“Y la lengua es un fuego; es un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y es la que contamina el cuerpo entero. Prende fuego al curso de nuestra vida, y es inflamada por el infierno.” (Santiago 3:16).
Esta definición tan dura viene a
continuación del ejemplo gráfico del potencial devastador que puede tener ¡una
cerilla! Y el escritor recuerda: ¡Mirad
como un fuego tan pequeño incendia un bosque tan grande! Y la lengua es un
fuego…
Me entristece ver como este
pequeño miembro se ha hecho la protagonista de muchas horas en la televisión,
horas cargadas de veneno, de odio, de celos, de maldad, horas que sus
seguidores aspiran imperturbables con avidez, regodeándose, celebrando las
malignas ocurrencias de sus dueños, otras veces lamentando ¡a lo que hemos
llegado! pero sin apartar la vista (y el oído) de tan lamentable espectáculo,
como si tuviesen necesidad de llenar un espacio de su vida con ese despliegue
de brutalidad. Hace unos pocos años, el imaginar que este tipo de discusiones chabacanas
llegaría a batir audiencias, se me antoja impensable. Pero ¡a eso hemos
llegado! Se le ha dejado rienda suelta y, como el fuego, avanza inexorablemente
descontrolada y haciendo daño por donde pasa. “… es un fuego, un mundo de maldad…” Cuánto pueden dañar nuestras
palabras a quienes nos rodean. El escritor inspirado lo sabe y por eso nos
avisa y amonesta: “Si alguno no ofende en
palabra, éste es hombre cabal, capaz también de frenar el cuerpo entero.”
Un hombre cabal. Pocas veces se oye esta expresión en estos tiempos. Un hombre
cabal es un hombre equilibrado, disciplinado. Si este hombre es capaz de
controlar su forma de hablar, puede también controlar su vida en cualquier otra
área de su vida. Siempre que sale alguien así como protagonista de una
película, termina cayendo bien a los espectadores, causa admiración y me
acuerdo de aquel Kung Fu, interpretado por David Carradine en los años 70, una
mezcla de asiático y americano de pocas palabras pero sabias porque había sido
enseñado a mantener el control de sus actos ¡y de su lengua! ¡Como me gustaba
aquella serie! ¿Cuál era la diferencia que más resaltaba en aquel personaje con
respecto a sus rivales? Pues precisamente en que la mayoría de los enemigos que
se encontraba en su azarosa vida eran unos botarates en modales y educación.

