sábado, 28 de diciembre de 2019

La humildad de Jesús

Jesús llevado al templo
Jesús dijo:”Aprended de mí, que soy manso y humilde” (Mateo 11:29). Desde la llegada a este mundo,
la humildad de Jesús fue patente, desde el momento que Dios se hace hombre en la persona de Jesús, hay una humillación que rezuma humildad hasta grado sumo, muy bien explicada en las palabras de Pablo a los Filipenses, capítulo 2 y versículos 7 y 8: “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” 
Aquel Verbo que era Dios, como nos explica Juan el evangelista, se hizo carne y habitó entre nosotros: Dios vino a este mundo en la personita de un bebé indefenso, naciendo en una familia humilde, pobre, una familia que ni siquiera estaba en su casa, ya que sus padres terrenales, José y María, se estaban desplazando a la aldea de Belén, en el lugar en el que iba a nacer para que se cumpliesen las profecías dichas sobre Él y, justamente, allí nace, en una aldea en donde no había una sola casa que los acogiera y donde el único mesón que había estaba tan lleno que ni un pequeño cuartucho había para el que según las genealogías, era descendiente del Rey David. Así que como todo el mundo sabe por la tradición que se celebra todos los años por Navidad, su primera cuna es un humilde pesebre en el que comían los animales; su primera morada entonces es un establo, no en un palacio, no en una casita: en un establo.
Porque, la humildad que caracteriza la vida y la forma de ser de Jesús, se detecta incluso en su ascendencia, en donde aparecen 5 mujeres, algo muy extraño en aquella época, de las cuales tres son gentiles y otra no nace gentil pero se casó con uno, por lo que se la podría considerar gentil como las otras tres, lo que hace pensar a los estudiosos de la Biblia, que el hecho de que estas mujeres gentiles aparezcan en la genealogía de Jesús, pretendiera demostrar que Cristo no había venido a salvar solamente a los judíos, sino también a los gentiles. Y para colmo, Gudeman nos dice que “en la vida de cada una de ellas, su pasado está salpicado por un pecado sexual o al menos planea la sospecha de un pecado sexual.” La primera que se menciona en esa genealogía es Tamar (Mateo 1:3), la cual, con su suegro Judá tuvo dos hijos, fares y Zara y para eso tuvo que hacerse pasar por una prostituta (Génesis 38:14-15).
La siguiente es Rahab (Mateo 1:5), la prostituta que ayudó en Jericó a los espías de Josué. Uno de sus hijos fue Booz, el pariente que acabó casándose con Rut, otra ascendiente de Jesús que para encandilar a Booz tuvo que usar de unas artimañas que, como vemos en su historia, podría tratarse de unas artes arriesgadas y peligrosas; gracias que su pariente la protegió.
Mateo 1:6 menciona a continuación a Betsabé, la que fue mujer de Urías y que fue protagonista del pecado de David, con quien tuvo a su hijo Salomón. Así que, como podemos comprobar, estas mujeres tenían una historia plagada de pecados sexuales, siendo así que hasta María, la madre de Jesús, fue seguramente duramente criticada por su embarazo antes de casarse, lo que no le daría muy buena fama entre sus vecinos. Gudeman dice al respeto: “…es otra indicación de que Jesús estaba dispuesto a relacionarse con todos, no solamente con los más estimados.” Jesús, el descendiente del rey David, tenía una ascendencia de baja reputación en algunos momentos de la historia, lo que nos habla también de que su humildad aparecía en cada detalle de su vida, incluso en aquello que ya había sucedido antes de que apareciese en el mundo en la persona de un bebé.
Aquel bebé y en aquel establo, fue visitado por los pastores a los que los ángeles habían anunciado su nacimiento. Es interesante el comentario que Gudeman hace sobre esta gente, ya que dice que “se menospreciaba a los pastores en aquel entonces y su testimonio no valía en casos legales.”, lo que nos da una idea de cómo el ministerio de Jesús, aún de bebé, ya estaba enfocado a los pobres, humildes y despreciados de la gente, como una premonición de lo que después iba a pasar.
Nosotros, por la tradición, consideramos la visita de los magos como algo importante, porque los representamos como “Sus Majestades los Reyes”, sin embargo, si analizamos el contexto, observamos que esos magos (como dice Mateo, no “reyes” (Mateo 2:1)), vinieron del oriente, o sea, eran también gentiles y además practicaban la astrología, algo de lo que el AT se burla (Isaías 47:13-15) y que incluso desaconseja (Jeremías 10:1-2).
La infancia de Jesús transcurre en una familia pobre: su padre era carpintero (Mateo 13:55), una profesión humilde para una familia además con muchos hijos; este texto menciona a Jacobo, José, Simón, Judas y el versículo siguiente, a sus hermanas, así que, al menos, 7 hijos. Es curioso que pese a la humildad de José, era descendiente de familia real, aunque económicamente no se notase; el mismo ángel que habló con él, en Mateo 1:20, lo llamó “José, hijo de David”. En aquellos tiempos, y hasta no hace muchos años, los hijos aprendían la profesión de sus padres: a Jesús lo llamaban el carpintero (Marcos 6:3), así que se crió en una familia humilde, con una educación laboral humilde y, sometiéndose a la autoridad de sus padres hasta que comenzó su ministerio (Lucas2:51).
Siguiendo este análisis, vemos que la familia humilde de Jesús se instala en Nazaret (Mateo 2:23), el lugar dónde antes vivía María (Lucas 1:26). Mateo 2:22 nos revela que no volvieron a Judea, donde estaba la familia de Juan el bautista, allí reinaba Arquelao, el hijo de Herodes y, como tenían aviso por revelación en sueños, fueron para Galilea a la ciudad de Nazaret; nos dice Mateo 2:23 que así se cumplía la profecía de que había de ser llamado nazareno. Así que finalmente regresan a donde habían vivido antes, una ciudad de baja reputación, poco importante, en donde hasta los habitantes tenían mala fama: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (Juan 1:46).
Lo curioso es que esa profecía de que sería llamado nazareno no fue dicha por ningún profeta. Según los apuntes de Gudeman “Puede tratarse de un juego de palabras, ya que la palabra hebrea que se usa para traducir ‘vástago’ en Isaías 11:1 (nezer) es similar a la palabra Nazaret. Muchos judíos entendían que este versículo se refería al Mesías.”
Una vez más, Jesús se cría en un lugar más que humilde, un lugar menospreciado: Nazaret. Según el Diccionario Bíblico Ilustrado de Vila y Escuain, “debía ser una población pequeña y de poca importancia o bien ser de origen reciente, por cuánto no es mencionada ni en el Antiguo Testamento, ni en los apócrifos, ni siquiera en Josefo” (el historiador). Un lugar humilde, para una familia humilde, en donde tuvo lugar la infancia y juventud de Jesús, de donde se le llamaba “Jesús de Nazaret”. La familia donde se crió Jesús era humilde pero no por eso dejaban de guardar las leyes del judaísmo. Cuando se cumplieron los ocho días desde su nacimiento, José y María llevaron a Jesús al templo en Jerusalén para cumplir la ley de la maternidad y circuncidar al niño. De esta manera llevaron al templo el sacrificio que la ley indicaba para las familias pobres (Levítico 12:8), dos tórtolas o dos palominos. Una vez más la humildad hace acto de presencia, mostrándonos en qué ambiente se crió Jesús, que venía a este mundo en la condición de esclavo, el más humilde.
Seguir a Jesús es identificarse con esta actitud de humildad y mansedumbre; seguir a Jesús es identificarse con Él, aprender de Él, aprovechándose de su paciencia y mansedumbre y, como dice el texto: “hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29b). Que así sea.

Bibliografía
“Los Evangelios Sinópticos”  apuntes de estudio de Eduardo Gudeman (Primavera, 2015)
“Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado” de Vila&Escuain (Editorial Clie, Terrasa (Barcelona), 1985).

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