jueves, 5 de junio de 2014

La Fe

La fe es la constancia de las cosas que se esperan, la comprobación de los hechos que no se ven.
Creemos por fe

Creemos por fe; creemos en lo que Dios nos cuenta en Su Palabra por medio de la fe… es más, la fe viene al leer esta Palabra Sagrada de manera que se produce una obra de Dios en nosotros por medio del Espíritu Santo. La fe es un don del Espíritu. Es la que nos hace tener esa constancia, ese convencimiento de que Dios está ahí. Los apóstoles le dijeron a Jesús: “Auméntanos la fe”. Cómo será de pequeñita nuestra fe que Jesús les/nos respondió: “Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: ¡Desarráigate y plántate en el mar! Y el árbol os obedecería.” ¡Mucho nos queda por ver y aprender!
Lo grande de todo esto es que somos salvos por medio de la fe ¿Cómo es esto? Bueno, el Señor nos salva por gracia (favor inmerecido), por medio de la fe según dice en Efesios 2:8. ¿De qué nos salva? De la muerte eterna. Ser salvado es pasar de muerte a vida y esto sólo nos lo puede regalar Dios gracias a que Jesús pagó por nosotros el precio de nuestro pecado. Ahí actúa la gracia infinita de Dios, la gracia perdonadora de Dios porque la salvación es de Dios.
Pero entonces ¿qué significa que es “por medio de la fe”? Bueno, la fe es el instrumento que Dios nos da para alcanzar la salvación. La fe es el medio, no la causa, y es también un don de Dios. De Él viene todo para que podamos ser salvos: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es DON de Dios. No es por obras para que nadie se gloríe.”
La fe es el instrumento, el canal por medio de la cual se reciben los beneficios de la obra de Cristo y, además, es el único medio. Jesús predicó esto con insistencia: “El que oye mi palabra y cree…” Oír… la Palabra, creer… a consecuencia de Ella. Nada puede proceder de nosotros para alcanzar la salvación. La confianza de que lo que leemos procede de Dios mismo y la aceptación de que lo que hizo Jesús (narrado en esa Palabra), nos salva, es una demostración de que ese regalo de Dios, esa fe, ha entrado en nuestro corazón. “…para vosotros (esta fe) es indicio de salvación; y esto procede de Dios.” (Fil.1:28) “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (Ro.5:1). Además, es imposible agradar a Dios sin fe (He.11:6), porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe…” No se trata de aceptar la existencia de Dios así, sin más, como un pobre crédulo. Es por medio de la fe que, casi podríamos decir, “vemos” al Invisible: “A Dios nadie le vio jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Jn.1:18) “Tanto tiempo he estado con vosotros, Felipe, ¿y no me has conocido? El que me ha visto, ha visto al Padre (Jn.14:9).
Entonces vamos entendiendo la función de la fe porque es imposible intentar acercarse a Dios para adorarlo, pensando que no existe. Es imposible. No puedo tener comunión personal con alguien como si estuviese inventándome un “amigo invisible”. La fe, dada por Dios, me revela su existencia. Es como una combinación de todo. Tu coges la Biblia y lo primero que lees es “En el principio creó Dios…” y ¡ya está Dios ahí! La Biblia comienza haciendo esa tremenda declaración que el hombre rechaza de plano: ¡Dios es el creador de todo cuanto existe! ¡Y ya está! Él estaba ahí, y en otros pasajes nos dice que ya estaba antes de ese principio de la creación porque Él es eterno, no hay tiempo ni influencia de tiempo en Él. ¿Cómo podemos explicar nosotros a Dios con nuestras cortas palabras? ¿Cómo medirlo? “En el principio… Dios” y… ¡gracias, Señor, porque por fe creo que fue así!

lunes, 19 de mayo de 2014

Aceptando la sabiduría


La sabiduría divina no aplasta al espíritu humano, más bien participa en un desarrollo superior
He abierto el libro de Proverbios por el capítulo 2 y me he quedado ligeramente sobrecogido al oír ese “Hijo mío, si aceptas mis palabras…”, casi como implorando, rogando, urgiendo a la necesidad de que ese hijo escuche y absorba el consejo.
Si porque el párrafo anterior informa de los resultados de rechazar la sabiduría y en éste, en contraste, como hace muchas veces Proverbios, nos dice los resultados de aceptar la sabiduría.
Por eso el Padre anhela que su hijo escuche, asimile, acepte, atesore en su corazón y en su mente porque desea lo mejor para su hijo. Es un buen Padre y en su forma de hablar se nota el amor que tiene por su hijo.

Hijo mío, si aceptas mis palabras y atesoras mis mandamientos dentro de ti, si prestas oído a la sabiduría e inclinas tu corazón al entendimiento, si invocas a la inteligencia y al entendimiento llamas a gritos, si como a la plata la buscas y la rebuscas como a tesoros escondidos, entonces entenderás el temor de Jehová y hallarás el conocimiento de Dios.
¿Qué sabiduría no tendrá ese Padre para que considere Sus mandamientos como un tesoro? Mandamientos que esconden entendimiento, inteligencia… aglutinando esos conocimientos se llega, según este Padre, a un conocimiento mayor: El temor de Jehová, que en el capítulo uno se reconoce como el principio del conocimiento, la línea de partida, la base sobre la que construir.
¿Quién busca un propósito en la vida? Aquí lo ha hallado. “El temor de Jehovah es el camino que nos lleva a la felicidad, porque nos da la serenidad para vivir con propósito” leo en un comentario. ¿Qué padre no desea la felicidad para su hijo? Por eso el esfuerzo, por eso el consejo para tomar ese camino que está basado en el eterno conocimiento divino, no en el limitado conocimiento humano. Jehová da la sabiduría, y de su boca proviene el conocimiento y el entendimiento. Pablo escribe más adelante: “en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:3). Podemos quedarnos expectantes, temblorosos ante esta puerta al conocimiento y la sabiduría… ¿Te atreverás a entrar? No es necesario el atrevimiento porque acabamos de leer que Jehová da la sabiduría, y, si todavía tenemos dudas de que esto puede no ser interpretado así, Santiago nos anima: “Si a alguno de vosotros le falta sabiduría, pídala a Dios… pero pida con fe, no dudando nada” (Stg. 1:5, 6).

Veo en Dios a mi Padre hablándome de esa manera tan cariñosa, tiernamente, preocupado por mí y por mis influencias: “¿De qué te estás llenando hijo mío? ¿De la televisión, del mundo, del pequeño conocimiento del hombre que a él le parece tan grande? Quiero que recuerdes esto: Jehová da la sabiduría. Ten cuidado con los cantos de sirena que escuches. Te asegurarán que ésa no es la sabiduría. Desearán que sigas la corriente de la mayoría y, observa, ¿a dónde conduce esa corriente? Porque Yo voy a insistir para que te salgas de esa corriente y busques el camino de la integridad, la senda del juicio, el camino de los piadosos.”
Entonces entenderás la justicia, el derecho y la equidad: todo buen camino.
Es demasiado bueno porque… es cierto. La cercanía con el Creador, el conocimiento de Él, sus palabras, sus promesas, todo lo que encuentro en Su Palabra, no sólo me llena de conocimiento de Él y me permite una relación sublime, sino que, además, me hace vivir en el perfecto equilibrio: el tan denostado buen camino. ¿Por qué denostado? Bueno, forma parte de nuestra naturaleza contaminada el desear ser buenos y el desear ser malos también ¡sino no tiene gracia! ¿Solamente piadosos? ¡Vaya aburrimiento! Ese es el comentario alentado por el Príncipe de este mundo y que nos predispone a sonreír un poco, así como maliciosamente, como demostrando que estamos “en la onda”, que sabemos también poner ese puntito de malicia para que el resultado sea picante y sabroso…
¡Cuánto se aparta esto de Dios y que fácilmente caemos en la trampa del mundo! El escritor de proverbios se da cuenta de nuestras dudas y le da otra vuelta a la tuerca para ver si entramos en razón: Cuando la sabiduría entre en tu corazón y el conocimiento sea agradable a tu alma, te guardará la sana iniciativa, y te preservará el entendimiento. ¡Resultados de aceptar la sabiduría! Esa sabiduría que proviene del Padre, que emana de Sus mandamientos, que nos dá Él desde Su infinita capacidad de discernir, de conocer, de prever…, esa sabiduría tiene que entrar en el corazón y en el alma, tiene que ser aceptada con el reconocimiento de la fe y la certeza de que todo lo que proviene de Él es bueno, está adobado con todo el amor y no puede fallar porque es de Dios, infinito, eterno, Creador, sabio, omnipotente. ¡Es para quedarse anonadado! Es Él el que nos ofrece llegar a esas cumbres, a ese ideal, a ese camino perfecto y… lo rechazamos con burla, con desprecio… ¡Ay hijo mío, si aceptas mis palabras…!
Si aceptas mis palabras entenderás al salmista cuando lleno de ese conocimiento que le estaba inspirando y guiando escribía: ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra… ¡Cuánto amo tu ley!… Lámpara a mis pies es tu palabra y lumbrera a mi camino… Yo me gozo en tu palabra… ¡Lo estaba experimentando! ¡Algo real no efímero! ¿Cómo podré hacerte ver, hijo mío?
Me quedo con esta expresión del comentarista: “La sabiduría divina no aplasta al espíritu humano, más bien participa en un desarrollo superior.”

jueves, 24 de abril de 2014

Vivir bien

vivir en la abundancia, poseer riquezas, desear mas
¿Vivir bien? "Pues para mí es hacer lo que me apetece, lo que me da la gana, sin contar con nadie, solo conmigo mismo. Eso sería vivir bien, tener mi YO bien satisfecho, contento, completo… Dicen que eso es imposible pero yo tendría que experimentarlo para creerlo. He visto a personas con “posibles”, con buenos coches, buenas e increíbles casas y se las veía muy bien. ¿Qué quiero viajar? Viajo. ¿Qué me quiero dar una buena comilona? Me la doy en los mejores restaurantes sin reparar en precios. No creo que eso tenga ningún tipo de problema. Incluso podría tener algunos empleados que me hiciesen la vida más fácil y, dado los tiempos, hasta estaría haciendo una obra de caridad ¿no?"

¿Vivir bien? "Creo que en la sencillez y en una buena moral sana está el secreto para vivir bien. Nada de complicaciones ni excesos. Tratando con respeto las reglas de convivencia, ayudando en lo posible a los demás, teniendo sobriedad y un criterio ético equilibrado como, por cierto, proponen la mayoría de las religiones, pienso que podría vivir muy bien y, al mismo tiempo, estaría muy satisfecho de mí mismo y de mi vida."

¿Vivir bien? "Un trabajo digno y que me guste, un buen sueldo que me permita llegar a fin de mes sin preocupaciones, una esposa buena y cariñosa, unos hijos bien educados, estudiosos y trabajadores, buena salud, y una salida tranquila en la que pueda conocer otros lugares y descansar plácidamente en mis vacaciones, todo eso supondría para mí lo que significa vivir bien."

¿Con cuál opción nos identificamos? Cualquiera de ellas tiene buen aspecto pero todas ellas están enfocadas al Yo, a Mis deseos, a Vivir el día a día satisfaciendo Mis necesidades básicas y un poco más, pero sin pensar ni tener en cuenta al Alma. Digo esto porque Jesús dijo: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26) y esto puede darnos que pensar. No podemos ver el interior de estas personas satisfechas pero, ocasionalmente, nos sorprenden las noticias de jóvenes millonarios, que lo pueden tener todo con solo abrir la boca, muertos en sus excesos o incluso, quitándose la vida voluntariamente.
Claro, ya sé que volveríamos al mismo argumento de antes: “yo tendría que experimentarlo para creerlo”, pero eso no quita que el Alma siga estando ahí. Las palabras de Jesús no están enfocadas al momento actual, más bien tienen un enfoque eterno. “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” Entonces ¿qué hay que hacer?, le preguntaríamos a Jesús. Bueno, Él nos está poniendo en la disyuntiva de tomar una decisión: ganar la vida conforme al mundo y perderla eternamente o salvar la vida según el plan de Dios y perderla en el sentido del pensamiento humano.
Ganar la vida conforme al mundo es tremendamente temporal, no tiene proyección eterna, es muy breve y, con la duda añadida de que satisfaga realmente. Insisto en que estoy seguro que las experiencias de los demás no nos satisfacen porque no las experimentamos, pero viene aquí a coalición la experiencia de Salomón, el rey más rico de la historia, que quiso experimentar (porque podía), qué iba a sentir teniendo todo lo que se le antojase; estas son sus palabras y la conclusión a la que llegó: “No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni rehusé a mi corazón placer alguno; porque mi corazón se alegraba de todo mi duro trabajo. Esta fue mi parte de todo mi duro trabajo. Luego yo consideré todas las cosas que mis manos habían hecho y el duro trabajo con que me había afanado en hacerlas, y he aquí que todo era vanidad y aflicción de espíritu. No había provecho alguno debajo del sol.” Yo encuentro sinceridad en estas palabras y creo lo que ha dicho este hombre porque lo que veo en los más ricos me da pie a pensar que es así. Y además, las palabras de Jesús le dan un añadido que me obliga a recapacitar porque es evidente que por muchos bienes materiales que acumule, el disfrute va a ser totalmente pasajero, y breve y, así lo creo, después está la vida eterna, y a esa vida no me puedo llevar todo lo que tenga en ésta.
Por tanto la respuesta a Jesús de la pregunta que hace sobre “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” es “Nada”.

domingo, 13 de abril de 2014

Al borde del precipicio

La sabiduría llama en las calles; da su voz en las plazas.
La sabiduría de Dios nos advierte del peligro que corremos caminando hacia el precipicio eterno si no le permitimos que nos eche una mano.

Hace unos meses escribí sobre Proverbios 1:7 “El temor de Jehová es el principio del conocimiento; los insensatos desprecian la sabiduría y la disciplina.” Y en este mismo capítulo 1 de Proverbios, el escritor ‘inspirado’ personifica a la sabiduría llamando a la gente a que se despierte, a que salga de su letargo, a que mire en derredor suyo y adivine la cercanía del precipicio. ¿Quién está llamando?  ¿la sabiduría o Dios? ¿Dios es la sabiduría infinita? Tal vez la sabiduría nos está advirtiendo de lo peligroso que es no escuchar los avisos del Creador.

¿Hasta cuándo, oh ingenuos, amaréis la ingenuidad? ¿Hasta cuándo los burladores desearán el burlarse, y los necios aborrecerán el conocimiento?
Tres clases de personas amonestadas: ingenuos, burladores y necios. Los ingenuos amando la ingenuidad. Voy a mirar en el diccionario a ver que nos cuenta: ingenuidad
1   Falta de malicia, astucia o doblez al actuar: los timadores suelen aprovecharse de la ingenuidad de las personas. Candidez, candor, inocencia.
2   Acción o dicho que demuestra falta de malicia o de experiencia.
Ingenuo. Se aplica a la persona que es simple, fácil de engañar y está falta de malicia, astucia o doblez al obrar. Cándido, incauto, inocente.
Persona simple, fácil de engañar… Tengo que ver que palabra utiliza aquí la Reina Valera de 1909: “¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza?” Veis, esta es una de las razones por las que hay que mirar diferentes traducciones de la Biblia para enriquecer su significado y entenderla mejor. Siempre encuentro más acertadas las traducciones más antiguas, pero es sabio enriquecerse con todas las buenas traducciones. Porque hacia los simples y la simpleza va el enfoque de la llamada de la sabiduría.
Simpleza.
1   Falta de inteligencia y rapidez en una persona cuando razona.
2   Acto o dicho poco inteligente.
Esta es la clase de personas a las que la sabiduría reprocha en primer lugar, personas que prefieren no pensar demasiado en lo que la evidencia de lo que les rodea les está diciendo a gritos: ¡Un día emite sabiduría a otro día! ¡La creación habla de la existencia de Dios! Las consecuencias de la continua degradación del mundo ¿a dónde nos conducen? NO, no quieren usar la inteligencia que el Creador ha puesto en ellos, es mejor no usarla, es mejor dejarse llevar por la corriente de la mayoría, es más cómodo, y más fácil, no compromete, simplemente hacer las cosas lo mejor posible y ya está… ¿Qué hay un Dios? ¡A quién le importa! Vivamos la vida día a día lo mejor posible antes de que nos alcance la muerte. ¡Y no razonemos más ni veamos las evidencias! ¡Fuera problemas! Ya la vida nos trae suficientes problemas para que, aún encima, nos busquemos nosotros más… ¿Hasta cuándo amareis la simpleza?
Luego están los burladores. Los que se burlan tienen un punto de orgullo, del amor al yo, del amor a la capacidad del hombre, de su ciencia pero, en lo que respecta a Dios, religión, fe…, pueden hacer chistes de todo porque no encuentran motivo de respeto por lo religioso. Ellos se encuentran por encima y rebajan a todo lo que tenga que ver con la fe, la gracia, el plan de Dios. Y es preocupante, para un creyente, imaginarse su futuro y su encuentro cara a cara con Dios. ¿Dónde estarán entonces sus mentes, sus pensamientos, sus bases? “Bienaventurado  el hombre que  no anda según el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los burladores." (Salmo 1:1)

Y luego están los necios, los que practican y viven en la necedad odiando el conocimiento, odiando a los que enseñan y cerrando ojos y oídos a la verdad, a la sabiduría. En las versiones más antiguas les llama “insensatos” y creo que poca explicación precisa pero, ¿Cuánta gente lo hace? Gente que incluso tiene buenos estudios y son expertos o profesionales en su conocimiento. Pero… les hablas de Dios y parece que cae un velo delante de ellos.

La Palabra de Dios es clara y rotunda para decir a continuación las consecuencias de rechazar la sabiduría manteniendo estas actitudes: “Pero, por cuanto llamé, y os resististeis; extendí mis manos, y no hubo quien escuchara (más bien, desechasteis todo consejo mío y no quisisteis mi reprensión), yo también me reiré en vuestra calamidad. Me burlaré cuando os llegue lo que teméis, cuando llegue como destrucción lo que teméis, cuando vuestra calamidad llegue como un torbellino y vengan sobre vosotros tribulación y angustia.”
Parecería que después del aviso del mismo Dios serían muchos lo que se volviesen de su manera insensata de vivir ¿verdad? Sin embargo, solo le hacen caso unos pocos. Y los demás, la gran mayoría de los que no están haciendo caso de los avisos, se giran, miran a esos pocos que han creído a la Palabra de Dios y, a su vez, llaman insensatos e ingenuos a los que han hecho caso de la amonestación. ¿Qué hace la sabiduría al llegar a este punto? Avisa. ¡Atente a las consecuencias! ¿Cuándo os llamé os resististeis? ¿Extendí mis manos y no hubo quien escuchara? Bien, habéis llegado al precipicio… ¿lo veis?
El amor de Dios no puede soportar esta visión, pero Dios es Justo y no va a pasar por alto ninguna transgresión. No va a abrazar a ningún pecador que no haya reconocido delante de Él su pecado y haya decidido agarrar esa mano santa. Por eso no ha dejado de avisar. En ningún momento.
¿Pero qué puedo hacer yo Señor? Estoy ya al borde ¿estoy a tiempo de escuchar el clamor de la sabiduría?
Sí. Por nosotros no podemos hacer nada, pero si clamamos a Él no cierra nunca sus oídos al que se reconoce perdido sin Su ayuda. Dios responde. Él afirma que derramará Su Espíritu sobre ti. En un acto de gracia sublime, Dios derramará esa bendición a aquel que la busque porque se necesita esa gracia para una conversión sincera. Pero tiene que ser hoy, ahora, porque no sabemos de cuánto tiempo más disponemos para resistir al borde del precipicio. Situación peligrosa ¿verdad? Si lo es porque corremos el riesgo de morir sin Cristo. Ahora tenemos relativa tranquilidad, aún no han empezado las primeras gotas del diluvio; ahora estamos cómodos pero, en esa pereza nos advierte de “cuando llegue como destrucción lo que teméis”…"Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán con diligencia y no me hallarán, por cuanto aborrecieron el conocimiento  y no escogieron el temor de Jehovah. No quisieron mi consejo y menospreciaron toda reprensión mía.”
Ahora Dios está dispuesto a oír nuestra llamada pero cuando se cierre la puerta “del arca” entonces clamarán en vano…

¿Despreciamos la sabiduría? Seamos sabios porque si escuchamos la alarma encendida en las alturas podremos ver a dónde se encaminan nuestros pies; obedezcamos al Autor de la sabiduría, al Señor Jesús para disfrutar de la paz de conciencia que Él nos ofrece y de la seguridad y confianza que Su poder y Amor nos da desde hoy para siempre.

sábado, 22 de marzo de 2014

DECISIONES

toma de decisiones
Qué es vuestra vida?, pregunta Santiago desde su carta. Me imagino tantas respuestas que… se convierten en un rumor sordo, un run-run como si de un rezo se tratase, porque la pregunta se puede dirigir a, si mi vida tiene sentido, o si es provechosa, o si por el contrario es una vida vacía o… llena de contenido… ¡hay tantas respuestas! Pero la respuesta que Santiago espera tiene que referirse al valor de esa vida, a su peso en oro, a su edad, a su importancia comparándola con lo que me rodea… La respuesta viene repitiéndose a través de los siglos y nos pone en nuestro sitio: “Sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece.” ¿Nada más? Nada más. La misma respuesta a través de los siglos. Fíjate lo que decía Job muchos siglos antes: “Acuérdate de que mi vida es un soplo”. Lo mismo ¿no? “Porque mis días se han disipado como humo”, escribió luego el salmista. Ahora se dice: “La vida pasa en un vuelo”, sobre todo a partir de ciertas edades cuando se ve más cerca el final y más lejano el principio.
La brevedad de la vida es un tema que nadie nos va a discutir, pero, si la vida pasa tan rápido, ¿qué hay que hacer para aprovecharla más intensamente, para hacerla útil, fecunda, que no acabe en fracaso? Respuesta: Tomas buenas decisiones. ¿Sobre qué? 

Hay quien me va a decir que cada día estamos tomando decisiones hasta inconscientemente. Y es verdad, pero a veces la toma de decisiones erróneas nos aboca a una vida más complicada, una vida que ya de por sí es un conjunto de tristezas y alegrías, problemas y resoluciones (o no), esperanzas y desesperaciones… Pero al final, nosotros somos los responsables de esa toma de decisiones, aunque muchas veces nos gustaría desaparecer del mapa cuando una mala decisión nos ha llevado al fracaso más estrepitoso. Igualmente ocurre en el caso contrario: subiríamos al edificio más alto para proclamar a los cuatro vientos que nuestra decisión ha sido un glorioso éxito El caso es que es verdad que cada día tomamos muchas decisiones, pequeñas o grandes, con más criterio o con menos ya que muchas veces tenemos que, o deberíamos, diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal, lo que debo y no debo hacer. Claro, ante esto, que sucede cada minuto de nuestra vida, oigo argumentos del tipo: ¿quién decide lo que está bien y lo que está mal? Mi rotunda respuesta es Dios. Claramente Él nos dio La Ley para diferenciar lo que está bien desde Su perspectiva y lo que está mal. Pero, la gran mayoría, no es consciente de que Dios nos haya dado ninguna Ley. ¿Sabes? Hay una revelación muy fuerte en la Biblia: dice que esa Ley está escrita en nuestros corazones. Dice así: “Ellos (los gentiles) muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, mientras que su conciencia concuerda en su testimonio; y sus razonamientos se acusan o se excusan unos a otros.” 
La obra de la Creación fue buena y perfecta como repite Génesis continuamente y aquí, en este texto, damos un paso más en el conocimiento de lo bien que nos creó Dios, que nos hizo a su imagen y semejanza, y en esa parte de Su imagen, estableció en nuestra parte espiritual, como para que quedase grabado a fuego, principios éticos universales que son los que nos hacen entender, desde una perspectiva divina, y por lo tanto perfecta, lo que está bien y lo que no lo está. Así que, aunque no creamos en Dios, inconscientemente, utilizamos Su criterio para actuar. De otra manera, el mundo ya hace tiempo que sería un caos indescriptible. O sea que cuando hacemos algo que está mal, algo contrario a la voluntad de Dios, tenemos conciencia que “eso” ha estado mal hecho. Siempre hemos oído hablar del “remordimiento de conciencia”, una circunstancia que ha llevado a criminales, ladrones y otras personas a tener que confesar su delito o, mucho peor, quitarse la vida por no poder soportar esos remordimientos. ¡Somos responsables de nuestras decisiones!