viernes, 14 de febrero de 2020

Como escogidos de Dios

escogidos de Dios, santos y amados, vestíos de profunda compasión, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia
Señor, hoy he leído que soy alguien escogido por ti; concretamente estaba leyendo este texto: “Por tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, vestíos de profunda compasión, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia.” (Colosenses 3:12). No puedo entender por qué me has escogido, mi mente no lo puede asimilar y mi corazón tampoco pero tu afirmas que “a los fieles en Cristo Jesús… nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.” (Efesios 1:1, 3). ¿Cómo voy a entender que antes de la fundación del mundo ya me tuvieses en tu mente? Solo sé que esta es la maravillosa salvación que has provisto. Como leo también en esta carta de Efesios, “nos has bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales.” (Efesios 1:3). Leo en las notas de mi Biblia (RVA) que “los lugares celestiales es el lugar donde se encuentran todas las bendiciones espirituales: 1) Las de Cristo, sentado a la diestra de Dios (Efesios 1:20); 2) las de los cristianos, sentados con Cristo (Efesios 2:6); 3) las de los seres angelicales, que por medio de la Iglesia aprenden sabiduría de Dios (Efesios 3:10); 4) y las de la lucha de los cristianos contra las huestes espirituales de iniquidad (Efesios 6:12).
Busco el texto del punto 2).- “Y juntamente con Cristo Jesús, nos resucitó y nos hizo sentar en los lugares celestiales”. Es maravilloso ver, Señor, que desde ya, para ti, estamos ubicados en los ‘lugares celestiales’, juntamente con Cristo Jesús. Es por eso que tu deseo es que “nos vistamos de profunda compasión”, porque Tú nos estás capacitando a “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo… creciendo en todo hacia aquel que es la cabeza: Cristo” (Efesios 4:13, 15), nos estás moldeando siguiendo el modelo de Jesucristo, y, cuando Él estuvo en la tierra, demostró su compasión en todos los que lo rodeaban buscando sanidad, o ayuda, o alimento: “Y cuando vio las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban acosadas y desamparadas como ovejas que no tienen pastor.” (Mateo 9:36); “Cuando Jesús salió, vio la gran multitud y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que entre ellos estaban enfermos.” (Mateo 14:14); “Jesús llamó a sus discípulos y dijo: Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que permanecen conmigo y no tienen que comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.” (Mateo 15:32).
Viendo el Modelo, entiendo que te agrade que seamos compasivos si queremos ser verdaderos seguidores de Jesucristo.

martes, 14 de enero de 2020

La oveja perdida

el buen pastor da su vida por sus ovejas
Hoy hemos hablado de la parábola de la oveja perdida (Lucas 15:1-7), una parábola que nos revela cómo
Dios ama y recibe a los pecadores. Jesús contó esta parábola porque los hipócritas del momento estaban murmurando sobre él porque se juntaba con los cobradores de impuestos y otras personas que ellos consideraban de lo peor, como podían ser los gentiles (no judíos), prostitutas, pobres, enfermos, leprosos, etc., Jesús no hacía acepción de personas porque Él había dicho que había venido al mundo a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10) y hasta se escandalizaban porque, a veces, comía con ellos. Antes esta reacción, Jesús les cuenta esta parábola.
Todos nos podemos identificar con la oveja perdida, igual que con el hijo pródigo o con cualquier ejemplo de pecador que Jesús quiera señalar, porque todos reconocemos que, sin Jesús, seguiríamos tan perdidos como esa oveja que se aparta de la manada, toma un rumbo equivocado y se arrima a zonas peligrosas dónde puede acabar mal herida o incluso morir. Una oveja fuera del rebaño tiene todas las papeletas para morir, sea despeñándose por un barranco, sea en las fauces de cualquier fiera hambrienta. Por definición, cada oveja pertenece a un rebaño; no es normal una oveja sola sin rebaño y sin pastor. Una oveja sola no sobrevive, no crece; por definición vive en el contexto de un rebaño y bajo el cuidado y la vigilancia de un pastor.
Jesús habla de un pastor que tiene 100 ovejas. Es una parábola y la importancia está en que de esas 100, sólo una se pierde. Pero Jesús le da mucha importancia a esa oveja que se ha extraviado de la manada.
Es curioso cuantos relatos y ejemplos hay en la Biblia sobre ovejas y sobre pastores. El salmo más conocido a todos los niveles es el salmo 23, en donde se nos habla de que Dios es nuestro Buen Pastor: “El Señor es mi pastor; tengo todo lo que necesito. En verdes prados me deja descansar; me conduce junto a arroyos tranquilos. Él renueva mis fuerzas. Me guía por sendas correctas, y así da honra a su nombre. Aun cuando yo pase por el valle más oscuro, no temeré, porque tú estás a mi lado. Tu vara y tu cayado me protegen y me confortan” (Salmo 23:1-4 NTV). Reconozco que en situaciones difíciles he tenido esta oración en mis labios y en mi mente buscando la paz que me da el saber que suceda lo que suceda, Dios me protege y me conforta de una manera real, no imaginaria ni frustrante; es en esos momentos difíciles cuando Su Presencia es más real y cercana. Es una bendición saberse dentro del rebaño del Buen Pastor, tener su protección, su guía y su ayuda en los momentos que pedimos socorro. Aunque parezca mentira, al igual que las ovejas, una persona fuera del rebaño de Dios no “sobrevive”. Parece mentira porque hay muchas personas que dicen no necesitar a Dios, suponiendo que exista. Esas personas son ovejas sin pastor. Así veía Jesús a las multitudes que lo buscaban: “Cuando vio a las multitudes, les tuvo compasión, porque estaban confundidas y desamparadas, como ovejas sin pastor” (Mateo 9:36). O sea, en otras palabras, personas sin una meta clara, sin un propósito, sin esperanza y sin luz. Jesús habla de un rebaño y un pastor, y se anuncia: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida en sacrificio por las ovejas” (Juan 10:11). Aquella oveja perdida puede estar al borde de un precipicio, o en el lugar más inaccesible que te puedas imaginar. Jesús va a ir a rescatar a esa oveja, aunque arriesgue su vida por salvarla. De hecho, Él vino al mundo a morir por los pecados de todos, o sea que literalmente ha dado su vida en sacrificio por las ovejas, aunque muchas de ellas han preferido “ser dueñas de sí mismas y forjar su destino, toman caminos diferentes a aquellos por los que el pastor las guía. El habitual deseo ovino de emanciparse y que conduce a estar… ¡perdida!” (Oscar Pérez, en la meditación para hoy del programa para la Semana Unida de Oración de la Alianza Evangélica Española AEE).
Los que hemos recibido a Cristo como Nuestro Señor y Salvador, reconociendo que ha muerto en nuestro lugar, pagando el precio de nuestro pecado, por amor a nosotros, queremos ser ovejas agradecidas por la identidad que Dios nos ha dado: ovejas del Buen Pastor, hijos de Dios, coherederos con Cristo. En nuestro interior hay gozo y agradecimiento a Dios porque en su día, cada uno en aquel momento importante y decisivo para nuestras vidas, Él ha salido a buscarnos cuando estábamos perdidos, sin esperanza, sin una meta, y nos ha llevado a su redil. A partir de ese momento hemos tenido al Pastor de los pastores, nuestro guía, nuestro descanso, nuestra esperanza, nuestro reposo en Jesucristo. Él dijo: “Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, como también mi Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre. Así que sacrifico mi vida por las ovejas.” (Juan 10:14). ¡Qué grande es oír estas palabras del Pastor, saber que Él me conoce es lo más increíble!
Porque cuando formamos parte de Su rebaño, como los buenos pastores conocen a cada oveja, le ponen nombre, la distinguen y saben cuales son sus defectos y sus virtudes, así Jesús nos conoce a cada uno personalmente porque al aceptarlo como nuestro Pastor, Señor y Salvador, nuestra relación con Él es personal e intransferible, sorprendiéndonos de que aún sabiendo como somos, nos ame de la manera que lo hace.
Al terminar la parábola, el pastor que ha ido en busca de la oveja perdida y la encuentra, llama a sus vecinos y amigos para celebrar con ellos que ha encontrado a aquella oveja que ya daba por muerta Y termina diciendo: “De la misma manera, ¡hay más alegría en el Cielo por un pecador perdido que se arrepiente y regresa a Dios que por noventa y nueve justos que no se extraviaron” (Lucas 15:7).
Las preguntas quedan escritas para que cada uno las responda sinceramente, en conciencia, sabiendo que actitud ha preferido ante la realidad del regalo de la Salvación: Y tú, ¿de quién eres? ¿Qué voz escuchas? ¿Necesitas arrepentirte? ¿A quién sigues? ¿Por qué caminos andas? ¿Al lado de quién caminas?

lunes, 13 de enero de 2020

Semana Unida

semana unida de oración
Del 12 al 19 de Enero se celebra la Semana Unida de Oración auspiciada por la Alianza Evangélica Europea. Como todos los años, muchas iglesias en toda Europa celebran esta semana con reuniones de estudio y oración sobre un mismo tema, tema que se difunde en el programa que la Alianza Evangélica edita para la ocasión y que este año tiene como lema: “Camino a Casa ¿a dónde pertenezco?”.
Este programa ofrece para cada día un pasaje bíblico y una meditación; el de este lunes es Filipenses 1:21-24 y el hermano Timoteo Glasscock ha escrito una breve meditación con el título: “Un apóstol tiene morriña”. No sé si influenciado por su ministerio pastoral en Marín (Pontevedra (Galicia)), Glasscock emplea esta palabra ‘morriña’ que procede del galaico-portugués y que se refiere a la melancolía que se siente cuando se está lejos de la tierra en la que se nace. Pero, refiriéndose al pasaje mencionado, no es esta la ‘morriña’ que siente Pablo; Pablo tenía ‘morriña’ de estar con Cristo: “Estoy dividido entre dos deseos: “quisiera partir y estar con Cristo, lo cual sería mucho mejor para mí” (vs.23), quería llegar a Casa, nuestra casa celestial, nuestra morada en los cielos que Jesús nos ha prometido, por la que tenemos esperanza y que nos está esperando allí para cuando entremos en la Ciudad Celestial.
Aquí el apóstol está planteando un dilema entre dos cosas buenas: por un lado desea continuar viviendo “en la carne”, o sea, con la vida de cada día pero libre de la cárcel y por otro lado, morir que según dice en el vs.21 es “ganancia”. ¿Por qué es ganancia? La respuesta está en el vs. 23: “partir y estar con Cristo, lo cual sería mucho mejor para mí”. Los creyentes tenemos la seguridad de la vida eterna con Cristo por sus mismas palabras: “Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto. Todo el que vive y cree en mí jamás morirá” (Juan 11:25-26). “No dejen que el corazón se les llene de angustia; confíen en Dios y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre, hay lugar más que suficiente. Si no fuera así, ¿acaso les habría dicho que voy a prepararles un lugar? Cuando todo esté listo, volveré para llevarlos, para que siempre estén conmigo donde yo estoy. Y ustedes conocen el camino que lleva a donde voy” Juan 14:1-4). “Queridos amigos, ya somos hijos de Dios, pero él todavía no nos ha mostrado lo que seremos cuando Cristo venga; pero sí sabemos que seremos como él, porque lo veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).
Pablo está diciendo aquí que morir es ganancia, no tanto porque nos libremos del sufrimiento, sino por el encuentro con Cristo. Hasta ahora tenemos una relación limitada, pero entonces le veremos cara a cara, tal como él es y estar con él es lo que ansía Pablo y ansiamos todos los salvos por él.
Pero volviendo al dilema del vs.22, la primera opción que plantea el apóstol, he dicho que también es buena, la de seguir viviendo ¿por qué? Porque seguir viviendo le permite seguir llevando fruto para el Señor, guiando a los primeros cristianos, visitando las iglesias fundadas, exhortando y enseñando a los hermanos, en fin, seguir vivo suponía para Pablo seguir trabajando en la Obra.
La decisión para Pablo es difícil, pero lo que me llama la atención de este dilema es que, salga por donde salga, hay una seguridad, una certeza, una firmeza en lo que le espera, que es algo que solo nos puede dar Dios y que habla de la esperanza que los hijos de Dios tenemos para el futuro; como dice el corro que cantamos basado en Romanos 14:8: “Sea que vivamos o que muramos, somos del Señor”. En palabras de Timoteo Glasscock: Este contentamiento en cualquier circunstancia es posible para el creyente en Cristo porque su manera de ver la vida va más allá de su existencia en la tierra y abarca su estancia eterna en la presencia de Dios, de la cual la muerte física no es más que la puerta de entrada”.
Para el apóstol, cualquiera de las dos cosas que le plantea al Señor, le son profundamente atractivas: “Estoy dividido entre dos deseos: quisiera partir y estar con Cristo…” (vs.23a). Este deseo, como dice, es muchísimo mejor, es el deseo de ir por fin al hogar, al cielo desde la cárcel (que es desde donde está escribiendo la carta). Pero, en su afán de servir a Dios, estaba también su deseo de continuar sirviéndole, trabajar en Su Obra, y edificar a los hermanos que tanto amaba. Y esa parece ser la decisión a la que el Señor lo guía: “Pero por el bien de ustedes, es mejor que siga viviendo. Al estar consciente de esto, estoy convencido de que seguiré con vida para continuar ayudándolos a todos ustedes a crecer y a experimentar la alegría de su fe” (vss.24 y 25). Cuando Pablo visitaba una congregación, era un verdadero provecho en el crecimiento y en la confirmación de la fe de los oyentes.
En cuanto a nosotros, Glasscock nos plantea 3 preguntas y un versículo para nuestra respuesta personal: ¿Y nosotros? ¿Cómo contemplamos el futuro? ¿Aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús? (Tito 2:13). Amén.

sábado, 28 de diciembre de 2019

La humildad de Jesús

Jesús llevado al templo
Jesús dijo:”Aprended de mí, que soy manso y humilde” (Mateo 11:29). Desde la llegada a este mundo,
la humildad de Jesús fue patente, desde el momento que Dios se hace hombre en la persona de Jesús, hay una humillación que rezuma humildad hasta grado sumo, muy bien explicada en las palabras de Pablo a los Filipenses, capítulo 2 y versículos 7 y 8: “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” 
Aquel Verbo que era Dios, como nos explica Juan el evangelista, se hizo carne y habitó entre nosotros: Dios vino a este mundo en la personita de un bebé indefenso, naciendo en una familia humilde, pobre, una familia que ni siquiera estaba en su casa, ya que sus padres terrenales, José y María, se estaban desplazando a la aldea de Belén, en el lugar en el que iba a nacer para que se cumpliesen las profecías dichas sobre Él y, justamente, allí nace, en una aldea en donde no había una sola casa que los acogiera y donde el único mesón que había estaba tan lleno que ni un pequeño cuartucho había para el que según las genealogías, era descendiente del Rey David. Así que como todo el mundo sabe por la tradición que se celebra todos los años por Navidad, su primera cuna es un humilde pesebre en el que comían los animales; su primera morada entonces es un establo, no en un palacio, no en una casita: en un establo.
Porque, la humildad que caracteriza la vida y la forma de ser de Jesús, se detecta incluso en su ascendencia, en donde aparecen 5 mujeres, algo muy extraño en aquella época, de las cuales tres son gentiles y otra no nace gentil pero se casó con uno, por lo que se la podría considerar gentil como las otras tres, lo que hace pensar a los estudiosos de la Biblia, que el hecho de que estas mujeres gentiles aparezcan en la genealogía de Jesús, pretendiera demostrar que Cristo no había venido a salvar solamente a los judíos, sino también a los gentiles. Y para colmo, Gudeman nos dice que “en la vida de cada una de ellas, su pasado está salpicado por un pecado sexual o al menos planea la sospecha de un pecado sexual.” La primera que se menciona en esa genealogía es Tamar (Mateo 1:3), la cual, con su suegro Judá tuvo dos hijos, fares y Zara y para eso tuvo que hacerse pasar por una prostituta (Génesis 38:14-15).
La siguiente es Rahab (Mateo 1:5), la prostituta que ayudó en Jericó a los espías de Josué. Uno de sus hijos fue Booz, el pariente que acabó casándose con Rut, otra ascendiente de Jesús que para encandilar a Booz tuvo que usar de unas artimañas que, como vemos en su historia, podría tratarse de unas artes arriesgadas y peligrosas; gracias que su pariente la protegió.
Mateo 1:6 menciona a continuación a Betsabé, la que fue mujer de Urías y que fue protagonista del pecado de David, con quien tuvo a su hijo Salomón. Así que, como podemos comprobar, estas mujeres tenían una historia plagada de pecados sexuales, siendo así que hasta María, la madre de Jesús, fue seguramente duramente criticada por su embarazo antes de casarse, lo que no le daría muy buena fama entre sus vecinos. Gudeman dice al respeto: “…es otra indicación de que Jesús estaba dispuesto a relacionarse con todos, no solamente con los más estimados.” Jesús, el descendiente del rey David, tenía una ascendencia de baja reputación en algunos momentos de la historia, lo que nos habla también de que su humildad aparecía en cada detalle de su vida, incluso en aquello que ya había sucedido antes de que apareciese en el mundo en la persona de un bebé.
Aquel bebé y en aquel establo, fue visitado por los pastores a los que los ángeles habían anunciado su nacimiento. Es interesante el comentario que Gudeman hace sobre esta gente, ya que dice que “se menospreciaba a los pastores en aquel entonces y su testimonio no valía en casos legales.”, lo que nos da una idea de cómo el ministerio de Jesús, aún de bebé, ya estaba enfocado a los pobres, humildes y despreciados de la gente, como una premonición de lo que después iba a pasar.
Nosotros, por la tradición, consideramos la visita de los magos como algo importante, porque los representamos como “Sus Majestades los Reyes”, sin embargo, si analizamos el contexto, observamos que esos magos (como dice Mateo, no “reyes” (Mateo 2:1)), vinieron del oriente, o sea, eran también gentiles y además practicaban la astrología, algo de lo que el AT se burla (Isaías 47:13-15) y que incluso desaconseja (Jeremías 10:1-2).
La infancia de Jesús transcurre en una familia pobre: su padre era carpintero (Mateo 13:55), una profesión humilde para una familia además con muchos hijos; este texto menciona a Jacobo, José, Simón, Judas y el versículo siguiente, a sus hermanas, así que, al menos, 7 hijos. Es curioso que pese a la humildad de José, era descendiente de familia real, aunque económicamente no se notase; el mismo ángel que habló con él, en Mateo 1:20, lo llamó “José, hijo de David”. En aquellos tiempos, y hasta no hace muchos años, los hijos aprendían la profesión de sus padres: a Jesús lo llamaban el carpintero (Marcos 6:3), así que se crió en una familia humilde, con una educación laboral humilde y, sometiéndose a la autoridad de sus padres hasta que comenzó su ministerio (Lucas2:51).
Siguiendo este análisis, vemos que la familia humilde de Jesús se instala en Nazaret (Mateo 2:23), el lugar dónde antes vivía María (Lucas 1:26). Mateo 2:22 nos revela que no volvieron a Judea, donde estaba la familia de Juan el bautista, allí reinaba Arquelao, el hijo de Herodes y, como tenían aviso por revelación en sueños, fueron para Galilea a la ciudad de Nazaret; nos dice Mateo 2:23 que así se cumplía la profecía de que había de ser llamado nazareno. Así que finalmente regresan a donde habían vivido antes, una ciudad de baja reputación, poco importante, en donde hasta los habitantes tenían mala fama: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (Juan 1:46).
Lo curioso es que esa profecía de que sería llamado nazareno no fue dicha por ningún profeta. Según los apuntes de Gudeman “Puede tratarse de un juego de palabras, ya que la palabra hebrea que se usa para traducir ‘vástago’ en Isaías 11:1 (nezer) es similar a la palabra Nazaret. Muchos judíos entendían que este versículo se refería al Mesías.”
Una vez más, Jesús se cría en un lugar más que humilde, un lugar menospreciado: Nazaret. Según el Diccionario Bíblico Ilustrado de Vila y Escuain, “debía ser una población pequeña y de poca importancia o bien ser de origen reciente, por cuánto no es mencionada ni en el Antiguo Testamento, ni en los apócrifos, ni siquiera en Josefo” (el historiador). Un lugar humilde, para una familia humilde, en donde tuvo lugar la infancia y juventud de Jesús, de donde se le llamaba “Jesús de Nazaret”. La familia donde se crió Jesús era humilde pero no por eso dejaban de guardar las leyes del judaísmo. Cuando se cumplieron los ocho días desde su nacimiento, José y María llevaron a Jesús al templo en Jerusalén para cumplir la ley de la maternidad y circuncidar al niño. De esta manera llevaron al templo el sacrificio que la ley indicaba para las familias pobres (Levítico 12:8), dos tórtolas o dos palominos. Una vez más la humildad hace acto de presencia, mostrándonos en qué ambiente se crió Jesús, que venía a este mundo en la condición de esclavo, el más humilde.
Seguir a Jesús es identificarse con esta actitud de humildad y mansedumbre; seguir a Jesús es identificarse con Él, aprender de Él, aprovechándose de su paciencia y mansedumbre y, como dice el texto: “hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29b). Que así sea.

Bibliografía
“Los Evangelios Sinópticos”  apuntes de estudio de Eduardo Gudeman (Primavera, 2015)
“Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado” de Vila&Escuain (Editorial Clie, Terrasa (Barcelona), 1985).

lunes, 21 de octubre de 2019

Ya, aunque todavía no

relación con Dios, nuestro Creador, el dador de la vida
“Que toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es por su gran misericordia que hemos nacido de nuevo, porque Dios levantó a Jesucristo de los muertos. Ahora vivimos con gran expectación y tenemos una herencia que no tiene precio, una herencia que está reservada en el cielo para ustedes, pura y sin mancha, que no puede cambiar ni deteriorarse. Por la fe que tienen, Dios los protege con su poder hasta que reciban esta salvación, la cual está lista para ser revelada en el día final, a fin de que todos la vean.
Así que alégrense de verdad. Les espera una alegría inmensa, aunque tienen que soportar muchas pruebas por un tiempo breve. Estas pruebas demostrarán que su fe es auténtica. Está siendo probada de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro, aunque la fe de ustedes es mucho más preciosa que el mismo oro. Entonces su fe, al permanecer firme en tantas pruebas, les traerá mucha alabanza, gloria y honra en el día que Jesucristo sea revelado a todo el mundo.
Ustedes aman a Jesucristo a pesar de que nunca lo han visto. Aunque ahora no lo ven, confían en él y se gozan con una alegría gloriosa e indescriptible. La recompensa por confiar en él será la salvación de sus almas.” (1 Pedro 1:3-9)
Hace unos días leía este pasaje en mi tiempo de devoción, ese tiempo que dedico a leer un pasaje de la Biblia para escuchar a Dios hablar a través de Ella y luego, por medio de la oración, puedo hablar yo con Dios, sabiendo que Él está atento a las oraciones de quienes le aman y le adoran. Y como ha sido un pasaje que a mí me ha bendecido, he pensado que seguramente puede bendecir a otros, tal vez a ti que estás leyendo este blog en este momento. 
¿Qué es lo que más me ha impactado? El pensar que estas palabras me muestran una de las más maravillosas declaraciones de lo que solo la gracia de Dios puede hacer.
El autor de estos textos, el apóstol Pedro, hace un repaso de lo que ha pasado en la vida del creyente desde el primer instante en que “nace de nuevo”: reconoce que esa transformación, lo que el Nuevo Testamento llama nacer de nuevo (Juan 3:3ss), solo puede ser debido a la gran misericordia de Dios, a su compasión, al amor que tiene para cada uno de nosotros, a su deseo de que nadie se pierda, que nadie sea condenado. Y la prueba de que hemos nacido de nuevo como nos anunció Jesús, es la verificación de que sus palabras son verdad y se cumplen, la prueba está en su resurrección de los muertos: anunció que moriría, y que resucitaría al tercer día, y así fue. 
Los creyentes que estamos en esa maravillosa relación con Jesucristo, estamos entre el “Ya” y el “Todavía no”. ¿Qué significa esto? Lo vemos bien si repasamos los versículos 8 y 9: “Ustedes aman a Jesucristo (Ya) a pesar de que nunca lo han visto (Todavía No). Aunque ahora no lo ven (Todavía No), confían en él y se gozan con una alegría gloriosa e indescriptible (Ya). La recompensa por confiar en él será la salvación de sus almas (Ya).” Si esta declaración no estuviera cimentada en el hecho más importante del universo que podamos considerar, sería para pensar que los creyentes, que hacemos esto, estamos ‘locos’.
Sin embargo, no estamos locos, porque estos versículos nos llevan a lo que produce la motivación más profunda en nuestro corazón como hijos de Dios, algo que ha conectado nuestro más profundo amor, creencia, gozo y fe en lo que nunca hemos visto ni tocado. Algo que ha puesto la esperanza y los sueños de nuestra vida en Alguien invisible. Y sin embargo, la relación con Él es el amor que altera nuestra vida porque cuando pensamos en Él, experimentamos gozo, un gozo tan profundo que no puede ser expresado, solo sentido en lo más profundo de nuestro ser.
La existencia, el carácter y el plan de Dios para con los hombres, es el más grande acontecimiento de la existencia del hombre; es el hecho que le da significado a todo lo demás: sin Él, nada tiene sentido.
Los creyentes no estamos locos por creer a quien no hemos visto ni oído ni tocado personalmente; lo único que hemos hecho ha sido abrir la puerta de nuestro corazón a lo más importante que el corazón puede alcanzar: la relación con Dios, nuestro Creador, el dador de la vida, nuestro Salvador, nuestro Padre: “pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.” (Juan 1:12).
Esto es lo que hace la gracia, el favor inmerecido de Dios: Nos rescata de nuestra ceguera espiritual y nos libera de nuestro pequeño y limitado razonamiento y de nuestro afán materialista. Esa maravillosa gracia divina nos da la fe para estar profundamente seguros de lo que no podemos ver (Todavía No). Nos conecta con Dios que es invisible, porque Dios es Espíritu y nadie lo puede ver, sin embargo esa gracia salvadora permite que tengamos una relación con Él, en amor, no cualquier amor sino el amor eterno de Dios, lo que nos llena de un gozo real que nunca antes habíamos experimentado y da un descanso a nuestros corazones que nunca creímos que sería posible.
Tenemos a un Padre celestial que nos recuerda por medio de Su Palabra que la gracia ha hecho cosas maravillosas por nosotros y sigue haciéndolas.
Amén.