miércoles, 7 de julio de 2021

Un error de razonamiento

Hace unos años leí en una hoja del calendario de la Editorial La Buena Semilla, la siguiente historia:
“Al final de un paseo Manuel y Luis, dos amigos cristianos, llegaron a una colina que se imponía sobre un próspero y largo valle. Asombrados por la belleza del paisaje, se detuvieron. Todo parecía tranquilo, pero Manuel, un tanto preocupado, dijo a su amigo:

– Estoy contento de conocer al Señor que creó estas maravillas, pero ¿qué responder a quienes nos dicen fríamente: ¿Si hubiese un Dios, no permitiría el sufrimiento…?

Luis se quedó pensativo, con la mirada fija en el horizonte, pero acabó respondiendo:

– Hay un error de razonamiento. ¡La existencia de Dios no tiene nada que ver con el sufrimiento!

– Es cierto, asintió Manuel.

– La existencia de Dios, del Creador, se deduce de la propia existencia del mundo y de nosotros mismos. La Biblia afirma que el poder de Dios se discierne por medio de la inteligencia…*

– Si, el sufrimiento sólo puede ponerse en relación con la bondad y la justicia de Dios, no con su existencia. Digan lo que digan los hombres, éstos deben tener en cuenta a un Dios que existe y que los juzgará.

– Exactamente, dijo Luis. Dios es amor, a pesar de todo el mal que veamos. Mostró que nos amaba cuando Jesús, el único justo, sufrió por nosotros los injustos.”

* Este comentario de Luis, entiendo que hace referencia a uno de los textos que venían en el encabezado del artículo: Romanos 1:20, que transcribo aquí en la versión popular: “Pues, desde la creación del mundo, todos han visto los cielos y la tierra. Por medio de todo lo que Dios hizo, ellos pueden ver a simple vista las cualidades invisibles de Dios: su poder eterno y su naturaleza divina. Así que no tienen ninguna excusa para conocer a Dios.”

¿A quienes se refiere Pablo con “ellos pueden ver”? Está hablando de “todos los que son pecadores y perversos, que detienen la verdad con su perversión.” (Romanos 1:18). ¿Quiénes se incluyen aquí? Todos. En esta misma carta dice que todos somos pecadores, todos nos hemos rebelado contra Dios; dice la Biblia que no hay ni un solo justo, ni uno que haga el bien. Alguien podrá objetar que conoce a ‘alguien’ que es “una persona muy buena”, pero esa opinión está hecha desde la opinión de un humano contaminado por el pecado. La visión de Dios llega al corazón de la persona, a su interior, y nadie está libre de pecado, si tu quieres, desde lo que catalogamos como una pequeña ‘mentirijilla’; pero para Dios no hay categorías de pecado: lo que es pecado es pecado y sólo, dice la Biblia, la sangre de Jesucristo nos puede limpiar de ese pecado que heredamos desde nuestro nacimiento. Es a través de esa sangre derramada en el sacrificio de Jesús en aquella cruz, que Dios nos puede ver limpios y puede restaurar la relación con nosotros, ya que es imposible mantener esa relación con Dios quién es Santo y no puede tener contacto con el pecado.

De manera que una persona normal, que no se haya arrepentido de sus pecados y que no haya reconocido a Jesús como su Salvador, es una persona que vive de espaldas a Dios, carece de reverencia hacia Él; vive la vida sin ser consciente de que un día tendrá que “dar cuentas” de lo que ha hecho con su vida a ese Dios creador y dueño de todo, porque así lo ha establecido: “…cada persona está destinada a morir una sola vez y después vendrá el juicio.” (Hebreos 9:27). A estas personas es de las que está hablando Pablo, personas irreverentes que no tienen en cuenta a Dios ni a lo que tiene que ver con Él, como Su Palabra revelada en la Biblia; personas que ya están diciendo que lo que Dios ha calificado como ‘malo’, ellos lo ven como ‘bueno’, personas que impiden que la Verdad con mayúsculas se manifieste, porque el que vive de espaldas a Dios sin tenerlo en cuenta, la Verdad le molesta y la rechaza porque prefiere vivir “a su aire” que no teniendo que dar cuentas al Dios único y verdadero, creador y juez, Señor y Rey. La verdad de Dios se rechaza, se impide por todos los medios que corra en libertad, se la encasilla y se la entierra en la medida de lo posible, para evitar que la luz descubra lo que su misma conciencia trata de proclamar…

Pero la Verdad se ha abierto paso a través de los siglos por mucho que la humanidad haya tratado de impedirlo. En el texto dice que ya “desde la creación del mundo” ha estado ahí latente, tangible, real, a la vista de todo el que quiera mirar, por eso dice también que “no tienen excusa” porque Dios se encargó de capacitar al hombre de tal manera que el propio “raciocinio humano” capta en la creación la existencia de Dios. Hay un salmo que revela muy bien el ‘lenguaje’ de la creación hablando de su Creador: “Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento despliega la destreza de sus manos. Día tras día no cesan de hablar; noche tras noche lo dan a conocer. Hablan sin sonidos ni palabras; su voz jamás se oye. Sin embargo, su mensaje se ha difundido por toda la tierra y sus palabras por todo el mundo.” (Salmo 19:1-4). Lo que el apóstol afirma en Romanos 1:20 es que la existencia de Dios y Su poder se pueden captar claramente por la mente del hombre a través de lo que vemos: el universo.

“Así que no tienen ninguna excusa para conocer a Dios”. Negar a Dios es una constante del hombre desde el día en que le desobedeció y, hoy en día, las consecuencias están a nuestro alrededor, pero nadie va a poder justificarse diciendo que no sabía que Dios existía porque Dios se ha revelado de tres maneras: por su Creación; por Su Palabra transmitida por los profetas antiguamente, los apóstoles y discípulos después y por los verdaderos cristianos hasta el día de hoy y por Su Hijo que estuvo en la tierra dando testimonio de quien era y lo que había venido a hacer. O sea, en ningún momento de la historia, la humanidad ha estado sin revelación acerca de la existencia de Dios, de hecho podemos ver que Dios se ha revelado y ha capacitado al hombre para que entendiese esa revelación desde ‘el principio’. Pero el hombre, voluntariamente, ha preferido ignorarlo y se ha inventado excusas del tipo de lo que hemos leído al principio: “Si Dios existiese, no habría sufrimiento”, sin querer reconocer que somos nosotros mismos los autores de ese sufrimiento producto de nuestra soberbia, orgullo, avaricia, en definitiva, pecado. La voz que susurra un día a otros día y que revela existencia de un Diseñador, es apagada voluntariamente por la mente entenebrecida del hombre y la mujer que aman más las tinieblas que la luz admirable de Dios.

Dios es tan bueno, que aún mantiene la puerta de la esperanza abierta a pesar de este rechazo general. En esta misma carta de Pablo a los Romanos dice: “Pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores.” ¿Es posible tanta paciencia? Si. Dios es amor y lo demuestra cada día recibiendo con los brazos abiertos a todos los que desean encontrarse con Él pidiendo ser perdonados y aceptados en base a nuestro sustituto, el Señor Jesucristo.