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viernes, 24 de julio de 2015

El carácter de Dios

Colaboración de Manuel José Díaz Vázquez
"Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre. Ha hecho memorables sus maravillas; clemente y misericordioso es Jehová" (Salmo 111:3-4)
"Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre. Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo." (Salmo 112:3-4)
gloria hermosura es su obra su justicia permanece para siempre

Se dice por los comentaristas bíblicos que estos dos salmos, el 111 y el 112, conforman una unidad. Y bien pudiera ser; baste observar alguna simetría: que ambos poseen diez versículos, que están escritos en acróstico como el salmo 119, esto es, que cada línea comienza con una letra del alfabeto (alefato) hebreo, así, por ejemplo, la línea gloria y hermosura es su obra, que es la quinta línea, correspondería, si contamos desde el principio del salmo, a la letra Hé, que es la quinta letra del alefato (lo mismo ocurre con el salmo 112). En nuestras Biblias habituales esta división no aparece, pero en otras se manifiesta (en este caso está recogido el apunte de una Biblia textual, en concreto de la Holman). 
Todo esto sirva de marco introductorio, ya que lo que realmente nos importa es el contenido. Y es notorio, sobre todo en estos versículos de la porción escogida, el paralelismo entre estos dos salmos. Fijémonos un poco más: leamos de nuevo el versículo 3 del 111: Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre. Y ahora el 3 del 112: Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre. 
Hagamos lo mismo con el versículo 4 de ambos salmos: Ha hecho memorables sus maravillas; clemente y misericordioso es  Jehová. Y Resplandeció en las tinieblas la luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo. 

Hemos subrayado la parte que es literal en ambos salmos y con ello vamos a resaltar algo que es de suma importancia, sino vital, en el verdadero creyente y que podríamos señalar de la siguiente manera: el cristiano participa del carácter, de las virtudes de su Padre celestial. Nuestro Padre es justo, clemente y misericordioso, como se nos indica en el salmo 111 (y en otras partes de la Escritura), ya que el salmo habla de cómo es Jehová y de lo que hace. Y en el salmo 112 se nos indican las características del hombre que teme a Jehová (indica relación, comunión), de cómo es y de lo que hace, en base al respeto y deleite que tiene en la Palabra de Dios y que es, a su vez, el fundamento de su prosperidad, primeramente espiritual y luego material.
Lo que queremos recalcar sobremanera es que si el Señor es clemente, misericordioso y justo, así deben de ser sus hijos. Dice nuestro Salvador y Señor Jesucristo en Juan 14:9 “… El que me ha visto a mí, ha visto al Padre…”. ¿Está hablando del aspecto físico? No, se trata de conocimiento espiritual, de Su ser, de Su carácter, de Su modo de comportarse… Si nosotros estamos en Cristo, y Él vive en nosotros por medio del Espíritu Santo, tenemos que ser, pues, reflejo de esta personalidad, mostrar, en Él, el genuino carácter de Dios, ni más ni menos…
¿Cómo se produce esto? Vamos a utilizar una referencia que nos puede ayudar a aclararlo, una palabra que se encuentra en el salmo 112, versículo 4: Resplandecer, y leamos en Éxodo 34: 29-30, “Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después de que hubo hablado con Dios. Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él.”
¿De dónde surge el resplandor? ¿De Moisés mismo? No, surge de Dios, es el origen, ya que Dios es el resplandor mismo, la luz; al estar con Él, Moisés, se contagia, por decirlo de algún modo, de la esencia de Dios y la refleja. Así sucede con el cristiano. Es en la comunión íntima con su Padre, mediante la oración recogida, la lectura atenta de su palabra, donde va adquiriendo aspectos de Él, y observemos, como le pasó a Moisés, que no es consciente de lo que sucede (… no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía…), pero sí los demás (Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente…).

Si vivimos en comunión íntima con Nuestro Padre en el Señor Jesucristo, inconscientemente reflejaremos virtudes (pensemos en el fruto del Espíritu de Gál.5:22-23 por ejemplo), de su carácter y serán los demás los que vean que algo está pasando…
Para finalizar, recordemos otra porción, Hebreos 1: 2-3, donde se nos recuerda  la unidad del Padre y del Hijo, “… el Hijo… siendo (es) el resplandor de la gloria de Dios, y la imagen misma de su sustancia…”, así pues, reflejamos también el carácter del Hijo, porque ambos, Padre e Hijo tienen una misma sustancia. Y se demuestra, al mismo tiempo, que es imposible, reflejar a Dios sin Jesucristo, ya que éste es el resplandor de su gloria. No puede haber resplandor sin Cristo.
Demos gracias a nuestro Padre por su palabra, y miremos continuamente a su Hijo Jesucristo, para reflejar su carácter en nuestra vida diaria, porque Él es verdaderamente la luz del mundo.
Manuel José Díaz Vázquez

** Manuel es un siervo del Señor que se congrega en la Iglesia de la calle Sartaña en Ferrol (A Coruña). Es autor de las novelas "Queso fresco con membrillo", "A las vacas de la señora Elena no les gusta el pimiento picante" y "La calavera de Yorick" (Ediciones Atlantis).

jueves, 12 de febrero de 2015

CRUDEZA

invierno crudeza frío inestabilidad humanidad El invierno se ha presentado en toda su crudeza. Es lo que toca en los primeros días de Febrero. Para
mí es un tema “sensible” porque no aguanto muy bien el frío (seguro que ya lo he dicho antes), soy más de calor. Menos mal que Febrero se acaba pronto y ya, entrados en Marzo, los fríos tienden a alejarse… aunque algún que otro día se den una vuelta para despedirse definitivamente…, o casi.
La percepción que tengo es que con el frío, con el mal tiempo en general, las injusticias de la vida son más injustas, el dolor duele más, la desesperanza es más palpable y más violenta, la soledad está más presente, la tristeza dura más tiempo… En estas noches de frío, de viento, de heladas, siempre me acuerdo del que no tiene con qué resguardarse, de los que duermen en los cajeros de los bancos, de los que duermen, incluso, en los bancos de las marquesinas de las paradas del autobús, cuando no tienen el puñal en medio del banco tristemente llamado “antimendigos” (que pena señora Alcaldesa), en los soportales de las plazas, en algún portal generoso con hueco para poner una caja-de-cartón-cama…
En el verano se puede dormir en cualquier sitio. Ahora no. Hay una leyenda urbana que dice que muchos mendigos no quieren ir a los refugios habilitados para ellos por cosas de control, limpieza,… no lo sé, pero el caso es que sigue habiendo personas durmiendo, o intentando dormir, a la intemperie.
Nuestra capacidad de reacción está tan atrofiada que no nos inmutamos ante estas situaciones que llegamos a considerar “normales”. Parece que la humanidad está repartida en dos grupos bien diferenciados: los que viven y los que malviven. Y tanto unos como otros, se quejan de su suerte y envidian la del vecino… “situaciones normales”.
La Biblia dice que este exceso de crudeza terminará cuando Cristo reine. No tenemos fecha pero todo a nuestro alrededor parece indicar la llegada de las lluvias y el inminente portazo en el arca. “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” nos dice la carta a los Hebreos. El juicio está representado gráficamente por el diluvio y la salvación por el arca. Es hora de entrar antes de que se cierre la puerta. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” La invitación del Señor sigue vigente… hasta que se cierre la puerta.
El frío invierno dará paso a la deslumbrante primavera y las temperaturas moderarán su rigor, brillará el sol en todo su esplendor, calor agradable, sensación de tibieza… Llegará el tiempo del rey de reyes y Señor de señores: “Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra;” Será un tiempo de paz… “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” Futuro de gloria, futuro divino, futuro cercano.
¡Febrerillo el loco, un día peor que otro! Hay reuniones buscando encontrar la paz en una nación que se mata entre sí en una especie de guerra civil, la peor de las guerras entre paisanos… Hay noticias terribles de ejecuciones, pobres demostraciones de vejación que corroboran la condición embrutecida del hombre contra su prójimo… Corrupción, maltrato, niños tratados como objetos sexuales, degradación a todos los niveles… ¡Febrero es loco, unas veces por mucho y otras por poco!
Anhelo el sol, la luz, la vida, la paz, la misericordia, el compañerismo, el civismo, las buenas relaciones, el amor, el cariño, la ternura.
Anhelo que nos deje la crudeza, anhelo al Rey de reyes, anhelo su reinado, anhelo la salvación, el perdón, las lágrimas de alegría, el beso reconciliador.
Lo anhelo y por eso, lo comparto.

sábado, 21 de enero de 2012

CUENTAN, ANUNCIAN, COMUNICAN, DECLARAN

Las cuatro palabras del título denotan comunicación, revelan Algo que no se oculta, Algo que es Alguien que transmite Su presencia inexcusable plasmado en lo que ha hecho, y en este caso en concreto, en lo que ha creado. Hay una línea de información que no se corta, constante, intensa, que es imposible ocultar.



Este vídeo muestra a nuestros asombrados ojos la belleza de esta creación. Las palabras magistrales e inspiradas del salmista, definen perfectamente este lenguaje:

Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un día emite palabra a otro día,
Y una noche a otra noche declara sabiduría.
No hay lenguaje, ni palabras,
Ni es oída su voz,
Por toda la tierra salió su voz,
Y hasta el extremo del mundo sus palabras.
(Salmo 19:1-4)

John Boys escribió: “La predicación de los cielos es maravillosa en tres aspectos: 1) como predicación realizada toda la noche y todo el día, sin interrupción (vers.2); 2) como predicación en todos los lenguajes (vers.3); 3) como predicación en todas partes del mundo, y en cada parroquia de cada parte, y en cada lugar de cada parroquia (vers.4). Son pastores diligentes, que predican sin cesar; son pastores entendidos, que predican en todas las lenguas; y pastores ecuménicos, o católicos, que predican en todas las ciudades.
Éste es el primer libro de lectura de Dios, como si dijéramos, para toda clase de personas.”
Y leyendo este “libro” podemos fácilmente llegar a decir como el protagonista de la canción: “Yo creo”. Yo creo porque no solo me muestras la belleza de todo lo creado sino porque lo que veo rezuma sensibilidad, arte, designio, perfección… ¿Dónde podemos encajar en todo esto el azar del que nos hablan los incrédulos? Sencillamente, no cabe.