lunes, 27 de mayo de 2013

Exorcistas


La noticia ha causado sensación en la prensa y los informativos esta semana pasada: el
Ritos siniestros con gestos misteriosos, cirios, útiles supuestamente bendecidos
cardenal de la Archidiócesis de Madrid Rouco Varela, ha elegido a ocho sacerdotes de su Diócesis que se caracterizan por su recta doctrina y también por su profunda vida espiritual y así poder hacer frente a la avalancha de peticiones que se presentan a la Iglesia en Madrid. Entre ellos destacan las denominadas posesiones demoníacas y también las llamadas influencias maléficas y que englobarían la magia negra, los echadores de carta, el mal de ojo, los quiromantes y otros tipos de esoterismos.

Es la típica noticia que busca el sensacionalismo y que genera, normalmente, un sinfín de comentarios ridiculizando a la Iglesia y a sus creencias, tachándola de una institución anclada en el pasado y que, por lo general, la noticia caerá en el olvido en dos días hasta que alguien se acuerde del asunto y rellene un espacio documental con alguna grabación sensacionalista que deja a la gente perpleja pensando en donde estará el truco, el misterio o lo que buenamente sea eso. De hecho, la figura del demonio ha sido ridiculizada al extremo de considerarla parte de una fábula, mito o fanatismo extremo, hasta el punto de que decir que crees que Satanás existe significa correr el riesgo de ser tratado como alguien a quien se le ha ido la cabeza.

Pero los creyentes evangélicos creemos en Jesucristo y en la Palabra de Dios y tanto Uno como la Otra afirman rotundamente que el demonio no solo existe, sino que su actividad es frenética en la actualidad, no de la manera que la imaginación de los cineastas plasman en sus creaciones, sino que su trabajo es sutil, silencioso, engañoso y rodeado de astutas afirmaciones de su no existencia que ayudan a crear un ambiente muy propicio para engañar a sus confiados súbditos.

Es curioso que cuando Jesús estuvo en la tierra, tal vez fue uno de los momentos que más actividad diabólica hubo. Satanás conoce bien la Biblia y el Plan de Salvación de Dios que tenía que cumplirse con la muerte de Jesucristo en la cruz del Calvario, de ahí que su ataque frontal cuando Jesús andaba por aquí, estaba destinado a un intento desesperado de frenar o truncar ese Plan como fuese. Así que, como digo, uno de los ministerios que Jesús más repitió fue el de expulsar demonios de dentro de personas poseídas. Lo que sucede es que Jesús y más tarde los apóstoles, echaban los demonios por la autoridad de Dios, nunca utilizando exorcismos. La única vez que se usa la palabra «exorcista» en el Nuevo Testamento es para condenar la práctica y a los exorcistas profesionales que eran muy comunes en aquel tiempo: “Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.” (Hechos 19:13-16). El fracaso de los exorcistas en Hch.19 no se debió a la ineficacia del conjuro, sino a que no conocían a Cristo, cuya autoridad reconocían los demonios.

Así que, por de pronto, lo que damos por hecho es la existencia del Demonio basándonos en lo que de él encontramos en la Biblia ya desde el Génesis, siendo el triste protagonista de la tentación que llevó a la caída del hombre en el pecado y, como consecuencia, en la enemistad con Dios (Génesis 3).
Los adjetivos que de su carácter se revelan nos dan una idea de cómo es: malvado, orgulloso, sutil, feroz y cruel, cobarde, engañoso, mentiroso y padre de mentira, poderoso… Cualquiera de los nombres y títulos que recibe en la Palabra de Dios describen a alguien con mucho poder, amigo del mal, enemigo de Dios y de sus hijos, terriblemente cruel en sus ideas destructivas y muy capaz de poseer a alguien si tiene la oportunidad de hacerlo de ahí que el Señor lo llame “espíritu inmundo”. No obstante, el más astuto logro del diablo es persuadirnos de que él no existe. Es por ello que la ciencia médica trata siempre de demostrar que muchos de los llamados “casos de posesión” pueden ser debidos a un trastorno de identidad o a una epilepsia, sin embargo los pasajes bíblicos distinguen estas dos facetas, la enfermedad y la posesión: “Su fama corría por toda Siria y le trajeron todos los que tenían males: los que padecían diversas enfermedades y dolores, los endemoniados, los lunáticos y los paralíticos. Y él los sanó” (Mt.4:24). Una persona poseída no responde a un tratamiento médico sencillamente porque no se trata de una enfermedad física sino de un problema espiritual y grave, ya que cuando los discípulos no fueron capaces de expulsar un demonio de un poseído, Jesús les dijo: “Este género de demonios sale sólo con oración y ayuno”, dándonos a entender que casos como aquel requerían una mayor intensidad en la fe y en la oración. ¡Pero no con un exorcismo!

El exorcismo es una práctica de algunas iglesias, como la católica, y de movimientos religiosos intereclesiásticos como el carismático. Si buscamos un poco de información veremos que los exorcismos se encuentran desde la más remota antigüedad, los encontramos entre los ritos asirios y babilonios, aparecen entre los sacerdotes taoístas, los budistas, etc. En el libro apócrifo, para los judíos, de Tobías, se quema el hígado y el corazón de un pez con incienso, expulsando un demonio por los aires hacía Egipto.
Nada de esto encontraremos en los libros del Antiguo Testamento donde se relaciona, y rechaza, cualquier rito de este tipo con el ocultismo, algo que rechaza y condena Dios taxativamente: “Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. Perfecto serás delante de Jehová tu Dios. Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios” (Dt.18:9-14). Cualquiera de los procedimientos aquí escritos para ejercer en el mundo espiritual, chocan frontalmente con Dios y con Su Palabra, desde el principio. Cualquier relación con el mundo espiritual de maldad, es un alejamiento del mundo espiritual divino. Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en Él.

¿Cómo actúan entonces los cristianos ante un caso de posesión diabólica? Pues como lo hicieron Jesús y sus Apóstoles: con palabras. En todos esos “encuentros” no vemos peleas, ni enfrentamientos, ni un ritual, nada, solamente con una orden en el Nombre de Jesucristo, la persona queda liberada ¿por nuestro poder? En absoluto, sino por el poder de Dios en el Espíritu Santo que mora en cada uno de sus hijos: “Pero vosotros tenéis la unción de parte del Santo y conocéis todas las cosas”, “En esto sabemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu” (1 Juan 2:20 y 4:13).

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