lunes, 2 de noviembre de 2026

En los últimos días

Últimamente escribo poco, ya he comentado en mi meditación anterior que estoy notando el paso de los años y, casi mes y medio después, me encuentro ante el teclado con la idea de escribir sobre lo que ya he escrito, porque una y otra vez me veo sorprendido por el vértigo que me produce ver el estado del mundo que nos rodea. Sí, es verdad, en septiembre, en el artículo “¿Qué ha cambiado?” escribí: “…La guerra en Ucrania y en Gaza sigue después de tanto tiempo. No queremos acostumbrarnos ni que se nos olvide. Han aparecido nuevas formas de sufrimiento y tensión: el problema en Ceuta, un problema anómalo y que los gobernantes no saben cómo resolver o hacen como que no saben. Ha habido terribles terremotos en diferentes países del mundo: Venezuela, Bolivia, Japón…”

Bueno, pues las guerras mencionadas siguen, el problema en Ceuta continúa, los afectados por los terremotos en diversas partes del mundo siguen sufriendo las consecuencias y, a tanto dolor, se ha añadido aquí en España el terrible accidente ferroviario en Urda (Toledo) que de momento contabiliza 69 muertos y decenas de heridos, algunos de los cuales permanecen en las UCI.

La Biblia llama “los últimos días” al tiempo actual que incluye desde la ascensión de Jesucristo hasta hoy, así que estamos viviendo en los “últimos días” bíblicos. Hoy, he estado escuchando una conferencia sobre lo que le escribe el apóstol Pablo a Timoteo sobre los últimos días: “También debes saber esto: que en los últimos días se presentarán tiempos difíciles. Porque habrá hombres amantes de sí mismos y del dinero. Serán vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos y amantes de los placeres más que de Dios. Tendrán apariencia de piedad pero negarán su eficacia. A estos evita.” (2 Timoteo 3:1-5). Algunas Biblias titulan este pasaje: “Peligros de los últimos días”. ¿Por qué vuelvo al tema? Porque me gusta la intención de Pedro al escribir su segunda carta y me uno a esa intención: “Siempre les recordaré todas estas cosas, aun cuando ya las saben y están firmes en la verdad que se les enseñó”. (2 Pedro 1:12). Y tal vez alguien pueda recapacitar al leer esto, porque nunca sabemos hasta dónde puede llegar la Palabra de Dios, siempre hay un propósito, al menos con esa esperanza escribo…

“Porque habrá hombres amantes de sí mismos y del dinero…” El escritor inspirado por Dios nos define cómo será la gente de éstos últimos días y, si somos sinceros, creo que lo que define es mucho de lo que vemos hoy a nuestro alrededor; nos recuerda la lista que escribe Pablo también en su carta a los Romanos capítulo 1. ¿Qué se define en ésta lista? La conducta moral y la religiosa. Prevalece el amor al YO, al dinero, a la ostentación en las redes y demás medios de divulgación (es curiosa esta observación hecha hace tanto tiempo y que hoy está en verdadero auge), la soberbia, la arrogancia, los blasfemos que hoy lo podemos traducir por hablar mal de otros, algo que hasta se potencia en programas de televisión que me producen total aversión…

Creo que no es necesario desgranar más tan lamentable reportaje de la terrible realidad entre la que nos movemos, pero sí quiero pararme en el último párrafo donde dice: “…Tendrán apariencia de piedad pero negarán su eficacia” ¿A quién se está refiriendo aquí? A personas que aparentemente son piadosas, lo contrario a las hasta ahora mencionadas que actúan a cara abierta mal intencionadamente, personas que aparentan, parecen piadosos pero actúan hipócritamente, que tal vez se encuentran dentro de las iglesias y que pueden sembrar mucha maldad especialmente en aquellos creyentes que llevan poco tiempo con Jesús y que pueden ser engañados por ellos desviándose del verdadero evangelio de Cristo. ¡Aléjate de esta clase de individuos! Escribe el apóstol. Juan también aconsejó sobre esto: “Si alguien va a ustedes y no lleva esta doctrina, no lo reciban en casa ni le digan: “¡Bienvenido!”. Porque el que le da la bienvenida participa de sus malas obras.” (2 Juan 10-11). No está hablando de separatismo sino de no mantener una relación de comunión con alguien con quien Dios no la tiene. Porque vivir con una persona que aparenta ser piadoso y no lo es, al final puede acabar contaminándonos.

La Iglesia vive tiempos peligrosos, en algunos países donde sobrevive con la ayuda de Dios la Iglesia perseguida, tiempos de cárcel, tortura y muerte. Oramos por estos hermanos de Nigeria, Nicaragua, Rusia, Rep. del Congo, Libia, India, Corea del Norte, Laos, China, Afganistán, Pakistán, Irán, Turquía, Somalia,  Yemen, Siria, Irak, África Subsahariana, Bangladesh, Sri Lanka, Sudeste Asiático, Nigeria, etc.

Los enemigos del Evangelio están por todas partes y vienen fuertes, pero siempre tenemos que tener en cuenta que el que está con nosotros es todopoderoso y está a nuestro lado y cualquiera de los hijos de Dios podemos ser más que vencedores por medio de Aquel (Jesucristo) que nos amó (Romanos 8:37).

La exhortación, el ánimo a los hermanos es a permanecer fieles a la doctrina de la Palabra de Dios, a la fe que Dios nos ha regalado, a la confianza en Él pase lo que pase y esto preparados sabiendo los tiempos que nos ha tocado vivir, tiempos difíciles, tiempos peligrosos. Debemos de estar alertas a la entrada de esas personas que pueden entrar en la Iglesia que son “amadoras de sí mismas mucho más que de Dios”. Hay que tener cuidado porque esas personas irán revestidas de una religiosidad aparente y tratarán con sutiles palabras de engañar a los creyentes más débiles para arrastrarlos fuera del Camino que es Cristo.

Timoteo tenía un buen ejemplo de fidelidad, valentía y perseverancia en su maestro Pablo y ese ejemplo ha llegado, gracias a Dios, a nosotros. Velad y orar, dice el Señor, para que no entréis en tentación y para mantener firmemente la doctrina del verdadero Evangelio de Cristo y afrontar los sufrimientos que nos puedan llegar por causa de nuestro Bendito Salvador y Señor Jesucristo. Amén.

 

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