jueves, 12 de febrero de 2015

CRUDEZA

invierno crudeza frío inestabilidad humanidad El invierno se ha presentado en toda su crudeza. Es lo que toca en los primeros días de Febrero. Para
mí es un tema “sensible” porque no aguanto muy bien el frío (seguro que ya lo he dicho antes), soy más de calor. Menos mal que Febrero se acaba pronto y ya, entrados en Marzo, los fríos tienden a alejarse… aunque algún que otro día se den una vuelta para despedirse definitivamente…, o casi.
La percepción que tengo es que con el frío, con el mal tiempo en general, las injusticias de la vida son más injustas, el dolor duele más, la desesperanza es más palpable y más violenta, la soledad está más presente, la tristeza dura más tiempo… En estas noches de frío, de viento, de heladas, siempre me acuerdo del que no tiene con qué resguardarse, de los que duermen en los cajeros de los bancos, de los que duermen, incluso, en los bancos de las marquesinas de las paradas del autobús, cuando no tienen el puñal en medio del banco tristemente llamado “antimendigos” (que pena señora Alcaldesa), en los soportales de las plazas, en algún portal generoso con hueco para poner una caja-de-cartón-cama…
En el verano se puede dormir en cualquier sitio. Ahora no. Hay una leyenda urbana que dice que muchos mendigos no quieren ir a los refugios habilitados para ellos por cosas de control, limpieza,… no lo sé, pero el caso es que sigue habiendo personas durmiendo, o intentando dormir, a la intemperie.
Nuestra capacidad de reacción está tan atrofiada que no nos inmutamos ante estas situaciones que llegamos a considerar “normales”. Parece que la humanidad está repartida en dos grupos bien diferenciados: los que viven y los que malviven. Y tanto unos como otros, se quejan de su suerte y envidian la del vecino… “situaciones normales”.
La Biblia dice que este exceso de crudeza terminará cuando Cristo reine. No tenemos fecha pero todo a nuestro alrededor parece indicar la llegada de las lluvias y el inminente portazo en el arca. “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” nos dice la carta a los Hebreos. El juicio está representado gráficamente por el diluvio y la salvación por el arca. Es hora de entrar antes de que se cierre la puerta. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” La invitación del Señor sigue vigente… hasta que se cierre la puerta.
El frío invierno dará paso a la deslumbrante primavera y las temperaturas moderarán su rigor, brillará el sol en todo su esplendor, calor agradable, sensación de tibieza… Llegará el tiempo del rey de reyes y Señor de señores: “Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra;” Será un tiempo de paz… “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” Futuro de gloria, futuro divino, futuro cercano.
¡Febrerillo el loco, un día peor que otro! Hay reuniones buscando encontrar la paz en una nación que se mata entre sí en una especie de guerra civil, la peor de las guerras entre paisanos… Hay noticias terribles de ejecuciones, pobres demostraciones de vejación que corroboran la condición embrutecida del hombre contra su prójimo… Corrupción, maltrato, niños tratados como objetos sexuales, degradación a todos los niveles… ¡Febrero es loco, unas veces por mucho y otras por poco!
Anhelo el sol, la luz, la vida, la paz, la misericordia, el compañerismo, el civismo, las buenas relaciones, el amor, el cariño, la ternura.
Anhelo que nos deje la crudeza, anhelo al Rey de reyes, anhelo su reinado, anhelo la salvación, el perdón, las lágrimas de alegría, el beso reconciliador.
Lo anhelo y por eso, lo comparto.

sábado, 10 de enero de 2015

El año que comienza

las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación
En el artículo anterior, comentaba que como no había noticias especiales, los medios de comunicación se explayaban con los típicos comentarios navideños sobre las compras, las cenas y todo lo clásico de esas fechas. Pero ha sido comenzar el año y la cruda realidad se ha impuesto tozudamente para recordarnos que vivimos en un mundo dominado por la sin razón de unos pocos que se empeñan en sembrar el pánico y el terror violentamente, mientras que otros lo hacen “calladamente” desde sus despachos a manera de tronos que amparan su poder monetario sobre los demás.
Es curioso porque al principio de cada año se hacen muchas predicciones sobre si el año que comienza será mejor o peor que el que termina. Pero la cruda realidad parece prever que, en el fondo, será igual. En el minuto uno del nuevo año, todos deseamos que sea bueno, que venga lleno de salud, de trabajo, de paz… pero, a los pocos días, comprobamos que el corazón del hombre no cambia por nuestros buenos deseos. Cualquier ideología, pensamiento, idea revolucionaria, lo que sea, va a nublar el entendimiento de algunos de manera que, si lo consideran necesario por su causa, volverán a derramar sangre en cualquier lugar del planeta, sembrando con ello la desolación, el terror, el miedo y la tristeza de aquellos a los que les toca vivir de cerca tal sin razón.
Llevamos pocos días del nuevo año y la desesperanza se cierne sobre los noticieros… porque los noticieros se centran sobre las noticias más impactantes; es lo normal. Pero eso hace que nos olvidemos de las noticias buenas, que también las hay, pero que, lógicamente, no son tan sensacionalistas. Por ejemplo, una de las imágenes del día 1 son los primeros bebés del año, pequeñas nuevas vidas que nos recuerdan que el milagro de la vida se repite cada minuto…, o aquellas imágenes de finales del año con afectados del ébola sanados…, o aquellas otras en donde se asegura la creación de vacunas para esta enfermedad o para otras… O esos programas que mayoritariamente se celebran en diciembre en donde se recauda dinero para ayudar a los médicos sin fronteras, a los niños necesitados y a otras asociaciones que se ocupan de ayudar al prójimo…
Suceden también cosas buenas porque hay personas buenas y generosas que no son protagonistas de los noticieros porque, tristemente, los protagonistas son los generadores de noticias que impactan más por su maldad. 
Pablo le decía a su discípulo Timoteo: “Pero los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Pero persiste tú en lo que has aprendido y te has persuadido, sabiendo de quienes lo has aprendido y que desde tu niñez has conocido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por medio de la fe que es en Cristo Jesús.” (2 Timoteo 3:13-15). Pablo menciona dos clases de personas que habitan en el mundo: los “malos hombres” y los “Timoteos”, aquellos que se han criado a la luz de las Sagradas Escrituras. Insisto, luz en medio de las tinieblas. En el mismo pasaje señala que el propósito de la Palabra de Dios es capacitarnos “para toda buena obra” (2 Timoteo 3:17). Toda buena obra. Evidentemente, las instrucciones y el modelo que Jesús nos dejó para imitarle, se podrían resumir en sus palabras: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Cuando Jesús agonizaba en la cruz, dijo refiriéndose a los que le habían atormentado y finalmente clavado en aquel madero: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Oró intercediendo por sus enemigos demostrando en la práctica lo que había enseñado: Amor por el prójimo. Amor.
Por tanto, sigue habiendo esperanza. Cualquier persona puede ser cambiada por el mismo poder que resucitó a Jesús de la muerte. Cualquier tipo de persona. Hay miles de testimonios que así lo atestiguan. A esas personas la Biblia las llama “hombre/mujer de Dios”, personas enteramente capacitadas para toda buena obra.

La suma de todas esas buenas obras hace que, el lugar del mundo en que se hacen, sea mejor.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Paz y Felicidad

Estamos en fechas navideñas y compruebo, una vez más, cómo se van repitiendo las cosas de un año
estamos en fechas navideñas
para el otro. Es como si las radios y las televisiones se adaptasen mansamente a las noticias que surgen y, cuando se da la feliz circunstancia de que no hay noticias terribles o muy especiales que se salgan de la normalidad, miran el calendario y desempolvan del baúl de las fechas las tertulias, las preguntas, las curiosidades que ya no lo son, de las fechas de turno.
Por eso escucho muchas opiniones sobre las cenas en familia, las infinitas compras para hacer regalos, los “me gusta” o “no me gusta” la Navidad por esto y por esto y por lo de más allá… Estaba escuchando hace un momento unas estadísticas sobre acontecimientos en épocas navideñas que me han dejado pensativo: la cantidad de llamadas que reciben en el “teléfono de la esperanza” y en alguno más que cumple la misma función con otros nombres, en estas fechas…, muchas veces de personas a punto de suicidarse y que tristemente acaban haciéndolo. ¿Por qué? ¿Qué les lleva a eso en unas fechas en las que todo se vuelve más tierno, generoso, agradable…? Supongo que hay tantas respuestas como preguntas: la tristeza de los tristes recuerdos, la pena de algún amor o familiar muy querido que ya no está, añoranza de tiempos pasados mucho mejores, la soledad, un cúmulo de historias que se repiten y se magnifican en estos días que se publicita la familia, la fraternidad, la compañía, el amor…
Al día siguiente del día del sorteo de lotería, pude oír algunos momentos de una entretenida tertulia sobre el día después del afortunado al que le ha tocado la lotería. Alguien dijo que en una ocasión se había estado trabajando en un documental sobre personas que habían sido millonarias de un día para otro y los resultados de ese trabajo eran tan desastrosos que suspendieron el proyecto porque afectaría directamente a la venta de lotería. A medida que avanzaban en el conocimiento de esas personas, se acercaban a las conclusiones a las que muchos siglos antes había llegado el escritor de Eclesiastés:
El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.
Sucede que siempre que oímos esto de otros, decimos en nuestro interior que nosotros lo gestionaríamos mejor.
Hoy leía esto en la hojita del calendario La Buena Semilla: “Ni los éxitos profesionales ni las distracciones y los placeres de la vida social pueden curar ese malestar interior. Sólo hay una persona que puede hacerlo y dar la paz y la verdadera felicidad: Dios.”
El hombre fue creado para relacionarse, amar, emocionarse, querer y, especialmente, para adorar y tener comunión con su Creador. La vida sin Dios no tiene sentido en sí misma. Su ausencia afecta a todas nuestras relaciones y experiencias. Es por eso que cuando llega la Navidad, cuyo verdadero mensaje es el niño Emanuel, que significa ‘Dios con nosotros’, aquellos que no tienen ningún tipo de interés de relacionarse con el Altísimo Dios que es Amor, Paciencia, Misericordia, llenarán el espacio de su corazón con lo que la vida les esté dando: risas, llantos, amargura, goce temporal, disfrute, excesos, tristeza, pena, sentimientos incontrolados que buscan un apoyo, una base, que, fuera de Dios no se encuentra.
Dios nos conoce, ve nuestras miserias escondidas bajo una capa de felicidad hipócrita, observa nuestra inseguridad, nuestra búsqueda y, ante una búsqueda sincera, se ofrece como el Padre amantísimo que es. La Navidad es fruto del Amor de Dios porque empieza en su deseo de hacerse hombre para llegar hasta la cruz del Calvario y ofrecerse en sacrificio para que nosotros pudiésemos ser justificados en Él. De nuestra parte solo tenemos que dirigirnos a Él reconociendo nuestra incapacidad para lograr la felicidad por nosotros mismos. Lo llamamos, entregar mi vida a Cristo, porque él afirma: “El que a mi viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” Nuestra necesidad espiritual colmada mucho más allá de lo que podamos esperar. El escritor de Eclesiastés llega a la siguiente conclusión: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.”

miércoles, 10 de diciembre de 2014

¡Comunicados!

más comunicados que antes pero ¿más aislados?
Nos ha cogido el invierno por sorpresa… ha venido sin llamar, tan fresco como es él, pelín descarado. Entra con fuerza de la mano del viento otoñal que transforma el paisaje urbano por el que me muevo, de manera que simula como que han esparcido una alfombra ocre por algunas partes de la calle, una alfombra cambiante, resbaladiza, juguetona… un esfuerzo extra para los amigos barrenderos.
Yo soy del verano; el otoño intenta deprimirme y, a veces, un poco, lo consigue: más oscuridad, más frío, lluvia… la lluvia, en cambio, me gusta, especialmente si diluye el frío. Pero el conjunto me influye a la baja, como que me quita las ganas, el humor, en fin, no descubro nada porque de todos es sabido que esta época del año deprime un poco, excepto a los que se identifican con ella que, o ya están deprimidos todo el año o, por el contrario huyen contentos del calor reencontrándose con el clima que les satisface.

Comentarios sobre el tiempo, comentarios de ascensor, para salir de esa situación comprometida aunque no tanto; depende del carácter de uno… extrovertido, introvertido, la llegada del invierno da mucho juego a los comentarios de ascensor… ¡cómo pasa el tiempo! ¡ya tenemos aquí la Navidad! ¡hay que volver a los abrigos! ¡operación “cebolla”, y venga capas! Tantas cosas intrascendentes a la par que resultonas… es bueno comunicarse aunque sea con comentarios sencillos, breves…. Si se tercia, se pueden complicar: política, deporte, salud, ¿religión? Mmm, más difícil; no es sencillo “introducir la cuña”, hay que tener don, habilidad; el pastor de la iglesia a la que asisto tiene esa habilidad y siempre me dice: hay que aprovechar sus comentarios para darles La Palabra… ¡qué bendición! Yo pido eso: ¡Señor, dame palabra!

A Dios le agrada la comunicación, quiere hablarnos y que le hablemos. Para eso nos ha dado la útil y no tan bien aprovechada herramienta de la oración. Su revelación está en la Biblia, Su Palabra, guía y alimento espiritual para nosotros. Su trabajo por comunicarse con nosotros es constante, su deseo de comunión con sus criaturas se manifiesta desde el principio de la Creación, su amor, su paciencia y su misericordia hacen el resto porque los humanos le huyen en un tanto por ciento excesivamente alto… Me entristece pensar eso pero es a lo que hemos llegado. Y sin embargo, irónicamente, estamos en la era de las comunicaciones. Tenemos aparatitos para estar comunicados siempre, estemos donde estemos, siempre en contacto con quien queramos estarlo. Antes, que no teníamos esos aparatitos, teníamos un punto de libertad y, desde luego, mucha menos ansiedad. Aún no se había enraizado en nosotros esa necesidad inquietante de estar siempre “online” ¿Qué no encontrabas un teléfono a mano? Bueno, dependiendo de la urgencia lo buscabas o no, aunque cuando la cosa era urgente dejaba de serlo si la urgencia dependía de una llamada telefónica.
Hoy en día entras en crisis si te dejas olvidado el teléfono móvil en casa ¡Cuánto han cambiado las cosas! No te das cuenta de ello a menos que te pares a pensarlo detenidamente. Estamos mejor comunicados pero ¿es mejor? Para las urgencias, desde luego que si ¡Cuántas vidas se han salvado gracias a tener un móvil cercano! Pero de ahí a sufrir la “necesidad de él” que tenemos ahora, media un abismo.
En la iglesia hemos aprovechado el invento del WhatsApp para estar al tanto de todo lo que sucede entre los hermanos: reuniones, cumpleaños, recados, fotos… Estamos más informados que antes y más al corriente de lo que viven, les pasa o disfrutan los demás. Es bueno porque nos deseamos bendiciones a diario, oramos por una necesidad, es una forma de mantenernos en comunión en la distancia, incluso en la mucha-distancia porque seguimos en contacto con hermanos que están “al otro lado del charco” y eso es un puntazo.

A nuestro Señor le agrada la comunicación y a nosotros también. Estos días, por ejemplo, con la llegada de los programas navideños, se incrementa el tráfico entre los “afanados” en procurar que todo salga lo más dignamente posible. Es una buena forma de recordar “responsabilidades”… “Hermanito ¿a qué hora es el ensayo? ¿ya está terminado el decorado? ¿cómo vas con los programas?... ¡Esta noche hay culto de oración!” Recordatorios de la comunicación al instante. Es bueno si no se llega al exceso, como todo. Es bueno si se leen los mensajes y… ¡se responden! Comunicación interactiva, hiperactiva, resolutiva. ¡Cuánto han cambiado las cosas!


viernes, 14 de noviembre de 2014

Capacidad de asombro

Muchas de las imágenes las habremos visto, otras, las menos, eran inéditas (al
resultados de la contienda
menos para mí), pero el resultado, en mi caso, siempre es el mismo: asombro. Estoy hablando de unos documentales que estás pasando los jueves en la 2 de TVE sobre la Segunda Guerra Mundial. La promoción reza así: “Apocalipsis – La Segunda Guerra Mundial”. La 2 nos brinda una nueva oportunidad de disfrutar de una serie documental que aborda la contienda desde una óptica diferente, la de quienes la vivieron, con imágenes inéditas filmadas durante el conflicto y coloreadas para ofrecer una visión más cercana. Disfrutar no disfruté porque el cuerpo, y sobre todo la mente, quedan mal, pero si quedé enganchado a algo casi milagroso: vivir la mayor contienda de la historia del mundo como si de una “retransmisión” se tratase. Son seis capítulos y yo la he encontrado en el segundo día pero llegué a tiempo de vivir sobrecogido las terribles escenas de la guerra en el frente de Rusia, el ataque sorpresa de los japoneses a Pearl Harbor, el inicio de la “Solución final” de los alemanes para los judíos… La información desplegada te permitía ver una panorámica del mapa del mundo de hace poco más de sesenta años: Europa desangrándose entre ella, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia, Grecia, Polonia, Dinamarca, Noruega, Yugoslavia, Rusia… Por otro lado Japón entrando en tierras inglesas y chinas y en las bases americanas en el Pacífico, Hong-Kong, Malasia, Singapur, Australia… África no se libró de la terrible contaminación, Egipto, Libia, toda la zona norte de este continente se vio involucrada en ese terrible frenesí… El balance aproximado nos revela en frías cifras unas cotas increíbles de terror: más de 200 ciudades devastadas, 50 países atacados y un saldo de más de 60.000.000 de muertos, diez millones por año de conflicto. Masacre indiscriminada de civiles y militares, personas asesinadas por el sable sangriento del hombre contra el hombre… ¿? Ya he hablado en otras ocasiones del sentimiento que me asalta cuando veo estos retazos de la historia humana, pero mi capacidad de asombro sigue intacta ante la cruda foto de lo que somos y de lo que hemos sembrado a lo largo de los siglos, desde el inicio de esta triste historia. ¿La maravillosa y buena Creación del Dios de los ejércitos ha degenerado en un monstruo consigo mismo a causa del pecado? Sí, eso es lo que nos enseña la Biblia que ha sucedido y las consecuencias están ahí, para que las recordemos, para que las analicemos, para que las revivamos con terror ¿hasta cuándo Señor? Sé que no somos nadie para pedirle explicaciones al Dios todopoderoso. Él es Soberano y sus pensamientos y sabiduría están a años luz de los nuestros, pero las dudas me asaltan ante lo incomprensible y… ¡te pido perdón Señor! Pero es que no lo puedo comprender desde mi pequeñez. ¿Cómo responderemos como humanidad cuando estemos presentes ante el Gran Trono Blanco del Juicio Final? ¿Qué podremos alegar? Nada, absolutamente nada porque, desde nuestra pequeña perspectiva podemos medio adivinar que las consecuencias del pecado, de la condición pecaminosa del hombre alejado de Dios, son devastadoras hasta límites insospechados. Sesenta millones de muertos son una pequeña muestra de seis años de vida; a esos hay que sumar… y empezaríamos a repasar la historia del mundo desde las primeras invasiones, imperios, ejércitos, bárbaros, “cristianos” recuperando la Tierra Santa, conquistadores “limpiando” y robando las nuevas civilizaciones del continente americano, guerras civiles, actos terroristas, etc., etc. Muerte, muerte y desolación por todas partes… Sólo encuentro Vida cuando miro para la Luz que emana de Cristo. No puedo hundirme en las tinieblas generadas por el hombre contra el hombre porque encuentro que ese “valle de muerte” supera mi capacidad de asombro, esta vez sí; por eso trato de simplificar mi cansada mirada en solo dos paisajes: muerte, tinieblas, desolación, dolor… en uno de los lados. Vida, luz, amor, entrega, sentido, propósito… en el lado opuesto. Y una gran sima de separación entre ambos de manera que no puede haber contacto entre dos mundos tan opuestos. Sé que es muy simple, pero, es lo que entiendo que es. Mientras tanto esperamos cielos y tierra nuevos, nuestro corazón clama, como clama la creación: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.” (Romanos 8:19-23)