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viernes, 5 de junio de 2020

De Él, por Él y para Él.

Varias veces he comentado que detrás de todo está Dios. No solo está detrás de todo, sino que también podemos afirmar que está encima de todo. Claro, no podría decir eso si Dios no lo hubiese dicho, pero lo ha dicho y por eso podemos afirmarlo (Romanos 11:36).
En tiempos como los que nos ha tocado vivir, afirmar que Dios está detrás de todo y por encima de todo da pie a muchos comentarios despectivos sobre el amor y el poder de Dios. No voy a entrar ahora en ese debate, porque ya lo he comentado anteriormente. Pero sí quiero afirmar y corroborar que Dios está por encima de todo en base al texto mencionado: “Pues todas las cosas provienen de Él y existen por Su poder y son para Su gloria. ¡A Él sea toda la gloria por siempre! Amén” (Romanos 11:36 NTV). Este versículo pone fin a los capítulos 9 al 11 de Romanos en donde se nos explica que Dios cumplirá perfectamente Su plan y Sus promesas. Esto para los creyentes es un soplo de vida, de esperanza, gozo y paz porque nos recuerda una vez más que si estamos de parte de Dios, Él está de parte nuestra y no tenemos nada que temer.
En la ‘Biblia del pescador’ comenta así este versículo: “Dios es el principio de todo y le da propósito a la creación, incluido al ser humano.” ¡Qué respuesta a tantas preguntas en una sola frase! Dios… principio… todo… propósito…
Volviendo al texto de Romanos, la versión de la Reina Valera lo traduce así: “ Porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.”  ¿A quién se está refiriendo? Por el contexto, vemos que se refiere a Dios: “Porque Dios…” (vs.32); “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ...” (vs.33); “Porque ¿quién entendió la mente del Señor? …” (vs.34). Hay otro texto muy parecido que se refiere al Señor Jesucristo; está en Colosenses 1:16: “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él.”  Jesucristo es Dios, la segunda persona de la Trinidad, así que no hay error en las cartas de Pablo, ya que es a Jesucristo, el Hijo de Dios, a quién se le atribuye la creación, su sustento y su destino, ya que todo le pertenece.
Volviendo a Romanos 11:36, la primera afirmación que encontramos es que todas las cosas son de Dios. Todo cuanto existe es creador por Él por tanto todo le pertenece. Todo el proceso se sujeta a un Plan divino que, según se desprende por el relato del libro de Génesis, incluía al hombre y a la mujer, Adán y Eva, para que en buena camaradería, disfrutasen, no solamente de la misma presencia de Dios como un amigo en quien confiar, sino de todo lo creado. Pero el hombre y la mujer quisieron más, no les bastó con todo lo que Dios les ofrecía, escucharon a la Serpiente Antigua (como se le denomina a Satanás en otra parte de la Biblia), cayeron en su mentira, desobedecieron a Dios y consiguieron su enemistad y alejamiento por el pecado que introdujeron en la tierra. Pero Dios es omnisciente, no le cogió por sorpresa, sabía que esto iba a pasar y tenía reservado a un Cordero, su propio Hijo, tal y como nos dice 1 Pedro 1:19-20: “…fue con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha. Dios lo eligió como el rescate por ustedes mucho antes de que comenzara el mundo, …”.
Por reconciliarse con nosotros, sus criaturas rebeldes, Dios no escatimó a Su propio Hijo, como leemos en Romanos 8:32: “Dios no se guardó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, …”.
Aunque no lo podamos comprender, esa entrega, la más grande demostración de amor, estaba dentro del Plan preconcebido en esa Asamblea santa (Padre, Hijo, Espíritu Santo), antes de la creación del mundo. Dios conduce todas las cosas. Todas las cosas, como leemos, son por Él: “Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten” (Colosenses 1:17).
Y como también se afirma, todo es para Él. No puede ser de otro modo: si todo lo creado es de Él, y subsiste por Él, todo tiene que ser para Él, Dios Creador, Rey y Soberano. El plan divino se cumplió, se cumple y se cumplirá conforme a Su tiempo y Su divino propósito. Lo maravilloso es que dentro de ese Plan estamos nosotros, los que hemos creído que Jesús ha muerto por nosotros, para salvarnos, para darnos la vida eterna y la reconciliación con Él, grande en misericordia y en bondad, lento para Su justa ira, la que le provoca el pecado y sus consecuencias.
Gracias a ese Plan, “Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16), Dios puede ahora recibir nuestra adoración. De distantes a cercanos, de contaminados a limpios, irreconciliables a reconciliados, de extraños a hijos amados. Ese es el resultado del Plan divino. Y aún está todo por ver. Estos hombres y mujeres reconciliados formamos la Iglesia, la esposa de la que habla Apocalipsis, la Esposa del Cordero, Jesús, el Salvador de los pecadores será el Rey de Israel y reinará justamente en la tierra, de manera que todas las cosas le son sujetas hasta que Él mismo le entregue todo a Dios como profetiza 1 Corintios 15:28: “Entonces, cuando todas las cosas  estén bajo su autoridad, el Hijo se pondrá a sí mismo bajo la autoridad de Dios, para que Dios, quien le dio a su Hijo la autoridad sobre todas las cosas, sea completamente supremo sobre todas las cosas en todas partes.” Es un texto un tanto difícil de entender, aunque tampoco tenemos que ir mucho más allá de lo que el texto revela: el plan de Dios se va a cumplir en cada punto, al momento Jesucristo está haciendo digamos el trabajo de la restitución de todo bajo la autoridad que Dios Padre le ha concedido y lo que Pablo nos enseña aquí es que finalmente el Hijo entrega el reino en sujeción perfecta al Padre, restaurando todo en su plenitud, de manera que Dios sea todo en todos, todo el universo bajo la sujeción a Dios. Hasta que esa parte de la futura historia se complete, el camino a Dios es por medio de la fe en su Hijo Jesucristo, el único salvador y mediador, y así será hasta que se completa Su misión redentora y reconciliadora. En el Comentario Expositivo del Nuevo Testamento de Ernesto Trenchard se lee así a propósito de este final: “La sujeción del Hijo al Padre en el estado final de las cosas no supone que cesará de ser Mediador de toda la Creación – obra que le corresponde, como Verbo eterno, desde el principio de las obras de Dios- ni limita su función como Rey y Sacerdote según el orden de Melquisedec (Hebreos 7:21-25), ni quita un ápice del triunfo del Dios-Hombre (Filipenses 2:9-11). Solo se establece la debida jerarquía según el misterio de la Trinidad dentro de un orden en el que “Dios será todo en todos”, ya que el obstáculo del mal se habrá quitado para siempre.”

viernes, 28 de diciembre de 2018

Jesucristo es supremo

Jesucristo es supremo
En estas fechas se habla mucho del Belén, del nacimiento de Jesús, en definitiva de la Navidad, sin pensar, tal vez que la Navidad viene de la palabra natividad que viene a significar el nacimiento de la divinidad. En otras palabras, ¿quién es Jesús y qué ha hecho para que se le recuerde todos los años en la fecha de su nacimiento aproximado? Y digo aproximado porque desde que se usa este calendario, las fechas se han “acomodado” en cierto modo para que coincidan con estas fiestas, pero no es la fecha exacta del nacimiento de Jesús, aunque ese no es el tema que nos ocupa ahora sino contestar a la pregunta: ¿Quién es Jesús y qué ha hecho?
Pablo contestó a esa pregunta en su carta a los Colosenses, en el capítulo 1, con una revelación asombrosa que nos lleva a unas descripciones de la persona de Jesucristo que superan toda inteligencia humana y cualquier otra demostración de saber que no sea la propia del Único que puede revelárnosla: Dios mismo.
Primeramente afirma que Cristo es la imagen visible del Dios invisible. Esto es impresionante porque la misma Palabra de dios nos dice que a dios nadie le vió jamás, sin embargo Jesús ha venido a este pequeño planeta para reflejarlo y revelarlo (Colosenses 1:15). Esta afirmación corrobora otra verdad que recorre la Escritura y deja constancia, muy especialmente, en el evangelio de Juan: que Jesús, además de hombre, también es Dios, porque solo siendo Dios puede manifestar Su imagen, por eso un poco más adelante puede decir que “en Cristo habita corporalmente la plenitud de la deidad” (Colosenses 1:19). El mismo Jesús dijo: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”  y también: “Yo y el Padre uno somos” (Juan 14:9; 10:30).
Seguramente algún lector se estará haciendo mil preguntas ¿cómo es posible? Evidentemente la palabra “imagen” aquí no se está refiriendo a una fotografía repetida de Dios, Jesús no puede mostrar la imagen perfectísima de Dios, pero en su dimensión divina – humana, Cristo es la misma imagen del Padre o como escribió Gregorio Nacianceno, un arzobispo cristiano de Constantinopla del siglo IV, “se le llama ‘imagen’ porque es consubstancial y porque, en cuanto tal, procede del Padre, sin que el Padre proceda de Él. La naturaleza de una imagen consiste, en efecto, en ser una imitación del arquetipo del que se dice imagen… en el caso del Hijo tenemos la imagen de un ser vivo, una imagen que tiene más semejanza que la que tiene cualquier ser engendrado con su progenitor…”
Sé que cuando surge el misterio de la Trinidad, nuestro cerebro se colapsa y no da para más porque es muy difícil poner en palabras estos misterios divinos que, sin embargo, surgen y constan en la Palabra de Dios constantemente y por lo cual siempre vamos a parar a ellos, solamente para demostrar a Jesucristo, como Hijo de Dios, el Verbo de Dios hecho hombre, descrito en estos textos de Colosenses con la maestría que solo la inspiración del Espíritu Santo de Dios puede demostrar.
En segundo lugar, Pablo escribe que Cristo ya existía antes de que las cosas fueran creadas y es supremo sobre toda la creación. Otras versiones dicen que “es primogénito de toda creación”. Efectivamente Cristo es Dios, ya existía como dice Juan 1:1: “En el principio era el Verbo…” No en el principio de Génesis 1:1, sino antes de que existiese nada ya era: “Yo soy”. Jesús es el primogénito en el sentido de la relación que marca la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, así que primogénito no se refiere en nuestro sentido al heredero en el orden de sucesión, sino al único de esa manera, porque siendo el Hijo de Dios, ambos, en unidad con el Espíritu, tienen una existencia eterna y Cristo, en cuanto es Verbo eterno de Dios, es el primogénito de toda creación, no porque haya sido creado, ni porque deba ser tenido en cuenta como una criatura más, sino porque Él tiene la excelencia de ser el Único Dios verdadero y la causa y el motivo de toda la creación de Dios. Así afirma el texto a continuación: “Porque, por medio de él, Dios creó todo lo que existe en los lugares celestiales y en la tierra. Hizo las cosas que podemos ver y las que no podemos ver, tales como tronos, reinos, gobernantes y autoridades del mundo invisible. Todo fue creado por medio de él y para él.” (Colosenses 1:16). ¡Jesucristo es Dios! y por esa razón puede ser presentado como el Creador de todo, visible e invisible. Quisiera destacar la frase “todo fue creado por medio de él y para él”. De nuevo Cristo es mostrado como el supremo Autor, y también como el Sustentador de todo lo creado, como dice Hebreos 1:3, “quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”. No hay duda que la Palabra de Dios nos está diciendo claramente que todo lo creado está siendo sustentado por la autoridad de Jesucristo, manteniendo un orden, poniendo reglas, límites, órdenes divinas para que toda se sostenga bajo el mandato y las directrices de un Dios Creador. De manera que Colosenses 1:16 nos confirma que tanto la creación como su sostenimiento actual son consecuencia de la Palabra del Hijo de Dios, Jesús de Nazaret, el humilde carpintero. ¡Que grande es nuestro bendito Salvador!
“Cristo también es la cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo. Él es el principio, supremo sobre todos los que se levantan de los muertos. Así que él es el primero en todo.” (Colosenses 1:18). Al igual que es el origen y la causa de la creación, Cristo es el origen y la causa del reino espiritual de los creyentes, Él es quien da vida y crecimiento a Su iglesia. La iglesia es un organismo vivo formado por todos los que hemos creído en Jesús como el Autor de la vida y la salvación, y, como Cabeza de este organismo, su vida depende de Él, controla a todos sus miembros, nos controla a ti y a mí, dependemos de esa comunión y vivimos en ella. La iglesia no puede existir por gracia sin la comunicación de vida que procede de Cristo mismo.
Cristo es supremo en todo, y en Su iglesia por supuesto, también. Cristo merece el primer lugar en la honra porque además conquistó la muerte, ganó nuestros corazones con su gran amor y con su sacrificio perfecto por lo que Él lo es todo para nosotros: supremo y Rey, Salvador y Señor, eternamente, por tanto debemos darle la mejor posición honorífica en nuestra vida. ¡Que así sea!