Ayer ha sido un día especial en
nuestro país, se celebraba el sorteo de lotería de Navidad, una “cantinela” que
recuerdo desde siempre por estas fechas y que machaconamente repite cientos de
veces la palabra “euros” (antes era “pesetas”) que a mí me suena a una especie
de rezo cantado y repetido para gozo y deleite del dios de este mundo “don
Dinero”.
Luego, en los informativos, se
repiten las imágenes de los “afortunados” ganadores, abriendo botellas de cava,
esparciendo éste sobre los sonrientes e histéricos coristas que rodean al
sufrido reportero, y repitiendo ante la cámara la lista de parientes y amigos a
los que les ha “repartido” su número agraciado. En el tiempo que nos está
tocando vivir, con tanto paro laboral y con la presión añadida de la crisis
económica, es agradable ver la felicidad espontánea que traen estos premios
entre los más necesitados y nos congratulamos unos a otros repitiéndonos las
frases de todos los años: “ Al menos le ha tocado a gente necesitada…, a
trabajadores en paro…, a algún inmigrante en apuros…, estos premios están muy
repartidos…” Y por unos instantes, parece que la justicia ha actuado sin mirar
categorías…, al menos hasta el próximo noticiario.
Pero hay una frase que he oído ya
varias veces en la radio, que me golpea como si de un directo al mentón se
tratase y que, creo, ha sido la chispa que me ha impulsado a escribir esta
meditación. El locutor dice muy convencido: “… y este sorteo marca el inicio de
la Navidad… ¡ahora sí! ¡ya estamos en Navidad de lleno! Hoy se da el banderazo
de salida a estas fiestas que en nuestro país finalizan el día 6 de Enero “el
día de Reyes.”
