lunes, 10 de abril de 2017

Yo no soy mejor persona

Niña sujetando el Mundo
Leyendo a Javier Cercas en su artículo del País Semanal, me llevó a una frase muy conocida: “Si olvidamos el pasado estamos condenados a repetirlo” que es una adaptación de la que se le atribuye a George Santayana, filósofo hispano norteamericano: “Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Cercas la utiliza en su argumento para decir que “estamos repitiendo los errores de los treinta”.
Y puestos a usar frases, lo anterior podría ligarse a la que dice: “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”, algo que no se si está verificado pero que viene a decir que tenemos facilidad para cometer los mismos errores repitiéndolos y cuando se trata de repetir la historia o el pasado, da un poco de repelús…
Pero hay una afirmación de Cercas razonando sobre la historia reciente de España, los hechos del 36, la República, etc., que me ha llamado la atención por lo acertada y sincera, en donde afirma que él no se considera mejor persona que un tío abuelo del que habla en su última novela. O lo que es lo mismo, han pasado más de 80 años, vivimos otras circunstancias, en otra sociedad muy cambiada y cambiante, pero, si somos honrados, reconocemos que no somos mejores personas que los que vivían en los años 30, o en los veinte, o en los que quieras poner… Y eso es uno de los argumentos que más nos empujan a repetir y cometer los errores que se han cometido en el pasado histórico: nuestra naturaleza, nuestra forma egoísta de actuar y pensar.
¿Qué puede cambiar esto? ¿O quién? El único capaz de cambiar el corazón del hombre y de la mujer, sigue siendo Dios. Hay un texto en la Biblia que me gusta en especial porque habla de que nuestro corazón es un corazón de piedra, insensible, duro, falto de amor y de misericordia. Un corazón así ve a los demás como competidores, contrincantes, enemigos y eso hace que no tengamos remordimientos ni escrúpulos para enviar aviones a bombardear una ciudad sin tener en cuenta a las personas que viven allí, solamente se mira por el interés bélico inmediato sin querer saber del horror que se genera. Finalmente a esas muertes se les denomina “daños colaterales” o lo que es lo mismo, es preferible que mueran esas personas, sean niños o adultos, antes de que siga adelante tal o cual ejército y conquiste aquello que no nos interesa que conquiste.
El miedo a repetir los errores de la historia es el miedo a que se vuelvan a cometer genocidios tan salvajes y mastodónticos como los cometidos en el siglo XX. Solamente un corazón lleno de amor puede evitar esas barbaridades. Y Dios lo promete así: “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos, y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios.” (Ezequiel 11:19-20).
Tal vez digas que esto no tiene valor porque lo he sacado de la Biblia y para las mentes pensantes y sabias de este siglo, la Biblia es un libro viejo y obsoleto. Pero, la Biblia contiene la Palabra de Dios y “la Palabra de Dios permanece para siempre” porque es dicha por Dios, porque Dios no es hombre para que mienta, porque podrá desaparecer la humanidad y la tierra y aún el universo pero “la Palabra de Dios nunca pasará”. En el contexto de estas palabras Dios está hablando de lo que hace con Su pueblo, el formado por personas que creen y obedecen sus mandamientos, que lo tienen a Él por su Dios y se trata de una transformación radical para empezar a ser cambiado para formar parte de la ciudadanía del lugar dónde está Dios; no se trata de un logro humano, se trata de una obra divina y de ahí su eficacia porque va dirigido al centro de la persona, su corazón, el lugar donde alberga su yo metafóricamente hablando, un cambio que produce un corazón lleno del amor de Dios y de Su sabiduría, de ahí que el escritor de los Proverbios afirme: “El corazón entendido busca la sabiduría” (Proverbios 15:14). Dios nos dará ese corazón si se lo pedimos. Para que cambiase el mundo cada persona debería anhelar ese cambio. Mientras tanto, la humanidad seguirá repitiendo “errores” que solo producirán dolor y llanto porque se trata de algo más que errores, se trata de vivir de espaldas a Dios con todo lo que eso supone.

jueves, 23 de marzo de 2017

Lo peor de nosotros

GuerraYa me ha pasado en otras ocasiones: veo una película y quedo conmocionado, afectado por lo que descubre, dolido ante la realidad, triste ante la injusticia que proclama. "Hijos del Tercer Reich" es una mini serie alemana que cuenta en tres capítulos el cambio que ejerce en cinco amigos el vivir en primera persona las consecuencias de la segunda Guerra Mundial. Hay una frase de uno de los personajes que más me ha gustado que lo resume perfectamente: "La guerra sólo va a sacar a la luz lo peor de nosotros".
El guionista Kolditz, en una entrevista que le hicieron en el periódico el País declaró: "No presentamos a los alemanes como víctimas. Los protagonistas experimentan una transformación a lo largo de la serie, donde cometerán actos deleznables. Eso es lo peor de las guerras: no que los asesinos maten, sino que la gente normal, como usted o como yo, acabemos convirtiéndonos en máquinas de aniquilar”.
Esa transformación tan real fue lo que me dejó tan triste, el comprobar como cuando sale a la luz lo peor del hombre, pierde los valores humanos, pierde la condición de persona y se embrutece de una forma diabólica que asusta y hace perder la fe en el hombre a aquel que la tenga.
La mayoría de las buenas películas que tienen como argumento cualquiera de las guerras, retratan con fidelidad en lo que se convierte una ciudad, un país, cuando sufre el mal de la guerra. Hoy lo estamos viendo en los telediarios, lo que se ha dado en llamar, irónicamente, "la guerra en directo". Siria es el país protagonista y los escombros de lo que fue un bello país, el escenario dantesco en donde se matan personas por un supuesto objetivo político o militar, arrastrando con ellos a inocentes niños, sufridas madres, pobres ancianos y una población que huye de esa miseria, una población que conocemos como "los refugiados", que se encuentran las puertas de los países cerradas ante su llamada tétrica de socorro. Esa es la otra cara de la moneda: los países a los que pueden escapar, llenos de personas civilizadas y cultas, miran para otro lado como si los que se arremolinan ante sus puertas fueran un rebaño pestilente de ganado.
Así que podemos decir que la guerra ha sacado a la luz lo peor de nosotros en los sitios donde la hay y en donde no. Así somos en el fondo: portadores de un corazón egoísta, solidario con lo que le conviene, hipócrita y anti cívico. "Lo peor de nosotros".
Ante la pantalla de la verdad representada en la ficción y en la vida, nos sentimos impotentes porque reconocemos nuestras carencias. Solo un corazón lleno de amor puede ser transformado y transforma a la persona poniendo carne donde hay piedra, amor donde hay odio, generosidad donde hay egoísmo. Solo un corazón limpio de suciedad puede vivir esa metamorfosis. Solo Jesús lo puede hacer si creemos y se lo pedimos. Él es Dios, Él quiere tenernos en su familia, Él ha hecho lo necesario para que podamos vivir una vida con valores, principios y un propósito. No pierdes nada en pedirle ayuda para encontrarte con Él. Vale la pena porque vale una eternidad.

miércoles, 15 de marzo de 2017

El hospital

blanco de hospital
Lo evitamos pero no nos queda otra que ir cuando toca, sea por nosotros, por una persona querida, por un familiar... Es tan grande que te pierdes en sus laberínticos espacios, pasillos, escaleras, ascensores que no detienen su continuo trajín, un ir y venir de gentes de todas las edades, bueno, niños los menos, si no son ellos los protagonistas se quedan en el hall de la entrada como enmascarando con su alegre bullicio el triste rumor que sale de su insaciable boca. Mejor que no sean ellos los protagonistas; los que conocen el dolor antes que la vida... ¡que penita dan! ¡tan niños y tan mayores al tiempo! aceptando el dolor como algo normal que les ha "regalado" la vida, asumiéndolo con heroica resignación, mucho más valientes que nosotros, mucho más maduros.
El dolor fluye de sus paredes, está impregnado de dolor; lo ves en los ojos de los ocupantes de esos pares de camas, dos por habitación, dos mesitas, dos sillones duros de dolor para que el que se quiera dormir en ellos, no lo consigan y sí se lleven los huesos rechinando de quejumbrosos ayes para que se sientan partícipes y solidarios con los que se tienen que quedar allí, postrados por el dolor que no han pedido, que no han querido, pero que un día ha llamado a su puerta buscando un inquilino involuntario, con mirada aterrada, suplicante, ojerosa, triste...
El dolor pasea por aquellos largos pasillos; se ayuda de muletas, andadores, soportes de suero, orina o lo que sea, soportes con ruedas que son trasladados como repugnantes estandartes anunciando la vejación del que los porta. Se apoya en un brazo solidario, cariñoso, sufrido, con un andar parsimonioso, grave, sin prisa, aburrido, cansino. A veces se para para intercambiar grados de dolor con otros peregrinos del pasillo sin salida franqueable para los que lo arrastran. Los demás si tienen salida por una de esas bocas que escupen caras aliviadas, satisfechas del deber cumplido y de no tener que seguir paseando por esos pasillos atestados de dolor blanquecino, blanco de fluorescente, blanco de camas blancas que se cruzan con uno en dirección a... Blanco de batas blancas, de gorros blancos, de envases de jeringuillas blancos, de medicamentos, de algodón, de tela... blanca.
Van malvestidos, con pijamas arrugados y flojos, con camisones incompletos que a la mínima muestran las "vergüenzas", con batas gastadas del uso indiscriminado, para pasear, para estar en cama, para ir al baño, para visitar la sala de espera dónde se puede encontrar uno con conversaciones ajenas, historias nuevas, algo en la televisión... Los asientos también son incómodos allí, debe de ser para que no estén ocupados mucho tiempo, para que los dejen libres, para que lleguen otros. Es un lugar que da la sensación de movimiento, de una maquinaria que nunca se para, ni siquiera de noche. El dolor no tiene horas y entra y sale continuamente, incansable, buscando respuestas, una sonrisa, una lágrima, un abrazo, un consuelo...
Esta semana he visitado un hospital.

sábado, 4 de febrero de 2017

Desde el año pasado

apologética bíblicaNunca mejor dicho, no me había sentado a escribir desde el año pasado.
Enero ha sido entretenido, sabía que tenía que atender el Blog pero no encontraba el momento. Hoy me he pasado por aquí y me he quedado sorprendido porque estaba convencido que ya había estrenado el año. Pues evidentemente, no.
Este trimestre estoy estudiando apologética. Me resulta sumamente interesante y actual. Fíjate en los títulos de algunos de los enunciados: "No puede haber una sola religión verdadera", "¿Cómo puede un Dios bueno permitir el sufrimiento?", "La iglesia es la responsable de tanta injusticia", "¿Cómo puede un Dios bueno condenar a las personas al infierno?", "La ciencia ha demostrado que el cristianismo está en un error", "La Biblia no puede tomarse al pie de la letra". Estos son algunos de los títulos de los capítulos del libro de Timothy Keller "La razón de Dios". Sugerentes ¿verdad? Y actuales.
Pues sobre estas cosas estamos disertando. El subtitulo del libro dice: "Creer en una época de escepticismo". Según el diccionario de la RAE apologética es el "Conjunto de los argumentos que se exponen en apoyo de la verdad de una religión." Por lo que he visto hasta ahora, más que el conjunto de los argumentos lo que estamos estudiando es cómo hablar (y escuchar) a las personas, al mismo tiempo que nos empapamos de las preguntas que se suele hacer la gente hoy para así llegar a buscar y conocer la apologética bíblica. ¿Y esto que es? Bueno, básicamente se trata de aplicar las instrucciones que encontramos en la primera carta de Pedro: "Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;" (1 Pedro 3:15). Esta "defensa" es la traducción de la palabra griega "apología", palabra que otros también traducen como "razón" o "respuesta".
Además de a Keller, estoy conociendo a otros escritores muy interesantes para enriquecer el estudio: Francis A. Schaeffer, Michael Green, Gregory P. Koukl, y, como representante español tenemos a José de Segovia; a José ya lo conocía, he oído algunas de sus conferencias y ahora le estoy dando más valor y reconocimiento viendo lo bien que se mueve en estos entornos.
De entrada, lo que me ha sorprendido ha sido indagar en la historia sobre los primeros apologetas. No me imaginaba que se remontaran a los primeros siglos después de Cristo, de hecho el primero que me han presentado ha sido Justino Mártir (110-165 d.C.), por lo visto el primer gran apologeta después de la generación de los apóstoles. Después he visto algo de Agustino Aurelio del siglo 4 y otros más y ya dentro de la apologética moderna, se me presentó a Abraham Kuper (1837-1920), Herman Dooyeweerd (189-4-1977), Cornelius Van Til (1895-1987) y ya en la historia reciente a los mencionados Schaeffer y Keller.
En fin, perdonar el rollazo pero quería mostraros lo documentados que están estos estudios que te sirven para introducirte en investigaciones y lecturas que me resultan apasionantes.
¿Que por qué apasionantes? Porque me introducen en el pensamiento actual, en nuestra cultura postmoderna, en las inquietudes de la gente que, básicamente, pueden ser mis inquietudes y, además, me enseña a enfocarlas desde el punto de vista de la advertencia de "estar siempre preparados para... contestar" y, por supuesto, preguntar sin ser un bombardero enemigo, que es como muchas personas ven a los cristianos evangélicos. La apologética es tarea de todos los creyentes, no solo de sus pastores o de los teólogos.
Y más viendo la atmósfera que se respira a nuestro alrededor, y no me estoy refiriendo a la contaminación solamente, sino a la atmósfera completamente laica que ya se impone en prácticamente toda la Europa occidental. Michael Green, en su libro "¿Cómo llegar a ellos? Defendamos y comuniquemos la fe cristiana a los no creyentes", en su segundo capítulo, nos da cuatro "razones" de porqué las sociedades occidentales tienen una cosmovisión cada vez más laica o secularizada: Razones ideológicas, Razones del pasado, Razones intelectuales y por último Razones del corazón. Como veis, puedo argumentar un montón de cuestiones de peso para sumergirme en esta interesante e inquietante materia, especialmente por mi natural atracción por el comportamiento humano, sus razonamientos y teorías, y por la posibilidad de poder inmiscuirme para ayudar, sugerir, o proponer un equilibrio cristiano ante lo que tenemos delante. 
Seguiremos hablando.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Ya es historia

libre del pecado
Estoy escribiendo el penúltimo día de este año que ya es historia... En Octubre he escrito el artículo "Matar la Verdad" en el que comentaba lo popular que es la mentira en el "reino" del "príncipe de la mentira". Hoy, cuando estamos a punto de finalizar otro retazo de la historia, contemplo otro artículo publicado en el País el 16 de Octubre de este año en el suplemento "ideas" y escrito por Javier Pérez Andújar con el triste título "La verdad es de mal gusto", que además comienza con la frase "La verdad es algo muy ligero." Es un inicio triste para los que seguimos la Verdad, pero no deja de ser una observación para ponerse alerta incluso con lo que nos llega de la historia, la cual, en muchas ocasiones, nos llega totalmente manipulada (otra vez la mentira campando a sus anchas...). 
Me ha parecido un artículo muy interesante porque hay algunas frases que dan pie al comentario siguiendo nuestra línea de observación de la sociedad actual y a lo que llega el sutil trabajo de Satanás, lento pero seguro.
Por ejemplo: "Se espera de lo escrito que sea cierto; pero eso era antes de que nos volviéramos unos descreídos." ¿Nos hemos vuelto descreídos? ¡Lógico! El bombardeo diario sobre la corrupción de algunos políticos, el descubrimiento de timos, engaños, incluso en personas que salen en las televisiones pidiendo ayuda para sus enfermedades o las de sus familiares, niños incluidos; los escándalos que se destapan en confesiones religiosas de todo tipo, el desengaño que recibimos de una persona de la que pensábamos que era totalmente diferente a como finalmente se descubre que es... ¿cómo no nos vamos a convertir en descreídos? Lo he escrito en otras ocasiones: el hombre, en general, no es fiable, precisamente por el efecto corrosivo que ha efectuado en su corazón el pecado, la separación de Dios y todas las terribles consecuencias: "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal" (Génesis 6:5); "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9).
De manera ligera, el señor Pérez Andújar menciona una frase de Jesucristo: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:32). Digo de manera ligera porque él está hablando de "la verdad" en general, ("la verdad humana, la verdad de la gente" dice el escritor),  y utiliza la frase de Jesús, del que dice: "el Hijo de Dios y a la vez Dios hecho hombre", algo que es verdad basada en la Biblia, para acompañar el desarrollo de su artículo respecto a la relación entre la verdad y la libertad; llega a decir un poco más adelante: "La verdad es ligera y nos hace libres. Eso es lo que nos enseñaron los dioses a orillas del desierto: que para ser libres no debemos atarnos a las verdades." Como podéis comprobar, no tiene nada que ver con lo que está hablando Jesús en el pasaje dónde encontramos ese texto en donde Jesucristo está hablando de Él. 
Las afirmaciones que Jesús hace sobre la Verdad son tremendas porque afirma que Él es la Verdad (Juan 14:6). ¿A que se refiere? Claramente está diciendo que Él es la Verdad personificada, Él es el Alfa y la Omega, principio y fin (Apocalipsis 22:13), de ahí que en Él tengamos todas las respuestas ciertas y exactas sobre todo lo creado, visible e invisible, sin errores, sin falsedad, así que si buscamos la auténtica Verdad, la encontramos en Jesucristo porque Él "nos ha sido hecho por Dios sabiduría" (1 Corintios 1:30).
Entonces, ¿que quiere decir que al conocer la Verdad, nos hará libres? En primer lugar "conocer" aquí significa tener la experiencia por tanto conocer la Verdad con mayúsculas implica que hemos conocido a Cristo, tenemos comunión con Él y con el Padre, tenemos la revelación divina y directa de la auténtica Verdad: "Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él." (1 Juan 4:15-16). Permanecer en Dios y Dios en nosotros. Así que ¡Gloria a Dios! tenemos acceso directo con la sabiduría de Dios, guiados por Él, enseñados por Él. Cuando el Sabio escribió toda su experiencia de la vida en el libro de Eclesiastés, finalmente llegó a la conclusión: "Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre" (Eclesiastés 12:13). Dios es Todo a lo que podemos aspirar que le da sentido y propósito a la vida; Él es Verdad y teniendo comunión con Él tenemos todo el conocimiento necesario para entender por qué estamos aquí, qué nos ha llevado a esta situación y a dónde vamos, con Dios tenemos las respuestas suficientes, por tanto, conociendo eso, somos enteramente libres del príncipe del mundo que solo nos controla con mentiras y engaños, con luces de feria que por delante son muy bonitas y brillantes pero que vistas por detrás descubren parches, apariencias, suciedad y oscuridad. "Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios." (Juan 3:21). El que está con Dios practica la verdad, su vida está en la luz, es visible, no tiene nada que ocultar, tiene una conciencia transparente ¡Eso también nos da libertad! "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad." (Juan 17:17). En la oración intercesora de Jesús al Padre pidiendo por sus discípulos, pidiendo por nosotros, le pide que nos santifique, que nos aparte para la auténtica verdad, y a continuación dice que Su Palabra es Verdad. No hay engaño, no hay mentira, no hay nada que ocultar: el que quiera hallar la verdad y ser verdaderamente libre, tiene que acercarse a Dios y oír lo que Él tiene para nosotros; será la forma de que la esclavitud a la que nos tiene sometidos el pecado y la muerte (aunque lo neguemos o lo ignoremos), sea rota y seamos verdaderamente libres. Ese conocimiento nos dará la perspectiva adecuada de Dios, del mundo e incluso de uno mismo.
¡Que el Señor nos bendiga en este nuevo año que empieza!