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lunes, 14 de septiembre de 2026

¿Qué ha cambiado?

Mediados de septiembre y cómo se ha pasado… Es verdad que en donde paso el verano no tengo muchas
opciones de escribir pero ya llevo aquí 15 días y parece como si estuviese en una etapa de mi vida en la que la inspiración sigue de vacaciones, como he visto que le pasa a los escritores de verdad.

Mientras tanto ¿qué ha cambiado? La guerra en Ucrania y en Gaza sigue después de tanto tiempo. No queremos acostumbrarnos ni que se nos olvide. Han aparecido nuevas formas de sufrimiento y tensión: el problema en Ceuta, un problema anómalo y que los gobernantes no saben como resolver o hacen como que no saben. Ha habido terribles terremotos en diferentes países del mundo: Venezuela, Bolivia, Japón… ¿Están lejos de nosotros? Que eso no nos consuele, hace poco tiempo ha temblado el suelo en diferentes capitales del sur de España.

Parece que lo único que ha cambiado es que somos más mayores y lo notamos. Nuestro armazón se deteriora y el armario en donde tenemos las medicinas cada vez contiene más tipos de ellas. ¿Por qué es así el mundo?

En la Palabra de Dios (la Biblia), encuentro varias respuestas que hablan de que con el paso del tiempo el mundo va a ir de mal en peor, por un lado el propio planeta se va desgastando especialmente porque no lo hemos cuidado y los hombres malos y los engañadores “serán cada vez más fuertes. Engañarán a otros, y ellos mismos serán engañados.” (2 Timoteo 3:13).

¿En donde he leído lo de que el planeta se va desgastando? ¡Ah, sí! “…la tierra se gastará como una prenda de vestir.” Esto está en Isaías 51:6.

Como ya he escrito en otras ocasiones, como cristianos no nos sorprendemos de que el mundo esté así porque estamos avisados por Dios mismo; esto no quiere decir que Dios solo avise a los cristianos, la Biblia nunca ha estado en tanta disposición como ahora para leerla, el problema es que no se le hace caso, se desprecia como algo antiguo y lleno de fábulas. Sin embargo la Palabra de Dios es eterna, no tiene caducidad. Y es en Ella donde se afirma rotundamente: “El mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19)(pongo las citas bíblicas por si alguien lo quiere comprobar).

Y cuando escribo “maligno” siento los resoplidos de los incrédulos: ¡ya estamos otra vez! ¿A dónde vas con esas historias? Eso me recuerda a la gente antes del diluvio riéndose de Noé ¿Qué va a caer un diluvio? ¿qué me estas diciendo? ¿Qué me preocupe? No se preocuparon hasta que empezó a llover.

Ahora pasa igual: los cristianos estamos avisando de que hay un mal radical en la vida como consecuencia del pecado (según la Biblia, el pecado es cualquier pensamiento, palabra, acción o actitud que va en contra de la voluntad, la ley o el carácter santo de Dios), y de la Caída (y también según la Biblia, "la Caída" se refiere al momento en que los primeros humanos, Adán y Eva, pasaron de un estado de inocencia y obediencia a desobedecer a Dios al comer el fruto prohibido en el Jardín del Edén, obedeciendo así al engaño de Satanás (antes mencionado como “el maligno), consiguiendo con eso que ese pecado afectase a todo el Universo y a la humanidad a la condición de enemigos de Dios. No es el hecho de comer el fruto solamente, es el hecho de no creer a Dios, desobedecerle, romper relación y sin embargo, hacer caso de las mentiras engañosas del Enemigo potenciados del orgullo y la ambición humanas. Eso lo condensa la Biblia en estas palabras: todo el problema se resume en la rebelión de la humanidad contra Dios. Hasta el punto de negarle, olvidarlo, rechazarlo, odiarlo, humillarlo y clavarlo en un madero, símbolo de la muerte más despreciable de la época en la que Dios visitó la Tierra en la persona de Jesús.

Algunos vídeos he visto en los que se explicaba la situación de muchos países que “echaron a Dios” de sus fronteras. Hay una frase en la Biblia que los sentencia: “Profesando ser sabios, se hicieron necios”. Y esa es la causa fundamental del problema: los hombres y las mujeres, en su necedad, se encuentran en un estado de rebeldía contra Dios. Y para acallar sus conciencias proclaman: “¡Dios ha muerto!” “Ya no tenemos que dar cuentas a nadie de lo que hagamos”. El problema de fondo es que llegará el momento en el que sí tendremos que dar cuentas…

¿Por qué te cuento esto otra vez? Porque según nos dice Dios en Su Palabra, los hombres y las mujeres fueron creados para vivir en comunión con Dios, ese era el plan inicial y ese será el plan final, cuando todo vuelva a su inicio: los que quieran vivir con Dios, lo harán; los demás no. Y no me puedo imaginar un lugar en donde Dios no esté: ¡ah, bueno, sí se llama Infierno!

¿Por qué está así el mundo? Porque el mundo no quiere saber nada de Dios y los que sí queremos saber, en algún momento que no está revelado, nos iremos con Él. Entonces ya será tarde.

Pero ¿aún hay esperanza? ¿aún hay tiempo? La Biblia dice que mientras no sucedan estas cosas ¡Sí! ¡Hoy es el día de salvación, hoy es el día de echar mano de esa esperanza! ¿Por qué hoy? Porque si esperas a mañana tal vez sea demasiado tarde. Cuando Pedro dio su primer mensaje a la multitud que lo escuchaba “las palabras de Pedro traspasaron el corazón de ellos, quienes le dijeron a él y a los demás apóstoles:—Hermanos, ¿qué debemos hacer?”

“Pedro contestó:—Cada uno de ustedes debe arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y ser bautizado en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados.” (Hechos 2).

El mensaje del Evangelio, de la Esperanza, del sentido de la vida se encuentra cuando reconocemos lo que Dios hizo por nosotros porque nosotros no podíamos hacer nada: Jesucristo vino al mundo para pagar con su muerte lo que nosotros no teníamos dinero ni nada para pagar, el castigo por nuestros pecados; Jesús lo hizo en nuestro lugar, el Justo por los injustos: “De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a Su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él crea no se pierda sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

 

viernes, 27 de septiembre de 2024

Todas las cosas

Por fe creo que la Biblia contiene toda la Palabra revelada de Dios y una de las revelaciones más conocida por los cristianos por el consuelo, la paz y la esperanza que nos da es la que se anuncia en el versículo 28 del capítulo 8 de Romanos: "Y sabemos que todas las cosas cooperan para bien de los que aman a Dios, de los que son llamados conforme a su propósito."  Y resalto la frase 'todas las cosas' porque incluye todo, lo bueno y lo malo, lo agradable y lo desagradable. En contra de lo que muchos enseñan, la vida de un verdadero cristiano en este mundo no es un camino de rosas. El mismo Jesucristo dijo: "En el mundo tendréis aflicción; pero tened ánimo, yo he vencido al mundo." (Juan 16:33). Más adelante Juan escribiría un añadido más a esta afirmación de Jesús: "Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?" (1 Juan 5:4-5). Cuando Pablo y Bernabé predicaban en Listra aseguraban que: "Es menester que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios." (Hechos 14:22). Pablo fue un ejemplo viviente de las muchas tribulaciones por las que puede pasar un verdadero cristiano mientras esté en el mundo debido especialmente a que ya no somos de este mundo sino ciudadanos del cielo.

Como hijos adoptados de Dios sabemos que nuestra vida está controlada y guiada por Dios mismo y Él nos asegura que todas las cosas que nos puedan pasar son útiles para que Dios nos haga crecer en su fe. Esto es, todas las cosas que nos pasen que consideremos buenas o malas desde nuestro corto punto de vista, desde el infinito punto de vista de Dios contribuyen al bien final y cumplen una obra: "cooperar juntas para el bien de los que aman a Dios". O sea, Dios las permite con el fin de formarnos.

Esto no deja de sorprendernos muchas veces aunque lo sepamos, especialmente cuando tenemos una enfermedad, o sufrimos un accidente, o perdemos a un ser querido, o perdemos un trabajo, etc. etc. Todas estas cosas duelen y sin embargo están bajo Su control: Él las está permitiendo y midiendo dentro de su plan y proyecto sagrado y sublime. El Dios de amor, el Dios sabio tiene un plan para cada uno de nosotros. Por eso los creyentes no creemos en las casualidades ni en el destino. Creemos en Dios quién está dirigiendo nuestros acontecimientos conforme a su sabio y perfecto plan. A veces llegamos a enterarnos de las consecuencias de algo que nos ha sucedido. Otras no lo vamos a saber hasta que estemos en Su presencia. Pablo escribió: Ahora vemos mediante espejo, borrosamente; más entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré tan cabalmente como soy conocido." (1 Corintios 13:12). 

Por lo que aprendemos en la Biblia sabemos que Dios no hace las cosas al azar ni al buen tuntún, siempre tienen un propósito. Cuando creemos en Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador el propósito de Dios es moldearnos conforme a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). Él quiere reproducir en los creyentes algunas de las perfecciones morales de Jesucristo: su mansedumbre, su piedad, su paciencia, su obediencia al Padre, de manera que como un escultor que tiene ante él un hermoso modelo, toma a los creyentes en estado bruto y mediante sucesivos retoque va quitando todo aquello que sobra de nuestra brutalidad para aproximarnos a la figura perfecta de Jesucristo. Un poco de nuestro "YO" de aquí, otro poco de nuestra voluntad por allí, bastante del orgullo o de la impaciencia, también de nuestra aspereza ¿y cómo lo hace? Por medio de todas las cosas que nos van sucediendo sean buenas o sean malas. Siempre se pone como ejemplo al tallista de los diamantes, una de las piedras más duras sino la que más. Esos 'golpes perfectos y medidos' van inspeccionándolo aunque sean golpes dolorosos, hasta que consigue sacar su máximo esplendor y belleza. Otro ejemplo muy conocido del Antiguo Testamento muestra a Dios como un alfarero: Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre las dos ruedas. Y siempre que la vasija que él hacía se echaba a perder en su mano, volvía a hacer otra vasija, según le parecía mejor hacerla." (Jeremías 18:3-4). El alfarero cuando pone un trozo de barro sobre la rueda tiene un propósito. Si yo que no sé nada de alfarería me pongo a mirar su trabajo, veré que está trabajando seriamente, profesionalmente, se le nota seguridad, sin embargo yo no veré nada nada más que movimientos de ballet hermosos, coordinados, quita por allá, pon por acá, no tendré ni idea de lo que va a salir de aquello, pero el alfarero estoy convencido de que sí.

Igualmente Dios tiene un plan perfecto y Él sabe ciertísimamente lo que está haciendo, de ahí que cuando nos pone en la rueda de nuestras circunstancias, su objetivo es hacer lo que Él en su infinita sabiduría tiene proyectado.Nosotros no lo sabemos, el que observa tampoco, pero algún día lo sabremos "entonces veremos cara a cara."

Job llegó a decir después de todas las tremendas pruebas que tuvo que sufrir: "Yo hablaba sin discernimiento; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía... De oídas te conocía; más ahora mis ojos te ven." (Job 42:3, 5).

sábado, 11 de junio de 2022

Si Él está de nuestra parte

Se habla del cambio climático, se habla del daño que los humanos le hemos hecho al planeta, se habla de tomar medidas para evitar males mayores pero, en una actitud egoísta, no se toman. Mientras se habla, nosotros experimentamos unas temperaturas a mediados de junio que son propias de un agosto abrasivo.

El calor nos afecta: hay quienes lo llevamos mejor pero otros lo llevan mal, tal vez cuanto más pensamos en una cosa más nos afecta. En ocasiones es el ánimo el que se ve afectado porque tanta calor produce desgana y la desgana viene acompañada de desánimo, por eso cuando leo palabras de ánimo para mi vida, recibo como un impulso de energía, recibo aliento, veo las cosas de otra manera porque ya no dependo de mí y de mis fuerzas sino de Dios que es quien me sostiene y me anima a seguir adelante en el Camino que me ha trazado para que lo ande hasta que llegue a Su lado. “Confía en mí”, “Espera en mí”, “Estate quieto y reconoce que Yo soy Dios… Él está con nosotros… Él es nuestro refugio.” Parecen frases fuera de contexto, como que no vienen a cuento al hablar del calor, pero si vienen a cuento para recibir un nuevo impulso al ver que Dios está por encima de las cosas que para nosotros son importantes pero que para Él son livianas porque se marca metas mucho más altas de lo que nosotros podemos alcanzar a ver.

Saber que Dios está de mi parte es lo más que le puedo pedir al momento de la vida por el que estoy transitando, viva en las circunstancias que viva. Algún lector se puede preguntar ¿cómo puedes afirmar que Dios está de tu parte? Porque Él lo dice: “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, a los que son llamados conforme a su propósito.” (Romanos 8:28). Dios se encarga, tiene el control, pero debemos resaltar que está de parte de “los que le aman”. Evidentemente, si no queremos saber nada de Él, creemos que no existe, no prestamos atención a su llamado, a Su Palabra, si vivimos mirando hacia nuestro ombligo, no podemos esperar nada más que en nuestras fuerzas. O vivimos en Su propósito o en el nuestro. Si vivimos en Su propósito, la perspectiva es gloriosa porque hemos creído que Él nos ama hasta el punto de que envió a Su Hijo a pagar el precio del castigo que merecíamos nosotros por nuestros pecados facilitándonos así el puente para la reconciliación con el Dios creador al que teníamos apartado de nuestras vidas.

Fijaros que he dicho “hemos creído”; Dios dice : “Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6). Podéis analizar el mensaje y separar algunas palabras importantes: ‘imposible’. No es posible sin creer en Él, y creemos por fe no por vista, porque aún no lo hemos visto, aunque la fe nos hace decir las palabras de Job: “Yo sé que mi Redentor vive, …¡y en mi carne he de ver a Dios. A quien yo mismo he de ver! Lo verán mis ojos y no los de otro.” (Job 19:26-27). 

‘Necesario’: Es necesario que el que ‘se acerca’ a Dios crea. No puede ser de otra manera. Cuando escucho las palabras de los defensores del ateísmo y de otras filosofías, veo que ya vienen predispuestos a ‘no creer’, de manera que tienen todas las papeletas para seguir manteniendo esa postura porque ya vienen predispuestos. Por eso Dios dice que es ‘necesario’ que el que se acerque crea que Él existe porque además de que es así, Dios se presenta como ‘galardonador’, es decir como alguien que encima recompensa, premia honra a aquellos que durante muchos años lo hemos repudiado. No se puede comprender si no fuera que la Biblia nos revela que Dios es Amor y que es Bueno y Su amor y Su bondad es algo que experimentamos a lo largo de nuestra experiencia de vivencia con Él. Es una realidad de la que podemos testificar y de la que hablamos porque es una realidad inmerecida que Él por su Amor nos brinda, no por nuestros méritos ni porque seamos mejores que nadie, sino por los méritos y la Obra hecha por Jesús por amor a nosotros.

Es bueno recrearse en el hecho de que Él está por nosotros: ”Si Dios es por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no eximió ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros ¿cómo no nos dará gratuitamente también con Él todas las cosas?” (Romanos 8:31-32). El hecho de que Dios esté de parte de los cristianos verdaderos supone que hay otra parte que sí está en contra de nosotros: La propia sociedad incrédula está en contra de nosotros por esa misma razón, es incrédula y no quiere que obedezcamos a Alguien de la que ellos dicen que no existe de ahí que persiga nuestra forma de vida y hay países en los que se nos considera peligrosos, radicales, un obstáculo contra sus ideas y por lo cual se nos quita de en medio de la forma más brutal e inmisericorde: cárcel y finalmente muerte para quitarnos de en medio. El mismo pecado que habita en nosotros es otro enemigo bien peligroso; es una realidad que aunque hayamos creído, aunque seamos cristianos y seguidores de Jesús, seguimos teniendo nuestra naturaleza heredada pecaminosa contra la que luchamos diariamente y lucharemos hasta que estemos con el Señor. La propia muerte es un enemigo, es verdad que Jesús ya la ha derrotado en la cruz porque después resucitó demostrando su victoria, pero aunque ha sido derrotada, aún no ha sido destruida. Así que el mundo, la carne y el diablo son nuestros enemigos pero tenemos que ser conscientes de que aunque esto sea así por encima está Dios y Él está de nuestra parte porque, según las palabras que leemos en Romanos 8, nos ha conocido de antemano, predestinado, llamado, justificado y glorificado y siendo esto así ¿quién puede estar en nuestra contra? Quien quiera que sea jamás podrá prevalecer porque Dios está de nuestra parte. Amén.

 

miércoles, 13 de octubre de 2021

La vida nos da sorpresas

Hay una letra de una canción que dice en una de sus estrofas: “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay, Dios!” Ese ¡ay Dios! suena como una queja, o tal vez un reproche como diciendo “¿por qué nos tiene que dar sorpresas que casi siempre son malas?” No siempre son malas, pero las sorpresas malas parece que calan más que las buenas; es como cuando estás trabajando, parece que siempre ‘cantan’ más los errores que los aciertos…

El año pasado fue el virus que nos sorprendió a todos recordándonos lo vulnerables que somos ante una amenaza invisible que trastornó todo. Este año el volcán en la isla de la Palma nos recordó lo mismo: vidas truncadas que de un día para otro se encuentran sin sus casas, sin su forma de ganarse la vida, sin su pueblo, sin ánimo para comenzar de cero de nuevo. 

Este año he experimentado un choque a nivel familiar que ha supuesto un cambio en la vida de familiares muy allegados y una carga para nosotros producto de una enfermedad. Una vez más un imprevisto posible pero no deseable, modifica un estatus, una forma de vida de muchos años, y no queda más remedio que adaptarse a las circunstancias y luchar para seguir adelante lo mejor posible. Para personas creyentes como nosotros supone un motivo de oración importante, cercano, que nos puede generar algo de ansiedad e incomodidad pero que, como creyentes, adquiere un enfoque diferente desde la perspectiva que nos da el saber que Dios tiene el control y un propósito para cada uno de sus hijos lo que nos da una tranquilidad basada en la fe en Él y en la certeza de que suceda lo que suceda estamos en Sus benditas manos, bajo Su propósito, viviendo dentro de Su eterno Plan.

Hay una palabra de Jesús que nos ayuda a reafirmar nuestra fe en Él y en Sus promesas: ¡Confiad!Si hacemos una búsqueda en la Palabra de Dios encontramos la frase “confiad en el Señor” desde el Antiguo Testamento, repetido y verificado en las muchas respuestas a nuestras inquietudes y ansiedades fruto de una de esas sorpresas que nos depara la vida. Algunos ejemplos: “Confíen siempre en el Señor, porque el Señor Dios es la Roca eterna.” (Isaías 26:4). La imagen gráfica de la roca nos da una idea de seguridad, firmeza, estabilidad. Esa seguridad es la que necesitaban muchas veces los discípulos que convivieron con Jesús durante su paso por la Tierra y que recordaba a los ‘confiad’ del AT. Dos ejemplos: “No tengan miedo, ¡tengan ánimo! ¡yo estoy aquí!” (Mateo 14:27); “Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense porque yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33). Suena tan cercano, tan seguro, increíblemente cariñoso. En ese tiempo Jesús les demostró a sus discípulos con evidencias que podían confiar en Él. En este tiempo sus palabras eternas llegan a nuestros oídos con la misma fuerza y seguridad. Jesús no cambia, es el mismo ayer, hoy y por los siglos y nada nos puede quitar la certeza de que su disposición de ayudar a los que le siguen es la misma. Por eso que comprobada nuestra vulnerabilidad, pequeñez, indefensión ante lo que se ve y lo que no se ve, tener la certeza por la fe en Jesús de que estamos bajo su protección, nos da una paz que solo el que cree en Jesucristo puede tener. Él no dice que estemos libres de las sorpresas desagradables (y agradables); nos dice que confiemos, que “mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” (1 Juan 4:4).