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sábado, 22 de noviembre de 2025

¿Jesús es Dios?

Dentro de la serie de preguntas clásicas y Dios, surge la pregunta que Jesús le hace a sus discípulos:
“¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Mateo 16:13). Ellos muy bien contestaron: “Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o uno de los profetas.” Pero Jesús quería apuntar a los suyos y saber de sus labios lo que había en su corazón. El impulsivo Pedro, no se si en el pensamiento de todos, tuvo la respuesta que el mismo Jesús aclaró era inspirada por Dios mismo en la ‘persona’ del Espíritu Santo: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!” El Cristo y el Mesías es la misma persona; el Mesías era el Salvador anunciado en el Antiguo Testamento, el salvador y rey descendiente de David, prometido por los profetas al pueblo hebreo. Para el cristianismo el Mesías es el redentor enviado por Dios para salvar a la humanidad. Jesús se anunciaba como ese Mesías, el Hijo de Dios, Dios mismo. Hay un texto muy definitorio en el Evangelio de Juan que explica de esta manera quién es Jesús: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, como la gloria del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14). ¿A que se refiere con La Palabra? Hay que leer los primeros versículos de ese capítulo para saber a qué se está refiriendo: “En el principio era la Palabra (o el Verbo), y la Palabra era con Dios, y la Palabra era Dios.” “La Palabra era Dios, o sea, que según el verso 14, Dios se hace “carne”, se hace hombre. ¿Defendió Jesús en alguna ocasión esta afirmación del evangelista Juan? Sí lo hizo pero siempre apelando a lo que de Él se había dicho ya desde el Antiguo Testamento. Concretamente uno de los títulos que más se adjudicó fue el de designarse a sí mismo en tercera persona como “el Hijo del Hombre” mencionado en el libro de Daniel: “Estaba yo mirando en las visiones de la noche, y he aquí que en las nubes del cielo venía alguien como un Hijo del Hombre. Llegó hasta el Anciano de Días y lo presentaron delante de él.  Entonces le fue dado el dominio, la majestad y la realeza. Todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su dominio es dominio eterno que no se acabará; y su reino, uno que no será destruido.” (Daniel 7:13-14). Los judíos que por aquella época estudiaban la Biblia de que disponían, el Antiguo Testamento, entendían que el Hijo del Hombre se refería al Mesías prometido, el Hijo de Dios encarnado, al que, según el texto, se le da autoridad, majestad y realeza hasta el punto de que las naciones le sirven. Bien, pues en el Nuevo Testamento Jesús se asigna este título al menos unas 40 veces.

La forma de actuar de Jesús anunció siempre quien era: Perdonó pecados, dijo ser anterior a Abraham, habló de Dios como que era Su Padre, aceptó ser adorado como por ejemplo cuando alguno de sus discípulos reconocía su divinidad. Cuando Pedro, en el momento en que hizo aquella afirmación de “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, Jesús no lo corrigió, todo lo contrario, lo aceptó como una revelación directa del Padre celestial.

Hay dos momento en los que según los Evangelistas, Jesús afirma rotundamente ser el Mesías, ser Dios encarnado. Una es cuando está hablando con la mujer samaritana, vamos a recordar el pasaje: “Le dijo la mujer:—Sé que viene el Mesías —que es llamado el Cristo—. Cuando él venga, nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo:—Yo soy, el que habla contigo.” (Juan 4:25-26). Y otro es cuando está siendo sometido a interrogatorios antes de ser crucificado, concretamente cuando está hablando con el sumo sacerdote Caifás: “Otra vez el sumo sacerdote le preguntó y le dijo:—¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Jesús le dijo:—Yo soy. Y además, verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo.” (Marcos 14:61-62). La reacción del sumo sacerdote ante semejante afirmación fue de escandalizarse, acusó a Jesús de blasfemar y lo entregó como condenado a muerte. No solo no creían a su respuesta sino que pensaban que estaba loco. El decir que era el Mesías, el decir que era Dios: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30), fueron algunas de las razones por lo que lo mataron crucificándolo. Lo que no sabían era que estaban colaborando en el Plan divino para que Él cumpliese en sí mismo la profecía de Isaías: “el SEÑOR cargó en él el pecado de todos nosotros.” (Isaías 53: 6).

viernes, 5 de junio de 2020

De Él, por Él y para Él.

Varias veces he comentado que detrás de todo está Dios. No solo está detrás de todo, sino que también podemos afirmar que está encima de todo. Claro, no podría decir eso si Dios no lo hubiese dicho, pero lo ha dicho y por eso podemos afirmarlo (Romanos 11:36).
En tiempos como los que nos ha tocado vivir, afirmar que Dios está detrás de todo y por encima de todo da pie a muchos comentarios despectivos sobre el amor y el poder de Dios. No voy a entrar ahora en ese debate, porque ya lo he comentado anteriormente. Pero sí quiero afirmar y corroborar que Dios está por encima de todo en base al texto mencionado: “Pues todas las cosas provienen de Él y existen por Su poder y son para Su gloria. ¡A Él sea toda la gloria por siempre! Amén” (Romanos 11:36 NTV). Este versículo pone fin a los capítulos 9 al 11 de Romanos en donde se nos explica que Dios cumplirá perfectamente Su plan y Sus promesas. Esto para los creyentes es un soplo de vida, de esperanza, gozo y paz porque nos recuerda una vez más que si estamos de parte de Dios, Él está de parte nuestra y no tenemos nada que temer.
En la ‘Biblia del pescador’ comenta así este versículo: “Dios es el principio de todo y le da propósito a la creación, incluido al ser humano.” ¡Qué respuesta a tantas preguntas en una sola frase! Dios… principio… todo… propósito…
Volviendo al texto de Romanos, la versión de la Reina Valera lo traduce así: “ Porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.”  ¿A quién se está refiriendo? Por el contexto, vemos que se refiere a Dios: “Porque Dios…” (vs.32); “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ...” (vs.33); “Porque ¿quién entendió la mente del Señor? …” (vs.34). Hay otro texto muy parecido que se refiere al Señor Jesucristo; está en Colosenses 1:16: “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él.”  Jesucristo es Dios, la segunda persona de la Trinidad, así que no hay error en las cartas de Pablo, ya que es a Jesucristo, el Hijo de Dios, a quién se le atribuye la creación, su sustento y su destino, ya que todo le pertenece.
Volviendo a Romanos 11:36, la primera afirmación que encontramos es que todas las cosas son de Dios. Todo cuanto existe es creador por Él por tanto todo le pertenece. Todo el proceso se sujeta a un Plan divino que, según se desprende por el relato del libro de Génesis, incluía al hombre y a la mujer, Adán y Eva, para que en buena camaradería, disfrutasen, no solamente de la misma presencia de Dios como un amigo en quien confiar, sino de todo lo creado. Pero el hombre y la mujer quisieron más, no les bastó con todo lo que Dios les ofrecía, escucharon a la Serpiente Antigua (como se le denomina a Satanás en otra parte de la Biblia), cayeron en su mentira, desobedecieron a Dios y consiguieron su enemistad y alejamiento por el pecado que introdujeron en la tierra. Pero Dios es omnisciente, no le cogió por sorpresa, sabía que esto iba a pasar y tenía reservado a un Cordero, su propio Hijo, tal y como nos dice 1 Pedro 1:19-20: “…fue con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha. Dios lo eligió como el rescate por ustedes mucho antes de que comenzara el mundo, …”.
Por reconciliarse con nosotros, sus criaturas rebeldes, Dios no escatimó a Su propio Hijo, como leemos en Romanos 8:32: “Dios no se guardó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, …”.
Aunque no lo podamos comprender, esa entrega, la más grande demostración de amor, estaba dentro del Plan preconcebido en esa Asamblea santa (Padre, Hijo, Espíritu Santo), antes de la creación del mundo. Dios conduce todas las cosas. Todas las cosas, como leemos, son por Él: “Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten” (Colosenses 1:17).
Y como también se afirma, todo es para Él. No puede ser de otro modo: si todo lo creado es de Él, y subsiste por Él, todo tiene que ser para Él, Dios Creador, Rey y Soberano. El plan divino se cumplió, se cumple y se cumplirá conforme a Su tiempo y Su divino propósito. Lo maravilloso es que dentro de ese Plan estamos nosotros, los que hemos creído que Jesús ha muerto por nosotros, para salvarnos, para darnos la vida eterna y la reconciliación con Él, grande en misericordia y en bondad, lento para Su justa ira, la que le provoca el pecado y sus consecuencias.
Gracias a ese Plan, “Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16), Dios puede ahora recibir nuestra adoración. De distantes a cercanos, de contaminados a limpios, irreconciliables a reconciliados, de extraños a hijos amados. Ese es el resultado del Plan divino. Y aún está todo por ver. Estos hombres y mujeres reconciliados formamos la Iglesia, la esposa de la que habla Apocalipsis, la Esposa del Cordero, Jesús, el Salvador de los pecadores será el Rey de Israel y reinará justamente en la tierra, de manera que todas las cosas le son sujetas hasta que Él mismo le entregue todo a Dios como profetiza 1 Corintios 15:28: “Entonces, cuando todas las cosas  estén bajo su autoridad, el Hijo se pondrá a sí mismo bajo la autoridad de Dios, para que Dios, quien le dio a su Hijo la autoridad sobre todas las cosas, sea completamente supremo sobre todas las cosas en todas partes.” Es un texto un tanto difícil de entender, aunque tampoco tenemos que ir mucho más allá de lo que el texto revela: el plan de Dios se va a cumplir en cada punto, al momento Jesucristo está haciendo digamos el trabajo de la restitución de todo bajo la autoridad que Dios Padre le ha concedido y lo que Pablo nos enseña aquí es que finalmente el Hijo entrega el reino en sujeción perfecta al Padre, restaurando todo en su plenitud, de manera que Dios sea todo en todos, todo el universo bajo la sujeción a Dios. Hasta que esa parte de la futura historia se complete, el camino a Dios es por medio de la fe en su Hijo Jesucristo, el único salvador y mediador, y así será hasta que se completa Su misión redentora y reconciliadora. En el Comentario Expositivo del Nuevo Testamento de Ernesto Trenchard se lee así a propósito de este final: “La sujeción del Hijo al Padre en el estado final de las cosas no supone que cesará de ser Mediador de toda la Creación – obra que le corresponde, como Verbo eterno, desde el principio de las obras de Dios- ni limita su función como Rey y Sacerdote según el orden de Melquisedec (Hebreos 7:21-25), ni quita un ápice del triunfo del Dios-Hombre (Filipenses 2:9-11). Solo se establece la debida jerarquía según el misterio de la Trinidad dentro de un orden en el que “Dios será todo en todos”, ya que el obstáculo del mal se habrá quitado para siempre.”

jueves, 12 de febrero de 2015

CRUDEZA

invierno crudeza frío inestabilidad humanidad El invierno se ha presentado en toda su crudeza. Es lo que toca en los primeros días de Febrero. Para
mí es un tema “sensible” porque no aguanto muy bien el frío (seguro que ya lo he dicho antes), soy más de calor. Menos mal que Febrero se acaba pronto y ya, entrados en Marzo, los fríos tienden a alejarse… aunque algún que otro día se den una vuelta para despedirse definitivamente…, o casi.
La percepción que tengo es que con el frío, con el mal tiempo en general, las injusticias de la vida son más injustas, el dolor duele más, la desesperanza es más palpable y más violenta, la soledad está más presente, la tristeza dura más tiempo… En estas noches de frío, de viento, de heladas, siempre me acuerdo del que no tiene con qué resguardarse, de los que duermen en los cajeros de los bancos, de los que duermen, incluso, en los bancos de las marquesinas de las paradas del autobús, cuando no tienen el puñal en medio del banco tristemente llamado “antimendigos” (que pena señora Alcaldesa), en los soportales de las plazas, en algún portal generoso con hueco para poner una caja-de-cartón-cama…
En el verano se puede dormir en cualquier sitio. Ahora no. Hay una leyenda urbana que dice que muchos mendigos no quieren ir a los refugios habilitados para ellos por cosas de control, limpieza,… no lo sé, pero el caso es que sigue habiendo personas durmiendo, o intentando dormir, a la intemperie.
Nuestra capacidad de reacción está tan atrofiada que no nos inmutamos ante estas situaciones que llegamos a considerar “normales”. Parece que la humanidad está repartida en dos grupos bien diferenciados: los que viven y los que malviven. Y tanto unos como otros, se quejan de su suerte y envidian la del vecino… “situaciones normales”.
La Biblia dice que este exceso de crudeza terminará cuando Cristo reine. No tenemos fecha pero todo a nuestro alrededor parece indicar la llegada de las lluvias y el inminente portazo en el arca. “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” nos dice la carta a los Hebreos. El juicio está representado gráficamente por el diluvio y la salvación por el arca. Es hora de entrar antes de que se cierre la puerta. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” La invitación del Señor sigue vigente… hasta que se cierre la puerta.
El frío invierno dará paso a la deslumbrante primavera y las temperaturas moderarán su rigor, brillará el sol en todo su esplendor, calor agradable, sensación de tibieza… Llegará el tiempo del rey de reyes y Señor de señores: “Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra;” Será un tiempo de paz… “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” Futuro de gloria, futuro divino, futuro cercano.
¡Febrerillo el loco, un día peor que otro! Hay reuniones buscando encontrar la paz en una nación que se mata entre sí en una especie de guerra civil, la peor de las guerras entre paisanos… Hay noticias terribles de ejecuciones, pobres demostraciones de vejación que corroboran la condición embrutecida del hombre contra su prójimo… Corrupción, maltrato, niños tratados como objetos sexuales, degradación a todos los niveles… ¡Febrero es loco, unas veces por mucho y otras por poco!
Anhelo el sol, la luz, la vida, la paz, la misericordia, el compañerismo, el civismo, las buenas relaciones, el amor, el cariño, la ternura.
Anhelo que nos deje la crudeza, anhelo al Rey de reyes, anhelo su reinado, anhelo la salvación, el perdón, las lágrimas de alegría, el beso reconciliador.
Lo anhelo y por eso, lo comparto.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Comienzo con el 2012

Es un número bastante bonito... 2012, pero, a muchos, les produce un pequeño malestar porque sin querer, inconscientemente, les viene a la mente la idea anunciada por todos los medios de que el famoso "Calendario Maya" pronostica el fin del mundo.
Lo que para algunos es el fin, para mi es el principio ya que hoy, precisamente, 24 de Diciembre del 2011, Nochebuena, nace este blog. ¿Con qué propósito? Simplemente compartir. ¿Compartir qué? Mis pensamientos, mis emociones, mis dudas, algún acierto?, mi esperanza... en definitiva, desgranar mi corazón con palabras buscando hacerlo de la mejor manera, con sinceridad, con amistad, deseando que cuando alguien lea esto sienta el calor con el que lo he escrito.
Y lo que más deseo compartir es la esperanza que Cristo pone en mi vida, una esperanza que viene acompañada de paz, de seguridad, de gozo. ¿Suena a cascabeles de Navidad? Un poco si, pero es algo real y como tal tengo que decirlo aunque suene a "postizo".
Jesús dijo que volvería una 2ª vez, no ya como un siervo sino como el Rey. Pero según sus palabras (Mateo 24:36-44), nadie sabe, ni siquiera los ángeles, sino sólo Dios el Padre cuando va a ser esto y cuando será, por tanto, el final del mundo. Solo aseguró que será repentinamente y cuando menos lo esperemos.
Sí podemos asegurar que ese fin no vendrá por una nueva inundación, porque Dios así lo prometió (Génesis 9:11) y la firma de su promesa es Su "arco en las nubes".
Como el fin será repentino lo que tenemos que hacer es estar preparados. En Mateo 24:42 hay una clara advertencia: "Velad, pues, porque no sabéis en que día viene nuestro Señor".
Si creemos que Jesús es el Hijo de Dios y que entregó su vida por nosotros, si le pedimos perdón por nuestros pecados y le aceptamos como nuestro Señor y Salvador, podemos estar seguros de que cuando Él venga de nuevo, cuando llegue ese día del fin, Cristo mismo será nuestro Abogado y nos defenderá en el Día del Juicio porque Él ya ha pagado el castigo que a nosotros nos correspondía.
Seguiremos hablando.
¡Feliz Año 2012!