lunes, 13 de noviembre de 2017

Tengo miedo por ustedes

Hace poco más de un año, leí este testimonio publicado en la Editorial La Buena Semilla:
sé a dónde iré después de la muerte, porque creí en mi corazón que Jesús es Señor, y lo reconozco públicamente
Clayton tenía leucemia. A la cuarta recaída en la enfermedad, el médico tuvo que decirle: “Clayton... quizá solo te queden tres meses de vida”. Entonces este joven, de apenas 18 años de edad, consagró sus últimas fuerzas a hablar de su fe y a advertir a numerosos jóvenes. Dijo lo siguiente: “Yo sé cuándo voy a morir, pero ustedes no. Y se dejan distraer por las cosas de la vida que les impiden pensar en lo que realmente es importante”.
Alguien le preguntó: “Clayton, ¿tiene miedo?”. “Sí, respondió, tengo miedo, estoy aterrado. Pero no por mí, no me asusta morir, pues sé a dónde iré después de la muerte, porque creí en mi corazón que Jesús es Señor, y lo reconozco públicamente. Solo hay un camino que conduce al cielo, y yo lo conozco.
En cambio tengo miedo por ustedes. Tengo miedo por cada uno de los que no saben a dónde irán después de la muerte. Tengo miedo por los que creen saber a dónde irán después de la muerte, pero no están seguros. Y sobre todo tengo miedo por los que están distraídos por este mundo, por la escuela, el trabajo, el deporte, los compañeros, y muchas otras cosas... ¡De esto tengo verdaderamente miedo por ustedes!”.
Con la ayuda de sus amigos, Clayton hizo un vídeo. Cuando lo terminó, lo vio y declaró: “Sí, eso es exactamente lo que quería decir antes de morir”. Al día siguiente partió para estar junto a su Señor, habiendo terminado la obra que él le había encomendado: ser su testigo.
Hay un texto en la Biblia que dice: “Si con tu boca reconoces a Jesús como tu Señor, y en tu corazón crees que Dios lo resucitó de la muerte, serás salvado” (Romanos 10:9). Creer con el corazón es aceptar la obra de Jesucristo como plena, completa y regeneradora; no se trata de una aceptación intelectual. Además esta declaración está corroborando la verdad histórica de que Dios ha levantado de los muertos a Jesús porque no se puede confesar que Jesús es el Señor sin creer que fue resucitado de los muertos ya que por medio de la resurrección es posible el señorío de Jesús. La fe y la resurrección de Jesús son el núcleo del evangelio: “Este es el mensaje que ustedes aceptaron, y en el cual están firmes. También por medio de este mensaje ustedes son salvados, si siguen lo que les prediqué y si no han creído en vano. En primer lugar, les he dado a conocer la enseñanza que yo recibí. Les he enseñado que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que lo sepultaron, y que resucitó al tercer día, como también dicen las Escrituras; y que se apareció a Pedro, y después a los apóstoles. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, y muchos de ellos viven todavía, aunque algunos ya murieron”. (1 Corintios 15:1-6). Sin la muerte no hay expiación y sin la resurrección no hay justificación: “[Jesús] fue entregado a la muerte por nuestros pecados y fue resucitado para ponernos en la debida relación con Dios.” (Romanos 4:25).
La consecuencia de esa fe es que serás salvo. Somos justificados por gracia, por medio de la fe y esa justificación nos lleva a la seguridad de la salvación. Esta es la Buena Noticia del mensaje del Evangelio: Aquel que cree, el que deposita su fe en el Salvador, el que recibe a Cristo y es recibido por Él, recibe con el Salvador la salvación. La respuesta a la fe es el perdón de los pecados y la vida eterna.
¡Que el Señor te ayude a tomar la mejor determinación para tu vida!

lunes, 23 de octubre de 2017

¿De dónde venimos?

Creador Diseñador Planeador Creador de los Cielos y la Tierra
Leo en un libro sobre Ciencia: “La vida en la Tierra se originó probablemente a partir de sustancias químicas disueltas en los océanos. Desde estos sencillos comienzos la vida se ha desarrollado gradualmente hacia muchas formas diferentes. Todos los seres vivos cambian cuando una generación sucede a otra. Este proceso se llama evolución”.
Las ‘cursivas’ son mías para resaltar esas dos palabras: “probablemente”, lo que no indica seguridad y “evolución” algo que parte de una teoría desarrollada por el naturalista inglés Charles Darwin y que publicó en 1859 en su libro “El origen de las especies”.
¿Y qué sucede con la raza humana? Según los científicos (y los menciono en general, porque no todos apoyan estas teorías), el primer ser vivo en la Tierra fue un ser unicelular, de esto hace unos cuatro mil millones de años, y de ese organismo evolucionaría la vida animal y vegetal (Otra vez la evolución). Fruto de esa evolución surgirían los homínidos, hace unos cinco millones de años. Según estos estudios, hace 300 millones de años existió un mono llamado aegyptopithecus que se supone es el antepasado de los primates, simios y humanos. Dicho esto así de forma genérica y sin entrar en detalles, está muy bien, pero las decenas de preguntas que surgen de estas teorías, la mayoría no tienen respuesta o se las responde con otras teorías que necesitan esos millones de años de evolución para tratar de rellenar las lagunas que surgen.
Sin embargo estas teorías se han afianzado y, progresivamente, han pasado de ser teorías a hechos consumados, de manera que se dan en las escuelas y en las universidades como las explicaciones científicas más coherentes a la pregunta “¿de dónde venimos?”, de manera que mucha gente está convencida y cree que los seres humanos son animales evolucionados de especies inferiores.
Estas teorías que, por ser científicas, tenemos que creer, nos dicen que todo el universo adquirió su equilibrio, su complejidad, su precisión y volumen accidentalmente; de igual manera la Tierra, este maravilloso planeta con agua, aire, gravedad, suelo, etc., es como es por puro azar, por accidente, y esto tenemos que tomarlo, el azar y el accidente, como una declaración científica.
Podríamos extendernos desarrollando estas hipótesis y sus controversias, pero me quiero centrar solo en nuestra pregunta: ¿Qué pasa con nuestra especie? ¿Hay realmente pruebas, huesos, que nos demuestren que un animal evolucionó en otro? No. Todas las ilustraciones que nos presentan en los libros de el hombre de Java, el de Neanderthal, el de Nebraska, etc., ninguno es el eslabón perdido porque las pruebas reales nos dice o que se trata de monos, o que se trata de hombres, pero lo que no son monos transformándose en hombres. No pueden encontrar monos-hombres porque la evolución es un gran engaño. Todos los fósiles muestran especímenes completos. No hubo cambio en ninguno. Ningún fósil que se haya encontrado muestra un animal transformándose en otro. Y desde que se ha descubierto el ADN, se puede probar que la evolución así enseñada es imposible, porque demuestra que el ser concebido contiene toda la información acerca de cómo va a ser concebido cuando crezca, no hay accidente ni azar.
¿Qué podemos entonces afirmar y asegurar? Los descubrimientos, investigaciones y estudios serios y concienzudos de los científicos demuestran que la vida y todo lo demás que existe es el resultado de un plan, no de un accidente. ¿Quién ha ideado ese plan? No podríamos saberlo si el gran Diseñador no nos lo hubiese dicho, pero lo ha hecho. El gran Planeador no es una fuerza impersonal, un ente poderoso del que emanan las cosas. El Creador de los cielos y la tierra y todo lo que contienen es Dios, como así dejó constancia en su Palabra escrita, la Biblia. En contra de lo que muchos puedan estar opinando, no estamos hablando de un libro de fábulas o de historias para niños, nos encontramos ante un documento muy antiguo, escrito dentro de otra cultura, que constituye un medio pedagógico para explicar las verdades básicas esenciales a toda teología. El Creador revela a los escritores humanos, con palabras sencillas, simples y comprensibles, el origen de todo. Los primeros capítulos del libro del Génesis no recogen una información científica, sino una información moral y espiritual, ya que es obvio que la Biblia no es un libro de ciencia pero no por eso hay que cometer el error de vaciar al texto de su contenido, ni de despreciar la información que contiene. La enseñanza bíblica es muy diferente a esa teoría evolucionista que asegura que todo proviene del azar. En el relato bíblico encontramos, no una evolución de las especies, sino una creación hecha por Dios, de forma separada, de cada una de las entidades: materia, minerales, animales marinos, animales terrestres y, finalmente, el hombre y la mujer. Es Dios el que funda la Historia, ahí en el Génesis se puede ver el proceso y desde el momento en que se produce el actor creador, comienza la humanidad, empezando desde ahí el tiempo histórico, no el tiempo mítico, se trata de la Historia irreversible. Dios crea una naturaleza acabada y no en gestación. Crea las plantas, los animales y por último al ser humano, a imagen y semejanza de Dios, lo que supone una dimensión distinta de los animales, ya que el hombre puede pensar, razonar, crear, tomar decisiones, hablar, comunicarse entre ellos y Dios, siente, es sensible, tiene capacidades que explota y desarrolla y sigue haciéndolo. Dios crea de forma perfecta y, si somos un poco observadores, lo podemos comprobar a nuestro alrededor. La Biblia no es una colección de mitos, la Biblia elimina los mitos modernos desde la primera página.
Dios crea libremente y lo hace por amor porque no tiene necesidad alguna de crear; lo hace por amor y nos crea libres, porque Él quiere comunicarse con criaturas libes, que pueden optar por ser sus amigos… o no. Pero eso no quita que, por amor, Dios quiera hacernos partícipes de lo que Él es: Dios es amor, quiere tener relación con su criatura, pero no quiere una relación impuesta, sino una relación voluntaria, por medio de su Hijo Jesucristo, el único mediador válido entre Dios y nosotros.

sábado, 14 de octubre de 2017

Almas que sufren

Necesitamos apoyarnos como Pueblo sufriente
                  Almas que sufren                     
                  Silencio espantoso
                  en medio del ruido,
                  silencio
                  de mil palabras.

                  Soledad invisible
                  rodeada de gente
                  soledad
                  en medio de amigos.

                  Almas hambrientas
                  de un toque de
                  compasión,
                  almas
                  anhelando amor.

                  Palabras de ánimo:
                  ¿dónde estáis?
                  Palabras
                  que llegan al corazón.

                  Levantad vuestra voz,
                  romped el silencio,
                  penetrad
                  el muro de soledad!
practiquemos el mutuo apoyo pastoral
¡Buscad inspiración
del Consolador,
por Él
dejados guiar!

Nueva criatura,
libre para amar,
redimida
para ser bendición:

¡Sal al encuentro 
del alma que sufre -
Cristo
lo haría también!

S. Py

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Nuevo curso

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Siempre me ha costado regresar a la normalidad, a la rutina, después del mes de vacaciones (¿cuántas veces habré escrito esto?). ¡Comienza un nuevo curso! Solo de escribirlo parece que se me pone un punto de ansiedad en el pecho, es algo que no puedo evitar, debe de ir en mis genes.
Como la tv está metida en un bucle (a menos que se lo rompa una noticia de impacto), vuelve a decir aquello de los propósitos: que si volver al gimnasio, o lo de retomar los estudios de inglés (¡esta vez sí!), empezar una dieta, quitarse de fumar…
Septiembre es el mes “línea de salida”, como si empezásemos una nueva carrera aunque, en realidad, seguimos en la que ya estábamos con una pequeña parada en boxes, para repostar, cargar las baterías, y todas esas cosas que se dicen cuando se habla de la temporada vacacional. Algo similar ocurrirá los primeros días de Enero: propósitos, metas, deseos, ilusiones… 
Todas las “líneas de salida” apuntan a una “línea de meta”; algunos llegan a cruzarla con el propósito conseguido, aunque son los menos; la mayoría (también lo dicen en la tv), se quedan por el camino ahogados en su rutina, en su actividad diaria, en la falta de tiempo, en el desánimo, en el cansancio… o en un giro imprevisto. Nunca pienso en los “giros imprevistos” pero sé que están ahí. ¿Cómo los afrontas?
En este “nuevo curso” estamos hablando en mi iglesia sobre el libro, la historia, de Job. Ahora, al pensar en los “giros imprevistos” me he acordado de él porque habla una persona que los sufrió de esa manera, sin contar con ello, de repente… y su historia ha servido para que miles de personas encontrasen consuelo leyéndola en las páginas eternas de la Biblia. Sé que lo que le sucedió a Job es el extremo, lo más fuerte y lo más terrible con lo que nadie cuenta, pero, seguramente Dios permitió que fuese así para que su vida y su ejemplo sirviesen a los que tienen que afrontar “giros” de ese tipo. Podemos mirar a las víctimas del terrorismo, o a las del huracán Harvey, o a los miles de afectados por un ‘imprevisto’ cáncer o cualquier otra enfermedad… Parecen cosas lejanas que les pasan a otros hasta… hasta que llegan a nuestro lado, así, repentinamente, sin avisar.
¿Qué nos deparará este nuevo curso? No lo sabemos; deseamos y esperamos que nada malo pero no lo sabemos, por eso hay que estar preparado. Los que leemos las palabras de Jesús estamos avisados; aunque en otro contexto, Jesús dijo que “en el mundo tendremos aflicción”, de manera que debemos prepararnos para cuando ésta llegue. Jesús hablaba aquí en un contexto de persecución o acoso por ser seguidor suyo, pero la aflicción, como vemos, puede llegar de muy diversas maneras y nadie estamos libres, seamos cristianos o laicos o de cualquier religión. Pablo, el apóstol Pablo, llegó a escribir: “…he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”. ¿Quién le había enseñado para “saber” vivir en la circunstancia que fuese. Él sigue diciendo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Ahí está la clave: el estaba preparado en Cristo. ¿Qué quiere decir esto? Es la consecuencia de vivir “del lado de Dios”, de ser cristiano de verdad, de confiar en Dios y en sus promesas, de tener a Jesús como Amigo, Intercesor y Salvador. El discípulo de Jesús tiene que “aprender”, entre otras cosas, a confiar en Dios y una vez que empieza a ver que eso es una realidad, va a afrontar cualquier situación con gozo sabiendo que, con Su Ayuda, la va a superar. Esa es la experiencia de Pablo y puede ser la mía y la tuya. El secreto no está en Pablo ni en mí, sino en la fuerza y el respaldo divino que tenemos por medio de Jesús. Con Él a nuestro lado tenemos recursos para todo (“Todo lo puedo…”); no estoy hablando de una “fuerza sobrenatural” para hacer cosas sobrenaturales, sino que se trata de poder afrontar los “giros imprevistos” que surgen en la vida con Dios a mi lado y para Él, no hay nada imposible.
Esa fortaleza procede de Cristo y forma parte de la experiencia cristiana auténtica en el día a día y, como dice en Romanos 8:31: “Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros”. ¿Qué nos deparará este nuevo curso? No lo sabemos, pero si nuestra vida está en las manos de Dios, no deberíamos tener ni ansiedad, ni miedo, ni inseguridad porque “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

jueves, 27 de julio de 2017

Y después de la muerte ¿qué?

hay algo después de la muerte
En el artículo anterior he comenzado una serie sobre las clásicas preguntas que todo el mundo se hace, así que ahora le toca a la pregunta del millón: “¿Qué hay después de la muerte? ¿Hay algo o todo termina ahí?” Porque lo que no tiene discusión es el hecho físico de la muerte, es algo natural e inevitable, puede ser causada por el desgaste del cuerpo y de sus órganos o puede ser repentina, a causa de un accidente, una enfermedad… El filósofo alemán Heidegger afirmó: “Tan pronto como el hombre empieza a vivir, ya es lo bastante viejo para morir”. La Biblia confirma esta realidad con estas palabras: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). O sea, según esto no termina la cosa ahí, porque apunta a un “después”. Claro que esa es la postura de la Biblia, de los cristianos y de algunas religiones. Porque todos sabemos que la postura científica, que se basa en lo que puede demostrar, no suele sugerir un “después” porque una vez paralizado el cerebro, la actividad mental cesa, los órganos dejan de funcionar y se certifica la muerte, al igual que en el resto de los animales, con la diferencia de que éstos no saben que han de morir, mientras que el hombre y la mujer, sí.
¿Qué significa la frase de Hebreos “está establecido”? Apela a la “soberanía” de Dios y se basa en la historia que registra el libro del Génesis en sus primeros capítulos. Cuando el hombre y la mujer pecaron desobedeciendo a Dios y menospreciando, de paso, su soberanía como Creador y Señor, les dijo: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19). La muerte es consecuencia del pecado, como se les había advertido: “más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gn.2:17). Aquí se refiere primeramente a la “muerte espiritual” a causa de la desobediencia y luego, a la muerte física, muerte establecida para todos por causa de la universalidad del pecado: “Así pues, como por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo y trajo consigo la muerte, así también la muerte pasó a toda la gente, porque todos pecaron” (Romanos 5:12).
Pero volviendo a la pregunta que nos ocupa: llega el momento de la muerte, el cuerpo queda inactivo y ¿la persona también? ¿Qué hay del “alma”? ¿Es verdad que el alma es inmortal y que el alma es la persona, todo lo que ella es, sus pensamientos, sus ideas, sus sentimientos… muere todo con ella? ¿O no existe el alma?
Como con la muerte tenemos varias respuestas según quién las dé. Para los científicos o los filósofos, el alma es la actividad mental de la persona, por tanto una vez que el cerebro se muere, el alma dejaría de existir. Claro, ante esta perspectiva, los que creen en la vida como fruto del azar y que, por tanto, no tiene ningún sentido ni propósito nada más que el de subsistir, no es de extrañar que lleguen a conclusiones como las que leemos en el libro “Cien españoles y Dios”: “Si el ser es un ser para la nada, si el nihilismo es la verdad, si después de la muerte no hay más allá, ¿para qué seguir viviendo? ¿Por qué no el suicidio?” (Luis Mª Ansón). Hay personas que llegan fácilmente a ese desenlace, a pesar de las muchas cosas buenas y positivas que nos puede dar la vida, pero cuando todo pierde sentido por las circunstancias y no hay un salvavidas de esperanza al que agarrarse, la muerte parece una salida fácil. Sin embargo, el hombre en general, se rebela a la idea de la muerte ¿sabes por qué? Porque Dios no nos ha creado para morir. Ya, me vas a decir que el que no crea, eso le va a dar igual; sí, pero es importante hay una información en la revelación de la palabra de Dios que afecta a todos, crean o no, y dice así: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Eclesiastés 3:11). Como escribe Derek Kidner en su comentario a Eclesiastés: “A diferencia de los animales, que no tienen conciencia temporal, anhelamos ver las cosas en su contexto total, y ello justamente por ser innato en la raza humana el ansia de eternidad; o, al menos, lo suficiente para poder comparar lo fugaz con lo perdurable.” Nuestra mente, nuestro pensamiento, nuestros razonamientos se oponen a la idea de que todo termine en la muerte, de hecho es una constante en la raza humana desde siempre: puedes estudiar la historia de los pueblos más remotos y verás que es normal y corriente pensar que el que se muere “se va a otro lugar”, al menos su espíritu, su yo, la persona con todos sus valores. “Invoquemos a los espíritus de nuestros antepasados”, “llamemos a los espíritus para que nos guíen”, etc., cosas como estas todavía se oyen hoy en personas que creen que los espíritus de los que han muerto pueden ponerse en contacto con los vivos e incluso aconsejarles, como aceptando que el alma de las personas no muere. En la India es muy aceptada la idea de que el alma de la persona se reencarna en otra basándose en el hecho de que su futuro en la eternidad dependerá de sus obras aquí en la tierra.