lunes, 21 de octubre de 2019

Ya, aunque todavía no

relación con Dios, nuestro Creador, el dador de la vida
“Que toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es por su gran misericordia que hemos nacido de nuevo, porque Dios levantó a Jesucristo de los muertos. Ahora vivimos con gran expectación y tenemos una herencia que no tiene precio, una herencia que está reservada en el cielo para ustedes, pura y sin mancha, que no puede cambiar ni deteriorarse. Por la fe que tienen, Dios los protege con su poder hasta que reciban esta salvación, la cual está lista para ser revelada en el día final, a fin de que todos la vean.
Así que alégrense de verdad. Les espera una alegría inmensa, aunque tienen que soportar muchas pruebas por un tiempo breve. Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo.
Ustedes aman a Jesucristo a pesar de que nunca lo han visto. Aunque ahora no lo ven, confían en él y se gozan con una alegría gloriosa e indescriptible. La recompensa por confiar en él será la salvación de sus almas.” (1 Pedro 1:3-9)
Hace unos días leía este pasaje en mi tiempo de devoción, ese tiempo que dedico a leer un pasaje de la Biblia para escuchar a Dios hablar a través de Ella y luego, por medio de la oración, puedo hablar yo con Dios, sabiendo que Él está atento a las oraciones de quienes le aman y le adoran. Y como ha sido un pasaje que a mí me ha bendecido, he pensado que seguramente puede bendecir a otros, tal vez a ti que estás leyendo este blog en este momento. 
¿Qué es lo que más me ha impactado? El pensar que estas palabras me muestran una de las más maravillosas declaraciones de lo que solo la gracia de Dios puede hacer.
El autor de estos textos, el apóstol Pedro, hace un repaso de lo que ha pasado en la vida del creyente desde el primer instante en que “nace de nuevo”: reconoce que esa transformación, lo que el Nuevo Testamento llama nacer de nuevo (Juan 3:3ss), solo puede ser debido a la gran misericordia de Dios, a su compasión, al amor que tiene para cada uno de nosotros, a su deseo de que nadie se pierda, que nadie sea condenado. Y la prueba de que hemos nacido de nuevo como nos anunció Jesús, es la verificación de que sus palabras son verdad y se cumplen, la prueba está en su resurrección de los muertos: anunció que moriría, y que resucitaría al tercer día, y así fue. 
Los creyentes que estamos en esa maravillosa relación con Jesucristo, estamos entre el “Ya” y el “Todavía no”. ¿Qué significa esto? Lo vemos bien si repasamos los versículos 8 y 9: “Ustedes aman a Jesucristo (Ya) a pesar de que nunca lo han visto (Todavía No). Aunque ahora no lo ven (Todavía No), confían en él y se gozan con una alegría gloriosa e indescriptible (Ya). La recompensa por confiar en él será la salvación de sus almas (Ya).” Si esta declaración no estuviera cimentada en el hecho más importante del universo que podamos considerar, sería para pensar que los creyentes, que hacemos esto, estamos ‘locos’.
Sin embargo, no estamos locos, porque estos versículos nos llevan a lo que produce la motivación más profunda en nuestro corazón como hijos de Dios, algo que ha conectado nuestro más profundo amor, creencia, gozo y fe en lo que nunca hemos visto ni tocado. Algo que ha puesto la esperanza y los sueños de nuestra vida en Alguien invisible. Y sin embargo, la relación con Él es el amor que altera nuestra vida porque cuando pensamos en Él, experimentamos gozo, un gozo tan profundo que no puede ser expresado, solo sentido en lo más profundo de nuestro ser.
La existencia, el carácter y el plan de Dios para con los hombres, es el más grande acontecimiento de la existencia del hombre; es el hecho que le da significado a todo lo demás: sin Él, nada tiene sentido.
Los creyentes no estamos locos por creer a quien no hemos visto ni oído ni tocado personalmente; lo único que hemos hecho ha sido abrir la puerta de nuestro corazón a lo más importante que el corazón puede alcanzar: la relación con Dios, nuestro Creador, el dador de la vida, nuestro Salvador, nuestro Padre: “pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.” (Juan 1:12).
Esto es lo que hace la gracia, el favor inmerecido de Dios: Nos rescata de nuestra ceguera espiritual y nos libera de nuestro pequeño y limitado razonamiento y de nuestro afán materialista. Esa maravillosa gracia divina nos da la fe para estar profundamente seguros de lo que no podemos ver (Todavía No). Nos conecta con Dios que es invisible, porque Dios es Espíritu y nadie lo puede ver, sin embargo esa gracia salvadora permite que tengamos una relación con Él, en amor, no cualquier amor sino el amor eterno de Dios, lo que nos llena de un gozo real que nunca antes habíamos experimentado y da un descanso a nuestros corazones que nunca creímos que sería posible.
Tenemos a un Padre celestial que nos recuerda por medio de Su Palabra que la gracia ha hecho cosas maravillosas por nosotros y sigue haciéndolas.
Amén.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Amor de Padre - Inspiradora historia de la vida real

Breve biografía de los Hoyt
Esta historia comenzó en Winchester, Massachusetts, cuando nació Rick Hoyt (1 junio 1940).
De alguna manera se le enredó el cordón umbilical alrededor de su cuello, dañando su cerebro y sus extremidades.
Los doctores le dijeron a los padres de Rick que iba a ser un vegetal para el resto de su vida. Pero Dick Hoyt, el padre de Rick, notó la manera en que los ojos de Rick le siguieron por la habitación y en ese momento inició su esperanza.
Cuando Rick cumplió 11 años de edad, lo llevó al departamento de ingeniería en la Universidad Tufts y preguntó si había algo para ayudar al niño a comunicarse. -”De ninguna manera,” le respondieron “no ocurre nada en su cerebro.”
“Cuéntale un chiste,” Dick le dijo a uno de los ingenieros de la Universidad. Lo hicieron. Rick sonrió.
Resultó que mucho ocurría en su cerebro. Lograron crear un sistema en el que a través de un equipo, le permitió controlar el cursor al tocar un interruptor con el lateral de la cabeza, Rick finalmente pudo comunicarse, escribiendo a través del computador. Sus primeras palabras: “¡arriba Bruins!” (Un famoso equipo de hockey sobre hielo).
Después de un tiempo escuchó que un joven de secundaria había quedado paralizado en un accidente y la escuela organizó un maratón de caridad para él; Rick logró escribir a su padre: “Papá, quiero participar”.
“Sí claro” dijo el papá de Rick de una manera sarcástica. “Jamás he corrido más de una milla seguida, ¿cómo voy a empujar a mi hijo cinco millas?”   Sin embargo, lo intentó.  Después de la carrera, “parecía yo el minusválido, durante dos semanas estuve dolorido como nunca antes” dijo Dick.
Ese día cambió la vida de Rick por completo. “Papá,” le escribió, en el monitor “cuando estábamos en la carrera, pude sentir como si ya no fuese más discapacitado”.
Y esa frase cambió la vida de Dick. A partir de ese momento se propuso darle a Rick ese sentimiento tan a menudo como pudiera. Logró desarrollar una condición física lo suficientemente fuerte, hasta el punto de que él y Rick estaban dispuestos a intentar la Maratón de Boston en 1979.
“De ninguna manera”, se le dijo a Dick.  “Los Hoyt’s no eran un solo corredor”, y “que esta no era una carrera para gente en silla de ruedas”. Así que, los primeros años, Rick y Dick sólo se unían a la carrera de forma extra oficial, corriendo de todos modos con el resto de la gente, sin ser parte ‘formal’ del evento.
Unos años después, encontraron la manera de entrar en la carrera oficial: En 1983, corrieron en otro maratón tan rápido que lograron hacer el tiempo requerido para clasificarse en la carrera de Boston del año siguiente.
Entonces alguien dijo: “Oye, Dick, ¿por qué no un triatlón?”
“¿Cómo es que un tipo, que nunca aprendió a nadar y no ha andado en bicicleta desde que tenía seis años, iba a arrastrar a su hijo de 110 libras a través de un triatlón?”
Sin embargo, Dick Lo intentó por su hijo.
A día de hoy han hecho 212 triatlones, incluyendo cuatro agotadoras competiciones de 15 horas en la famosa carrera de Ironman en Hawai.
Con 65 y 43 años, Dick y Rick terminaron su 24 Maratón de Boston, llegando en la posición número 5083, en una carrera donde corren más 20.000 participantes. ¿Su mejor momento? Dos horas y 40 minutos en 1992 - sólo a 35 minutos del récord mundial, que, si te pones a pensar sobre este record: fue hecho por una persona que  empujaba a otro hombre en una silla de ruedas.
“Así como el pastor carga a un cordero, Yo te cargo a tí cerca de mi corazón…” Isaías 40:11

Para realmente apreciar la grandeza de esta historia de amor, te invitamos a ver el siguiente vídeo… Se presenta aquí, cortesía de YouTube.

sábado, 24 de agosto de 2019

¿Qué está haciendo Dios en tu vida?

Dios nos da eterno consuelo y buena esperanza
Hay un pasaje en la Biblia en el que podemos ver resumida la obra de Dios en nuestra vida: “Y el mismo Señor nuestro Jesucristo, y nuestro Padre Dios quien nos amó y por gracia nos dio eterno consuelo y buena esperanza, anime vuestros corazones y os confirme en toda obra y palabra buena.” (2 Tesalonicenses 2:16-17).
En primer lugar leemos que es el mismo Dios Padre quien nos da eterno consuelo a nuestros corazones. La frase en sí, ya nos “llena” simplemente al pensar que el Dios Creador, Omnipotente y Santo se preocupe de consolarnos; se llena el corazón de agradecimiento ante una bendición semejante, sin medida (eterna), personalizada en cada uno de sus hijos. Es una labor más de Su gracia que derrama Su consuelo de una manera efectiva y práctica a pesar de nuestro pecado, y gracias a la obra perfecta y completa de Jesucristo que se ofreció para redimirnos, pagando el precio de nuestro castigo merecido, que nos ha llevado de la mano a una relación eterna con Él, con el Dios infinito y supremo, nosotros criaturas débiles y pequeñas, le pertenecemos, somos suyos al precio de la sangre de Jesucristo, nunca, y digo nunca, nos dará la espalda ni tendremos que temer su ira escondiéndonos avergonzados ya que nunca nos recordará nuestro pecado, el cual impedía esa relación y hacía imposible que pudiésemos acceder a su presencia terrible y majestuosa. Es más, tenemos promesas suyas dirigidas a bendecirnos y todo gracias a que nuestra nueva posición de reconciliación en Él no está basada en nuestros logros, ni en nuestra conducta, sino en la conducta perfecta de Su Hijo.
¡Que hermosas palabras! Nos amó y nos dio eterno consuelo y buena esperanza. Nada menos que la esperanza de una vida terna en Su presencia, conociendo a Jesús y conviviendo con Él, teniendo toda la eternidad para hablar con Él, preguntarle, intimar, conocerle más y más hasta quedar saciados de tanta sabiduría, ternura, amor y belleza incomparable del eterno Hijo de Dios, nuestro salvador, redentor, amigo, hermano…
Siguiendo el texto de Tesalonicenses, vemos una segunda labor que Dios está haciendo en la vida de sus santos: “…os confirme en toda obra y palabra buena.” Es el resumen y la definición de las consecuencias de la obra de transformación que Dios efectúa en nuestras vidas por medio del Espíritu Santo, de manera que, en Su gracia, Dios transforma nuestros corazones para que en nuestras palabras y obras vivamos cada día como a Él le agrada, obedeciendo sus estatutos. De manera que somos transformados por gracia, la gracia de Dios de quien mana todo el proceso de elección, redención, salvación, reconciliación para aquellos que en otro tiempo vivimos de espaldas a Él. ¡Cómo no va a animar esto nuestros corazones! Es muchísimo más de lo que podíamos esperar y merecer, de manera que una vez más reconocemos que solo podemos saborear los bordes de la Gracia de Dios y que es mucho lo que en Su misericordia, nos queda por disfrutar por su bondad en base a la cruz de Cristo de donde sale el mensaje más consolador y las promesas más poderosas para transformar nuestra vida.
Gracias Señor.

lunes, 19 de agosto de 2019

Un regalo de Dios

fe
Ya he escrito otras veces sobre la fe; esto no dice nada porque la fe es un tema que llena miles de páginas según cómo se quiera enfocar, afrontar, estudiar, analizar.
Como ya he hecho en otras ocasiones, empiezo con la mejor definición sobre la fe que conozco que es la que se encuentra en la carta a los Hebreos en la Biblia, en el capítulo 11 llamado de “los héroes de la fe”: “La fe es la constancia de las cosas que se esperan, la comprobación de los hechos que no se ven.” La versión de la Biblia Reina Valera de 1960 la define así: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” El escritor define la fe como una conclusión de lo que ha hablado en los capítulos anteriores sobre Jesucristo, su revelación, como Autor de la salvación, como superior a Moisés representante de la Ley; como sumo sacerdote superior a todos los sumos sacerdotes que le precedieron y como valedor de un pacto superior a todos los pactos registrados; como Autor y víctima del sacrificio perfecto, completo, final y útil para poder tener acceso a Dios. Todas estas cosas sobre Jesucristo nos revelan una Obra suprema de Salvación que invitan al Autor de esta carta y a nosotros, lectores, a llegar a la puerta de las conclusiones y las decisiones sobre todo lo revelado y, en sus palabras, nos invita: “Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Retengamos firme la confesión de la esperanza sin vacilación, porque fiel es el que lo ha prometido.” En otras palabras, creamos lo que Dios ha hecho por nosotros en la persona del Señor Jesucristo porque, Dice Dios: “Mi justo vivirá por fe”, o sea, la fe es necesaria para creer en lo que Dios ha hecho y ha prometido, de manera que podamos perseverar y seguir adelante confiando en Él hasta el final, como dice al final del capítulo 10: “Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma.”
¿Somos así? ¿Tenemos la certidumbre de las promesas de Dios? ¿Tenemos confianza en el poder de Dios? Por eso el escritor dice a continuación: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera…”, porque el que tiene fe cree en todas las cosas de las que en la Biblia se habla sobre Dios, Jesucristo y la obra del Espíritu Santo en los corazones de las personas.
Pero, ¿es todo esto normal, fácil de asimilar o es que mi capacidad de comprensión es tan pequeña que no puedo por menos que poner en duda todas estas cosas y tener dolor de cabeza si trato de asimilarlas y digerirlas? Efectivamente, la fe no es normal para ti, para mí, para ninguno, por eso la fe es un regalo de Dios: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios;” (Efesios 2:8). Tiene que ser un regalo de Dios porque la fe no es algo normal que tengamos dentro de nuestras capacidades, es algo antinatural tener fe en Dios a quien no vemos ni oímos ¿cómo vamos a creer encima, en sus promesas que, desde nuestro pobre punto de vista, parecen increíbles? Hay muchas cosas que consideramos ‘normales’ porque las tenemos ahí, convivimos con ellas todos los días, como el miedo, nuestros pensamientos, deseos, anhelos, dudas, envidias manipulaciones… Es normal buscar trabajo y tenerlo, comprar, conseguir comida, sufrir, la enfermedad, la desmoralización, el optimismo y el pesimismo y todas las cosas con las que vivimos y luchamos diariamente que consideramos ‘normales’, pero ¿la fe en Dios? Es Dios mismo en su gracia y misericordia el que no da la fe y el poder para creer y no solo eso, Él actúa de manera que en nuestra relación con Él, vamos siendo transformados y moldeados de manera que podemos llegar a considerar totalmente normal que es Él un Dios activo, vivo, cercano y, encima, galardonador de los que le buscan, porque sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe y que es galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:6).
Es verdad que nuestra fe es a veces muy pequeña, débil y frágil, no obstante, a través de la historia hemos conocido grandes hombre y héroes de la fe, ahí tenemos la relación de Hebreos 11, pero también Jesús reconoció que “si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este momento: “Pásate de aquí, allá; y se pasará. Nada os será imposible.” (Mateo 17:20). Por eso en los momentos más difíciles de nuestra vida, la fe nos ayuda a recordar que Dios siempre está a nuestro lado, aunque, por las circunstancias, lleguemos a dudar y a pensar que nos ha olvidado; en muchas ocasiones obra de esta manera para que aprendamos a depender de Él y no de nuestras fuerzas, conocimiento, experiencia y recursos. Él nos va a ir transformando en personas de fe, pero una fe radical en Dios, el Todopoderoso creador para quien no hay nada imposible o difícil de hacer, sabiendo que por Su bendita Gracia, nosotros somos su barro en manos del Alfarero (Romanos 9:20 ss.), de manera que no va a sacarnos de Su taller de alfarería hasta que nos haya transformado en personas que creen sin dudar.

lunes, 8 de julio de 2019

¿Existe el infierno?

juicio justo de Dios
Básicamente hay dos respuestas a esta pregunta: Los que dicen que no, que en el siglo en que estamos eso ya no cabe nada más que en la imaginación calenturienta de algunos que se han quedado estancados en la Edad Media, época en la que la poderosa Iglesia se lo inventó para aterrorizar a las gentes y así, por miedo, asistiesen a las misas y aportasen dinero para salvar sus almas de tan terrible lugar, y los que dicen que si porque creen en quien más hablado de él: Jesús, como así se puede comprobar en los Evangelios que encontramos en la Biblia. ¿Por qué Jesús ha hablado tanto del infierno? Porque Jesús hablaba sin rodeos, directamente, y cuando explicaba el destino final de las personas no salvas, sus palabras eran contundentes: “Luego el Rey se dirigirá a los que estaban situados a su izquierda y dirá: “¡Fuera de aquí, ustedes los malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus demonios!... Y ellos irán al castigo eterno, pero los justos entrarán en la vida eterna.” (Mateo 25:41 y 46). Para que los que escuchaban se hicieran una idea gráfica de cómo sería ese lugar destino de los condenados, Jesús hacía referencia a “la gehenna” (en griego géenna), un lugar que se situaba al sur de Jerusalén, en el valle de Hinnom, lo que hoy llamaríamos un basurero, donde ardía permanentemente la basura de la ciudad y los residuos de animales muertos, un lugar de muy mala fama porque en tiempos del Antiguo Testamento en ese valle se habían hecho sacrificios humanos en los templos de ídolos como Molok o Baal, por lo que estaba considerado como un lugar maldito, de manera que era un lugar al que se hacía referencia en la literatura apocalíptica para describir al lugar de tormento al que irán a parar los condenados en el Juicio Final. Jesús, que como digo era muy claro y directo hablando, declaró que era preferible perder un pie o una mano o un ojo a ser arrojado a la gehena: “¡Qué aflicción le espera al mundo, porque tienta a la gente a pecar! Las tentaciones son inevitables, ¡pero qué aflicción le espera al que provoca la tentación! Por lo tanto, si tu mano o tu pie te hace pecar, córtatelo y tíralo. Es preferible entrar en la vida eterna con una sola mano o un solo pie que ser arrojado al fuego eterno con las dos manos y los dos pies. Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo y tíralo. Es preferible entrar en la vida eterna con un solo ojo que tener los dos y ser arrojado al fuego del infierno.” (Mateo 18:7-9).
Por la información que encontramos en la Biblia, concretamente en el Nuevo Testamento, podemos decir que el infierno es un lugar y un estado de sufrimiento, de tinieblas y, obviamente, excluido del reino. Las imágenes que nos llegan de la imaginación medieval, son obra de la imaginación de su autor; las figuras relativas al infierno deben interpretarse en sentido figurado aunque todas nos dan a entender que se trata de un lugar temible principalmente porque allí Dios no estará por lo que las fuerzas del mal podrán desahogarse sin nadie que les frene.
No tenemos detalles, como los pintores medievales imaginaron, de cómo serán los sufrimientos infernales; sí nos podemos hacer una idea de que los psicológicos serán muy dolorosos: Remordimiento de conciencia, pesadumbre y tristeza por reconocer que Dios existe, que la salvación de Jesucristo es real y que tanto una cosa como la otra han sido rechazadas, a lo mejor, en algunos casos, muy claramente; tortura de tener que vivir en un lugar tan desapacible, tan oscuro, tan triste y tan lleno de pecado en su pura esencia; vivir siempre sin esperanza de nada mejor, sin opción de arrepentirse... Solo Dios sabe cómo será el infierno, pero, desde luego, su deseo de amor es que nadie sea condenado: “No es que el Señor sea lento para cumplir su promesa, como algunos piensan. Al contrario, es paciente por amor a ustedes. No quiere que nadie sea destruido; quiere que todos se arrepientan.” (2 Pedro 3:9). “No quiere que nadie sea destruido”, da que pensar, se puede interpretar de muchas maneras, otras traducciones dicen: “no queriendo que ninguno perezca”, lo que nos revela el deseo profundo de Dios es que la mayoría se salven, pero los rebeldes desprecian su paciencia, rechazan su salvación y además lo hacen intencionadamente, muchos vanagloriándose de su elección: “Saben bien que la justicia de Dios exige que los que hacen esas cosas merecen morir; pero ellos igual las hacen. Peor aún, incitan a otros a que también las hagan.” (Romanos 1:32).
Ante esta revelación bíblica de la realidad de la existencia del infierno, algunos han inventado teorías que niegan rotundamente la doctrina del infierno; no voy a mencionar todas, pero sí haré referencia de las dos más conocidas: el universalismo y la aniquilación final. La teoría del universalismo es quizá la más conocida, especialmente por lo de bueno que tiene para aquellos que no quieren rendir cuentas ante Dios. Básicamente defiende la idea de que finalmente todo el mundo se salvará: Dios es bueno y misericordioso y, en un acto final de misericordia, salvará a todos los seres humanos que han vivido en este mundo. Esta creencia ya era defendida en el siglo III por Orígenes ampliándola hasta el punto de que incluyó en esa salvación universal al diablo y sus ángeles, después de pasar por un período de castigo proporcional a lo reprobable de sus hechos. Esta doctrina fue condenada en el concilio de Constantinopla (543 d. C.), aunque resurgió en la Edad Media, también en tiempos de la Reforma y desde mediados del s. XVIII ha ido siempre en aumento. Algunos de los argumentos razonados, por supuesto, con nuestra pequeña mente humana, dicen que si Dios es justo, no es moralmente creíble que los pecados cometidos a lo largo de algunos años en esta vida acarreen un horrible castigo que no tenga fin. Y por otro lado, nosotros, los creyentes, no podremos ser felices sabiendo que millones de semejantes están sometidos a sufrimiento perpetuo. No deja de ser verdad que estos razonamientos nos producen desasosiego, no cuesta imaginar un tormento continuo y eterno. Los universalistas buscan también textos bíblicos en los que apoyar su teoría; unos de los preferidos es Hechos 3:21.- “Él [Jesucristo] debe permanecer en el cielo hasta el tiempo de la restauración final de todas las cosas…” Se dice que “la restauración final de todas las cosas” incluye a los seres humanos condenados en el juicio final, aunque obviamente no es eso de lo que está hablando este texto en su contexto ya que dicha restauración no dice nada de la reconciliación de los condenados con Dios y su salvación final; ningún pasaje de la Biblia menciona eso.