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sábado, 11 de junio de 2022

Si Él está de nuestra parte

Se habla del cambio climático, se habla del daño que los humanos le hemos hecho al planeta, se habla de tomar medidas para evitar males mayores pero, en una actitud egoísta, no se toman. Mientras se habla, nosotros experimentamos unas temperaturas a mediados de junio que son propias de un agosto abrasivo.

El calor nos afecta: hay quienes lo llevamos mejor pero otros lo llevan mal, tal vez cuanto más pensamos en una cosa más nos afecta. En ocasiones es el ánimo el que se ve afectado porque tanta calor produce desgana y la desgana viene acompañada de desánimo, por eso cuando leo palabras de ánimo para mi vida, recibo como un impulso de energía, recibo aliento, veo las cosas de otra manera porque ya no dependo de mí y de mis fuerzas sino de Dios que es quien me sostiene y me anima a seguir adelante en el Camino que me ha trazado para que lo ande hasta que llegue a Su lado. “Confía en mí”, “Espera en mí”, “Estate quieto y reconoce que Yo soy Dios… Él está con nosotros… Él es nuestro refugio.” Parecen frases fuera de contexto, como que no vienen a cuento al hablar del calor, pero si vienen a cuento para recibir un nuevo impulso al ver que Dios está por encima de las cosas que para nosotros son importantes pero que para Él son livianas porque se marca metas mucho más altas de lo que nosotros podemos alcanzar a ver.

Saber que Dios está de mi parte es lo más que le puedo pedir al momento de la vida por el que estoy transitando, viva en las circunstancias que viva. Algún lector se puede preguntar ¿cómo puedes afirmar que Dios está de tu parte? Porque Él lo dice: “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, a los que son llamados conforme a su propósito.” (Romanos 8:28). Dios se encarga, tiene el control, pero debemos resaltar que está de parte de “los que le aman”. Evidentemente, si no queremos saber nada de Él, creemos que no existe, no prestamos atención a su llamado, a Su Palabra, si vivimos mirando hacia nuestro ombligo, no podemos esperar nada más que en nuestras fuerzas. O vivimos en Su propósito o en el nuestro. Si vivimos en Su propósito, la perspectiva es gloriosa porque hemos creído que Él nos ama hasta el punto de que envió a Su Hijo a pagar el precio del castigo que merecíamos nosotros por nuestros pecados facilitándonos así el puente para la reconciliación con el Dios creador al que teníamos apartado de nuestras vidas.

Fijaros que he dicho “hemos creído”; Dios dice : “Sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe y que es galardonador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6). Podéis analizar el mensaje y separar algunas palabras importantes: ‘imposible’. No es posible sin creer en Él, y creemos por fe no por vista, porque aún no lo hemos visto, aunque la fe nos hace decir las palabras de Job: “Yo sé que mi Redentor vive, …¡y en mi carne he de ver a Dios. A quien yo mismo he de ver! Lo verán mis ojos y no los de otro.” (Job 19:26-27). 

‘Necesario’: Es necesario que el que ‘se acerca’ a Dios crea. No puede ser de otra manera. Cuando escucho las palabras de los defensores del ateísmo y de otras filosofías, veo que ya vienen predispuestos a ‘no creer’, de manera que tienen todas las papeletas para seguir manteniendo esa postura porque ya vienen predispuestos. Por eso Dios dice que es ‘necesario’ que el que se acerque crea que Él existe porque además de que es así, Dios se presenta como ‘galardonador’, es decir como alguien que encima recompensa, premia honra a aquellos que durante muchos años lo hemos repudiado. No se puede comprender si no fuera que la Biblia nos revela que Dios es Amor y que es Bueno y Su amor y Su bondad es algo que experimentamos a lo largo de nuestra experiencia de vivencia con Él. Es una realidad de la que podemos testificar y de la que hablamos porque es una realidad inmerecida que Él por su Amor nos brinda, no por nuestros méritos ni porque seamos mejores que nadie, sino por los méritos y la Obra hecha por Jesús por amor a nosotros.

Es bueno recrearse en el hecho de que Él está por nosotros: ”Si Dios es por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no eximió ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros ¿cómo no nos dará gratuitamente también con Él todas las cosas?” (Romanos 8:31-32). El hecho de que Dios esté de parte de los cristianos verdaderos supone que hay otra parte que sí está en contra de nosotros: La propia sociedad incrédula está en contra de nosotros por esa misma razón, es incrédula y no quiere que obedezcamos a Alguien de la que ellos dicen que no existe de ahí que persiga nuestra forma de vida y hay países en los que se nos considera peligrosos, radicales, un obstáculo contra sus ideas y por lo cual se nos quita de en medio de la forma más brutal e inmisericorde: cárcel y finalmente muerte para quitarnos de en medio. El mismo pecado que habita en nosotros es otro enemigo bien peligroso; es una realidad que aunque hayamos creído, aunque seamos cristianos y seguidores de Jesús, seguimos teniendo nuestra naturaleza heredada pecaminosa contra la que luchamos diariamente y lucharemos hasta que estemos con el Señor. La propia muerte es un enemigo, es verdad que Jesús ya la ha derrotado en la cruz porque después resucitó demostrando su victoria, pero aunque ha sido derrotada, aún no ha sido destruida. Así que el mundo, la carne y el diablo son nuestros enemigos pero tenemos que ser conscientes de que aunque esto sea así por encima está Dios y Él está de nuestra parte porque, según las palabras que leemos en Romanos 8, nos ha conocido de antemano, predestinado, llamado, justificado y glorificado y siendo esto así ¿quién puede estar en nuestra contra? Quien quiera que sea jamás podrá prevalecer porque Dios está de nuestra parte. Amén.

 

sábado, 24 de agosto de 2019

¿Qué está haciendo Dios en tu vida?

Dios nos da eterno consuelo y buena esperanza
Hay un pasaje en la Biblia en el que podemos ver resumida la obra de Dios en nuestra vida: “Y el mismo Señor nuestro Jesucristo, y nuestro Padre Dios quien nos amó y por gracia nos dio eterno consuelo y buena esperanza, anime vuestros corazones y os confirme en toda obra y palabra buena.” (2 Tesalonicenses 2:16-17).
En primer lugar leemos que es el mismo Dios Padre quien nos da eterno consuelo a nuestros corazones. La frase en sí, ya nos “llena” simplemente al pensar que el Dios Creador, Omnipotente y Santo se preocupe de consolarnos; se llena el corazón de agradecimiento ante una bendición semejante, sin medida (eterna), personalizada en cada uno de sus hijos. Es una labor más de Su gracia que derrama Su consuelo de una manera efectiva y práctica a pesar de nuestro pecado, y gracias a la obra perfecta y completa de Jesucristo que se ofreció para redimirnos, pagando el precio de nuestro castigo merecido, que nos ha llevado de la mano a una relación eterna con Él, con el Dios infinito y supremo, nosotros criaturas débiles y pequeñas, le pertenecemos, somos suyos al precio de la sangre de Jesucristo, nunca, y digo nunca, nos dará la espalda ni tendremos que temer su ira escondiéndonos avergonzados ya que nunca nos recordará nuestro pecado, el cual impedía esa relación y hacía imposible que pudiésemos acceder a su presencia terrible y majestuosa. Es más, tenemos promesas suyas dirigidas a bendecirnos y todo gracias a que nuestra nueva posición de reconciliación en Él no está basada en nuestros logros, ni en nuestra conducta, sino en la conducta perfecta de Su Hijo.
¡Que hermosas palabras! Nos amó y nos dio eterno consuelo y buena esperanza. Nada menos que la esperanza de una vida terna en Su presencia, conociendo a Jesús y conviviendo con Él, teniendo toda la eternidad para hablar con Él, preguntarle, intimar, conocerle más y más hasta quedar saciados de tanta sabiduría, ternura, amor y belleza incomparable del eterno Hijo de Dios, nuestro salvador, redentor, amigo, hermano…
Siguiendo el texto de Tesalonicenses, vemos una segunda labor que Dios está haciendo en la vida de sus santos: “…os confirme en toda obra y palabra buena.” Es el resumen y la definición de las consecuencias de la obra de transformación que Dios efectúa en nuestras vidas por medio del Espíritu Santo, de manera que, en Su gracia, Dios transforma nuestros corazones para que en nuestras palabras y obras vivamos cada día como a Él le agrada, obedeciendo sus estatutos. De manera que somos transformados por gracia, la gracia de Dios de quien mana todo el proceso de elección, redención, salvación, reconciliación para aquellos que en otro tiempo vivimos de espaldas a Él. ¡Cómo no va a animar esto nuestros corazones! Es muchísimo más de lo que podíamos esperar y merecer, de manera que una vez más reconocemos que solo podemos saborear los bordes de la Gracia de Dios y que es mucho lo que en Su misericordia, nos queda por disfrutar por su bondad en base a la cruz de Cristo de donde sale el mensaje más consolador y las promesas más poderosas para transformar nuestra vida.
Gracias Señor.

lunes, 5 de febrero de 2018

Si existe Dios ¿por qué permite las guerras, el hambre, el sufrimiento de los niños, etc.?

belleza creación Dios existencia
El sufrimiento y la existencia del mal son dos de las principales objeciones de las personas contra la existencia de Dios. Es normal que cuando se sufren catástrofes, especialmente generadas por las inclemencias del tiempo y muy especialmente cuando fruto de esas catástrofes hay miles de muertos, surja la misma pregunta: “¿Dónde estaba Dios en esos momentos?” Cuando se está en la piel de los que han vivido este tipo de situaciones se llega fácilmente a la conclusión de que una cosa es hablar del sufrimiento y otra es vivirlo. Hay que tener mucha sensibilidad y cautela para hablar de estas cosas con la persona que acaba de sufrir una pérdida; si esa pérdida es causada por una catástrofe natural, o por algo que consideramos una “injusticia” macabra de la vida (asesinato, accidente de tráfico contra un conductor suicida o con un alto grado de alcohol o drogas, derrumbamiento por una construcción deficiente, etc.), es fácil escuchar comentarios del tipo del publicado por el filósofo J. L. Mackie en su libro "The Miracle of Theism” (Oxford, 1982): “Si en verdad existe un Dios bueno y poderoso, no permitiría la existencia del mal absurdo, pero, a la vista de la existencia en el mundo de un mal sin sentido y sin justificación, está claro que el Dios bueno y poderoso de la tradición no existe. Puede que haya o no un Dios, pero desde luego no va a ser el Dios tradicional del cristianismo que siempre se nos ha presentado.” Ante argumentos de este tipo, Timothy Keller responde: “Si con la mente no nos es posible penetrar en las profundidades del universo para dar con buenas razones que nos lleven a entender el sufrimiento, será entonces ¡que no las hay! ¡Patente muestra de fe ciega donde las haya!”
Este tipo de tragedias que producen grandes pérdidas y en consecuencia grandes sufrimientos, sumadas a las injusticias, hambrunas, las que afectan a los niños y a las personas más débiles, son un gran problema para los que creemos en la Biblia pero son todavía un problema mayor para los que no creen. C. S. Lewis, el gran novelista y académico autor de “Las crónicas de Narnia”, escribió mucho sobre este tema hasta el punto de dejar constancia en su testimonio de que llegó a rechazar la idea de Dios por la crueldad de la existencia, pero esta decisión suya todavía le generó más dudas y preguntas sin resolver cuando abrazó el ateísmo llegando al final a darse cuenta de que el sufrimiento proporcionaba mejores argumentos para la existencia de Dios que lo contrario. En su libro “Mere Christianity” (Macmillan, 1960), escribe: “Mi argumento en contra de la existencia de Dios había sido que el universo parecía comportarse de forma cruel e injusta. Pero ¿de dónde procedía esa noción mía de “justo” e “injusto”?... y ¿en base a qué calificaba yo el universo de injusto”… Una posible salida era renunciar sin más a mi noción particular de lo justo. Pero, de así hacerlo, mi argumento en contra de la existencia de Dios se derrumbaba – y ello por depender mi argumentación de que el mundo fuera real y objetivamente injusto, y no tan solo una opinión mía… De lo que ineludiblemente se sigue que el ateísmo es una opción simplista.” 
Es evidente que las tragedias, injusticias y el sufrimiento de todo tipo nos afecta a todos por igual pero la realidad del sufrimiento no es una evidencia de la existencia o no existencia de Dios, porque, desde el punto de vista de los que sí creemos en Dios, el hecho de pensar en rechazar la existencia de Él hace todavía más grande el problema de la existencia del mal y la manera de resolverlo.
Es evidente que buena parte del sufrimiento es por culpa del propio ser humano: el cambio climático, la deforestación, la contaminación, el egoísmo incontrolado, etc. etc., nos señalan directamente como generadores de maldad, de corrupción y de generar sufrimiento a otros. Y si pensamos en Dios, se da la paradoja de que aunque el sufrimiento no es bueno, muchas veces Dios lo usa para bien y la Biblia está llena de ejemplos (José, Job, Jesús…) Añado unas palabras del filósofo Peter Kreeft: “El Dios del cristianismo experimentó por voluntad propia el sufrimiento y la acción del mal en el mundo en la persona de Jesucristo. Y aún cuando el cristianismo no da una respuesta directa e inmediata en cada caso particular de sufrimiento, pone a nuestra disposición recursos de hondo calado para poder hacer frente al sufrimiento de forma esperanzada y con valentía, en vez de dejarnos llevar por la amargura y desesperanza.”
Esto nos lleva a ver que Dios no es indiferente a nuestro sufrimiento sino que todo lo contrario. Como escribió Kreeft, cuando Dios se hizo hombre experimentó en su propia carne el sufrimiento humano y es un claro ejemplo y modelo para que nosotros, los cristianos, nos identifiquemos con el dolor del que sufre. Es en “esos momentos” cuando el acompañamiento puede ser más importante que las palabras.
Pero por otro lado, el sufrimiento puede llevarnos a una comunión más íntima con Dios (no a un alejamiento). Porque es en esos duros momentos cuando experimentamos el consuelo de Dios: “Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo” (2 Corintios 1:3). Hay una afirmación muy interesante en el libro de Lamentaciones de Jeremías: “El Señor no se complace en herir a la gente o en causarles dolor” (cap. 3:33). Por el contrario y como he dicho antes, en todo caso, usa el sufrimiento para el bien. Hay un texto muy conocido por los creyentes que dice: “Sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que Él tiene para ellos.” (Romanos 8:28). ¿Cuál es ese propósito? Lo dice en el verso siguiente: “Los eligió para que llegasen a ser como su Hijo”. Para los cristianos, seguidores de Cristo, creyentes en Dios, usa el sufrimiento para dar forma a nuestro carácter para que sea más semejante al de Cristo. Uno de los ejemplos que he mencionado es el de José en el Antiguo Testamento, y cuando leemos la historia, nos anima especialmente las palabras que tiene a la conclusión de la misma, cuando dice: “Ustedes se propusieron hacerme mal, pero Dios dispuso todo para bien. Él me puso en este cargo para que yo pudiera salvar la vida de muchas personas.” (Génesis 50:20). Esto podía llevarnos a otra conclusión: Dios sí quiere hacernos el bien a nosotros los que sufrimos pero aún más allá quiere hacer bien a mucha gente a través de ese sufrimiento.
Además, la Palabra de Dios nos da un mensaje de esperanza: el sufrimiento no durará para siempre. Cristo ha resucitado y esa es nuestra garantía como cristianos de que Jesucristo ha vencido a la muerte y al mal y un día ese triunfo será visible. Como dice Pedro en su carta, el sufrimiento es por un poco de tiempo, comparándolo con la eternidad, o como dice el apóstol Pablo, se trata de una tribulación leve y momentánea comparada con la gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades (2 Corintios 5:17). La resurrección de Jesús nos permite relativizar el peso y la duración del sufrimiento, sabiendo además que cuando estemos pasando una prueba difícil, al final el Señor es bueno porque está lleno de ternura y misericordia.