sábado, 2 de marzo de 2013

AGNÓSTICO

“¿Es usted creyente o ateo? – Ni una cosa ni la otra, soy agnóstico”

creación prueba existencia de Dios

Es bastante corriente oír este comentario. ¿Qué significa ser agnóstico? En términos muy genéricos y sencillos una persona se denomina agnóstica porque cree que no puede opinar nada sobre temas de religión, no se declara creyente pero tampoco puede afirmar que sea ateo aunque en el fondo, nieguen la existencia de Dios basándose en que todo lo que pertenece al ámbito espiritual es inaccesible al entendimiento humano pues va más allá de los resultados de los experimentos, más allá de la ciencia.
Según leo en la Wikipedia, el agnosticismo designa corrientemente la actitud que considera fútil toda manifestación metafísica y, en sentido estricto, se aplica a todas las doctrinas filosóficas que, aparte de sus diferencias, admiten la existencia de una realidad absoluta y trascendente, incognoscible por naturaleza: el positivismo, el evolucionismo, el relativismo y, en cierto sentido, el criticismo kantiano.

La palabra viene del griego α-, a-, ‘sin’; y γνώσις, gnōsis, ‘conocimiento’. Es importante que no debe confundirse con gnosticismo, un movimiento religioso que tuvo su apogeo a mediados del siglo II siendo una auténtica amenaza para el cristianismo, dándoles mucho trabajo al apóstol Pablo y muy especialmente al apóstol Juan quien combate este movimiento en sus cartas.

lunes, 25 de febrero de 2013

¡RECHAZADO!

No me gusta nada que me rechacen. ¿Y a quién le gusta?

rechazar desprecio desechar aborrecer
En general empleo tiempo y esfuerzo en medios para no ser rechazado. Me gusta caerle bien a la gente. Soy extrovertido por naturaleza y disfruto conociendo gente y escuchar sus historias. Por eso llevo muy mal el rechazo, las “malas caras”, las malas miradas o las miradas desconfiadas. Me gusta ser afable con las personas y llevo muy mal la mala educación, el anti-civismo dominante o las malas formas ante una actitud de amabilidad o cortesía.
Sin embargo, es un riesgo que corremos los cristianos. Es fácil ser rechazados por lo que creemos o por la fe que profesamos. Es curioso. No me había dado cuenta hasta hoy, mientras leía mi meditación diaria, de que Jesús fue una víctima continua del rechazo. Empezó sufriéndolo en su mismo pueblo, por su creación, por lo que es suyo por naturaleza: “A lo suyo vino, pero los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Luego ese rechazo fue extensible a sus mismos discípulos: “Desde entonces, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Jn.6:66). Preferían rechazarle ante la espada de sus palabras que los obligaba a comprometerse con Él responsablemente. Es verdad que este rechazo estaba profetizado: “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la principal del ángulo” (Salmo 118:22). “Fue despreciado y desechado por los hombres, varón de dolores y experimentado en el sufrimiento. Y como escondimos de él el rostro, lo menospreciamos y no lo estimamos” (Isaías 53:3). Jesús era rechazado porque no era conforme a las ideas y a los gustos que reinan en la humanidad. Si él fue rechazado así ¿qué podemos esperar sus seguidores? Pedro escribió sobre este desprecio a Jesús: “La Piedra Viva, que fue ciertamente rechazada por los hombres, pero delante de Dios es elegida y preciosa…” y “De manera que, para vosotros que creéis, es de sumo valor; pero para los que no creen: La piedra que desecharon los edificadores, ésta fue hecha cabeza del ángulo, y piedra de tropiezo y roca de escándalo.” ¿No nos alienta su sufrimiento? Él, que es el Señor de todos, fue desechado y no le tuvieron en nada, amontonaron desprecio sobre él. El Padre, al resucitarle, le exaltó para ser la cabeza de la Iglesia, Piedra principal del ángulo sobre la que se sustenta todo el Edificio, bien coordinado y firme.

domingo, 24 de febrero de 2013

MENTIRAS

La mentira se ha adueñado de nuestras vidas influenciando en todo.

Satanás es mentiroso y padre de mentira.

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Esta semana escuchaba esta frase en un contertulio en la radio: “Se han dicho muchas mentiras”. El tema del que estaban tratando era la corrupción y el descrédito en el que está viviendo la llamada clase política y ese comentario me hizo pensar hasta qué punto la mentira se ha adueñado de nuestras vidas influenciando en todo y cómo lo ha hecho sutilmente, colándose sin demasiado ruido, pero siendo el embrión de la deshonestidad y malas mañas que ambientan el devenir diario en esta situación de incertidumbre y desconfianza que nos toca vivir.
Hay un texto en el Salmo 116 que dice: “Y dije en mi apresuramiento: Todo hombre es mentiroso”. Aunque la expresión fue dicha con “apresuramiento”, como poco meditada, la razón es porque el escritor está viviendo una situación difícil, a vida o muerte, tiene que clamar a Dios por si situación desesperada y Dios le responde y es en ese contexto cuando, recordando lo que le ha llevado a esa situación, se da cuenta que la confianza indebida en las personas nos hace llegar a esas conclusiones, sobre todo cuando por medio hay una situación trágica que produce que nuestro espíritu este trastornado y presuroso y, buscando salida, encontramos lo infieles que son los hombres en general.
Una afirmación similar la leemos en el capítulo 3 de la carta a los Romanos: “Antes bien, sea Dios veraz, aunque todo hombre sea mentiroso, como está escrito: para que seas justificado en tus palabras y venzas cuando seas juzgado.” Esta respuesta es consecuencia de la pregunta del texto anterior: “¿Acaso podrá la infidelidad de ellos invalidar la fidelidad de Dios? ¡De ninguna manera!” No hay duda respecto a la primera afirmación: La verdad absoluta y completa está en Dios. La mentira está en la condición del hombre que es infiel y rompe con las demandas de Dios en lugar de perseverar en ellas. En este contexto de la infidelidad del hombre, que es en el que se está desenvolviendo David en su salmo, y con respecto a la mentira en el hombre, ninguno podemos quedar excluidos ya que todos hemos transgredido la voluntad de Dios, o sea, todos hemos pecado (vs.23). Este es el gran contraste que encontramos en estos pasajes: frente a la mentira de los hombres está la fidelidad inquebrantable de Dios.

lunes, 11 de febrero de 2013

¡Es un fuego!

“Y la lengua es un fuego; es un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y es la que contamina el cuerpo entero. Prende fuego al curso de nuestra vida, y es inflamada por el infierno.” (Santiago 3:16).

Esta definición tan dura viene a continuación del ejemplo gráfico del potencial devastador que puede tener ¡una cerilla! Y el escritor recuerda: ¡Mirad como un fuego tan pequeño incendia un bosque tan grande! Y la lengua es un fuego…
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Me entristece ver como este pequeño miembro se ha hecho la protagonista de muchas horas en la televisión, horas cargadas de veneno, de odio, de celos, de maldad, horas que sus seguidores aspiran imperturbables con avidez, regodeándose, celebrando las malignas ocurrencias de sus dueños, otras veces lamentando ¡a lo que hemos llegado! pero sin apartar la vista (y el oído) de tan lamentable espectáculo, como si tuviesen necesidad de llenar un espacio de su vida con ese despliegue de brutalidad. Hace unos pocos años, el imaginar que este tipo de discusiones chabacanas llegaría a batir audiencias, se me antoja impensable. Pero ¡a eso hemos llegado! Se le ha dejado rienda suelta y, como el fuego, avanza inexorablemente descontrolada y haciendo daño por donde pasa. “… es un fuego, un mundo de maldad…” Cuánto pueden dañar nuestras palabras a quienes nos rodean. El escritor inspirado lo sabe y por eso nos avisa y amonesta: “Si alguno no ofende en palabra, éste es hombre cabal, capaz también de frenar el cuerpo entero.” Un hombre cabal. Pocas veces se oye esta expresión en estos tiempos. Un hombre cabal es un hombre equilibrado, disciplinado. Si este hombre es capaz de controlar su forma de hablar, puede también controlar su vida en cualquier otra área de su vida. Siempre que sale alguien así como protagonista de una película, termina cayendo bien a los espectadores, causa admiración y me acuerdo de aquel Kung Fu, interpretado por David Carradine en los años 70, una mezcla de asiático y americano de pocas palabras pero sabias porque había sido enseñado a mantener el control de sus actos ¡y de su lengua! ¡Como me gustaba aquella serie! ¿Cuál era la diferencia que más resaltaba en aquel personaje con respecto a sus rivales? Pues precisamente en que la mayoría de los enemigos que se encontraba en su azarosa vida eran unos botarates en modales y educación.

sábado, 26 de enero de 2013

VIENTO


Hoy ha amanecido un día con mucho viento aunque sin frío, lo que ya es de agradecer porque cuando además de viento hace frío la sensación térmica es que la temperatura es más baja de lo que es en realidad y se sufre un poquito más.
El viento: Es curioso ver cuántas veces y en qué circunstancias se menciona este fenómeno meteorológico en la Biblia. Posiblemente el pasaje que primero se nos viene a la cabeza es aquel en el que Jesús calma la tempestad cuando están cruzando el Mar de Galilea ante el asombro de los discípulos que comentan maravillados: “¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?”
Otra historia protagonizada por Jesús y el viento es más conocida porque Jesús camina sobre el agua para acercarse a la barca en la que bogaban sus discípulos “azotada por las olas, porque el viento era contrario.” Luego se cuenta la “prueba de fe” de Pedro que intenta andar sobre el mar como Jesús y finalmente dice “Cuando ellos subieron a la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca le adoraron diciendo: ¡Verdaderamente eres Hijo de Dios!” La divinidad de Jesús se pone en evidencia en este versículo en el que no se opone a ser adorado sabiendo que sólo a Dios se le puede adorar, tal y como los judíos sabían perfectamente.
El viento es usado a menudo para ilustrar algunas de las enseñanzas más complejas como, por ejemplo, cuando Jesús lo compara al Espíritu Santo: “El viento sopla de dónde quiere, y oyes su sonido; pero no sabes ni de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que ha nacido del Espíritu”, en el sentido de que en el llamado ‘nuevo nacimiento’ es una obra hecha según la voluntad de Dios, no es algo que nosotros podamos controlar o hacer por nuestro deseo y, en segundo lugar, es algo invisible, solo conocido entre Dios y la persona nacida de nuevo; es algo invisible pero si se pueden ver los resultados de ese nuevo nacimiento en la persona al igual que se pueden ver los resultados del efecto del viento invisible. Y como éste, el nuevo nacimiento es impredecible, es imposible saber cuándo y donde tendrá lugar. Una vez más ¡sólo Dios lo sabe!