lunes, 13 de noviembre de 2017

Tengo miedo por ustedes

Hace poco más de un año, leí este testimonio publicado en la Editorial La Buena Semilla:
sé a dónde iré después de la muerte, porque creí en mi corazón que Jesús es Señor, y lo reconozco públicamente
Clayton tenía leucemia. A la cuarta recaída en la enfermedad, el médico tuvo que decirle: “Clayton... quizá solo te queden tres meses de vida”. Entonces este joven, de apenas 18 años de edad, consagró sus últimas fuerzas a hablar de su fe y a advertir a numerosos jóvenes. Dijo lo siguiente: “Yo sé cuándo voy a morir, pero ustedes no. Y se dejan distraer por las cosas de la vida que les impiden pensar en lo que realmente es importante”.
Alguien le preguntó: “Clayton, ¿tiene miedo?”. “Sí, respondió, tengo miedo, estoy aterrado. Pero no por mí, no me asusta morir, pues sé a dónde iré después de la muerte, porque creí en mi corazón que Jesús es Señor, y lo reconozco públicamente. Solo hay un camino que conduce al cielo, y yo lo conozco.
En cambio tengo miedo por ustedes. Tengo miedo por cada uno de los que no saben a dónde irán después de la muerte. Tengo miedo por los que creen saber a dónde irán después de la muerte, pero no están seguros. Y sobre todo tengo miedo por los que están distraídos por este mundo, por la escuela, el trabajo, el deporte, los compañeros, y muchas otras cosas... ¡De esto tengo verdaderamente miedo por ustedes!”.
Con la ayuda de sus amigos, Clayton hizo un vídeo. Cuando lo terminó, lo vio y declaró: “Sí, eso es exactamente lo que quería decir antes de morir”. Al día siguiente partió para estar junto a su Señor, habiendo terminado la obra que él le había encomendado: ser su testigo.
Hay un texto en la Biblia que dice: “Si con tu boca reconoces a Jesús como tu Señor, y en tu corazón crees que Dios lo resucitó de la muerte, serás salvado” (Romanos 10:9). Creer con el corazón es aceptar la obra de Jesucristo como plena, completa y regeneradora; no se trata de una aceptación intelectual. Además esta declaración está corroborando la verdad histórica de que Dios ha levantado de los muertos a Jesús porque no se puede confesar que Jesús es el Señor sin creer que fue resucitado de los muertos ya que por medio de la resurrección es posible el señorío de Jesús. La fe y la resurrección de Jesús son el núcleo del evangelio: “Este es el mensaje que ustedes aceptaron, y en el cual están firmes. También por medio de este mensaje ustedes son salvados, si siguen lo que les prediqué y si no han creído en vano. En primer lugar, les he dado a conocer la enseñanza que yo recibí. Les he enseñado que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que lo sepultaron, y que resucitó al tercer día, como también dicen las Escrituras; y que se apareció a Pedro, y después a los apóstoles. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, y muchos de ellos viven todavía, aunque algunos ya murieron”. (1 Corintios 15:1-6). Sin la muerte no hay expiación y sin la resurrección no hay justificación: “[Jesús] fue entregado a la muerte por nuestros pecados y fue resucitado para ponernos en la debida relación con Dios.” (Romanos 4:25).
La consecuencia de esa fe es que serás salvo. Somos justificados por gracia, por medio de la fe y esa justificación nos lleva a la seguridad de la salvación. Esta es la Buena Noticia del mensaje del Evangelio: Aquel que cree, el que deposita su fe en el Salvador, el que recibe a Cristo y es recibido por Él, recibe con el Salvador la salvación. La respuesta a la fe es el perdón de los pecados y la vida eterna.
¡Que el Señor te ayude a tomar la mejor determinación para tu vida!

lunes, 23 de octubre de 2017

¿De dónde venimos?

Creador Diseñador Planeador Creador de los Cielos y la Tierra
Leo en un libro sobre Ciencia: “La vida en la Tierra se originó probablemente a partir de sustancias químicas disueltas en los océanos. Desde estos sencillos comienzos la vida se ha desarrollado gradualmente hacia muchas formas diferentes. Todos los seres vivos cambian cuando una generación sucede a otra. Este proceso se llama evolución”.
Las ‘cursivas’ son mías para resaltar esas dos palabras: “probablemente”, lo que no indica seguridad y “evolución” algo que parte de una teoría desarrollada por el naturalista inglés Charles Darwin y que publicó en 1859 en su libro “El origen de las especies”.
¿Y qué sucede con la raza humana? Según los científicos (y los menciono en general, porque no todos apoyan estas teorías), el primer ser vivo en la Tierra fue un ser unicelular, de esto hace unos cuatro mil millones de años, y de ese organismo evolucionaría la vida animal y vegetal (Otra vez la evolución). Fruto de esa evolución surgirían los homínidos, hace unos cinco millones de años. Según estos estudios, hace 300 millones de años existió un mono llamado aegyptopithecus que se supone es el antepasado de los primates, simios y humanos. Dicho esto así de forma genérica y sin entrar en detalles, está muy bien, pero las decenas de preguntas que surgen de estas teorías, la mayoría no tienen respuesta o se las responde con otras teorías que necesitan esos millones de años de evolución para tratar de rellenar las lagunas que surgen.
Sin embargo estas teorías se han afianzado y, progresivamente, han pasado de ser teorías a hechos consumados, de manera que se dan en las escuelas y en las universidades como las explicaciones científicas más coherentes a la pregunta “¿de dónde venimos?”, de manera que mucha gente está convencida y cree que los seres humanos son animales evolucionados de especies inferiores.
Estas teorías que, por ser científicas, tenemos que creer, nos dicen que todo el universo adquirió su equilibrio, su complejidad, su precisión y volumen accidentalmente; de igual manera la Tierra, este maravilloso planeta con agua, aire, gravedad, suelo, etc., es como es por puro azar, por accidente, y esto tenemos que tomarlo, el azar y el accidente, como una declaración científica.
Podríamos extendernos desarrollando estas hipótesis y sus controversias, pero me quiero centrar solo en nuestra pregunta: ¿Qué pasa con nuestra especie? ¿Hay realmente pruebas, huesos, que nos demuestren que un animal evolucionó en otro? No. Todas las ilustraciones que nos presentan en los libros de el hombre de Java, el de Neanderthal, el de Nebraska, etc., ninguno es el eslabón perdido porque las pruebas reales nos dice o que se trata de monos, o que se trata de hombres, pero lo que no son monos transformándose en hombres. No pueden encontrar monos-hombres porque la evolución es un gran engaño. Todos los fósiles muestran especímenes completos. No hubo cambio en ninguno. Ningún fósil que se haya encontrado muestra un animal transformándose en otro. Y desde que se ha descubierto el ADN, se puede probar que la evolución así enseñada es imposible, porque demuestra que el ser concebido contiene toda la información acerca de cómo va a ser concebido cuando crezca, no hay accidente ni azar.
¿Qué podemos entonces afirmar y asegurar? Los descubrimientos, investigaciones y estudios serios y concienzudos de los científicos demuestran que la vida y todo lo demás que existe es el resultado de un plan, no de un accidente. ¿Quién ha ideado ese plan? No podríamos saberlo si el gran Diseñador no nos lo hubiese dicho, pero lo ha hecho. El gran Planeador no es una fuerza impersonal, un ente poderoso del que emanan las cosas. El Creador de los cielos y la tierra y todo lo que contienen es Dios, como así dejó constancia en su Palabra escrita, la Biblia. En contra de lo que muchos puedan estar opinando, no estamos hablando de un libro de fábulas o de historias para niños, nos encontramos ante un documento muy antiguo, escrito dentro de otra cultura, que constituye un medio pedagógico para explicar las verdades básicas esenciales a toda teología. El Creador revela a los escritores humanos, con palabras sencillas, simples y comprensibles, el origen de todo. Los primeros capítulos del libro del Génesis no recogen una información científica, sino una información moral y espiritual, ya que es obvio que la Biblia no es un libro de ciencia pero no por eso hay que cometer el error de vaciar al texto de su contenido, ni de despreciar la información que contiene. La enseñanza bíblica es muy diferente a esa teoría evolucionista que asegura que todo proviene del azar. En el relato bíblico encontramos, no una evolución de las especies, sino una creación hecha por Dios, de forma separada, de cada una de las entidades: materia, minerales, animales marinos, animales terrestres y, finalmente, el hombre y la mujer. Es Dios el que funda la Historia, ahí en el Génesis se puede ver el proceso y desde el momento en que se produce el actor creador, comienza la humanidad, empezando desde ahí el tiempo histórico, no el tiempo mítico, se trata de la Historia irreversible. Dios crea una naturaleza acabada y no en gestación. Crea las plantas, los animales y por último al ser humano, a imagen y semejanza de Dios, lo que supone una dimensión distinta de los animales, ya que el hombre puede pensar, razonar, crear, tomar decisiones, hablar, comunicarse entre ellos y Dios, siente, es sensible, tiene capacidades que explota y desarrolla y sigue haciéndolo. Dios crea de forma perfecta y, si somos un poco observadores, lo podemos comprobar a nuestro alrededor. La Biblia no es una colección de mitos, la Biblia elimina los mitos modernos desde la primera página.
Dios crea libremente y lo hace por amor porque no tiene necesidad alguna de crear; lo hace por amor y nos crea libres, porque Él quiere comunicarse con criaturas libes, que pueden optar por ser sus amigos… o no. Pero eso no quita que, por amor, Dios quiera hacernos partícipes de lo que Él es: Dios es amor, quiere tener relación con su criatura, pero no quiere una relación impuesta, sino una relación voluntaria, por medio de su Hijo Jesucristo, el único mediador válido entre Dios y nosotros.

sábado, 14 de octubre de 2017

Almas que sufren

Necesitamos apoyarnos como Pueblo sufriente
                  Almas que sufren                     
                  Silencio espantoso
                  en medio del ruido,
                  silencio
                  de mil palabras.

                  Soledad invisible
                  rodeada de gente
                  soledad
                  en medio de amigos.

                  Almas hambrientas
                  de un toque de
                  compasión,
                  almas
                  anhelando amor.

                  Palabras de ánimo:
                  ¿dónde estáis?
                  Palabras
                  que llegan al corazón.

                  Levantad vuestra voz,
                  romped el silencio,
                  penetrad
                  el muro de soledad!
practiquemos el mutuo apoyo pastoral
¡Buscad inspiración
del Consolador,
por Él
dejados guiar!

Nueva criatura,
libre para amar,
redimida
para ser bendición:

¡Sal al encuentro 
del alma que sufre -
Cristo
lo haría también!

S. Py

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Nuevo curso

nuevo curso ansiedad miedo seguridad
Siempre me ha costado regresar a la normalidad, a la rutina, después del mes de vacaciones (¿cuántas veces habré escrito esto?). ¡Comienza un nuevo curso! Solo de escribirlo parece que se me pone un punto de ansiedad en el pecho, es algo que no puedo evitar, debe de ir en mis genes.
Como la tv está metida en un bucle (a menos que se lo rompa una noticia de impacto), vuelve a decir aquello de los propósitos: que si volver al gimnasio, o lo de retomar los estudios de inglés (¡esta vez sí!), empezar una dieta, quitarse de fumar…
Septiembre es el mes “línea de salida”, como si empezásemos una nueva carrera aunque, en realidad, seguimos en la que ya estábamos con una pequeña parada en boxes, para repostar, cargar las baterías, y todas esas cosas que se dicen cuando se habla de la temporada vacacional. Algo similar ocurrirá los primeros días de Enero: propósitos, metas, deseos, ilusiones… 
Todas las “líneas de salida” apuntan a una “línea de meta”; algunos llegan a cruzarla con el propósito conseguido, aunque son los menos; la mayoría (también lo dicen en la tv), se quedan por el camino ahogados en su rutina, en su actividad diaria, en la falta de tiempo, en el desánimo, en el cansancio… o en un giro imprevisto. Nunca pienso en los “giros imprevistos” pero sé que están ahí. ¿Cómo los afrontas?
En este “nuevo curso” estamos hablando en mi iglesia sobre el libro, la historia, de Job. Ahora, al pensar en los “giros imprevistos” me he acordado de él porque habla una persona que los sufrió de esa manera, sin contar con ello, de repente… y su historia ha servido para que miles de personas encontrasen consuelo leyéndola en las páginas eternas de la Biblia. Sé que lo que le sucedió a Job es el extremo, lo más fuerte y lo más terrible con lo que nadie cuenta, pero, seguramente Dios permitió que fuese así para que su vida y su ejemplo sirviesen a los que tienen que afrontar “giros” de ese tipo. Podemos mirar a las víctimas del terrorismo, o a las del huracán Harvey, o a los miles de afectados por un ‘imprevisto’ cáncer o cualquier otra enfermedad… Parecen cosas lejanas que les pasan a otros hasta… hasta que llegan a nuestro lado, así, repentinamente, sin avisar.
¿Qué nos deparará este nuevo curso? No lo sabemos; deseamos y esperamos que nada malo pero no lo sabemos, por eso hay que estar preparado. Los que leemos las palabras de Jesús estamos avisados; aunque en otro contexto, Jesús dijo que “en el mundo tendremos aflicción”, de manera que debemos prepararnos para cuando ésta llegue. Jesús hablaba aquí en un contexto de persecución o acoso por ser seguidor suyo, pero la aflicción, como vemos, puede llegar de muy diversas maneras y nadie estamos libres, seamos cristianos o laicos o de cualquier religión. Pablo, el apóstol Pablo, llegó a escribir: “…he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”. ¿Quién le había enseñado para “saber” vivir en la circunstancia que fuese. Él sigue diciendo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Ahí está la clave: el estaba preparado en Cristo. ¿Qué quiere decir esto? Es la consecuencia de vivir “del lado de Dios”, de ser cristiano de verdad, de confiar en Dios y en sus promesas, de tener a Jesús como Amigo, Intercesor y Salvador. El discípulo de Jesús tiene que “aprender”, entre otras cosas, a confiar en Dios y una vez que empieza a ver que eso es una realidad, va a afrontar cualquier situación con gozo sabiendo que, con Su Ayuda, la va a superar. Esa es la experiencia de Pablo y puede ser la mía y la tuya. El secreto no está en Pablo ni en mí, sino en la fuerza y el respaldo divino que tenemos por medio de Jesús. Con Él a nuestro lado tenemos recursos para todo (“Todo lo puedo…”); no estoy hablando de una “fuerza sobrenatural” para hacer cosas sobrenaturales, sino que se trata de poder afrontar los “giros imprevistos” que surgen en la vida con Dios a mi lado y para Él, no hay nada imposible.
Esa fortaleza procede de Cristo y forma parte de la experiencia cristiana auténtica en el día a día y, como dice en Romanos 8:31: “Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros”. ¿Qué nos deparará este nuevo curso? No lo sabemos, pero si nuestra vida está en las manos de Dios, no deberíamos tener ni ansiedad, ni miedo, ni inseguridad porque “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

jueves, 27 de julio de 2017

Y después de la muerte ¿qué?

hay algo después de la muerte
En el artículo anterior he comenzado una serie sobre las clásicas preguntas que todo el mundo se hace, así que ahora le toca a la pregunta del millón: “¿Qué hay después de la muerte? ¿Hay algo o todo termina ahí?” Porque lo que no tiene discusión es el hecho físico de la muerte, es algo natural e inevitable, puede ser causada por el desgaste del cuerpo y de sus órganos o puede ser repentina, a causa de un accidente, una enfermedad… El filósofo alemán Heidegger afirmó: “Tan pronto como el hombre empieza a vivir, ya es lo bastante viejo para morir”. La Biblia confirma esta realidad con estas palabras: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). O sea, según esto no termina la cosa ahí, porque apunta a un “después”. Claro que esa es la postura de la Biblia, de los cristianos y de algunas religiones. Porque todos sabemos que la postura científica, que se basa en lo que puede demostrar, no suele sugerir un “después” porque una vez paralizado el cerebro, la actividad mental cesa, los órganos dejan de funcionar y se certifica la muerte, al igual que en el resto de los animales, con la diferencia de que éstos no saben que han de morir, mientras que el hombre y la mujer, sí.
¿Qué significa la frase de Hebreos “está establecido”? Apela a la “soberanía” de Dios y se basa en la historia que registra el libro del Génesis en sus primeros capítulos. Cuando el hombre y la mujer pecaron desobedeciendo a Dios y menospreciando, de paso, su soberanía como Creador y Señor, les dijo: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19). La muerte es consecuencia del pecado, como se les había advertido: “más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gn.2:17). Aquí se refiere primeramente a la “muerte espiritual” a causa de la desobediencia y luego, a la muerte física, muerte establecida para todos por causa de la universalidad del pecado: “Así pues, como por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo y trajo consigo la muerte, así también la muerte pasó a toda la gente, porque todos pecaron” (Romanos 5:12).
Pero volviendo a la pregunta que nos ocupa: llega el momento de la muerte, el cuerpo queda inactivo y ¿la persona también? ¿Qué hay del “alma”? ¿Es verdad que el alma es inmortal y que el alma es la persona, todo lo que ella es, sus pensamientos, sus ideas, sus sentimientos… muere todo con ella? ¿O no existe el alma?
Como con la muerte tenemos varias respuestas según quién las dé. Para los científicos o los filósofos, el alma es la actividad mental de la persona, por tanto una vez que el cerebro se muere, el alma dejaría de existir. Claro, ante esta perspectiva, los que creen en la vida como fruto del azar y que, por tanto, no tiene ningún sentido ni propósito nada más que el de subsistir, no es de extrañar que lleguen a conclusiones como las que leemos en el libro “Cien españoles y Dios”: “Si el ser es un ser para la nada, si el nihilismo es la verdad, si después de la muerte no hay más allá, ¿para qué seguir viviendo? ¿Por qué no el suicidio?” (Luis Mª Ansón). Hay personas que llegan fácilmente a ese desenlace, a pesar de las muchas cosas buenas y positivas que nos puede dar la vida, pero cuando todo pierde sentido por las circunstancias y no hay un salvavidas de esperanza al que agarrarse, la muerte parece una salida fácil. Sin embargo, el hombre en general, se rebela a la idea de la muerte ¿sabes por qué? Porque Dios no nos ha creado para morir. Ya, me vas a decir que el que no crea, eso le va a dar igual; sí, pero es importante hay una información en la revelación de la palabra de Dios que afecta a todos, crean o no, y dice así: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Eclesiastés 3:11). Como escribe Derek Kidner en su comentario a Eclesiastés: “A diferencia de los animales, que no tienen conciencia temporal, anhelamos ver las cosas en su contexto total, y ello justamente por ser innato en la raza humana el ansia de eternidad; o, al menos, lo suficiente para poder comparar lo fugaz con lo perdurable.” Nuestra mente, nuestro pensamiento, nuestros razonamientos se oponen a la idea de que todo termine en la muerte, de hecho es una constante en la raza humana desde siempre: puedes estudiar la historia de los pueblos más remotos y verás que es normal y corriente pensar que el que se muere “se va a otro lugar”, al menos su espíritu, su yo, la persona con todos sus valores. “Invoquemos a los espíritus de nuestros antepasados”, “llamemos a los espíritus para que nos guíen”, etc., cosas como estas todavía se oyen hoy en personas que creen que los espíritus de los que han muerto pueden ponerse en contacto con los vivos e incluso aconsejarles, como aceptando que el alma de las personas no muere. En la India es muy aceptada la idea de que el alma de la persona se reencarna en otra basándose en el hecho de que su futuro en la eternidad dependerá de sus obras aquí en la tierra. 

martes, 18 de julio de 2017

¿Existe Dios?

evidencias de la existencia de Dios
– “¿Existe Dios?”
– “Sí”.
– “¿Por qué estás tan seguro?”
– “Por las evidencias”.
– “¿Qué evidencias?”
– “Las evidencias que prueban su existencia. Es verdad que nadie ha visto a Dios (excepto Su Hijo), pero, utilizando el ejemplo más popular, cuando yo compro un reloj, aunque no haya visto al relojero que lo montó, la perfección de sus engranajes, su exactitud, su orden, su precisión, etc., son evidencias que me hablan de que hay alguien detrás que ha logrado eso que estoy viendo: el reloj, aunque yo nunca vea a su creador, veo, por las evidencias, la realidad de su existencia. François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, escritor, historiador, filósofo y abogado francés, famoso por su irreligiosidad, dijo: “Si un reloj prueba la existencia de un relojero, pero el universo no prueba la existencia de un gran arquitecto, entonces consiento en ser llamado loco”. 
A este argumento se le llama “argumento teleológico”: todo cuanto nos rodea y nuestro propio ser revelan orden y finalidad. Lo que vamos conociendo del universo, de la vida, de lo que se ve y de lo que no se ve, no demuestra ser fruto del azar como se nos quiere hacer creer. Otro ejemplo popular es el del cuadro: Ninguna obra de arte puede ser concebida sin un artista detrás de ella. Cuando tienes la oportunidad de estar en un lugar sin contaminación lumínica y puedes contemplar el cielo estrellado en toda su belleza, si no crees, sientes como muchos han sentido que “tiene que haber algo”.
Hay otros argumentos famosos como el cosmológico, el ontológico y el moral. El cosmológico se basa en el hecho de que todo cuanto se mueve ha de ser movido por la fuerza de otro ser diferente. Todo lo que existe y todo cuanto sucede se debe a una sucesión de movimientos o cambios; pero esa sucesión, considerada regresivamente, no puede ser infinita, ha de haber una primera causa no causada. Esa causa es Dios.
El argumento ontológico fue sugerido por Agustín de Hipona, doctor de la Iglesia Católica, y desarrollado por Anselmo de Canterbury, teólogo, filósofo y también doctor de la Iglesia, quien concibió a Dios como un Ser incomparable: “Nada puede concebirse mayor que Él”. La idea está basada en una realidad porque si el Ser perfectísimo solo existiese en el pensamiento y no en la realidad, ya no sería el Ser perfecto porque sería absurdo decir: “puedo pensar en un ser perfecto que no existe”.

lunes, 3 de julio de 2017

Distancias generacionales

“Oíd hijos, la enseñanza de un padre; estad atentos para adquirir entendimiento” (Proverbios 4:1)
El escritor de Proverbios entendía que el atender el consejo de un padre era un buen método para adquirir entendimiento, de hecho según aclara Malbim, la expresión de “un padre”, en contraste con 1:8 (“tu padre”), “insinúa que está impartiéndoles una instrucción paternal que él mismo había recibido de su padre”, lo que le da más fuerza a la idea pero, ¡qué poco valor se le da, en general, hoy en día a lo que un padre nos pueda aconsejar! Normalmente nos damos cuenta de lo que vale esta sentencia cuando ya tenemos la edad que nuestro padre tenía cuando nos quería aconsejar y de ahí que el escritor recuerde que “también fui hijo de mi padre” y “él me enseñaba y me decía: “Retenga tu corazón mis palabras; guarda mis mandamientos y vivirás.” (Pr.4:3-4).
Distancia generacional; nuestra vida es muy corta pero cuando queremos marcar distancias generacionales, parece que vivamos una eternidad, que los padres se han quedado a años luz de sus hijos, que ya no entienden nada, que están obsoletos, pasados, anticuados…
Es verdad que los avances tecnológicos van tan rápido que a determinada edad ya no asimilamos todo lo que llega, una porque no todo nos interesa y menos nos absorbe como lo hace con las nuevas generaciones, y otra porque nos faltan reflejos para captar tanto avance, pero la vida lleva una línea “clásica” en la que los valores, las verdades y las realidades son siempre parecidas, sino igual, a lo que hemos vivido los más mayores y los padres de ellos igualmente. Como dice el Predicador del Eclesiastés “Nada hay nuevo debajo del sol.” Y los consejos de un padre van por esa senda en donde abunda la sabiduría, el entendimiento, los dichos sabios de los antiguos, la disciplina, la rectitud…
“¡Adquiere sabiduría! ¡Adquiere entendimiento!... No la abandones y ella te guardará” (Pr.4:5) La sabiduría de la que se habla aquí es la sabiduría verdadera, la que nos recomienda a Dios, la que obra de manera tal que nos capacita para vivir una vida de acuerdo con las instrucciones del sabio Dios, da un sentido único a nuestra vida y nos embellece el alma de forma que nuestro rostro refleja esa belleza… Salomón sabe por su experiencia que todas las demás cosas del mundo son secundarias, apenas valen nada comparadas con la sabiduría que Dios nos puede regalar, porque Dios la da a quienes se la piden: “Y si a alguno de vosotros le falta sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos con liberalidad y sin reprochar; y le será dada” (Santiago 1:5).
“No entres en el sendero de los impíos, ni pongas tu pie en el camino de los malos.” (Pr.4:14). Dos caminos: el de los justos y el de los impíos. ¿Qué extraño suena esto hoy, verdad? Salomón usa esta alegoría de los dos caminos en más ocasiones. En este capítulo 4 de Proverbios sobre el que estoy escribiendo, ya lo inicia en el verso 11 donde menciona el camino de la sabiduría, camino en el que el padre ha instruido a su hijo, camino que desea que no abandone; ese sería el de los justos. El de los impíos se asocia a la oscuridad y por tanto es un camino en el que se tropieza, porque no se ve en él; evidentemente, para un padre, es poco recomendable para su hijo. “Pero la senda de los justos es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que es pleno día.” “Sobre tus caminos resplandecerá la luz”, se lee en Job. La luz se asocia con Dios, las tinieblas con el mal y sus secuaces. El padre amoroso anhela que sus hijos anden en luz, la luz que resplandece desde las Escrituras, la luz que también es Cristo nuestro Señor: “Jesús les habló otra vez: Yo soy la luz del mundo. El que me sigue nunca andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” (Juan 8:12): ¡Que palabras más sublimes! ¡Qué hombre podía aseverar esto sino el Hijo del Hombre como le gustaba llamarse a sí mismo a Jesús! El Hijo de Dios, que provenía de Dios, quien a su vez afirma ser luz (1 Juan 1:5): “Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas.” El buen padre aconseja a su hijo el camino de los justos, el camino de la luz; ellos caminan guiados por la Palabra de Dios, la cual es luz para el camino, guía para saber dónde poner los pies: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Sl.119:105).
“Hijo mío, pon atención a mis palabras; inclina tu oído a mis dichos” (Pr.4:20). Consejos, luz, justos, guiados por la Palabra… No deja de ser un contraste con lo que cualquier joven esté pensando hoy en día, guiado por lo que se ve en el cine, los video juegos, las modas, el avance de lo prohibido, la necesidad de vivir la rebeldía de la edad, los desafíos de los compañeros, ¿dónde cabe ahí la exhortación que puede sacarse de una Biblia? Solamente en un corazón cambiado por Cristo entran las palabras divinas como bálsamo, fuerza, guía, empuje. Conozco jóvenes criados en familias cristianas que conocen perfectamente la guía de la Palabra de Dios, como también he conocido jóvenes criados en ese tipo de familias que han decidido pasarse “al lado oscuro” por experimentar lo vetado, lo desconocido, el riesgo… Hay jóvenes que se encuentran con Jesús sin saber nada de Él anteriormente; los hay que ya lo conocían y prefieren dejarlo a un lado para vivir y saborear un poco “la oscuridad”.
La Biblia contiene la Palabra de Dios que es eterna: siempre ha sido, es y será. Y Ella envía el mensaje: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra… En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Sl.119:9 y 11). Los consejos de un padre cristiano van en esa línea; por eso tiembla ante la otra perspectiva y se ve obligado a decírselo a su hijo: “Aparta tu pie del mal.” Los consejos están dichos. Ahora se trata del juicio del chico para que escoja los deseados.

miércoles, 24 de mayo de 2017

La cara del dolor

el barco de los cirujanos
Ayer tuve la oportunidad de ver en el programa Documentos TV, el documental “El barco de los cirujanos” sobre un barco hospital que lleva más de 20 años visitando varios países del África occidental. Está considerado el hospital flotante más grande del mundo; en él, voluntarios sanitarios de más de 40 países ofrecen a miles de personas diagnósticos e intervenciones quirúrgicas totalmente gratuitas.
El vídeo es poco apto para estómagos medianamente sensibles, como el mío. Tan pronto comenzaron a verse imágenes, se me revolvió el estómago y confieso que ha habido momentos, especialmente de intervenciones quirúrgicas y otras de primeros planos de alguna enfermedad, en los que no pude mirar.
El barco se llama ‘África Mercy’ y en él se atiende a las personas más pobres del lugar en el que atracan. Tan pronto se tuvo noticia de que el barco había llegado a puerto, en esta ocasión Guinea, se empiezan a formar una colas muy largas en las que se encuentran personas que parecen sacadas de una película de ciencia ficción: niños, jóvenes y mayores deformados, con tumores gigantes en la cara, cuello, cerebro, deformaciones congénitas, heridas de guerra, gente con enfermedades ya superadas en el llamado primer mundo, padeciéndolas y propagándolas, enfermedades malignas y horribles que además de propagarse, matan en la mayoría de las ocasiones.
Estas pobres personas esperan pacientemente a encontrarse con los “ángeles” que trabajan en ese hospital flotante. Porque el trato que pudimos observar es el mismo que te dan cuando vas a un hospital privado, pero además lleno de amor. Allí los analizan, les hacen pruebas, radiografías y todo lo necesario para elaborar un diagnóstico que puede ser positivo si se puede operar o triste y negativo cuando la operación no se puede llevar a cabo por tratarse de un tumor maligno muy extendido o una situación imposible para la cirugía más moderna que por muy adelantada que esté, no puede hacer frente a determinadas enfermedades.
Ese personal voluntario son doctores, enfermeras y enfermeros y todo tipo de personal especializado que dejan todo en su tierra de origen y se embarcan durante un año en el África Mercy, donde diagnosticarán a más de tres mil personas y operarán con éxito a otras tantas en los cuatro quirófanos instalados en el barco. “Pensé, esto es lo que quiero, salvar vidas y cambiar el mundo”, afirma orgullosa una doctora australiana en “El barco de los cirujanos”, que posee su propia página web www.nde.ong, está financiado exclusivamente a través de donaciones.
“Cuando te encuentras en este entorno, la necesidad de ayudar resulta embriagadora y una vez que empiezas, no puedes parar” asegura satisfecho otro de los cirujanos. Muchas de estas enfermedades
Existen aquí y son curadas con el tratamiento adecuado pero en los países africanos más pobres no tienen recursos para poder curarlos, en muchas ocasiones porque los recursos de que disponen los emplean en financiar guerras salvajes y ternas que arruinan el país y las pobres vidas de los que viven en él. Algunos comentarios de los pobres padres, abuelos o familiares de los enfermos, hablaban de su situación desesperada: “No teníamos dinero, no le podíamos llevar al hospital. La primera vez que pisó un hospital fue cuando llegó el barco”, cuenta agradecido el padre de una niña con un enorme tumor en la cara. “Es una sensación única, cuando le entregas una tarjeta que dice: ven a vernos, te hacemos una cirugía gratis y tu vida cambiará para siempre” dice otra de las cirujanas, que trabajan en el barco de la entrega, la generosidad y la disponibilidad.
En este reportaje se pudieron ver algunos casos detenidamente, desde que eran diagnosticados hasta que eran intervenidos, con imágenes muy duras de algunas fases de las intervenciones y con momentos enormes de emoción al ver el ‘milagro’ logrado en algunas de aquellas pobres vidas.
Especialmente emotivo fue el caso de un niñito de 2 años con un tumor terrible en la boca, acompañado de su joven padre, al que después de hacerle todas las pruebas tienen que comunicarle que no se puede operar porque el tumor es maligno y supondría la extensión por todo el cuerpo con mucho más dolor y sufrimiento para finalmente morir sin solución. Entonces surgió otra voluntaria que en los subtítulos pusieron como “ayudante pastoral” y que tiene la dura labor de comunicar a los familiares el resultado de las pruebas. Una persona afable, cariñosa, que fue explicando al padre que su hijo estaba en las manos de Dios ya que las manos de los hombres no podían ayudarle. El padre lo tomó con mucha serenidad y resignación. Pero es que además se unieron a esa conversación los cirujanos, especialistas, enfermeros, etc., para consolar al padre, de manera que se presentó un cuadro de solidaridad, amor y entrega que nos mostró que el amor de Dios impregna a esas personas tan comprensivas y tan buenas.
La cara opuesta a tanta tristeza fue el de dos niños, una niña y un niño, con sonrisas de felicidad después de haber superado sendas operaciones terribles para arreglar sus destrozados y retorcidos cuerpos. Aun se me llenan los ojos de lágrimas cuando recuerdo esas imágenes y también de agradecimiento a la labor altruista de estas personas, personas que son una bendición para sus semejantes más necesitados.
¡Que el Señor los bendiga y provea corazones generosos que sigan apoyando esta obra humanitaria sin precedentes!

sábado, 6 de mayo de 2017

CIFRAS

alambrada y flor
320.000 muertos, 5.000.000 de refugiados, 4.300.000.000 en asistencia humanitaria, 170.000.000.000 se necesitan para reconstruir el país en diez años… cifras mareantes que produce la guerra en Siria, a ellas habría que añadir muchas más pero solo voy a añadir otra: 7 años de horror. Alepo, Damasco, Homs, nombres que ya se nos han hecho familiares porque los visitamos mientras estamos comiendo, en imágenes del telediario que nos resultan casi familiares por lo cercanas, pero indescriptibles por lo irreales. Leer los detalles en la prensa produce escalofríos: los civiles muertos, niños, y las cifras nos hablan de víctimas oficialmente identificadas ¿cuántas habrá en realidad?
Cuando paseamos guiados por las cámaras de los intrépidos periodistas por lo que queda de esas ciudades asistimos a paisajes urbanos que hemos visto en las películas de la 2ª guerra mundial, paisajes que hemos deseado muchas veces olvidar, dejar como una mancha negra más en la historia, como algo irrepetible, como algo no humano. Sin embargo, ahí están de nuevo: crueles decorados, macabros paisajes de película de terror en los que todavía podemos ver pasar alguna persona, algún niño, como si de aventureros se tratase explorando un planeta desconocido. 
Pues todo eso sucede a poco más de 4 horas de vuelo desde Madrid, casi aquí al lado; se me entristece el alma. ¿Será verdad que no se puede hacer nada? ¿Tan inútiles son los que se encargan de dirigir el mundo? Porque si ellos no toman medidas y se ponen de acuerdo, poco más podemos hacer los demás mortales, más que protestar, escribir nuestro reproche, hablar de ello, de los millones de refugiados que deambulan desesperadamente pidiendo limosna en las puertas de las naciones vecinas, entre las que nos incluimos, para recibir un portazo en las narices cuando se les permite llegar a alguna puerta, si no se les condena a estar en pseudo-campamentos, sin medios, inhumanos, en donde los pequeños juegan metiendo sus pies en el barro o soportando las inclemencias del tiempo… ¡patético! Un nudo en la garganta impide continuar, es pura desesperación…

lunes, 10 de abril de 2017

Yo no soy mejor persona

Niña sujetando el Mundo
Leyendo a Javier Cercas en su artículo del País Semanal, me llevó a una frase muy conocida: “Si olvidamos el pasado estamos condenados a repetirlo” que es una adaptación de la que se le atribuye a George Santayana, filósofo hispano norteamericano: “Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Cercas la utiliza en su argumento para decir que “estamos repitiendo los errores de los treinta”.
Y puestos a usar frases, lo anterior podría ligarse a la que dice: “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”, algo que no se si está verificado pero que viene a decir que tenemos facilidad para cometer los mismos errores repitiéndolos y cuando se trata de repetir la historia o el pasado, da un poco de repelús…
Pero hay una afirmación de Cercas razonando sobre la historia reciente de España, los hechos del 36, la República, etc., que me ha llamado la atención por lo acertada y sincera, en donde afirma que él no se considera mejor persona que un tío abuelo del que habla en su última novela. O lo que es lo mismo, han pasado más de 80 años, vivimos otras circunstancias, en otra sociedad muy cambiada y cambiante, pero, si somos honrados, reconocemos que no somos mejores personas que los que vivían en los años 30, o en los veinte, o en los que quieras poner… Y eso es uno de los argumentos que más nos empujan a repetir y cometer los errores que se han cometido en el pasado histórico: nuestra naturaleza, nuestra forma egoísta de actuar y pensar.
¿Qué puede cambiar esto? ¿O quién? El único capaz de cambiar el corazón del hombre y de la mujer, sigue siendo Dios. Hay un texto en la Biblia que me gusta en especial porque habla de que nuestro corazón es un corazón de piedra, insensible, duro, falto de amor y de misericordia. Un corazón así ve a los demás como competidores, contrincantes, enemigos y eso hace que no tengamos remordimientos ni escrúpulos para enviar aviones a bombardear una ciudad sin tener en cuenta a las personas que viven allí, solamente se mira por el interés bélico inmediato sin querer saber del horror que se genera. Finalmente a esas muertes se les denomina “daños colaterales” o lo que es lo mismo, es preferible que mueran esas personas, sean niños o adultos, antes de que siga adelante tal o cual ejército y conquiste aquello que no nos interesa que conquiste.
El miedo a repetir los errores de la historia es el miedo a que se vuelvan a cometer genocidios tan salvajes y mastodónticos como los cometidos en el siglo XX. Solamente un corazón lleno de amor puede evitar esas barbaridades. Y Dios lo promete así: “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos, y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios.” (Ezequiel 11:19-20).
Tal vez digas que esto no tiene valor porque lo he sacado de la Biblia y para las mentes pensantes y sabias de este siglo, la Biblia es un libro viejo y obsoleto. Pero, la Biblia contiene la Palabra de Dios y “la Palabra de Dios permanece para siempre” porque es dicha por Dios, porque Dios no es hombre para que mienta, porque podrá desaparecer la humanidad y la tierra y aún el universo pero “la Palabra de Dios nunca pasará”. En el contexto de estas palabras Dios está hablando de lo que hace con Su pueblo, el formado por personas que creen y obedecen sus mandamientos, que lo tienen a Él por su Dios y se trata de una transformación radical para empezar a ser cambiado para formar parte de la ciudadanía del lugar dónde está Dios; no se trata de un logro humano, se trata de una obra divina y de ahí su eficacia porque va dirigido al centro de la persona, su corazón, el lugar donde alberga su yo metafóricamente hablando, un cambio que produce un corazón lleno del amor de Dios y de Su sabiduría, de ahí que el escritor de los Proverbios afirme: “El corazón entendido busca la sabiduría” (Proverbios 15:14). Dios nos dará ese corazón si se lo pedimos. Para que cambiase el mundo cada persona debería anhelar ese cambio. Mientras tanto, la humanidad seguirá repitiendo “errores” que solo producirán dolor y llanto porque se trata de algo más que errores, se trata de vivir de espaldas a Dios con todo lo que eso supone.

jueves, 23 de marzo de 2017

Lo peor de nosotros

GuerraYa me ha pasado en otras ocasiones: veo una película y quedo conmocionado, afectado por lo que descubre, dolido ante la realidad, triste ante la injusticia que proclama. "Hijos del Tercer Reich" es una mini serie alemana que cuenta en tres capítulos el cambio que ejerce en cinco amigos el vivir en primera persona las consecuencias de la segunda Guerra Mundial. Hay una frase de uno de los personajes que más me ha gustado que lo resume perfectamente: "La guerra sólo va a sacar a la luz lo peor de nosotros".
El guionista Kolditz, en una entrevista que le hicieron en el periódico el País declaró: "No presentamos a los alemanes como víctimas. Los protagonistas experimentan una transformación a lo largo de la serie, donde cometerán actos deleznables. Eso es lo peor de las guerras: no que los asesinos maten, sino que la gente normal, como usted o como yo, acabemos convirtiéndonos en máquinas de aniquilar”.
Esa transformación tan real fue lo que me dejó tan triste, el comprobar como cuando sale a la luz lo peor del hombre, pierde los valores humanos, pierde la condición de persona y se embrutece de una forma diabólica que asusta y hace perder la fe en el hombre a aquel que la tenga.
La mayoría de las buenas películas que tienen como argumento cualquiera de las guerras, retratan con fidelidad en lo que se convierte una ciudad, un país, cuando sufre el mal de la guerra. Hoy lo estamos viendo en los telediarios, lo que se ha dado en llamar, irónicamente, "la guerra en directo". Siria es el país protagonista y los escombros de lo que fue un bello país, el escenario dantesco en donde se matan personas por un supuesto objetivo político o militar, arrastrando con ellos a inocentes niños, sufridas madres, pobres ancianos y una población que huye de esa miseria, una población que conocemos como "los refugiados", que se encuentran las puertas de los países cerradas ante su llamada tétrica de socorro. Esa es la otra cara de la moneda: los países a los que pueden escapar, llenos de personas civilizadas y cultas, miran para otro lado como si los que se arremolinan ante sus puertas fueran un rebaño pestilente de ganado.
Así que podemos decir que la guerra ha sacado a la luz lo peor de nosotros en los sitios donde la hay y en donde no. Así somos en el fondo: portadores de un corazón egoísta, solidario con lo que le conviene, hipócrita y anti cívico. "Lo peor de nosotros".
Ante la pantalla de la verdad representada en la ficción y en la vida, nos sentimos impotentes porque reconocemos nuestras carencias. Solo un corazón lleno de amor puede ser transformado y transforma a la persona poniendo carne donde hay piedra, amor donde hay odio, generosidad donde hay egoísmo. Solo un corazón limpio de suciedad puede vivir esa metamorfosis. Solo Jesús lo puede hacer si creemos y se lo pedimos. Él es Dios, Él quiere tenernos en su familia, Él ha hecho lo necesario para que podamos vivir una vida con valores, principios y un propósito. No pierdes nada en pedirle ayuda para encontrarte con Él. Vale la pena porque vale una eternidad.

miércoles, 15 de marzo de 2017

El hospital

blanco de hospital
Lo evitamos pero no nos queda otra que ir cuando toca, sea por nosotros, por una persona querida, por un familiar... Es tan grande que te pierdes en sus laberínticos espacios, pasillos, escaleras, ascensores que no detienen su continuo trajín, un ir y venir de gentes de todas las edades, bueno, niños los menos, si no son ellos los protagonistas se quedan en el hall de la entrada como enmascarando con su alegre bullicio el triste rumor que sale de su insaciable boca. Mejor que no sean ellos los protagonistas; los que conocen el dolor antes que la vida... ¡que penita dan! ¡tan niños y tan mayores al tiempo! aceptando el dolor como algo normal que les ha "regalado" la vida, asumiéndolo con heroica resignación, mucho más valientes que nosotros, mucho más maduros.
El dolor fluye de sus paredes, está impregnado de dolor; lo ves en los ojos de los ocupantes de esos pares de camas, dos por habitación, dos mesitas, dos sillones duros de dolor para que el que se quiera dormir en ellos, no lo consigan y sí se lleven los huesos rechinando de quejumbrosos ayes para que se sientan partícipes y solidarios con los que se tienen que quedar allí, postrados por el dolor que no han pedido, que no han querido, pero que un día ha llamado a su puerta buscando un inquilino involuntario, con mirada aterrada, suplicante, ojerosa, triste...
El dolor pasea por aquellos largos pasillos; se ayuda de muletas, andadores, soportes de suero, orina o lo que sea, soportes con ruedas que son trasladados como repugnantes estandartes anunciando la vejación del que los porta. Se apoya en un brazo solidario, cariñoso, sufrido, con un andar parsimonioso, grave, sin prisa, aburrido, cansino. A veces se para para intercambiar grados de dolor con otros peregrinos del pasillo sin salida franqueable para los que lo arrastran. Los demás si tienen salida por una de esas bocas que escupen caras aliviadas, satisfechas del deber cumplido y de no tener que seguir paseando por esos pasillos atestados de dolor blanquecino, blanco de fluorescente, blanco de camas blancas que se cruzan con uno en dirección a... Blanco de batas blancas, de gorros blancos, de envases de jeringuillas blancos, de medicamentos, de algodón, de tela... blanca.
Van malvestidos, con pijamas arrugados y flojos, con camisones incompletos que a la mínima muestran las "vergüenzas", con batas gastadas del uso indiscriminado, para pasear, para estar en cama, para ir al baño, para visitar la sala de espera dónde se puede encontrar uno con conversaciones ajenas, historias nuevas, algo en la televisión... Los asientos también son incómodos allí, debe de ser para que no estén ocupados mucho tiempo, para que los dejen libres, para que lleguen otros. Es un lugar que da la sensación de movimiento, de una maquinaria que nunca se para, ni siquiera de noche. El dolor no tiene horas y entra y sale continuamente, incansable, buscando respuestas, una sonrisa, una lágrima, un abrazo, un consuelo...
Esta semana he visitado un hospital.

sábado, 4 de febrero de 2017

Desde el año pasado

apologética bíblicaNunca mejor dicho, no me había sentado a escribir desde el año pasado.
Enero ha sido entretenido, sabía que tenía que atender el Blog pero no encontraba el momento. Hoy me he pasado por aquí y me he quedado sorprendido porque estaba convencido que ya había estrenado el año. Pues evidentemente, no.
Este trimestre estoy estudiando apologética. Me resulta sumamente interesante y actual. Fíjate en los títulos de algunos de los enunciados: "No puede haber una sola religión verdadera", "¿Cómo puede un Dios bueno permitir el sufrimiento?", "La iglesia es la responsable de tanta injusticia", "¿Cómo puede un Dios bueno condenar a las personas al infierno?", "La ciencia ha demostrado que el cristianismo está en un error", "La Biblia no puede tomarse al pie de la letra". Estos son algunos de los títulos de los capítulos del libro de Timothy Keller "La razón de Dios". Sugerentes ¿verdad? Y actuales.
Pues sobre estas cosas estamos disertando. El subtitulo del libro dice: "Creer en una época de escepticismo". Según el diccionario de la RAE apologética es el "Conjunto de los argumentos que se exponen en apoyo de la verdad de una religión." Por lo que he visto hasta ahora, más que el conjunto de los argumentos lo que estamos estudiando es cómo hablar (y escuchar) a las personas, al mismo tiempo que nos empapamos de las preguntas que se suele hacer la gente hoy para así llegar a buscar y conocer la apologética bíblica. ¿Y esto que es? Bueno, básicamente se trata de aplicar las instrucciones que encontramos en la primera carta de Pedro: "Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;" (1 Pedro 3:15). Esta "defensa" es la traducción de la palabra griega "apología", palabra que otros también traducen como "razón" o "respuesta".
Además de a Keller, estoy conociendo a otros escritores muy interesantes para enriquecer el estudio: Francis A. Schaeffer, Michael Green, Gregory P. Koukl, y, como representante español tenemos a José de Segovia; a José ya lo conocía, he oído algunas de sus conferencias y ahora le estoy dando más valor y reconocimiento viendo lo bien que se mueve en estos entornos.
De entrada, lo que me ha sorprendido ha sido indagar en la historia sobre los primeros apologetas. No me imaginaba que se remontaran a los primeros siglos después de Cristo, de hecho el primero que me han presentado ha sido Justino Mártir (110-165 d.C.), por lo visto el primer gran apologeta después de la generación de los apóstoles. Después he visto algo de Agustino Aurelio del siglo 4 y otros más y ya dentro de la apologética moderna, se me presentó a Abraham Kuper (1837-1920), Herman Dooyeweerd (189-4-1977), Cornelius Van Til (1895-1987) y ya en la historia reciente a los mencionados Schaeffer y Keller.
En fin, perdonar el rollazo pero quería mostraros lo documentados que están estos estudios que te sirven para introducirte en investigaciones y lecturas que me resultan apasionantes.
¿Que por qué apasionantes? Porque me introducen en el pensamiento actual, en nuestra cultura postmoderna, en las inquietudes de la gente que, básicamente, pueden ser mis inquietudes y, además, me enseña a enfocarlas desde el punto de vista de la advertencia de "estar siempre preparados para... contestar" y, por supuesto, preguntar sin ser un bombardero enemigo, que es como muchas personas ven a los cristianos evangélicos. La apologética es tarea de todos los creyentes, no solo de sus pastores o de los teólogos.
Y más viendo la atmósfera que se respira a nuestro alrededor, y no me estoy refiriendo a la contaminación solamente, sino a la atmósfera completamente laica que ya se impone en prácticamente toda la Europa occidental. Michael Green, en su libro "¿Cómo llegar a ellos? Defendamos y comuniquemos la fe cristiana a los no creyentes", en su segundo capítulo, nos da cuatro "razones" de porqué las sociedades occidentales tienen una cosmovisión cada vez más laica o secularizada: Razones ideológicas, Razones del pasado, Razones intelectuales y por último Razones del corazón. Como veis, puedo argumentar un montón de cuestiones de peso para sumergirme en esta interesante e inquietante materia, especialmente por mi natural atracción por el comportamiento humano, sus razonamientos y teorías, y por la posibilidad de poder inmiscuirme para ayudar, sugerir, o proponer un equilibrio cristiano ante lo que tenemos delante. 
Seguiremos hablando.