jueves, 27 de diciembre de 2018

Ángeles

ángel
Son protagonistas en muchos momentos de la historia y no deja de ser interesante comprobar que los admitimos de forma natural como si formasen parte del paisaje; se llega a dudar más de otros personajes históricos que de los ángeles, aunque tal vez en el subconsciente de las personas se pueda pensar en ellos como se piensa en Papa Noel, los elfos o los duendes del bosque.
Sin embargo, la Palabra de Dios nos da mucha información sobre los ángeles, seres espirituales creados por Dios para servirle. Hay algún texto que nos dice que se cuentan por millones de millones (Apocalipsis 5:11), algo que aumenta mucho las probabilidades de que en algún momento tengamos a alguno cerca sin saberlo, como sucede en algunos de los relatos bíblicos. Este texto de Hebreos es muy revelador: “Los ángeles son sirvientes, espíritus enviados para cuidar a quienes heredarán la salvación” (Hebreos 1:14). Hay otra promesa que también nos infunde ánimo pensando que están al lado de los creyentes para protegerles y servirles: “El ángel del Señor es un guardián; rodea y defiende a todos los que le temen” (Salmo 34:7). Es evidente que una de sus labores más comunes es la de proteger, no sabemos cómo, suponemos que recibirán órdenes directas de Dios, pero sí los vemos protegiendo, por ejemplo a los niños: “Cuidado con despreciar a cualquiera de estos pequeños. Les digo que, en el cielo, sus ángeles siempre están en la presencia de mi Padre celestial” (Mateo 18:10). (El calificativo “pequeños”, se puede aplicar aquí también a los ‘pequeños en edad espiritual’ en la congregación o a los ‘recién convertidos).
Se da por hecho su presencia en las cercanías de Belén, allí donde nació Jesús, el Salvador del mundo, de manera que cuando se celebra la Navidad con todos sus detalles, los ángeles forman parte del atrezo como unas figuras humanas, con alas, jóvenes, de buen parecer, confundiéndose con el paisaje, pero, si lo meditamos un momento, deberían de ser objeto de nuestra atención por lo que de celestial tienen. No son divinos, ni independientes, no están sometidos a las limitaciones del cuerpo humano, obedecen a Dios, obtienen su poder y su fuerza de Él. Hebreos nos da algunos detalles interesantes sobre los ángeles: “El Hijo es muy superior a los ángeles, de hecho la orden es: que lo adoren todos los ángeles de Dios” Hebreos 1:4, 6. Más detalles: “Pero con respecto a los ángeles, Dios dice: Él envía a sus ángeles como los vientos y a sus sirvientes como llamas de fuego” (Hebreos 1:7). Sus ángeles, sus sirvientes, la Biblia da por hecho su existencia, y aparecen desempeñando papeles muy importantes en el desarrollo de la historia y, muy especialmente, en los acontecimientos que rodean la llegada de Dios a la tierra en la persona de Jesucristo. La traducción de ángel es ‘mensajero’, labor que desempeñan en muchas ocasiones para llevar recados importantes a muchas de las personas implicadas o con relación en el Plan de la Salvación. A algunos incluso se los destaca por su nombre: Gabriel es enviado a Nazaret para anunciarle a María el milagroso nacimiento de Jesús; otro ángel del que no conocemos el nombre, entrega otro mensaje a José, el prometido de María, para que entienda los motivos de su embarazo y para que empiece a comprender que detrás de ese milagros y de otras cosas maravillosas e increíbles que va a ver, está Dios mismo, intercediendo por su criatura para abrir una puerta a la salvación, el escape a la condenación Más tarde será otro ángel el que volverá a decirle a José que huyan a Egipto cuando Herodes pretendía asesinar al “Rey de los Judíos”.
Es en los campos cercanos a Belén donde los ángeles protagonizan una de las escenas más impresionantes y gloriosas cuando, esa misma noche, una multitud de ellos canta y alaba a Dios con un cántico que los pastores del lugar pudieron oír totalmente asombrados, temerosos, sorprendidos y a punto de entrar en shock ¿qué era aquello que estaban viendo? ¿quién es ese niño que anunciaban estos ejércitos celestiales? Sí, podemos hablar de ejércitos celestiales porque el texto sigue diciendo: “Cuando los ángeles regresaron al cielo…” ¡Qué impresionante poder haber formado parte de este grupo de testigos de semejante aparición! Seguramente muy poca gente les hizo caso, tal vez en alguna ocasión los trataron de locos, pero dentro de aquellas gentes humildes que habían tenido el privilegio de ser testigos directos de estas manifestaciones, había una persona ‘que guardaba todas estas cosas en el corazón y pensaba en ellas con frecuencia’: la virgen María.
A lo largo de la vida de Jesús en la tierra, aparecen ángeles sirviendo y fortaleciendo al Hijo de Dios, en una muestra del cuidado y protección que Dios tiene con Jesús y con sus siervos. Cuando Jesús está orando en el Monte de los Olivos “…apareció un ángel del cielo y lo fortaleció” (Lucas 22:43); en la resurrección, fue un ángel del Señor el que con el poder de un terremoto, descendió del cielo, corrió la piedra que tapaba la tumba precintada a un lado y luego se sentó sobre ella ¿Por qué 
sabían los testigos que se trataba de un ángel? “Su rostro brillaba como un relámpago y su ropa era blanca como la nieve”, lo describe el evangelista (Mateo 28:2-3). Los guardias que habían puesto allí temblaron de miedo cuando lo vieron y cayeron desmayados por completo.
Además de las mencionadas, hay muchas apariciones de los ángeles en el relato bíblico, ya que además de obedecer a Dios como mensajeros, también son enviados para alentar o socorrer a los hijos de Dios: “¡Pero anímense! Ninguno de ustedes perderá la vida, aunque el barco se hundirá. Pues anoche un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo estuvo a mi lado y dijo: “¡Pablo, no temas, porque ciertamente serás juzgado ante el César! Además, Dios, en su bondad, ha concedido protección a todos los que navegan contigo”.” (Hechos de los Apóstoles 27:23-24). Las palabras de Pablo atestiguan la presencia real de un ángel animándolo en momentos de gran dificultad; esto es porque cuando los siervos de Dios se hallan en peligro o dificultad, en ocasiones, según el propósito divino, los ángeles son enviados para protegerlos: “Pues él ordenará a sus ángeles que te protejan por donde vayas.” y “…y llegaron ángeles a cuidar de Jesús.” (Salmo 91:11; Mateo 4:11). En el Antiguo Testamento, aparecen en algunos momentos en forma humana, como cuando visitaron a Abraham para darle la buena noticia de que iba a tener un hijo de Sara (Génesis 18:2; 19:1); o en los encuentro proféticos que vivió Ezequiel (Ezequiel 9:2). Pero hay un relato que me gusta especialmente y se encuentra en 2 Reyes 6:15-18 cuando el sirviente del profeta Eliseo tiene miedo a causa del gran ejército arameo: “-¡Oh señor! ¿Qué vamos a hacer ahora? – gritó el joven a Eliseo. - ¡No tengas miedo! – le dijo Eliseo-. ¡Hay más de nuestro lado que del lado de ellos! Entonces Eliseo oró: “Oh Señor, ¡abre los ojos de este joven para que vea!”. Así que el Señor abrió los ojos del joven, y cuando levantó la vista vio que la montaña alrededor de Eliseo estaba llena de caballos y carros de fuego.”
En la Biblia se nos revela de la existencia de dos clases de ángeles: los que sirven a Dios y le obedecen, y los que no lo hacen, los que se rebelaron contra Dios: “Dios ni siquiera perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojó al infierno, dentro de fosas tenebrosas, donde están encerrados hasta el día del juicio.” (2 Pedro 2:4). Judas 6 nos amplía esta terrible información: “Y les recuerdo de los ángeles que no se mantuvieron dentro de los límites de autoridad que Dios les puso, sino que abandonaron el lugar al que pertenecían. Dios los ha tenido firmemente encadenados en prisiones de oscuridad, en espera del gran día del juicio.” Algunos ángeles, a pesar de haber sido creados perfectos, se llenaron de rebeldía y orgullo y rechazaron la posición que Dios les había otorgado, de manera que esa fue la causa de su caída y por eso están confinados a las tinieblas hasta el día del juicio.
Termino esta pequeña meditación con un ejemplo de los verdaderos ángeles santos de Dios: “Yo, Juan, soy el que vio y oyó todas estas cosas. Cuando las oí y las ví, me postré para adorar a los pies del ángel que me las mostró. Pero él dijo: “no, no me adores a mí. Yo soy un siervo de Dios tal como tú y tus hermanos los profetas, al igual que todos los que obedecen lo que está escrito en este libro. ¡Adora únicamente a Dios!”. (Apocalipsis 22:8-9). ¡Que grande vernos incluidos, juntos con los ángeles, en el grupo de los que adoramos solamente al único Dios y Salvador!

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Incertidumbres

gente
Escucho en la radio muchos anuncios sobre la necesidad de poner una alarma en nuestras casas, por seguridad, por miedo a que entren en nuestra casa y nos roben o nos hagan alguna maldad. Escucho el anuncio con tanta asiduidad que casi llega a convencerme y me obliga a razonar sobre él, a pensar si realmente es tan efectiva esa seguridad, si en el caso de que alguien entrase en mi casa, esos guardias protectores estarían en segundos a nuestro alrededor protegiéndonos de esas bandas organizadas para robar o hacer daño.
La verdad es que echando una mirada a lo que nos rodea, las cosas no nos dan más pie que a sentirnos indefensos, desprotegidos, candidatos a vivir en una incertidumbre total. Bueno, hay la otra opción, la de no mirar; hay personas que no sé cómo lo hacen pero viven totalmente despreocupados, o dan esa apariencia; son personas que sólo cuando son víctimas de alguna tragedia, es como si se despertasen en ese momento a la realidad de la vida y se preguntan sorprendidos: “¿Es posible que me este sucediendo esto? ¿Estas cosas existen?” A veces se trata de gente que ha sido criada en un ambiente de protección tal que no son realistas, viven en una burbuja y se sorprenden cuando ésta estalla y los descubre desnudos ante la realidad de que existen sufrimientos, injusticias, inmoralidad, dificultades… y que, finalmente, todo acaba en la muerte. Sí, es una perspectiva triste y pesimista de la vida, pero lo menciono porque hay personas que viven en esa situación día tras día. Y no se trata sólo de aquellos que les ha tocado ser protagonistas de las peores condiciones: los refugiados que huyen de las guerras y del hambre; los que viven en auténticas ciudades de chabolas; los que nacen en países subdesarrollados, en medio de guerras fratricidas y de hambrunas fruto casi siempre de esas guerras, a veces alimentadas por países que se enriquecen vendiendo armas y negociando con los alimentos que podrían paliar esas hambrunas inhumanas. Hay personas que viven en esa incertidumbre y viven cerca de nosotros, pasan por nuestro lado, no sabemos quiénes son pero están convencidos que la vida es una carga demasiado pesada.
¿Sabes? La vida sin Dios es muy difícil. Él lo sabe y nos comprende porque ha estado viviendo en medio de nosotros en la persona de Jesús y no lo hizo en la zona rica, sino en la zona pobre, en donde estaban los necesitados y los enfermos, los excluidos de la sociedad, los parias, los pobres, las prostitutas, los leprosos declarados inmundos a los que nadie tocaba y se les pedía que viviesen apartados de la gente, lejos, desechados, despreciados… ¡fuera! Jesús estuvo aquí, comprobando los sufrimientos de la vida, los sufrimientos producidos por el pecado, los sufrimientos derivados de nuestro alejamiento de Dios y lloró con ellos, lloró por las personas, se conmovió ante la presencia de la necesidad, la enfermedad y la muerte… ¿Por qué lloró? Por amor. Y porque nos amó fue odiado, abandonado, escupido, aborrecido, condenado. Él nos comprende bien y sabe que la vida sin Él no tiene propósito ni sentido y por eso desea mostrarnos que nos ama, que quiere liberarnos de nuestras preocupaciones, que ha prometido su compañía y su ayuda y nunca nos va a dejar solos ante todo aquello que se nos presente como una barrera, un obstáculo, para seguir.
Cuando escucho ese anuncio sobre la necesidad de poner una alarma pienso: “Está bien, es una cosa que puede resultar disuasoria para los amigos de lo ajeno, pero el Señor me ha prometido: “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.” (Salmo 34:7).” Cuando veo venir de lejos un problema y automáticamente empieza a agobiarme la ansiedad, recuerdo: “Echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros.” (1 Pedro 5:7), y la echo sobre Él porque sé que tiene cuidado de mí y de mi familia. ¿Te parece ilusorio? No lo es, no hay nada más real que Dios y además nos lo demuestra cada día, sea un día de sol brillante o uno de esos días oscuros, llenos de nubarrones y de tormentas. Descansando en Dios, al final siempre veremos el arcoíris como la firma que certifica su presencia.
Jesús nos entiende y se interesa por cada uno personalmente, quiere, con sinceridad, con transparencia, por amor, ayudarnos y sacarnos de esa incertidumbre. Aún cuando a pesar de todo tememos, sus palabras resuenan fuertemente en medio del viento y de la lluvia: “¿Por qué teméis, hombres de poca fe?”  Yo puedo consolaros, deseo mostraros mi amor, no te voy a abandonar nunca, y si vienes a mí, confiesas tus pecados y me pides perdón, yo voy a perdonarte y a cambiar tu vida, porque precisamente para eso he muerto en la cruz, para pagar por tus pecados, para que te vuelvas a mí y para que tengas una vida con propósito ahora y por siempre.
Esas son las palabras de Dios que encontramos en la Biblia. Yo las he creído y vivo una vida con propósito porque vivo en Él y para Él. Esto no significa que se van a acabar los problemas porque en el mundo siempre los encontraremos, pero lo que sí significa es que ahora los problemas no los voy a afrontar solo: Dios, el creador y Señor de todo, va a estar enfrentándolos conmigo y eso es grandioso, saber que lo hace porque me ama y que por medio de Jesucristo, me ha hecho su hijo.
Tú puedes vivir lo mismo. Pídeselo con sinceridad. Él te va a contestar.

lunes, 29 de octubre de 2018

Respuestas bíblicas

de Editorial La Buena Semilla www.labuenasemilla.net
escudriñar las Escrituras

¿Cómo saber más sobre la vida eterna?

“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

¿Qué dice la Biblia acerca del más allá?

“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

¿Qué se debe hacer para escapar del juicio?

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31).

¿Bastan las buenas obras para obtener la vida eterna?

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia...” (Tito 3:5).

¿Se puede estar seguro de tener la vida eterna?

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13).

¿Acepta Dios a cualquiera, sin tener en cuenta su pasado?

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
“Al que a mí viene, no le hecho fuera” (Juan 6:37).

¿Es posible tener la certeza de que nuestros pecados son completamente perdonados?

“Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
“Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo (Dios) alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Salmo 103:12).

¿Qué sucede con los que aceptan a Jesucristo en su vida?

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55:7).

¿Cómo saber que Dios nos escucha?

“Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:13).
“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3).
“He aquí no se ha acortado la mano del Señor para salvar, ni se ha agravado su oído para oír” (Isaías 59:1).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

sábado, 20 de octubre de 2018

La violencia

violencia, odio, ira, maldad, muerte
Ya desde bien pequeñitos se adivina el germen de violencia en las personas. Observo los juegos de los niños cuando acompaño a mi nieta al parque: rondan los 4 años de vida y ya tienen el mal gesto dispuesto, incluso la bofetada o el empujón cuando las cosas no les vienen dadas a su antojo y si, en un intento de mediar para que reine la paz, les preguntas que ha sucedido, la reacción es unánime: “¡Él me pegó!”. Es el reflejo de la violencia mucho más seria que se vive en el mundo de los adultos.
He leído recientemente el libro “Fariña” y una de las cosas que me ha impresionado es ver como gente humilde, descendientes de pescadores, artesanos, gente ‘corriente’, pueden convertirse en ‘profesionales del contrabando’, narcos, e incluso asesinos por la influencia ambiciosa del poder del dinero y del poder que da el manejar vidas al antojo, sin escrúpulos, sin, por supuesto, pensar ni por un minuto el daño que podemos ocasionar al prójimo. “¡Él me pegó!” sería la reacción unánime a la pregunta: “¿Qué está sucediendo?”.
Un simple repaso a la historia de la humanidad nos deja sin respiración si intentamos calcular cuanta violencia ha habido en el mundo. Desde el terrible día en que Caín mató a su hermano Abel, comprobamos que el corazón humano es egoísta y está prontamente dispuesto para actuar con mal y violentamente ante su prójimo. “Pues del corazón salen los malos pensamientos, el asesinato, el adulterio, toda inmoralidad sexual, el robo, la mentira y la calumnia” (Mateo 15:19, Nueva Traducción Viviente). ¿Del corazón humano? ¿Y se puede erradicar esta enfermedad? Preguntémosle al Médico por excelencia: La Biblia dice: “El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso. ¿Quién realmente sabe qué tan malo es? Pero yo, el Señor, investigo todos los corazones y examino las intenciones secretas.” (Jeremías 17:9-10, NTV). Desde aquel fatídico día en que la humanidad prefirió emanciparse de la compañía divina, Dios se preocupó de su criatura y de su corazón. A través de sus profetas anunció: “Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo.” (Ezequiel 36:26, NTV). ¡Entones sí se puede erradicar esa enfermedad! El Creador ha provisto un cambio. ¿Cómo, si vemos que por generaciones el mundo parece que va enfilado hacia su propia destrucción por no ser capaz de controlar esa ira loca que lo controla? La única solución que hay para cambiar un corazón endurecido es la que Dios da por amor, mediante su Hijo Jesucristo, dando una vida nueva a aquellos que lo aceptan como Salvador, una vida nueva con un corazón nuevo, limpio, renovado, en el que Dios derrama su amor mediante su Espíritu: “Pues sabemos con cuanta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor” (Romanos 5:5, NTV). Sí, con Jesús se puede cambiar, se puede tener una vida nueva marcada por la pureza y el amor. ¡Qué contraste de palabras! Pureza, amor… odio, venganza, violencia, muerte.
“Sí, Señor, quiero ese cambio. Renuévame Señor, no quiero seguir así, deseo ese corazón tierno y receptivo para ver a los que me rodean como personas necesitadas de cariño y de atención; para fomentar la solidaridad, el compañerismo, las buenas formas, el servicio, el civismo. Pero sobre todo, deseo ese cambio para agradecerte lo que has hecho por mí y conocerte cada día un poquito más, mi Dios, mi Rey, mi Señor y Salvador.” Amén.

domingo, 7 de octubre de 2018

Opuestos a Dios

lo normal lo anormal malo bueno
Hace unos años leí la historia siguiente en la hoja del calendario de La Buena Semilla: “Un juez
jubilado, cuyos escritos modificaron las decisiones de la Corte Suprema de su país, hizo el siguiente comentario: Hoy, la mayoría de la gente quiere que “lo que es anormal sea normalizado” y “lo que es normal se vuelva anormal””.
La Biblia predijo esta situación en palabras del profeta Isaías de esta manera: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5:20).
“¡Ay de los que…!” Ya estamos viviendo es esa situación y la palabra de Dios pronuncia un ¡Ay! de aviso, una advertencia divina para aquellos que a lo malo llaman bueno y a lo bueno llaman malo. Es una forma clara y rotunda de ir contra lo que Dios creó o estableció en una oposición frontal contra todo lo que suene a divino, en una actitud egocéntrica y autosuficiente, en una posición que aboca al abismo del caos en el que se está cayendo la sociedad por darle la espalda al Dios santísimo. Por ejemplo, el matrimonio: “Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó. Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella. Reinen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que corren por el suelo… Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!... El hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo.” Muchos siglos después, Jesús corroboró esas palabras contestando a unos fariseos una pregunta relativa al divorcio: “Jesús respondió: ¿No han leído las Escrituras? Allí está escrito que, desde el principio, “Dios los hizo hombre y mujer”. Y agregó: Esto explica porque el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo. Como ya no son dos sino uno, que nadie separe lo que Dios ha unido”. Es en ese marco del matrimonio instituido por Dios “en el principio” de todo, en donde se puede vivir la plenitud de la sexualidad sin embargo, la sociedad actual ha llegado a la conclusión de que la institución del matrimonio se ha convertido en una atadura sofocante y anticuada y por tanto, se inventa muchas posibilidades de matrimonios, diferentes al establecido por Dios, con el único y egoísta objetivo de que “lo importante es que UNO sea feliz”. De nuevo vuelvo a leer la profecía de Isaías, escrita unos 700 años antes de Cristo, por medio de la cual Dios advierte que nuestra sociedad enfermaría desde la cabeza hasta los pies. Alguien me puede reprochar que estas palabras van dirigidas al pueblo rebelde de Judá, y es verdad, pero pueden analizar las palabras de este mensaje y ver en qué se diferencia ese pueblo de la sociedad actual, y donde pone ‘pueblo de Judá’, pongan ‘sociedad actual’ y verán a quién van dirigidas: “¡Escuchen oh cielos! ¡Presta atención, oh tierra! Esto dice el SEÑOR: Los hijos que crié y cuidé se han rebelado contra mí. Hasta un buey conoce a su dueño, y un burro reconoce los cuidados de su amo, pero Israel no conoce a su amo. Mi pueblo no reconoce mis cuidados a su favor. ¡Qué nación tan pecadora, pueblo cargado con el peso de su culpa! Está lleno de gente malvada, hijos corruptos que han rechazado al SEÑOR. Han despreciado al Santo de Israel y le han dado la espalda. ¿Por qué buscar más castigo? ¿Se rebelarán para siempre? Tienen la cabeza herida y el corazón angustiado. Desde los pies hasta la cabeza, están llenos de golpes, cubiertos de moratones, contusiones y heridas infectadas, sin vendajes ni ungüentos que los alivien. Su país yace en ruinas y sus ciudades han sido incendiadas. Los extranjeros saquean sus campos frente a sus propios ojos y destruyen todo lo que ven a su paso. La hermosa Jerusalén está abandonada como el refugio del cuidador en un viñedo, como la choza en un campo de pepinos después de la cosecha, como una ciudad indefensa y sitiada. Si el Señor de los Ejércitos Celestiales no hubiera perdonado la vida a unos cuantos entre nosotros, habríamos sido exterminados como Sodoma y destruidos como Gomorra. Escuchen al Señor, líderes de “Sodoma”. Escuchen la ley de nuestro Dios, pueblo de “Gomorra””. (Isaías 1:2-10).
La sociedad con todas sus herramientas se ha encargado de orientar a todo el mundo hacia la perversión sexual, la violencia y la anarquía, de manera que las relaciones normales, el respeto a la ley y el valor de la vida son atacados por todas partes.
Vivir opuestos a Dios es una constante desde la entrada del pecado en el mundo (Génesis 3), sin tener en cuenta la soberanía, la sabiduría y la perfección del Dios de los cielos. Pero hay un pueblo diferente, apartado (santificado) por Dios mismo, “un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrara otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa. Antes no tenían identidad como pueblo, ahora son pueblo de Dios. Antes no recibieron misericordia, ahora han recibido la misericordia de Dios”. Los cristianos obedecen la palabra de Dios y deben separarse de todo lo que signifique desobedecer las leyes divinas. Cuando la palabra de Dios dice: “No amen a este mundo ni las cosas que les ofrece” (1 Juan 2:15), no está poniendo sobre aviso respecto a lo que haya en el mundo que nos pueda atraer y embaucar en sus redes porque en muchas ocasiones, estas cosas se oponen al amor, la paz y el gozo que hayamos junto a Dios, hoy y por toda la eternidad.