dentro de su plan y proyecto sagrado y sublime. El Dios de amor, el Dios sabio tiene un plan para cada uno de nosotros. Por eso los creyentes no creemos en las casualidades ni en el destino. Creemos en Dios quién está dirigiendo nuestros acontecimientos conforme a su sabio y perfecto plan. A veces llegamos a enterarnos de las consecuencias de algo que nos ha sucedido. Otras no lo vamos a saber hasta que estemos en Su presencia. Pablo escribió: Ahora vemos mediante espejo, borrosamente; más entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré tan cabalmente como soy conocido." (1 Corintios 13:12). 

Por lo que aprendemos en la Biblia sabemos que Dios no hace las cosas al azar ni al buen tuntún, siempre tienen un propósito. Cuando creemos en Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador el propósito de Dios es moldearnos conforme a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). Él quiere reproducir en los creyentes algunas de las perfecciones morales de Jesucristo: su mansedumbre, su piedad, su paciencia, su obediencia al Padre, de manera que como un escultor que tiene ante él un hermoso modelo, toma a los creyentes en estado bruto y mediante sucesivos retoque va quitando todo aquello que sobra de nuestra brutalidad para aproximarnos a la figura perfecta de Jesucristo. Un poco de nuestro "YO" de aquí, otro poco de nuestra voluntad por allí, bastante del orgullo o de la impaciencia, también de nuestra aspereza ¿y cómo lo hace? Por medio de todas las cosas que nos van sucediendo sean buenas o sean malas. Siempre se pone como ejemplo al tallista de los diamantes, una de las piedras más duras sino la que más. Esos 'golpes perfectos y medidos' van inspeccionándolo aunque sean golpes dolorosos, hasta que consigue sacar su máximo esplendor y belleza. Otro ejemplo muy conocido del Antiguo Testamento muestra a Dios como un alfarero: Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre las dos ruedas. Y siempre que la vasija que él hacía se echaba a perder en su mano, volvía a hacer otra vasija, según le parecía mejor hacerla." (Jeremías 18:3-4). El alfarero cuando pone un trozo de barro sobre la rueda tiene un propósito. Si yo que no sé nada de alfarería me pongo a mirar su trabajo, veré que está trabajando seriamente, profesionalmente, se le nota seguridad, sin embargo yo no veré nada nada más que movimientos de ballet hermosos, coordinados, quita por allá, pon por acá, no tendré ni idea de lo que va a salir de aquello, pero el alfarero estoy convencido de que sí.

Igualmente Dios tiene un plan perfecto y Él sabe ciertísimamente lo que está haciendo, de ahí que cuando nos pone en la rueda de nuestras circunstancias, su objetivo es hacer lo que Él en su infinita sabiduría tiene proyectado.Nosotros no lo sabemos, el que observa tampoco, pero algún día lo sabremos "entonces veremos cara a cara."

Job llegó a decir después de todas las tremendas pruebas que tuvo que sufrir: "Yo hablaba sin discernimiento; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía... De oídas te conocía; más ahora mis ojos te ven." (Job 42:3, 5).

viernes, 5 de junio de 2020

De Él, por Él y para Él.

Varias veces he comentado que detrás de todo está Dios. No solo está detrás de todo, sino que también podemos afirmar que está encima de todo. Claro, no podría decir eso si Dios no lo hubiese dicho, pero lo ha dicho y por eso podemos afirmarlo (Romanos 11:36).
En tiempos como los que nos ha tocado vivir, afirmar que Dios está detrás de todo y por encima de todo da pie a muchos comentarios despectivos sobre el amor y el poder de Dios. No voy a entrar ahora en ese debate, porque ya lo he comentado anteriormente. Pero sí quiero afirmar y corroborar que Dios está por encima de todo en base al texto mencionado: “Pues todas las cosas provienen de Él y existen por Su poder y son para Su gloria. ¡A Él sea toda la gloria por siempre! Amén” (Romanos 11:36 NTV). Este versículo pone fin a los capítulos 9 al 11 de Romanos en donde se nos explica que Dios cumplirá perfectamente Su plan y Sus promesas. Esto para los creyentes es un soplo de vida, de esperanza, gozo y paz porque nos recuerda una vez más que si estamos de parte de Dios, Él está de parte nuestra y no tenemos nada que temer.
En la ‘Biblia del pescador’ comenta así este versículo: “Dios es el principio de todo y le da propósito a la creación, incluido al ser humano.” ¡Qué respuesta a tantas preguntas en una sola frase! Dios… principio… todo… propósito…
Volviendo al texto de Romanos, la versión de la Reina Valera lo traduce así: “ Porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.”  ¿A quién se está refiriendo? Por el contexto, vemos que se refiere a Dios: “Porque Dios…” (vs.32); “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ...” (vs.33); “Porque ¿quién entendió la mente del Señor? …” (vs.34). Hay otro texto muy parecido que se refiere al Señor Jesucristo; está en Colosenses 1:16: “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él.”  Jesucristo es Dios, la segunda persona de la Trinidad, así que no hay error en las cartas de Pablo, ya que es a Jesucristo, el Hijo de Dios, a quién se le atribuye la creación, su sustento y su destino, ya que todo le pertenece.
Volviendo a Romanos 11:36, la primera afirmación que encontramos es que todas las cosas son de Dios. Todo cuanto existe es creador por Él por tanto todo le pertenece. Todo el proceso se sujeta a un Plan divino que, según se desprende por el relato del libro de Génesis, incluía al hombre y a la mujer, Adán y Eva, para que en buena camaradería, disfrutasen, no solamente de la misma presencia de Dios como un amigo en quien confiar, sino de todo lo creado. Pero el hombre y la mujer quisieron más, no les bastó con todo lo que Dios les ofrecía, escucharon a la Serpiente Antigua (como se le denomina a Satanás en otra parte de la Biblia), cayeron en su mentira, desobedecieron a Dios y consiguieron su enemistad y alejamiento por el pecado que introdujeron en la tierra. Pero Dios es omnisciente, no le cogió por sorpresa, sabía que esto iba a pasar y tenía reservado a un Cordero, su propio Hijo, tal y como nos dice 1 Pedro 1:19-20: “…fue con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha. Dios lo eligió como el rescate por ustedes mucho antes de que comenzara el mundo, …”.
Por reconciliarse con nosotros, sus criaturas rebeldes, Dios no escatimó a Su propio Hijo, como leemos en Romanos 8:32: “Dios no se guardó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, …”.
Aunque no lo podamos comprender, esa entrega, la más grande demostración de amor, estaba dentro del Plan preconcebido en esa Asamblea santa (Padre, Hijo, Espíritu Santo), antes de la creación del mundo. Dios conduce todas las cosas. Todas las cosas, como leemos, son por Él: “Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten” (Colosenses 1:17).
Y como también se afirma, todo es para Él. No puede ser de otro modo: si todo lo creado es de Él, y subsiste por Él, todo tiene que ser para Él, Dios Creador, Rey y Soberano. El plan divino se cumplió, se cumple y se cumplirá conforme a Su tiempo y Su divino propósito. Lo maravilloso es que dentro de ese Plan estamos nosotros, los que hemos creído que Jesús ha muerto por nosotros, para salvarnos, para darnos la vida eterna y la reconciliación con Él, grande en misericordia y en bondad, lento para Su justa ira, la que le provoca el pecado y sus consecuencias.
Gracias a ese Plan, “Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16), Dios puede ahora recibir nuestra adoración. De distantes a cercanos, de contaminados a limpios, irreconciliables a reconciliados, de extraños a hijos amados. Ese es el resultado del Plan divino. Y aún está todo por ver. Estos hombres y mujeres reconciliados formamos la Iglesia, la esposa de la que habla Apocalipsis, la Esposa del Cordero, Jesús, el Salvador de los pecadores será el Rey de Israel y reinará justamente en la tierra, de manera que todas las cosas le son sujetas hasta que Él mismo le entregue todo a Dios como profetiza 1 Corintios 15:28: “Entonces, cuando todas las cosas  estén bajo su autoridad, el Hijo se pondrá a sí mismo bajo la autoridad de Dios, para que Dios, quien le dio a su Hijo la autoridad sobre todas las cosas, sea completamente supremo sobre todas las cosas en todas partes.” Es un texto un tanto difícil de entender, aunque tampoco tenemos que ir mucho más allá de lo que el texto revela: el plan de Dios se va a cumplir en cada punto, al momento Jesucristo está haciendo digamos el trabajo de la restitución de todo bajo la autoridad que Dios Padre le ha concedido y lo que Pablo nos enseña aquí es que finalmente el Hijo entrega el reino en sujeción perfecta al Padre, restaurando todo en su plenitud, de manera que Dios sea todo en todos, todo el universo bajo la sujeción a Dios. Hasta que esa parte de la futura historia se complete, el camino a Dios es por medio de la fe en su Hijo Jesucristo, el único salvador y mediador, y así será hasta que se completa Su misión redentora y reconciliadora. En el Comentario Expositivo del Nuevo Testamento de Ernesto Trenchard se lee así a propósito de este final: “La sujeción del Hijo al Padre en el estado final de las cosas no supone que cesará de ser Mediador de toda la Creación – obra que le corresponde, como Verbo eterno, desde el principio de las obras de Dios- ni limita su función como Rey y Sacerdote según el orden de Melquisedec (Hebreos 7:21-25), ni quita un ápice del triunfo del Dios-Hombre (Filipenses 2:9-11). Solo se establece la debida jerarquía según el misterio de la Trinidad dentro de un orden en el que “Dios será todo en todos”, ya que el obstáculo del mal se habrá quitado para siempre.”

domingo, 22 de marzo de 2015

TODO

todo para su gloria
Hace relativamente poco que he descubierto al escritor A.W. Tozer. No recuerdo si lo he dicho antes"Uno de los primeros 10 libros de mayor influencia espiritual." Yo lo recomiendo encarecidamente, junto con "El conocimiento del Dios Santo", "La verdadera vida cristiana", "Fe mas allá de la razón" y ahora me dispongo a estudiar mi última adquisición "El poder de Dios para tu vida".
pero sus libros de temática cristiano-evangélica, son ya clásicos y conocidos mundialmente. En la contraportada de uno de ellos "La búsqueda de Dios" se puede leer:
Hoy, leyendo el último capítulo de "La búsqueda de Dios", me pareció oportuno compartir en este blog la idea práctica que surge de su lectura basada en el texto bíblico "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios." (1 Corintios 10:31). El texto es conocido para los creyentes, pero muy pocas veces somos conscientes que esto aplica a todas las áreas y los momentos de nuestra vida, hasta el punto que, como afirma Tozer, esto se puede convertir en una "carga" que impide que tengamos paz interior al querer dividir nuestra vida en dos áreas: la sagrada y la secular. Esta división hace que vivamos desequilibrados, a veces confusos y, en muchos momentos, inútilmente cargados con pesos que nos ponemos encima que, debidamente analizados, son pesos que no tenemos por qué transportar, como dice Pablo en Hebreos 12:1, "despojémonos de todo peso..." que nos impide correr bien la carrera (la vida) que tenemos por delante.
Los cristianos vivimos en dos mundos. Jesús lo dice de esta manera: "Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo..." (Juan 15:19). Como comentaba Pablo Martínez en una de sus conferencias, parece que el Señor utilizaba un "fino humor" para hacer como un trabalenguas, pero que venía a señalar la realidad del creyente: vivimos en el mundo, estamos en el mundo (de paso), pero no somos del mundo. El apóstol Pedro nos llama extranjeros: "Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles;" (1 Pedro 2:11-12). Estamos pasando por el mundo como peregrinos hacia la Ciudad Celestial y como ciudadanos del cielo, ya somos extranjeros aquí. "Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;" (Filipenses 3:20).
Esta realidad nos genera un "conflicto": por un lado tenemos que atender a las cosas del mundo, las normales: el trabajo, el día a día en casa con nuestra familia, los estudios, el atender nuestras obligaciones con la comunidad (Ayuntamiento, vecinos, política, sucesos...) y por otro lado tenemos lo que la Biblia llama la "vida en el Espíritu" que, como dice Tozer, es una "muy alta clase de vida" y la Palabra así nos lo confirma cuando asegura que somos hijos de Dios, ya poseemos una naturaleza celestial y disfrutamos de la comunión con Dios y con Su Hijo.
El conflicto surge cuando no compaginamos las dos vidas, cuando dividimos "TODO" en dos mitades y no las mezclamos. Separamos el tiempo de Iglesia, las actividades propias que surgen en ella; también las particulares, oración, tiempo devocional, lectura de la Biblia, alabanza, etc., de lo demás, lo secular, como lo he llamado antes "las cosas del mundo".
Parece que esto tiene un nombre desde antiguo: la vieja antítesis sagrado-secular, una lucha en la que caen muchos cristianos y que nos provoca inquietud, confusión y falta de paz. Sin embargo esto no tiene fundamento bíblico sino todo lo contrario, surge de no aplicar debidamente el texto mencionado de 1 Corintios 10:31: hacedlo todo para la gloria de Dios.
¿Qué hacía Jesús? ¿Notamos diferencia entre su tiempo e vida espiritual y su vida secular? Nunca. El simplemente era consciente de hacer lo que sabía era la Voluntad de Su Padre: "Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada." (Juan 8:29) Y esa idea era su vivir diario, como así debería ser el nuestro. Con naturalidad, fluyendo de nuestra relación con el Señor, sin artificios ni falsas piedades, tranquilamente... porque Él conmigo está.
No podemos tener dos tipos de vida según estemos en el mundo o en el ambiente de la Iglesia, con los hermanos. El Señor nos ha puesto en el mundo para ser luz y sal en medio de ellos. Si nos reservamos solamente para el momento que estamos con los demás ciudadanos del Cielo ¿entonces qué? ¿en qué momento vamos a ser luz y sal? Hasta el punto es TODO para la gloria del Señor que Pablo puso dos cosas como ejemplo que hacemos diaria y rutinariamente: comer y beber. Algo imprescindible, algo que hacemos casi inconscientemente, a nuestra hora o cuando el cuerpo reclama el alimento, pero ¡hacedlo TODO para la gloria de Dios! significa vive para tu Señor, vivamos para Él cada minuto de nuestra vida. Seamos conscientes de nuestro compromiso con Él: nuestra vida, nuestro tiempo, lo que somos, lo que tenemos... le pertenece, se lo hemos entregado. Cuando nos arrepentimos y le pedimos que fuese el Señor de nuestra vida le dijimos: ¡Señor, te entrego mi vida! Entonces, ¿como es que ahora la dividimos? ¿ya no le entregamos toda nuestra vida? ¿Acaso el Señor se va a conformar con una parte?
A.W. Tozer escribe: "Debemos acostumbrarnos a vivir para la gloria de Dios." Cada instante de nuestra vida Él está con nosotros, así lo ha prometido y así lo dice. Sus ojos están pendientes de nosotros. Sus oídos están atentos a nuestras súplicas. Cuando se nos ordena "Orad sin cesar" se trata de un ejercicio diario y continuo en nuestra relación con Dios porque los problemas, las circunstancias, incluso los problemas que afectan a nuestro trabajo, a la empresa donde trabajamos, están siendo bendecidos y arreglados por el Dios todopoderoso porque nosotros, sus hijos, que vivimos ese problema, se lo estamos poniendo en oración... porque hablamos con Él sin cesar.
Tozer nos aconseja: "No cesemos de decirle a Dios, cada vez que oramos, que deseamos que TODOS los actos de nuestra vida sean para su gloria y honra." Pues que así sea.