sábado, 25 de abril de 2020

Paul Washer: Respuesta bíblica al coronavirus

Vídeo publicado en el canal de YouTube de la HeartCry Missionary Society el 10 de abril del 2020 y que recomiendo muy en especial para este tiempo que nos ha tocado vivir de confinamiento a causa de la pandemia del COVID-19:


viernes, 3 de abril de 2020

La preocupación

Oración preocupación confianza fe descanso paz
21 días de confinamiento en nuestros hogares a causa de la pandemia del coronavirus. Puedo dar gracias a Dios de que, en nuestro caso, sólo estamos confinados; estamos viendo a nuestro alrededor situaciones mucho más difíciles como cuando alguien de la familia tiene que estar en cuarentena, totalmente aislado en una habitación, aún dentro de su casa. Y ya no digamos de aquellos a los que les muere algún familiar o conocido y no puede despedirse de él o consolar con su presencia, a sus familiares. Todos están de acuerdo que es una de las situaciones más duras.
¿Cómo responde el verdadero cristiano antes estas pruebas tan duras? Buscando respuestas en la Palabra de Dios: “Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.”  (Filipenses 4:6).
Estos días estoy experimentando, junto con mis hermanos en la fe, cómo nos llegan mensajes de parte de Dios, relacionados con la preocupación, la confianza, el enfrentamiento a las pruebas… Éstas últimas semanas hemos estado estudiando algunos pasajes del Sermón del Monte y (¿casualmente?) hemos estado viendo aquellos versículos que empiezan: “No se preocupen por la vida diaria…”  y hemos visto diferentes aspectos de lo importante que es descansar en el Señor respecto a las preocupaciones que surgen en esta vida y cómo Dios nos prohíbe que nos preocupemos porque ¡Él tiene cuidado de nosotros!
Sin embargo constantemente vemos a nuestro alrededor a ‘enfermos de preocupación’ y si comentas algo, enseguida te preguntan: “¿Cómo no voy a estar preocupado?” Claro, es lo natural, especialmente cuando no se tiene a Dios de nuestro lado. El afrontar las dificultades con nuestras propias fuerzas nos llena de preocupación porque no encontramos apoyo en nadie. La preocupación nos aturde, nos frustra, nos confunde, nos desconcierta porque no sabemos a qué agarrarnos o cómo salir de la situación, por eso hay personas que enferman de preocupación. Sin embargo la respuesta de Pablo es cortante: “Por nada estéis angustiados”, en otras palabras: “¡No os preocupéis por nada!” Y continuamente vamos a encontrar en la Palabra de Dios que dejemos de preocuparnos, que los que creemos en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador ¡tenemos prohibido preocuparnos! La preocupación en un cristiano ¡es pecado! Por eso el Señor insiste “¡Deja de preocuparte!” “Así que no se preocupen por todo eso diciendo: “¿Qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿qué ropa nos pondremos?”.  Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades. Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten. Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy.” (Jesús en el Sermón del Monte, Mateo 6:31-34).
Seguro que muchos estaréis pensando: “Vale, deja de preocuparte, pero ¿cómo? Aunque quiera dejar de preocuparme, no puedo; parece que en cada intento lo que consigo es preocuparme más. Con mi fuerza no puedo dejar de preocuparme. Además me parece que es lógico porque soy una persona responsable, consecuente con lo que me rodea y con los que me rodean: los seres queridos que viven conmigo ¿cómo voy a dejar de preocuparme por ellos viendo lo que está pasando a nuestro alrededor?”
Además, los creyentes debemos tener claro que no estamos exentos de experimentar conflictos. Jesús dijo: “Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33). Jesús no nos dice que nos preocupemos por los conflictos, sino que nos animemos ¿por qué? Porque podemos descansar en Él. “Venid a mí, nos dice, y Yo os haré descansar”, porque Yo he vencido al mundo con sus preocupaciones, pruebas y tristezas. Pablo también busca un apoyo similar: ““En cada situación, por oración y petición, con acción de gracias, presenta tus peticiones a Dios”. ¡En cada situación! En cualquier situación, Dios siempre está ahí porque, finalmente, Él está detrás de todo controlando. ¿Creemos esto? ¿Creemos que Dios tiene el control? Si es así, y si hemos depositado nuestra confianza y nuestra vida en Él, todas las cosas que afectan a nuestra vida y que pueden intentar preocuparnos, “¡presenta tus peticiones a Dios!” ¿Cómo? En oración: podemos hablarle todas las cosas, con claridad, con sencillez; Él sabe que tendemos a preocuparnos porque no somos conscientes de Su temible presencia. Recuerdo ahora aquella historia en donde el criado de Eliseo estaba preocupado por el peligro inminente que los estaba rodeando: “Al día siguiente, cuando el sirviente del hombre de Dios se levantó temprano y salió, había tropas, caballos y carros de guerra por todos lados.
—¡Oh señor! ¿Qué vamos a hacer ahora? —gritó el joven a Eliseo.
—¡No tengas miedo! —le dijo Eliseo—. ¡Hay más de nuestro lado que del lado de ellos!
Entonces Eliseo oró: «Oh Señor, ¡abre los ojos de este joven para que vea!». Así que el Señor abrió los ojos del joven, y cuando levantó la vista vio que la montaña alrededor de Eliseo estaba llena de caballos y carros de fuego.” (2 Reyes 6:15-17). ¡Hay más de nuestro lado que del lado de ellos! Ahí está nuestra fe, ahí está nuestra confianza. Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? Por eso Él nos da la herramienta de la oración, porque sabiendo como somos nos anima a apoyarnos en la oración a Aquel que es capaz, que tiene los medios y la fuerza y la riqueza más que suficiente para sacarnos de la situación de conflicto, si está en Su voluntad, porque, según vamos conociendo a Dios a través de las experiencias de la vida, podemos estar seguros que la cosa apropiada, la cosa perfecta, será la que Él haga: “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos.” (Romanos 8:28), y aquí, ‘todas las cosas’ es todo, incluidos los conflictos que nos puedan venir porque Él los ha permitido con un propósito que la mayoría de las veces desconocemos (ver la historia de Job), pero que, finalmente,  va a cooperar para nuestro bien, aunque al principio no lo veamos por ningún lado. Pero ¿Qué nos dice el Señor? ¡Tened fe!
Es verdad que hay momentos en que le pedimos que nos quite aquello por lo que estamos pasando, que nos quite esa dificultad; es natural, es nuestra reacción humana lógica: “Señor, quítame esto”. Pero Él nunca dice que hará eso porque habrá veces que lo hará y también las habrá, muchas veces, que no lo hará. Recordemos la oración de Jesús en Getsemaní: ““Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mateo 26:42). ¡Hágase tu voluntad! No sabemos el fin, desconocemos Su Plan, pero debemos confiar en Él, en sus promesas, en Su amor para con nosotros, en su fidelidad. La “acción de gracias” de la que nos habla el testo que hemos visto en Filipenses 4, es ese mirar hacia adelante con confianza, en fe, dando gracias a Dios por la contestación antes de que nosotros la veamos. De hecho, cuando estamos orando con fe, estamos entregándonos a Su dependencia, a Su buen hacer, a Su sabiduría y poder, sabiendo que en esa confianza y en esa fe lo que va a resultar es paz, la paz que “sobrepasa todo entendimiento: “Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.”(Filipenses 4:7). Que así sea.